El éxito de la metaglota, traductor universal inventado por Octavio Cordero Palacios.

 

Por el Dr. Remigio Crespo Toral.

Artículo publicado en la monografía “El Ecuador Actual: estudio monográfico del País y sus diversos aspectos, actividades y tendencias”, 1 de diciembre de 1936. Diario El Universo. Homenaje a la Conferencia Interamericana de Paz. Buenos Aires. Encargado del Mando Supremo, Federico Páez. Bien perteneciente al Patrimonio Cultural de la Nación, que se halla en el Depósito de Libros de la Biblioteca Víctor Manuel Albornoz, del Museo y Parque Arqueológico Pumapungo del Ministerio de Cultura y Patrimonio, bajo el número de referencia BMCC35964. Transcripción del original de Hernán Rodríguez Girón, descendiente directo de Octavio Cordero Palacios por línea materna, hijo de Ximena Girón Cordero, nieta del humanista. Cuenca, 17 de enero de 2020, 17:00.

QUITO, Ecuador (11/01/1936).- El día 11 de enero del presente año (1936) en el salón principal del Palacio de Gobierno y con asistencia del señor Don Federico Páez Encargado del Mando Supremo de la República, de los señores ministros de Estado, de algunos miembros del Cuerpo Diplomático y de la prensa, de profesores de la Politécnica y de algunas otras personas, el señor Don Alfonso Cordero Palacios y el señor Don Humberto Cordero Crespo, encargados de la demostración del invento llamado “METAGLOTA” tradujeron mecánicamente a diversos idiomas, en ese aparato, las frases dictadas por los señores Jefe Supremo y Canciller de la República y la siguiente del señor Raimundo E. Enríquez, Ministro de México, la cual fue vertida al inglés, al alemán y al ruso.

“Si esta máquina inventada por el sabio Octavio Cordero Palacios, traduce, aunque sea literalmente, en español lo que estoy escribiendo en inglés, será una de las maravillas del mundo”.

Son incalculables los servicios que este léxico automático puede prestar a los traductores, planteles de enseñanza, oficinas comerciales, etc., etc., pues para su manejo le bastará al operador conocer el idioma en que escriba.

El Gobierno está sumamente interesado en que esta máquina se construya científicamente por mecánicos expertos, pues ahora es todavía un aparato rudimentario de madera.

OCTAVIO CORDERO PALACIOS Y SU INVENTO DE LA “METAGLOTA”:

1.- Biografía

Ha de comenzarse por un breve retrato al inventor.

Perteneció a la estirpe Cordero, en una de sus múltiples ramas genealógicas, tan pródiga en talentos: Cordero Crespo, Cordero Dávila, Cordero Palacios, Romero Cordero, Cordero León. Procedieron de nobles y honrados campesinos del norte del antigua Azuay, de SURONPALTE de Déleg, cuna del patriarca del linaje Don Luis Cordero y de Don Vicente Cordero, padre de Octavio.

Hubo de salir Don Vicente, en vísperas de domingo, para la misa, en junta de su esposa a un vecino pueblecillo, el de Santa Rosa, del cantón Cuenca. Y quiso la buena fortuna de esta, que el apremio del alumbramiento sorprendiese a la madre en una choza que le servía albergue eventual. Y nació Octavio en la humildad de una cabaña y con la dolorosa sorpresa de sus padres.

La humildad había sido, desde el nacimiento hasta la muerte, el signo característico del más tarde, pensador, poeta, orador, sabio y buen cristiano, que pasó, dejando entre sus semejantes, efluvio seductor de simpatía, de amor, de reverencia a las singulares virtudes, y excelencias con que había dotado el Cielo a ese hijo de resignada pobreza, al que la gloria no le vendría sino como flor del sepulcro.

Al apuntar la edad que se llama de la razón, y es más bien la alborada del conocimiento, Octavio Codero agotó el programa de la escuela con lucidez sobresaliente.

Y después al “Colegio de Cuenca”, para las humanidades y el bachillerato. Entonces se fijaron los caracteres de su ingenio, con notas de singular antagonismo: la afición al arte de la palabra y al del cálculo, los dos extremos que llegan desde la sublime poesía a las matemáticas sublimes.

Vendrían los veinte años de versificar, traduciendo a Horacio, vertiendo en el vaso clásico el sentimiento, la imagen, el inocente humorismo: todo ello procedente del contacto con la naturaleza y con la realidad intelectual circundante.

Su talento prismático explica la talla de Octavio Cordero, que reducía al verso y hasta a la misma rima, los teoremas del cálculo, con el fin de fijar, por los medios del ritmo y de la armonía, la persistencia de la enseñanza.

Ese espíritu selecto había menester para culmen de su temperamento: la quietud de la biblioteca, el equilibrio de su presupuesto doméstico y muchas cuartillas en blanco para cubrirlas de caracteres, como el Hacedor Supremo el espacio, con estrellas.

Pero, el país incomprensivo, el ámbito glacial, la intelectualidad reducida a la pequeña extensión de una jaula para el ave del canto: el filósofo, el artista, había de buscar, en todos los campos, un grano de recolección para el nido. Importaba compartir la poesía con la utilidad.

Y así fue que se dispersó en todas las faenas, con la elasticidad prodigiosa de su intelecto; y Ministro, maestro, abogado, asesor, topógrafo, ingeniero, arquitecto, presidente de Municipalidad, conferencista, orador popular… apenas hubo actividad que no correspondiese a la multiplicidad de su índole, amplia, ondulante, desbordada.

En Cuenca, lo que no estaba al alcance de la técnica corriente, iba en consulta a Cordero Palacios. Cinco años o más, dirigió la fábrica del Palacio Universitario, igualmente que la del Colegio Benigno Malo, ejecutando planos que requerían, en su aplicación modificaciones y consultando la nimiedad de los detalles.

En 1910, cuando se preparó el conflicto bélico con el Perú, presidió la comisión de topógrafos militares, marchó al Sur hasta la frontera, practicando los estudios y trazando los planos estratégicos que habían de servir en la dirección de la campaña.

Las municipalidades de Cuenca y Azogues le deben generosa dedicación a notables obras edilicias, que le dirigía, desempeñando en veces el oficio de maestro de obras, con desinterés y empeño, tan raro en los ministerios públicos. La bondad de su carácter y la convicción suya de que nadie podía desviar de su destino los dineros comunes, ocasionaba quizás algo de lo que se llama filtración, o cosa así. Pero jamás al severo funcionario podía imputársele ni una sombra que manchase la limpieza de su conducta.

Se le solicitó para Inspector de los trabajos del ferrocarril de Simbambe; y bajo la carpa en las desiertas llanuras, se mantuvo, con peligro de que fracasase su quebrantada salud. Excediéndose de sus funciones, logró modificar algún trazado e insinuar rutas más fáciles y menos costosas. Cuando la inauguración del ferrocarril en El Tambo, Cordero Palacios no pudo concurrir al festival de la inauguración, por encontrarse en el lecho de la penosa enfermedad, que habría de llevarle al sepulcro.

Sus amigos en Quito recordamos solemnemente al incomparable Inspector, al que la patria grande tanto como la pequeña, debía el concurso de sus luces y su abnegación.

Todo ello le importaba, casi siempre, tan solo, un esparcimiento y por recompensa la gratitud de unos pocos que siempre suelen pagar con esa moneda, casi siempre sin cotización.

Hermoso ejemplar de caballero, a usanza antigua, muy español. Cuando la moda abolió la capa ancestral, él la llevaba airosamente, pendiente de su elevada escultura, de la que se destacaba su fisonomía angulosa, relevante, pálida de emoción y austeridad, casi como la del Hidalgo Manchego, con añadidura ascética.

Como literato, fue uno de los últimos humanistas de Cuenca, sucesor de su tío Don Luis. Conocía además ampliamente y en sus fuentes, las antiguas literaturas y de las modernas, la italiana, la francesa y sobre todo la inglesa, de la cual perdidamente hechizado. Sus traducciones de Horacio, sobre todo la de la “Epístola a los Pisones”, pueden rivalizar con muchas de las escogidas por Menéndez y Pelayo, en su famoso “Horacio en España”. Las traducciones de Cordero Palacios intentan el ritmo y la cadencia del original, señalándose las de los hexámetros del maestro poetas de las odas y las sátiras.

La investigación histórica ocupó las mayores y más escogidas horas del escritor. Quedan de él muchas investigaciones inéditas, aparte de las publicaciones: “Memorias documentadas”, “Tomebamba en Cuenca”, “Abdón Calderón”. Completa sus numerosos estudios su vocabulario “Quechua-Cañar”, ensayo de adivinación del perdido idioma, con elementos toponímicos y otros dispersos en el habla de los aborígenes.

En la Biblioteca Juan Bautistas Vázquez o en el Archivo Municipal, pasaba lo más granado de sus horas, recogiendo datos, ilustrando conocimientos o conversando con amigos literatos.

Para el bimilenario de Virgilio, comenzó la traducción de “La Eneida” a una forma más asequible a los idiomas modernos, suprimiendo el hipérbaton. En seguida, intentaba una traducción en hexámetros, después de hacer otra en prosa castellana. La agravación de sus dolencias cortó en agraz las empresas iniciadas.

La conversación le proporcionaba una de las más grandes expansiones: su palabra amena, salpicada de discretas sales y nutrida de erudición nunca fastidiosa, encantaba a los oyentes, en la simplicidad del trato amistoso que constituía una de sus deliciosas divagaciones.

En sus últimos años, en una de sus hermosas confidencias, explicó los motivos de su servicio público, obligado por urgencias de la vida y sin que hubiese nunca traicionado a sus creencias, heredadas noblemente, mantenidas con amorosa piedad y confesadas a plena luz. Conmovidos, escuchamos al poeta y filósofo cristiano glosar desde lo alto de la tribuna, la oración inmortal: “Padre nuestro, que estás en los cielos”. Rezaba así, en nombre de su ciudad, a la que representaba como Jefe del Municipio.

Fue también orador ameno y fácil, no solo en la Legislatura y en salón de conferencias, sino en las plazas, en las que relataba las gestas nacionales con encantadora maestría.

Como singular detalle de su fisonomía moral, debe recordarse que, careciendo Cuenca de topógrafos, Cordero Palacios abrió cátedra para educarlos logrando la formación de algunos competentísimos profesionales que obtuvieron el título correspondiente. ¡Y el maestro no lo tenía!.

Entonces, con la modestia de su sabiduría, cursó las asignaturas y obtuvo la calificación definitiva, dada por discípulos suyos. Resultaba aquello un círculo, en que la ciencia que se esparcía, tuvo qye volver a su centro.

Cuánto más se podría escribir de este varón eminente, que escribió mucho, habló largamente y operó en las rutas del progreso, amante de su país, sacrificado el cumplimiento del deber y ajeno a los estímulos del interés y de la gloria.

2.- La “Metaglota”.

Pero por urgencia de brevedad, venga finalmente una breve exposición del aparato que el llamó “METAGLOTA”.

Una tarde, lejana ya en lo pasado, después de una fiesta de campo, cuando al calorcillo del vino y de la concurrencia franca y cariñosa, permitía la expansión de la intimidad, Cordero Palacios nos habló del invento. Describió su sencillez y la maravilla de sus prolongaciones. No podía revelarlas desde luego, porque una vez conocida por los demás, la creerían tan fácil, que por ello habría de perder su importancia y valor comercial. A este propósito, recordaba la leyenda del huevo, la que se atribuía a Cristóbal Colón y comparaba con aquella travesura su famoso invento de traducción universal de las lenguas, mediante un aparato.

Posteriormente y en intervalos más o menos largos, se volvió a rememorar la curiosa invención, que en parte se reveló al doctor Luis Cordero, quien apresu

rose a declarar la eficiencia de aquella, que podía perfeccionarse mediante la habilidad mecánica y la calidad de los materiales empleados.

En el lecho de su último dolor y ante la angustiosa perspectiva de la pobreza, de algo más que la pobreza que dejaba en su casa –legado triste para su compañera (Victoria Crespo Astudillo) y sus hijos-, no tuvo otro recurso para el porvenir de los suyos que la maquinilla, sutil, que debía construirse con las indicaciones y dibujos de un cuadernos de apuntes que completaban los detalles de la “METAGLOTA”.

Ella fue materia de final revelación a su hijo Rubén (Cordero Crespo) y a su hermano Alfonso Cordero Palacios. El secreto quedaba confiado a quienes podían comprenderlo, guardarlo y divulgarlo, mediante la justa retribución que merecía.

Era la honorable asignación para su familia desvalida. Tenía fe en la obra de su genio y no creía engañarse al suponer que ella importaba el tesoro de su cerebro, que redimiría a su descendencia.

Los legatarios del valioso encargo lo estudiaron y se convencieron de la eficacia del invento y procedieron a la fabricación de la pequeña máquina, que no muy tarde, será quizás novedad que sorprenderá a todos.

Se nos han dado las características de la “Metaglota”:

-          Se trata de un aparato traductor.

-          La versión es literal.

-          Traduce lo que se haya escrito previamente, sirviéndose del aparato.

-          La capacidad traductora, mínima, en el actual imperfecto aparato, es la de 6.000 voces en cualquier idioma.

-          La construcción gramatical de la frase que se traduce es la del idioma de aquel que escribe.

-          Traduce todos los idiomas.

-          El tiempo que se gaste en la versión es el empleado en escribir la palabra al traducir.

-          El peso del aparato no pasa del de una máquina de escribir ordinaria, siendo sus dimensiones aproximadas: 0.60 x 0.40 x 0.20. Pudieran ser menores.

-          Un sencillo mecanismo permite disponer rápidamente el aparato para ir de un idioma a otro u a otro.

-          Para poner en función la máquina, es suficiente saber leer y escribir el propio idioma, sin que se precise el aprendizaje de clave alguna.

Ha producido inquietud, sobre todo en países extranjeros, el anuncio del invento, que significaría -realizado- uno de los pasos delanteros de la civilización universal.

No conozco sino lo que apuntado queda: pero dados el talento y la honorabilidad de Cordero Palacios –uno de los grandes valores de nuestra incipiente cultura- es evidente que no se trata de una ilusión, para efímero ruido de fama, sino de un positivo adelanto, para acercar a los diversos sectores de la familia humana, más dividida por el idioma, que por otros motivos.

Para la Patria constituiría singular decoro el encumbramiento de uno de sus hijos (el que menos soñaba en la gloria).

(Artículo publicado en la prestigiosa revista “Alas” de Quito y reproducido para la monografía “El Ecuador Actual” de 1936)

NOTA DEL TRANSCRIPTOR: Una versión familiar no confirmada cuenta que  Nicolás Espinoza habría sustraído del Museo Remigio Crespo Toral la máquina original de la Metaglota y la vendió en Estados Unidos en USD 50.000. Vicente Cordero Estrella sobrino de Octavio Cordero habría sido el depositario de sus escritos y anotaciones sobre la Metaglota. El secuestro de ideas originales para venderlas a potencias extranjeras es un hecho común en la historia de los inventos. Por eso, tal historia no es como la cuentan, dando valor, lustre y gloria siempre a inventores anglosajones o europeos. Hace algún tiempo atrás papá escribió un acertado artículo que se tituló “Nuestros valores olvidados”. Allí recuperaba otro hecho, la invención del telégrafo sin hilos o “Teleautófono” atribuido posteriormente al italiano Marcony, pero que en Cañar lo realizó con éxito Antonio Rodríguez Gómez de La Torre antes que el italiano. Otro caso paradigmático es José Rodríguez Lavandera, inventor del submarino, que lo probó con éxito en el Río Guayas. A nivel mundial son conocidos los casos de Darwin, que no fue original su idea de la evolución de las especies, mérito que ahora también se le reconoce a Wallace o el invento del teléfono, que no fue Graham Bell, un estafador de poca monta. O la invención de la bombilla eléctrica, que no fue Edison sino Tesla. Todo queda a merced de los intereses comerciales y del poder económico. 


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