Luis Maldonado: artesano, cerrajero y forjador
Por Hernán Rodríguez Girón
CUENCA, Ecuador (10/11/16).- El artesano cerrajero y forjador artístico, Luis Antonio Maldonado Picón, vive en el barrio El Vergel, sector de la Calle Las Herrerías, ciudad de Cuenca, provincia del Azuay, desde hace 88 años. Indica que su casa la construyó sobre un terreno que es en parte herencia de su madre y la otra parte lo compró a su hermana. La dirección es Sigsal s/n y Acacias.
Luis Maldonado abandonó la escuela a la edad de 10 años para trabajar, debido a que su madre, Malvina Picón Cobos, era muy pobre y no tenía los recursos para pagarle sus estudios. Su primer oficio fue como “fuellero”; pasó tres años en la “ventiladora”, ganando S/. 1.20 a la semana. A la edad de 13 años fabricó su primera “chapa” y le pagaron S/. 1.50. Sobre la palabra “chapa”, cuenta una anécdota:
Alguna vez un señor, que resultó ser policía, me reclamó por el nombre y yo le expliqué que no, que a las cerraduras siempre se las llama chapas y ustedes son señores policías. Se calmó y me fue comprando algunas chapas, pero ellos chapas mismo son. Uno ha pasado algunas cosas en esta vida. Los policías tenían diferentes sobrenombres: por los números, “señores guardias”, “carabineros”.
Luis Maldonado nace en la ciudad de Cuenca (provincia del Azuay), comunidad de Las Herrerías (antiguo Ingachaca), Barrio El Vergel, parroquia Huayna Cápac, el 12 de noviembre de 1928. Fue aprendiz, por primera vez, en el taller de Joaquín Campoverde, sector del Mercado 9 de Octubre:
La señora Zoila me hacía cargar a la guagua, por eso me dijeron que me salga.
Pasó al taller de Manuel Quezada hasta los 18 años y luego donde Manuel Picón, hasta 1949.
Para ese año ya hacía cerraduras, tres cerraduras por día y me pagaban S/. 18 por cerradura. Mi trabajo es mi vida y es lo único que tengo para mantener a mi familia.
Considera que no tiene dificultades para trabajar, por el contrario su oficio de artesano es una oportunidad para sobrevivir.
Mi hijo me ayuda cuando estoy ocupado. El aprendió solo viendo como trabajaba y practicando.
Su taller su halla en la parte posterior de su casa y cuenta con una fragua, martillos, yunques, cinceles, entenallas. Allí en el lugar de trabajo, descansa y come.
Con mi esposa trabajamos desde un principio en esto de la cerrajería.
Está casado con María Cruz Vizñay Picón, de 85 años. Tuvieron 8 hijos, de los cuales 5 fallecieron. Quedan 3 vivos, 2 mujeres y un varón, Luis Maldonado, que aprendió también el oficio de cerrajero.
Mi trabajo es bueno y por eso mi familia me apoya con sus palabras, para soportar la vida. Quieren que ya no trabaje, pero no hay como. Bendito sea Dios, que me mantiene con salud. Tengo que seguir.
Se levanta todos los días a las 05:00 y las 05:30 ya está trabajando. Recuerda los nombres de algunos de sus aprendices, a quienes transmitió el oficio.
César Guillén aprendió conmigo, pero se fue dejándome. Otros fueron Manuel Bautista, Julio Pizarro, Marco Pezántez y mi hijo.
Se siente bien visto por la comunidad de Las Herrerías y El Vergel. Asegura que su trabajo le gusta mucho y que seguirá hasta que ya no pueda levantar el brazo, porque todavía tiene motivos, por tantas cosas, sobre todo por la preocupación de la vida. Gana USD 80 al mes.
Se necesita el dinero.
Sus primeras herramientas las consiguió a plazos. Después tuvo que endeudarse para comprarles las herramientas a sus operarios. Hoy asegura que tiene demasiadas herramientas pero ya no existe la materia prima para hacer las llaves. Necesita varilla de 3/8 de 9 líneas, que no existe en el mercado.
Ya no hay material, no hay la varilla que se necesita. Eso es una base primordial para hacer mis llaves. Me cuesta más trabajo.
Hace llaves de canuto, de latón, enteras o llaves macho, pero “no es lo mismo” asegura. Es más demorado.
Mi trabajo es garantizado porque los muchachos de hoy no las hacen como se debe.
Sus “chapas” se han vendido a los Estados Unidos, Puerto Rico o están en las casas de los damnificados de La Josefina (260 chapas) y hasta hoy “nadie vino a quejarse”. Todas sus chapas tienen las iniciales LM y el año de fabricación, se venden en almacenes de Gualaceo.
En almacenes Criollo, donde Tacuri, Octavio Arellano, con el señor Puertas en Loja. Pero el señor Orellana es el único que lleva mis chapas ahora en Gualaceo.
Su trabajo es mejorado continuamente y lo considera como incomparable.
En la Plaza Rotary, la única que vende mis cerraduras es la señora Carmen Guerrero.
Luis Maldonado es uno de los últimos cerrajeros en Las Herrerías.
Antes había más demanda, ahora la gente prefiere la cerrajería china. Desde que la trajeron se cayó el oficio. Ahora solo hago para vender en la Feria de Gualaceo unas 10 cerraduras y 5 para un almacén, a la semana.
Clientes de Santa Isabel y de Sígsig solicitaban su trabajo, entonces entregaba 6 unidades a cada uno. Tenía que trabajar hasta la una de la mañana para poder cumplir.
Yo forjaba y mi señora limaba y cortaba para poder alcanzar el trabajo.
Sobre el futuro de su oficio, afirma que no es muy optimista, porque los jóvenes no quieren aprender.
Se trabaja con carbón y uno se quema. El carbón brinca y los guambras no quieren quemarse. Entonces la herrería se está acabando. Ya no hay cerrajeros.
Opina que su trabajo es importante para las personas que se dan cuenta de lo que están comprando, por su seguridad. Es un trabajo de calidad que dura toda la vida. Jamás recibió ayuda de ninguna institución pública o privada. La Municipalidad de Cuenca le condecoró con la presea Gaspar Sangurima, en la Sesión Solemne del 3 de Noviembre de 2012, por haberse destacado en el campo de las artesanías y por su gran contribución a la ciudad desde su oficio de cerrajero. (HRG)
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