Talleres Mejía: de la metalurgia artesanal a un complejo industrial pionero (las tres M del "Brujo").

 

Hernán Rodríguez Girón

CUENCA, Ecuador (02/04/89).- Talleres Mejía inició su trayectoria en el año de 1952, bajo la dirección de José Mejía, con el objetivo de fabricar repuestos para cubiertas y muy pronto le encargaron trabajos importantes, como el montaje del puente de Chicti, con una luz de 35 m, a la salida del cantón Paute, con dirección a los cantones orientales del Azuay, tarea que la cumplió en sociedad con la compañía alemana ETECO.

“Instalé y soldé la tubería de presión para la planta eléctrica de Saymirín a los 24 años de edad y con la Cementos Chimborazo instalamos algunos puentes en Riobamba”, hace memoria José Mejía, al explicar los retos que vinieron después. ¿Qué gualaceño o turista cuencano, durante un agradable paseo, no ha cruzado alguna vez en su vida el puente colgante sobre el río Gualaceo?, la romántica estructura fue reconstruida por Talleres Mejía, con tablones de madera, varillas, cables de suspensión y tirantes verticales de hierro, porque “la primera estructura la construyó el Consejo Provincial del Azuay, que era más una pasarela, que desgraciadamente el día de la inauguración se cayó al río. Fue cuando contrataron a mi empresa para que lo reconstruya y como ya tenía mucha experiencia, tomé las debidas precauciones y hasta hoy soporta el paso de la gente que va de paseo o fiestas como El Carnaval, cuando acuden a Gualaceo miles de turistas”.

Los pasos pioneros narrados, en el sector de la industria metalúrgica en la provincia del Azuay, con el paso de los años rindieron sus frutos y en el presente Talleres Mejía se ha convertido en complejo industrial, que se especializa en la producción y mantenimiento de maquinaria para diversas industrias.

José Rosendo Mejía Villavicencio recibió educación en la Escuela de Artes y Oficios de Cuenca, que dirigía el legendario padre de origen italiano, Carlos Crespi Crocci y es parte de la primera promoción de bachilleres técnicos del colegio, del año 1948, que después se llamaría Técnico Salesiano y por el cambio de denominación se demoró 7 años en graduarse, según recuerda: “tengo el título de bachiller técnico firmado por Carlos Crespi, rector del Técnico Salesiano que antes era la Escuela de Artes y Oficios. Recibí clases con los padres Chiantara y Millioso y el señor Comte Gustori. Eran los mejores profesores, profesionales de la educación de verdad”.

Después de graduado fue profesor del Técnico durante algún tiempo y de esa experiencia en el campo de la educación sacó como conclusión que es necesario educar a los jóvenes para la profesión que anhelan, aman y quieren seguir, porque un día preguntó a 12 de sus alumnos, del último año de colegio, que, si en la universidad iban a continuar en una carrera técnica y solo dos estaban decididos, entonces les repreguntó ¿por qué estudian en el Técnico Salesiano?, “todos querían ser abogados y otras profesiones, ninguna técnica, entonces me hacen perder el tiempo y ellos también lo pierden, estudiando algo por lo que no sienten ninguna pasión”.

José y sus hijos opinan que es necesario y urgente que el Servicio Ecuatoriano de Capacitación Profesional (SECAP) o los colegios técnicos planifiquen sobre la base de las necesidades de los sectores industriales y planificando con ellos cursos profesionales a impartir, para cubrir las necesidades de capacitación de mano de obra, que todas las empresas necesitan para su funcionamiento.

Los hornos de fundición son el corazón del complejo industrial de los Mejía, puesto que con ellos se producen lingotes de hierro, piezas de acero y otros objetos fundamentales. Juan Mejía, gerente de Constructora Mejía y dedicado al mismo oficio que su padre José, explica con detalle que “lo que era Talleres Mejía a evolucionado a un complejo de industrias especializadas, divididas en Industria Metálica Mejía, que fabrica herramientas para carpintería o trabajos en madera, Constructora Mejía Cía. Ltda. que fabrica maquinaria para la construcción, CODEMA que construye maquinaria para las industrias de alimentos y agropecuarias y el soporte de todas ellas es Industrias Metalúrgicas Mejía, que produce acero y hierro gris. Tenemos una sección que es propiamente Talleres Mejía, que se encarga de la reparación de máquinas grandes, como prensas excéntricas, bombas para camaroneras y servicio técnico para las grandes empresas del País”.

Pero de toda esta enumeración, el pilar es la industria metalúrgica, que tiene capacidad para obtener acero al carbono, acero al manganeso y acero inoxidable, en sus hornos de fundición de arco, con un volumen de 1.200 kilos. El punto de fundición está en los 1.800 grados y el de vertido en los moldes para la formación de piezas alcanza los 1.500 grados. La chatarra importada o local es la materia prima y también se importa manganeso y sílice que se necesitan para las mezclas y carbón combustible. Próximamente será adquirido un equipo de laboratorio para crear materiales de alta calidad y abrir el camino hacia la fundición productos metalúrgicos con la misma calidad que los objetos extranjeros.

Algunos de los productos de Talleres Mejía se han exportado y están trabajando en países vecinos como Colombia, de donde han recibido pedidos de fábricas, para que les elaboren fundiciones en acero que necesitan para sus máquinas que elaboran aceite de palma. Una dificultad que tienen para incrementar exportaciones y así obtener más participación en los mercados internacionales, es que no han podido organizar procesos de elaboración en serie de partes de máquinas. Trabajan casi todo el tiempo a máxima capacidad para abastecer el mercado nacional.

Una segunda dificultad ha sido la experiencia negativa que tuvo la empresa cuando abrieron almacenes de distribución en Quito y Guayaquil, para los que desgraciadamente no encontraron personas de confianza. José y Juan Mejía coinciden en el motivo del fracaso, que fue “la falta de organización de un sistema de control eficiente y el hecho de que no pudimos contar con gente confiable; entonces se vendían las máquinas y no aparecía el dinero, nos vimos obligados a cerrar los dos almacenes”, cuanta Juan Mejía y su padre agrega que “este tipo de comercialización no nos respondió bien y se perdió dinero, fue más que necesario cerrar”.

Una tercera dificultada para la empresa y esta es de nivel macro, es la situación económica crítica que vive de manera constante el Ecuador, que pone en grave riesgo a la industria nacional y cierne sobre ella la sombra de la quiebra. Medidas urgentes son necesarias. Juan Mejía explica esta situación de la siguiente manera: “hemos paralizado la producción en serie y nos dedicamos más a la reparación de máquinas, porque las restricciones a la importación de ciertos materiales básicos, de los que dependemos en un 60%, nos han puesto en una situación difícil”

Los costos de las materias primas se han elevado de forma exagerada y una platina de 1/8 por una y media, que costaba 1.634 sucres pasó a 4.000, un aumento del 200%. Además, la oferta de obra pública está parada y el gobierno no hace inversión en construcciones, consecuentemente el sector no genera trabajo y desaparece la demanda de máquinas, “este momento no hay una verdadera Ley de Fomento de la Industria y la Pequeña Industria. Se necesitan inversiones fuertes en el sector industrial. Compramos en el exterior toneladas de material para producir acero, por el ejemplo, el carbón, pero los créditos para adquirirlo son insuficientes y los intereses poco atractivos. Si seguimos así no podremos sostenernos”, puntualiza Juan Mejía.

El conocimiento y la experiencia en construcciones y cálculo estructural para la construcción de puentes, Juan Mejía la obtuvo de técnicos alemanes, “porque ellos tienen un especialista para todo, entonces aprendí de uno y otro gringo y en realidad parece que ellos nacieron para eso”. En cambio, la pericia adquirida por José Mejía es el resultado de muchos años de trabajo, lo que le ha permitido ganarse el apodo de “El Brujo”: “trabajé en casi todas las empresas, creando y arreglando máquinas. Es algo que me gusta muchísimo, desde joven. He resuelto muchos problemas técnicos en las industrias de la región. Así fue como me convertí en una leyenda, en una tradición, porque tendría que ser hasta brujo y ese es mi apodo. No precisamente por la brujería, sino por mi experiencia y la sabiduría adquiridas. Por ejemplo, si a usted le duele la barriga tiene que tomar agua de manzanilla, eso es la experiencia”.

Esta efectiva trilogía familiar está integrada por Eduardo Mejía, que gerencia la Constructora de Maquinaria Agrícola (CODEMA), que se especializa en la fabricación de mezcladoras para la fabricación de alimento balanceado, molinos de martillos, picadoras de pasto y trapiches. Sus instalaciones están en la calle Turuhuaico 2-70 y para pedidos hay que llamar al 800-801.

La segunda empresa del grupo es Constructora Mejía, gerenciada por Juan Mejía, especializada en fabricar trituradoras, máquinas para elaborar bloques y concreteras vibradoras para la industria de la construcción. La dirección es Turuhuiaco 2-60, al lado de CODEMA y el teléfono es 805-375.

Finalmente, la Industria Metalmecánica Mejía se ubica en la calle Benigno Malo 13-77, entre la Pío Bravo y la Vega Muñoz y construye herramientas para la trabajar la madera. Su gerente es Jorge Mejía.

José Mejía, el patriarca, es un pionero en la rama de la metalúrgica en Cuenca y sus ideas de futuro pusieron a su empresa en la vanguardia y ahora afirma satisfecho que “mis hijos son una gran ayuda, todos ingenieros. Creo que el problema de este país es la falta de mano de obra calificada. Hace falta gente dedicada, que trabaje a tiempo completo en este oficio, que además da buen dinero y evita la salida de divisas. Si existieran buenos técnicos, podríamos desarrollar nuestra propia tecnología y evitar las importaciones”.

El Mercurio, domingo 4 de junio de 1989, Mundo Empresarial, 10A.

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