Clausura del taller de alfarería shuar en la parroquia Bomboiza.
GUALAQUIZA, Ecuador (28/05/09).- Atendiendo a una gentil invitación del doctor Felipe Duran, uno de los beneficiarios de los proyectos de investigación cultural del Ministerio de Cultura 2008 para el Oriente y Esmeraldas, asisto al cantón Gualaquiza, parroquia Bomboiza, sector Las Peñas, a la clausura del “Taller de Alfarería Shuar”, el día jueves 28 de mayo de 2009.
La carretera de acceso directo a Gualaquiza desde Cuenca es la Sigsig-Chiguinda. Durante 5 horas de viaje, se atraviesan parajes peligrosos, pero al mismo tiempo encantadores, llenos de verdor, de una riqueza natural y cultural aun por descubrir y registrar. Desde Sigsig y luego de cruzar el tramo más peligroso de la carretera, que se llama “El Churuco”, que recuerda las imágenes históricas del camino de Birmania en la II Guerra Mundial, se baja desde el páramo hasta la selva y el primer pueblo se llama Chigüinda, parroquia de Gualaquiza fundada el 20 de febrero de 1946 por el diputado Gonzalo Pezantes Lafevre, siendo presidente Velasco Ibarra (información proporcionada por Victor Jimenez, secretario de la tenencia política desde 1986).
Era la antigua hacienda “La Libertad” de Luis Cordero “El Grande”, expresidente de la Republica defenestrado por la revolución liberal de 1895. Fue refugio del patriarca y por ello acunó la frase “La Libertad aquí o en el cementerio”. Ahora los mestizos tienen el proyecto de levantar un monumento a Luis Cordero, con una rotanda, con el apoyo de la Universidad Católica.
Desde la época de Luis Cordero, la parroquia es zona de lavaderos de oro, uno de esos puntos es el sector de Tres Chorros. Ciudadanos de varias nacionalidades lo hacen con batea en mano. La información fue corroborada por un minero de la zona, que tiene que caminar todos los días de su casa a su lugar de trabajo durante horas. Obtiene como jornal a la semana unos USD 160.
La siguiente población es El Aguacate, parroquia Rosario, la primera misión salesiana en el Oriente y parroquia creada por el presidente Urbina en 1853, a continuación, La Pradera (antigua hacienda del coronel Quintanilla), El Triunfo, El Ideal, La Unión y el famoso Rio Cuyes, uno de los sitios con más riqueza arqueológica de todo el país.
Finalmente la moderna autopista conocida como La Troncal Amazonica y Gualaquiza. En esta región indómita viven verdaderos patriotas, que con su esfuerzo construyen una cotidianidad diferente, difícil de percibir y apreciar para los habitantes de la sierra. El clima es cálido, a veces muy caluroso, con la permanente música de los grillos y un verdor que lo domina todo, es lo que Waldo Frank denomina, en su libro “El Nacimiento de un Mundo” que narra la vida de Simon Bolivar, la “Manigua”.
Salimos de Cuenca a las 15.00 del miércoles 27 de mayo de 2009 y llegamos al Gran Hotel Gualaquiza hacia las 20.00 para allí pasar la noche. A las 0.h00 del jueves 28 de mayo de 2009 dejamos el Hotel acompañados por el Doctor Felipe Duran, su hijo Juan Durán Flores y el camarógrafo Hernán Pesantez, hacia la casa de Anita Tsukanka, a 10 minutos de Gualaquiza, en La Peñas.
Pasamos junto a un reciente desalojo de terrenos ocupados por los shuar, que ellos reclaman como ancestralmente suyos, pero que ahora están en manos de la comunidad de padres salesianos. El problema se halla junto a La Troncal Amazonica, así que es público y notorio para quien pasa por allí.
Nos recibe uno de los hijos de Anita, Edmundo Xavier Kukush Tsukanka y su esposa Cecilia Utitia. Ellos viven en la comunidad shuar de Yucutes, a 3 horas de Gualaquiza. También salen a nuestro encuentro las mujeres que participaron del taller, teniendo como maestra a Anita. Ellas están vestidas con el traje típico de la mujer shuar o “tarachi”, una túnica de color celeste amarrada al hombro y sujeta a la cintura mediante un cordón del que cuelgan variados adornos. Y la esposa del doctor Duran, la señora Nelly Flores Andrade, que tiene una estrecha amistad con Anita Tsukanka, por lo que pasó la noche en su casa, en medio de la selva.
Anita posee 35 hectáreas al pie de la cordillera de El Cóndor, junto al rio Zamora. Sus terrenos colindan con la principal concesión minera de Zamora Chinchipe y Morona Santiago, administrada por el empres ECSA o Ecua Corrientes SA.
Mientras esperamos a los vecinos que deben estar presentes en el acto, Edmundo Kukuskh nos invita a un recorrido por la propiedad de Anita, hasta el destacamento militar de Las Peñas, junto al rio Zamora. Nombres de plantas, arboles y animales son explicados en lengua shuar y para qué sirven. En el destacamento nos recibe el teniente a cargo. El barco que hace trasbordo entre una orilla y la otra ese día esta dañado, por lo tanto, las personas que debían asistir a la ceremonia de clausura tienen que dar un gran rodeo para poder llegar a la casa de los Tsukanka, atravesando un enorme puente colgante aguas arriba del Zamora. Junto al destacamento se puede apreciar el árbol de Acho, que da una semilla más dura que la tagua. Tarda 20 años en germinar.
Al regreso en la casa de Anita están expuestas las artesanías elaboradas durante el taller. Son unas 50 piezas. Anita explica para que sirven algunas, como por ejemplo el amcum, para servir chicha, el ichinkian que es una olla para cocinar, el pinin un plato pequeñito para beber agua, la zapa para servirse chicha, el natip pata succionar tabaco o el puno, para transportar agua. Anita dice “umcuta” (serviraste, tomaras) y ofrece a todos los presentes un trago de la tradicional chicha shuar, elaborada con yuca por ella misma la noche anterior.
Hombres vestidos con el “itipi” o falda de algodon y las mujeres con el “tarachi” o túnica celeste, ofrecen a todos los visitantes un baile acompañado de canciones. Todos se sientan en torno a un televisor de pantalla gigante para ver el video aun sin editar sobre la elaboración de la cerámica. A sus 70 años, Anita conserva una enorme fuerza y vitalidad para extraer el barro de la madre tierra y elaborar sus platos. Todos ríen durante la proyección. Las mujeres conversan de todo mientras trabajan la cerámica o cantan.
Durante el almuerzo sirven lo mejor que tienen. Primero, ceviche de gallina del monte con lechuga y chifles. Luego caldo de guanta con yuca y arroz como acompañamiento. Para ofrecer la comida, Edmundo Unkush casó dos guantas la noche anterior. Es una carne sabrosa, parecida a la de cerdo. Los shuar en su cocina tradicional no utilizan ni sal, ni condimentos. Para ellos la sal perjudica al organismo. Prefieren condimentar todo con aji, que dicen les hace muy fuertes. Como aperitivo, el doctor Duran sirvió el “7 Pingas”, un aguardiente de Zamora Chinchipe, con sabor a mora. “Para que no patee la guanta”, asegura.
La gente shuar es muy sencilla, con un gran sentido del humor, pues durante el almuerzo contaron anécdotas muy graciosas que les han sucedido en sus encuentros con los mestizos. Las alumnas de Anita Tsukanka, con las que se inicia este proceso de recuperación de la cerámica y las artesanías shuar en la parroquia Bomboiza, son:
- Isabel Nunin
- Rosa Shakaim Naikiai
- Balbina Unkusk Timias
Ademas, asistieron a la clausura del taller de cerámica shuar las siguientes personas: Eduardo Narankas Unuk, Veronica Yankur, Angel Yankur, Agustin Yankur, Jorge Yankur, Gregorio Chu, Juan Kukush Tsukanka, Alberto Kukush Tsukanka y Angel Kukush Tsukanka. El significado del apellido Tsukanka en español es Tucán.
Palabras de Anita Tsukanka (primero las pronuncio en shuar y luego las tradujo al español):
“!Ahora si, le digo!. Mi padre, mi madre, me han enseñado y yo ahora les enseño como una profesora. Aprendan mis nietos, mis hermanas, mi familia, para que vean ustedes también, que coman con esto. Ustdes sino quieren allá, eso no es mío, es para ustedes. Mas tarde enseñaran a sus hijos, a sus nietos, a los tataranietos, algo han de hacer. Ahora, ya están mestizándose, ya no hay, ya no hay nada que decir a ellos, ahora también dicen creencias de los shuaras antiguos que eran, eso botemos, con otra cosa hay que caminar. Por eso yo les digo ahora, coman y no estén andando robando, es con su trabajo, con su sudor, coman bien, yo también cuando ya me muere yo también diré es cierto que ya les enseñé y ahora que mejor. Yo también ya mismo me muero. Esto estoy hablando a todos estos que están acá. Eso no mas es”.
A las tres alumnas de Anita Tuskanka se les entrego un certificado de haber participado y completado con éxito el Taller de cerámica shuar, documento que fue refrendado por la instructora, por el doctor Felipe Durán, beneficiario del proyecto de investigación cultural del Ministerio de Cultura.
Palabras de Edmundo Unkush Tusukanka:
“Mi pedido es que esto se lleve a distintas partes de nuestro país, para que la gente también vaya viendo. Porque no solamente lo minero es lo que da la plata, sino mas bien esto que es el trabajo propio, autóctono del pueblo shuar. También hay trabajo. Hoy es hora de que la sociedad shuar se desenvuelva en este trabajo, que es el orgullo del pueblo, de esta nación shuar. El hombre shuar es uno, que es el origen de la selva amazónica, el rio, las cascadas”.
Palabras de Felipe Duran:
“Quiero expresar unas palabras de agradecimiento, en primer lugar, a la señora Anita Tsukanka, que ha sido la maestra de este taller de cerámica nativa shuar. La intención mía ha sido plasmada gracias al Ministerio de Cultura, que ha sabido comprender la importancia de las raíces del pueblo shuar, que nacen en la alfarería. Tenemos que estar muy agradecidos, porque se supo comprender una necesidad grande de hacer conocer a la cultura shuar, especialmente a la mujer shuar que es la maestra en el arte de la alfarería. La alfarería shuar se remonta no se sabe hace cuantos miles de años atrás y ha sido una especie de medidor de la cultura shuar. Toda cultura que tiene alfarería es apreciada por su trabajo. La cultura shuar tiene el orgullo de haber sido para mí y para muchos arqueólogos y sociólogos la creadora de la artesanía alfarera en toda la región andina. Los canaris aprendieron la alfarería de la nación shuar, dejaron de desarrollarla un día, pero la alfarería shuar se ha mantenido por miles de años. Yo he dicho que no debemos esperar para cavar la tierra y encontrar arqueología shuar. Es la alfarería shuar que todavía no se extingue parte de una cultura ancestral viva, que esperamos se mantenga muchos años más con la dignidad, con el orgullo que debe tener la nación shuar. Con este proyecto estamos tratando de rescatar o de restaurar esta hermosa arte alfarera de la mujer shuar, porque no es solo hacer las ollitas o hacer los trastos. Hemos visto que mientras hacen la mujer shuar conversa mucho de su familia, de su cultura, es un momento intimo, el que la mujer shuar vive con sus hijas y con su familia, vive su cultura. Porque cuando se sientan a hacer la alfarería, conversan precisamente de sus ancestros, conversan de sus hijas, de sus madres, de sus abuelas. Como hacían, que decían, como vivían. Es un momento íntimo de la mujer, cuando comienza a elaborar su alfarería. Eso es para mí el núcleo de la cultura shuar. El hombre ayuda a transportar la arcilla, el hombre ayuda a quemarse las manos cuando la mujer esta barnizando, pero es una integración de la familia, es una integración de la cultura. Eso es lo hermoso que queremos plasmar. Gracias, vamos a elaborar un documento visual y escrito, que va a difundirse en todo el país, todo el país va a conocer la cultura shuar en lo más íntimo que es la alfarería. Vamos a poner en Internet, esto saldrá a todo el mundo, mucha gente va a apreciar con cariño, con amor, la forma ancestral que se mantiene hasta la actualidad de la mujer shuar trabajando la arcilla, lo que llama trabajar a la madre tierra, a la “nungut”, la mujer respeta mucho a la tierra, ama la tierra y plasma la belleza de la tierra en su alfarería. Cada pieza que ella hace la hace con mucho amor y siente mucho y sufre mucho cuando le bota al fuego y talvez se revienta y se quiebra. Es de ver como sufre la mujer viendo que el trabajo se quebró. Pero, de todo lo que hace le queda un 70%, lo demás se le destruye. Ella siente mucho, porque pone mucho amor en cada pieza. Pero sigue adelante y sigue fabricando. Quisiéramos algún día ver, no una industria, porque la industria termina con la artesanía, queremos ver en cada casa shuar a la madre y a las hijas haciendo su alfarería, sin distorsionar, sin hacer cosas que no han hecho nunca. Mantener esa hermosa tradición de hacer sus platos y sus ollas. Ojalá podamos con el tiempo comercializar estas cosas, pero sin que se pierda la esencia, la forma de realizar esta artesanía como yo le llamo, porque no es nacida en otras partes, sino en lo profundo de la cultura shuar. Quisiéramos que esta artesanía se mantenga por muchos años. Vamos a tratar de hacer exposiciones en Cuenca, en el CIDAP, para que se conozca, porque mucha gente piensa que la artesanía shuar ya no existe, que no elaboran nada, que todo es plástico y aluminio. En Cuenca y a nivel nacional se van a dar cuenta que si existe algo profundo de la cultura shuar, que nace en la mujer, como cuando nace un hijo, así nace cada pieza alfarera, la mujer sufre o se alegra cuando termina su trabajo, el esposo también se alegra mucho de ver que su esposa ha elaborado una obra de arte que no es una cosa industrial, ni siquiera una pequeña industria, sino que nace de las manos de la mujer, con tanta delicadeza, como hemos visto cuando por primera vez hemos podido apreciar la labor que pone la alfarera y su arte”.
Pide apoyo, difusión y más talleres. Algunas piezas de Anita se han exhibido en España. El pueblo shuar se define a sí mismo con “untsuri shuar” o “gente numerosa”. Se les conocía antes como “jibaros”, término desechado por considerárselo ofensivo para esta etnia.






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