Jorge Chalco: no creo en la suerte, es el trabajo.
Por Hernán Rodríguez Girón
CUENCA, Ecuador (02/10/19).- Jorge Gustavo Chalco Chalco es un artista descomplicado, sencillo, al natural. Abre la intimidad de su museo-casa-taller-galería, para mostrar emocionado su gran producción artística: cientos y cientos de bocetos y cuadros terminado, el 2 de octubre de 2019 de 10:00 a 13:0, en la Avenida Ricardo Durán 11-35, parroquia Baños. Esta preparando su próxima exposición "Más allá del dibujo", en Pumapungo, para celebrar sus 50 años de trayectoria artística.
A sus 70 años no se cansa de dibujar, de soñar, de pensar en nuevos proyectos y metas; es el hombre en una incansable búsqueda de sentido. Por eso no cree en la suerte porque toda su vivencia es el resultado del trabajo constante, de la responsabilidad, de la práctica disciplinada.
Transita entre el neo expresionismo y el realismo con su arte pictórico, dos formas de llamar en el fondo a la misma fuente, al origen. Su etapa más reciente, desde hace 5 años, la dedica a su preocupación por el medioambiente; es una serie de cuadros con el tema Yasuní. Padre de 5 hijos y abuelo orgulloso de 7 nietos.
Cree, con esa sabiduría popular que nace desde lo profundo de su espíritu, que el artista nace y que a esa chispa hay que hacerla crecer hasta que se convierta en un fuego inagotable. Su creatividad surge de su interior y fluye, logrando que el arte salga de él fácilmente y esto le sucede desde que era muy pequeño. Cuando descubrió su vocación, a los 8 años de edad, se quedó maravillado y no ha parado desde entonces.
Es el pintor del pueblo por excelencia, de sus fiestas populares, sus paisajes, sus costumbres, sus tradiciones; es un experto del retrato y también un artista comprometido con la sociedad, dispuesto a la denuncia de la corrupción. Domina el dibujo, la pintura y está enamorado de la escultura, disciplina en la que espera que la vida y el tiempo le hagan un espacio para incursionar con fuerza.
Su obra es famosa en el Ecuador y en todo el mundo y ha sido expuesta en las mejores galerías, museos e instituciones de cultura. Considera que el dibujo es la columna vertebral de la pintura y de las bellas artes, porque sin él no se puede obtener una buena obra y para lograrlo hay que ejecutarlo bien desde un comienzo. Si no se tiene disciplina en el dibujo no se puede obtener una buena obra.
¿Cuándo inicia esta aventura del arte?
Desde que me di cuenta, cuando nos juntábamos con los amigos del sector de Gapal, que no era un barrio sino campo, un espacio maravilloso. Hacíamos juegos en caolín: casas, carros, buses de carga, pájaros. Creo que fue, desde un comienzo, una creatividad interior que fluía, salían fácilmente las cosas.
¿Recuerda un hecho con el que usted descubre que tenía habilidad para pintar?
En la escuela, en segundo grado, a los 8 años. Fue un instante maravilloso. Hacía dibujos en clase y me acerco donde el profesor de la materia a mostrarle lo que tenía. Me preguntó: “¿son tuyos?”, “¿voz hiciste?”. Pero no creyó que de verdad yo los había hecho. Pide una hoja de papel y un lápiz, para comprobar si de verdad yo los había realizado. Fue un reto, algo natural. Cogí la hoja, el lápiz, hice los dibujos a los que estaba acostumbrado, porque era feliz haciéndolos. Mi profesor me pidió que pasara al frente de la clase. Creí que me iba a pegar, porque esa era la costumbre en aquella época. Al contrario, el profesor les dijo a mis compañeros: “esto es un ejemplo claro de lo que se debe hacer” y me felicitó. Fue un incentivo para toda la vida. Nunca me olvido de aquello. Sucedió en la escuela “Gabriela Mistral”, calle de Las Herrerías, cerca de la iglesia de El Vergel.
¿Qué edad tenía cuando hizo su primera exposición?
Ocho años y medio en mi casa, de paredes grandes, gigantes. Con fundas de cemento que traía mi padre para poner los granos de las cosechas. Destruía las hojas de las fundas y con carbón de leña hacía dibujos. Cuando tuve una buena cantidad de estos, se me ocurrió, sin saber que en las galerías se expone en paredes, clavé con espinos de penco las hojas de papel de las fundas de cemento, para mirar lo que había hecho. Fue sorprendente. Mis papás no se dieron cuenta, no tenían ni idea. Esa fue mi primera exposición.
¿Cómo se llamaban sus papás?
Manuel y Rosario. Eran agricultores; estaban tan comprometidos con su oficio que nunca me apoyaron para ir al colegio o la universidad para estudiar arte. Todo lo hice por mi cuenta.
¿Usted se formó en Bellas Artes?
Entré a los 16 años a la Escuela de Bellas Artes de la Universidad de Cuenca. Algo me dijo que debía cumplir esa misión en la tierra. “Tú tienes que ir trabajando paulatinamente, poco a poco, hasta llegar”… no sé a dónde. A los 70 años he realizado tantas exposiciones en el Ecuador y el exterior y no fue fácil. Estaba preparado mi camino, solamente cumplí la misión.
¿Qué recuerda de la Escuela de Bellas Artes?
Me gustó mucho, estaba ansioso por aprender la disolución de los colores, la mezcla para ver que sale. No tenía tanto interés en el dibujo, porque me salía natural, directo, fluía en mí. El color me llamó la atención y no sabía cómo prepararlo, combinarlo, eso me ayudó bastante. Todos los profesores de la Escuela me tuvieron paciencia y me indicaron lo que necesitaba aprender. Sin embargo, no tenían una pedagogía, entonces había que buscar la forma de exigir y aprender lo que a uno le gusta.
¿Qué clases se impartían?
Historia del arte, dibujo técnico, pintura y escultura. Mis preferidas eran dibujo, pintura y escultura. El resto era un complemento. No me interesaban mucho.
¿Puede hacer un resumen de sus exposiciones?
Antes de terminar Bellas Artes hice una exposición en el Salón del Pueblo, con muchas críticas de profesores y compañeros. Fue como un adelanto de lo que vendría. No quería mi exposición en un lugar escondido, sino en el mismo Salón del Pueblo. No fue mucha gente a la apertura, apenas 3 personas. Hizo la presentación mi compañero Wilson Ordóñez. Dos amigos del barrio me acompañaron. Fue una linda muestra, año 1973. Terminé Bellas Artes y migré a Quito para aprender, porque allá estaban más avanzados en las tendencias del arte. Quería conocer a Guayasamín, a Kingman, a Villacís y Tejada, todos grandes maestros de la época y ser amigo de los “Cuatro Mosqueteros”, jóvenes pintores de mi edad. Busqué la forma de llegar a ellos y ver que estaban haciendo. Visité sus talleres, el de Guayasamín, el de Kingman. Conocí galerías, que se exhibe, que pinta. Eso me dio resultado. Viví 4 años en Quito, conociendo. La última etapa que pasé allí comencé a exponer con ellos. Tengo una “serie erótica” como resultado de mi aprendizaje en la Capital. Es una obra extensa. Con uno de los cuadros de esta serie obtuve un primer premio en la Casa de la Cultura en Cuenca, reconocimiento que hasta entonces no lo había obtenido un cuencano, solo quiteños y guayaquileños. Un cuencano ganó en Cuenca. Fue mi primer triunfo. Al principio a mis amigos y profesores no les gustó mi obra. Hubo polémica, pero continuaron los premios, en Guayaquil con el gran premio Mariano Aguilera. Eso me abrió las puertas para exponer en el exterior.
¿Dónde han llegado sus obras en el exterior?
Austria, Francia, Egipto, Israel exposiciones individuales en galerías con un marchante. Exposiciones colectivas en las ONU, el Museo de los Bomberos en Saint Florian, Austria, universidades. Un mural sobre los migrantes en Nueva York. En Ecuador he realizado exposiciones en los mejores museos y galerías. En Cuenca, en el Museo de Arte Moderno y Pumapungo; en Quito en el Centro Cultural Metropolitano, la PUCE, la Casa de la Cultura; en Guayaquil en el MAAC, Museo Municipal. Por mis 50 años de trayectoria quiero hacer bien las cosas en el País y luego me lanzo al exterior.
¿Quiénes eran sus 4 amigos en Quito?
Los “Cuatro Mosqueteros”: Ramiro Jácome, Román, Unda e Iza. Son casi de mi edad, quizá un poquito mayores. Ellos se libraron de las temáticas tradicionales de la pintura en Ecuador. Aprendí de ese entorno, su forma de trabajar y mostrar la obra. Yo soy el resultado.
¿Qué es para usted el arte de la pintura como disciplina?
El dibujo es la columna vertebral de la pintura, de las bellas artes, de todo lo que se trabaja. Si no se tiene disciplina en el dibujo o en los dibujos, no se puede obtener una buena pintura. Esa es mi filosofía, hacer bien las cosas desde el comienzo, desde la base que es el dibujo, hasta obtener cuadros que realmente me gusten.
¿Y la práctica constante?
Todo tiene que fluir, cómo cuando se entabla una conversación. En el dibujo se comienza por los bocetos, se pinta lo que sale y después ya no son importantes los bocetos, porque se obtiene lo que a uno le gusta.
¿Cuál es la técnica de la “hoja en blanco”?
Como artista uno pone todo el empeño para ver qué es lo que se obtiene de una hoja en blanco. Es el reto, el resultado viene después. Hay una enorme cantidad de dibujos que puedo mostrar, pero también hay una cantidad enorme que los rechacé, no me gustaban. Hasta obtener o “sacar a limpio” la obra final.
¿Cuáles son sus herramientas?
El lápiz. También me siento a gusto con el carbón, porque me brinda la posibilidad de ser más creativo, sale todo mi interior. No pienso tanto en que pueda manchar la hoja. Con el lápiz usted debe tener constancia. Aunque es igual con el carbón, hay que ser disciplinado para obtener figuras, irlas acomodando en el espacio. La acuarela la trabajo poco. Ahora estoy incursionando en la acuarela. También experimenté con el pastel, la tinta, el acrílico y el óleo con agua, para ver los resultados.
¿Cómo es su proceso creativo, su mundo interior?, ¿qué pasa dentro del ser humano?
Desde pequeñito fui curioso y experimenté, viendo que obtengo y qué sentido tiene lo que hago. Eso para mí es importante y por eso creo que he llegado hasta este punto, con todo lo hecho. Mediante la curiosidad saco todo lo que tengo adentro; mi ego, mis diablos y todas esas cosas que a veces me martirizan. No hay algo preconcebido, es directo, espontáneo. Quizá una que otra obra la planifiqué. Pero la mayoría no. Es la locura del individuo, de mi ego. De eso que uno no sabe qué le dirige.
¿Y los motivos de sus series?
Mis etapas no son casuales, en cierto sentido. Otras son el resultado de mis vivencias, de lo que me pasa, de lo que aflora y pinto. Si se ven las etapas trabajadas desde hace muchos años (los globos, los espantapájaros, las fiestas populares), es porque las viví en mi niñez, visitando pueblos, disfrutando del Septenario, del Pase del Niño. Esa fue una temporada. Después aflora la creatividad y se distorsionan las figuras y los colores. Todo es un proceso. Hasta que llegamos a un momento en que todos estamos viviendo una situación difícil, con el feriado bancario, la migración, los hechos, el artista madura y pinta sobre temas de actualidad como la corrupción. Conforme pasan los años y me hago más viejo, trato de entender que es lo que me dirige, entonces sale esta serie de imágenes profundas, el esoterismo; con paciencia, estudiando lo que voy a pintar y que va a salir de mi interior, poco a poco. Hasta que por último me invitaron al Yasuní, a la estación científica de la PUCE y pasé 15 días viendo y sintiendo lo que es la selva, sus animales, la biodiversidad, la grandiosidad del paisaje ecuatoriano. Eso me llamó mucho la atención y profundicé en estos temas de naturaleza, son 5 años de trabajo.
¿Debe el artista tener conciencia y compromiso social?
Eso es importante, porque el artista tiene que decir algo, en este momento, en esta época, para nuestros hijos, para los que vienen. Que vean que no pasé por este mundo sin hacer nada. Que aporté algo. Aunque sea un granito de arena en ciertas cosas.
¿Qué opina del arte contemporáneo?
Desde el punto de vista tecnológico y el avance del arte, creo que es un acierto. Porque los jóvenes ya no están en ciertas cosas, no dibujan, no tienen paciencia, no hallan sentido a emplear su tiempo en ciertas cosas, cuando está a la mano la tecnología. Hacen arte de acuerdo a su época, de lo que están viviendo. Por los precios exorbitantes en los que se vende una obra en las subastas, en los circuitos de arte de Estados Unidos o Europa, se debe al avance del arte en los países industrializados, que hace que exista un mercado que pueda absorber estos precios. Saben apreciar lo que el hombre ha creado, sus circunstancias de vida, su espacio y su tiempo. Quisiera vivir en Europa o Estados Unidos, para mostrar todo lo que hago y entregar mi conocimiento a la gente. Me parece que mi forma de hacer está llegando a su fin. ¿Qué vendrá después?, no sé. Es el tiempo del performance, las instalaciones, la fotografía y está bien. Los jóvenes tienen que hacer ahora eso. Pero en el Ecuador no hay avance, todo es copia de Estados Unidos. La Bienal tiene una cantidad de cosas que no tienen nada que ver con lo que de verdad se tiene que hacer en arte contemporáneo. Se exhibe apenas un poco. Espero que los jóvenes hagan conciencia de esto.
¿Cómo complementa su pasión con la vida familiar?
Es una pregunta importante. Mi vida como artista desde un comienzo no tuvo apoyo. Mis papás nunca se dieron cuenta de lo que hacía y no pensaron que esto podía ser una profesión. Me hice solo. Hoy mi familia me apoya, pero no tanto como quisiera. Mis hijos me ayudan y están conscientes de todo lo que trabajo desde hace muchos años, que no lo considero un sacrificio sino algo maravilloso. Finalmente la lucha es mía, buscando galerías, museos, auspicios, la forma de mostrar la obra en el país y el exterior. Soy completo en todo. No se me hace difícil porque así caminé desde niño, en el sentido de hacer las cosas sin el apoyo de nadie. Ahora mis hijos me ayudan, pero ellos también tienen sus compromisos y sus trabajos. Entonces, el que más hace soy yo. Todas las cosas me han salido fáciles. Se han editado 4 libros sobre mi obra. Hay un libro en edición en Guayaquil de parte de la Municipalidad, pero es por el volumen de mi obra, que se mueve a nivel nacional e internacional. No tengo un lenguaje fluido para explicar lo que hago, pero el producto está allí y no es palabrería, es algo concreto, es mi trabajo, esto muestro y es mío.
¿Se siente un incomprendido, un solitario o un artista apegado a los homenajes?
No me interesa que piensan de mí. Lo que me interesa es mostrar mi obra, nada más. Mi trabajo, mi forma de hacer, mi creatividad. No me importan los homenajes. Me los hacen, pero por algo bueno, que está detrás del artista. No tengo apegos por ellos.
¿No le preocupa la posteridad?
No. Cuando obtengo premios en Cuenca, en Quito, en Guayaquil, cuando vienen los homenajes como el de la Academia de Ciencias y Artes en París, del Presidente de la República, que han sido obtenidos sin compadrazgos, ni ayudas, el trabajo está allí y punto. Si aparece alguien que quiere darme un homenaje, muchas gracias. No busco absolutamente nada, solo mostrar mi obra de 50 años. No sé cómo explicar eso, porque mi dedicación fue total.
¿Usted es el artista solo frente a su obra?
Tengo algunos amigos con quienes puedo conversar, pero son pocos. Al comienzo tuve un conjunto de colegas con los que pude trabajar y sacar esto adelante. Pero de allí es difícil y escogí una forma de independencia, trabajar solo. Soy consciente de lo que voy a decir: no dependo absolutamente de nadie. Eso fue extraordinario, porque cuando se piensa en hacer algo bueno, de igual manera se piensa en mostrar al público y a la gente que le gusta el arte, algo que sea de primera calidad. Eso es lo que traté de hacer y es lo que sigo haciendo con los bocetos, dibujos, pinturas…
¿Por qué su paleta de colores?
Nace de mi interior. Me llama mucho la atención los colores fuertes y bajo la intensidad, para que no sean colores demasiados fuertes. Cuando era joven, a los 15 o 16 años, usaba chompas rojas, un color llamativo, pantalones celestes. Es mi gusto por la vida y quizás está plasmado un poco de eso, porque soy feliz al conseguir el resultado de la obra que trabajo. La felicidad está allí, no creo que tenga nada más que mostrar en una obra de arte, ¿qué más?. Yo doy todo lo que está a mi alcance, lo máximo, en las cosas pequeñas y en las grandes. ¿Cuándo terminar una obra?. Pues no me interesa, no la ambiciono para un año preciso, para un mes preciso, para una fecha. No. No hay plazo. Eso me exige y tengo libertad de hacerla poquito a poco. Cuando siento que de verdad quiero seguir colaborando en el trabajo de un cuadro gigante, cuando me llama la intuición o la atención por seguir trabajando, pues lo hago. Si no me interesa, tengo tantas cosas pequeñas que hacer o medianas…
¿Usted escogió el figurativismo como un camino?, la presencia humana
Sabe que el pintor que no domina la figura humana no es un buen prospecto de pintor o que vaya a tener calidad en su trabajo. Tengo una paciencia y el gusto de dominar la figura humana. La figura femenina es algo maravilloso, tiene movimiento y espacios, pequeños detalles que hacen más grande la belleza de esa figura: una mano, una pierna, un busto, el perfil de una modelo. Eso me interesa, el dominio de este campo, porque una vez conseguido, se lo destruye y obtiene todo, está completo, no necesita hacer otras cosas. Domina la figura humana, luego la destruye y puede hacer lo que le plazca. De igual manera, cuando usted domina el color, la paleta de colores, es fácil en el proceso de creación jugar con dos o tres colores, con diez o con doscientos o con miles de colores. Pero eso, solo la práctica le da.
¿Es la figura humana la medida de todas las cosas?
La columna vertebral de las bellas artes: la figura humana. Así para hacer una buena fotografía, para hacer un performance, unas instalaciones, todo. Si el artista quiere ser completo. He visto excelentes instalaciones, pero detrás está un gran artista que domina el dibujo, el color, la figura humana y el resultado es una gran obra de arte, que no es producto de la improvisación y que se está produciendo hoy, en la época de la tecnología. Hay por detrás un trabajo, no hay improvisación, para la buena obra de arte.
¿Qué piensa de la educación actual en artes?
El joven necesita pensar en entregar lo mejor a la sociedad, que no sean cosas simples o esporádicas. En música, literatura, artes plásticas, hay que dejar cosas buenas a la sociedad. Calidad en todo sentido, tener paciencia, reflexionar y hacer algo que de verdad tenga buen gusto, porque la vida le está dando una oportunidad a la que hay que sacarle provecho. El tiempo es corto. Hay que dejar algo bueno. Cuando resulta algo de mala calidad, se lo deja a un lado. Como hago yo, no todo es bueno, también tengo resultados malos.
¿Cuántos dibujos, ensayos, bosquejos, pinturas, tiene en su patrimonio?
Quemé como unas 300 obras, que no me gustaron, de mediano formato. Quizás las pueda estimar en unas 2.000 o 3.000 obras, no sé.
¿Qué pasará con todo eso?
Si pienso en aquello, pero es una cosa más difícil de darle conclusión. Porque soy yo el que tengo el gusto de empacar, de enmarcar, de buscar, seleccionar. A lo mejor mis hijos hereden mi paciencia, pero no sé qué pueda pasar. Porque no son solo mis pequeñas prácticas, es mucha obra que tengo embodegada. Pienso coger partes de mis dibujos y pinturas y entregar a museos de Cuenca, otra parte en Quito en donde soy más conocido que en mi tierra y otra parte en Guayaquil, en lugares donde tengan un poco de cuidado y aprecien lo que viví. No he vivido de la pintura sino he vivido para la pintura. Quizá exista gente que se dé cuenta y reconozca mi sacrificio, mi paciencia, se interrogue sobre el tiempo que me demoré para hacer cada obra. Aunque no soy muy apegado a lo material. Ya poniéndome a pensar, esto me ha costado años de investigación y no fue fácil para el resultado Atrás está el que yo haya tenido que visitar museos de París, de España, buscando las exposiciones de los dibujos de los grandes maestros y artistas: Picasso, Chagal, Rembrandt, para investigar. Detrás de las pinturas que todos ellos han trabajado hay bocetos y dibujos, tal cual como yo hago. Tuve la suficiente curiosidad para conocer como ellos hicieron y hacer en el mismo sentido. Una obra gigante de Velázquez o los artistas holandeses. Primero hicieron una enorme cantidad de bocetos y dibujos, tal cual como yo hago. Eso lo aprendí en Europa. Y pensé que también podía trabajar de la misma manera. Por eso las obras me salen en distintos formatos: pequeñas, medianas, grandes. Y pinto. Tengo una enorme cantidad de bocetos trabajados. No pinto de manera directa. Otros harán eso, pero cada cual tiene su proceso. Me he dejado influenciar mucho por los grandes artistas del Renacimiento y los modernos. Cosa igual fue cuando residí en Quito o fui a Guayaquil. Investigar, ser curioso, ver a Guayasamín, a Kingman, a Villacís, Tábara, a todos ellos que primero trabajan bocetos. No pintan de manera directa. Algunas obras sí, como yo también que incursioné por ese camino.
¿Entonces el suyo es un proceso de vida y de mucho trabajo?
Exactamente.
¿Cree que toda su producción debe quedar en un lugar a buen resguardo?
Sí. Por lo vivido, por toda la investigación y la búsqueda de la respuesta a una pregunta ¿por qué los grandes artistas han hecho obras extraordinarias?. Mis obras no están al nivel de ellos, pero hice el intento de seguirles el camino, de tomar su ejemplo. Picasso para ejecutar sus obras maravillosas, hizo primero bocetos, ¡miles!.
¿Tiene un consejo para los nuevos artistas?
Trabajo. En el arte, en la pintura, no hay inspiración. Es mentira que el artista se inspira o que no le molesten porque está inspirado. No. Es el trabajo tenaz, de todos los días. Yo hago dibujos diarios, grandes, pequeños. Es el trabajo con que demuestro lo que a mí me gusta. Esa tiene que ser la honestidad de los jóvenes pintores. En Cuenca tenemos la Bienal y algunos jóvenes han obtenido el Primer Premio, pero no aparecen en absolutamente nada. Hay buenos pintores y lo sé, porque fui 2 años profesor de la Facultad de Artes. Los muchachos sufren un espejismo. Creen que como están en el último año saben demasiado, más que el profesor. Traté de hacerles caer en cuenta de que no es así. Son unos principiantes les dije. No crean que porque están a las puertas de graduarse tienen que ser sobrados, hacerse los que conocen por los años de estudio. ¡No!. Es el trabajo y la disciplina de todos los días, de años, para recién querer aprender. Lo que hago cada día y soy consciente de que estoy recién aprendiendo. Aprendo, aprendo, aprendo. Había dos jóvenes que eran buenísimos, pero que pena, ellos se quedaron como profesores y allí acabaron su carrera de artistas y pintores. Acabados. Era solo cuestión de un sacrificio, de un momento, para luego salir adelante y tener dos o tres buenos artistas en Cuenca. Pintores de mayor calidad, que no han pasado por bellas artes en Cuenca, ya están viejos. Pero hay tantos. Cada año salen 20, 30. Pero ¿cuál es el resultado?. Entre todos no hacen uno. Si hay uno, se queda como profesor y allí termina todo. No debe ser así.
¿Cuál es el mejor camino?: la academia o ser un autodidacta
Me di cuenta de algo muy importante. El artista nace con la chispa, con algo; esa chispa hay que hacerla grande, avivar el fuego interno, hacerlo crecer, poquito a poco y eso es parte de un descubrimiento. Pero ahora hay doctores en arte, diplomados y se supone que el trabajo de todos ellos debe ser maravilloso, una producción fantástica, unas obras fabulosas, como Rembrandt, Picasso, Velázquez. Lo único que producen son garabatos, que no sirven para nada. Hechos por un “magister en artes” o realizados por estos titulados nuevos que salen ahora y no es así. No sale nada, absolutamente nada.
¿Cree que su oficio fue suficiente para mantener a la familia?
Sí. Pude criar a mis hijos, darles educación en colegios particulares, en universidades. Realmente me siento satisfecho porque con mi trabajo pude darles educación.
¿Se considera un hombre realizado?
No, no. No hay felicidad en este mundo. Todos venimos a tener problemas y sufrir. De lo que sí estoy contento es que ¡hice tanta obra! y el resultado está allí. No me conformé con hacer pintura local y eso para mí es muy importante. Desde pequeño mi objetivo fue salir de este pueblo, de esta ciudad chica, a otras ciudades, a compartir con otros artistas, absorber conocimientos de vanguardia, de avanzada y competir con esos otros artistas. Y lo hice. Pensé en exponer en las mejores galerías e instituciones en el país y el exterior, que es muy difícil de conseguir y lo logré. Exponer en Europa es complicado y ya tengo como unas 12 exposiciones individuales allá. Fui a vivir en los Estados Unidos 2 años, iniciando con trabajos en cosas simples, pero poco a poco hice amistad con todos los pintores, como cuando viví en Quito, buscando galerías, museos y luego salen los contactos y las realizaciones. Expuse en la OEA y en Washington. ¿Qué más se puede pedir a la vida?. ¡No estoy completo!, pero por lo menos lo intenté. Hacer algo de mi vida.
¿Cómo rescató el pequeño dibujo del jinete y el caballo con el que comenzó todo?
Es un dibujo restaurado, de una pequeña cantidad de esos dibujitos que tenía. Era un formato A4. Cuando trabajaba en Washington, con un restaurador peruano, le llevé esa hojita que estaba en mal estado. Pasamos el dibujo a otra hoja, porque el original estaba prácticamente destruido. El dibujo fue rescatado de la casa de mi familia, en la que había unos 3 o 4 dibujos, por iniciativa de una hermana que los salvó de la destrucción definitiva y los colocó en una pared para maquillar huecos. Allí pasaron, siempre en la casa de mi hermana. Cuando regresé de Quito y la fui a visitar me fijé en esos dibujos, que estaban deteriorados y sin color. Quedaba uno en regulares condiciones. Fue casualidad encontrar ese dibujo que llamó mi atención. Apenas apareció lo recuperé con todo el cuidado del mundo. Esa es la historia. En Estados Unidos lo restauró mi jefe. Conserva inclusive los huecos de los clavos a los que estaba sujeto en la pared. De ese dibujo, hace ya tantas décadas, resultaron todas las otras cosas que vengo haciendo hasta hoy. Cuando estaba en bellas artes lo que más me gustaba era la escultura. Ojalá me quede tiempo para incursionar en ella. Cuando viví en Nueva York trabajé con un escultor ruso-americano. Le ayudaba con los vaciados y a pulir las esculturas. Me encantaba. Esa faceta está pendiente. No sé si algún rato puede retomarla. En bellas artes tuve un gran profesor, un gran escultor, quizás el mejor de todos entre los ecuatorianos, Paúl Palacio, un artista maravilloso. Fue el último año de estudios.





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