Roberto Follari: ¿el ocaso de la escuela?.

 

Por Roberto Follari, Argentina. Aula magna, Facultad de Filosofía, Universidad de Cuenca, 16:000, I Congreso Latinoamericano de Ciencias Sociales.

Transcripción: Hernán Rodríguez Girón.

CUENCA, Ecuador (03/06/08).- ¿El ocaso de la escuela?. Si uno se hace esta pregunta es porque hay ciertas posibilidades de que esto ocurra, porque efectivamente la institución escolar está en un proceso de decadencia de su eficacia pública y de su cometido social.

Por cierto cuando uno dice, en el caso de la escuela, ¿se podría vivir sin ella?, de pronto todos tenemos la escuela como algo natural, como algo con lo que hemos convivido desde niños, un poco la impresión que tenemos todos es que siempre hubo escuela y que por lo tanto sería el mundo inconcebible si ella.

Pero en verdad no es tan así, en realidad la escuela, su sentido de universalidad moderno en nuestros países latinoamericanos sobre todo subsiste apenas desde hace unos 100 años, una universalidad que todos nosotros conocemos nunca se ha cumplido a cabalidad, tanto en lo que hace a la llegada de la gente a la escuela, que por mucho tiempo fue solo para unos pocos, bueno ahora sí es una llegada mayoritaria, pero hay un desgranamiento de la escuela, de un modo tal que la escuela es un lugar donde la permanencia no es para la mayoría, está lejos todavía esto de ser universal. Pero si es cierto que es mayoritaria y que por la escuela pasamos en algún momento la mayoría de los habitantes de los países latinoamericanos hoy y que por cierto, esto implica que es un espacio denso que debería tener un poco de atención por parte de los gobiernos, más fuerte que la que tiene porque aquí todavía se juega aspectos importantes de la formación no solo del conocimiento, sino también de la formación valorativa.

¿Cuál es la función principal de la escuela?. No es tanto la de que ciertos conocimientos sean aprehendidos o la de formar para las profesiones, cosa que por cierto cumple, mejor o peor pero cumple, sino la de constituir el nexo social, ese cemento social sin el cual la sociedad sería imposible.

Uno suele creer que la sociedad es algo natural. También desde que empezamos a vivir estamos en sociedad, pero no es para nada natural, el nexo social es algo que hay que construir, que sostener en relación con valores compartido. Si no hay simbologías compartidas, como son por ejemplo los símbolos nacionales -sé de la discusión que ha habido aquí en Ecuador hacer poco tiempo sobre eso-, pero los símbolos nacionales por ejemplo constituyen un elemento decisivo de la configuración de las colectividades nacionales. Si nosotros no tuviésemos una moneda en común, una bandera en común, etc., en cada país, en realidad entre una zona u otra muy diferentes, no habría nada de identidad en común. La identidad en común está construida, dado que una persona del oriente es muy diferente a una de la sierra, o a una de la costa. Sin embargo, qué es lo que tienen en común, la nacionalidad y esta nacionalidad debe ser construida. Entonces, la unidad social se da en torno a ciertos valores, que son transmitidos principalmente por la escuela desde hace un siglo más o menos, una función que en tiempos anteriores cumplía principalmente la iglesia católica en Latinoamérica.

Sí, es importante la función de promover valores que sean compartidos por una generación y pasen a la generación siguiente, pero nunca la distancia entre los valores portados por dos generaciones continuas fue mayor que la actual. Esto es esperable, porque uno advierte en cierto sentido que la historia es como una bola de nieve, va aumentando su velocidad en un movimiento que ya no es uniformemente acelerado, pero que es crecientemente acelerado de modo tal que las diferencias tecnológicas, entre mi generación y la de mis hijos por ejemplo, es muy grande, mayor que la que yo tuve con mis padres. Se espera que la diferencia tecnológica que les toque a los hijos de mi hijo, si es que los hubiera, va a ser mayor todavía.

Las diferencias que las nuevas tecnologías van imponiendo, van haciendo cambiar los valores y van creando distanciamiento. Es cierto que en los años 60-70, la época de los Beatles, la época del rock, de Elvis Presley, del hipismo, de la cultura de la liberación sexual, de la radicalización política, de los jóvenes de la teología de la liberación, las posiciones de izquierda de los años 70, luego la lucha armada, bueno todo esto creo una fuerte contradicción entre los jóvenes y los padres de aquella época. Ya hubo una época anterior donde hubo una enorme distancia entre los valores de una generación y la siguiente.

Quizá ahora se discute menos entre las nuevas generaciones y las anteriores, ocurre que no hay dos tipos de valoración distintas, ahora las nuevas generaciones tienen un déficit de valores, hay un problema de construcción de valores, de falta de valores. Más que el hecho de unos valores contra otros, que fue lo que pasó en los años 60 y 70, que los hijos nos pelábamos con nuestros padres, batallas campales y no nos entendíamos, hablábamos de un mundo que para ellos no debía moverse, de costumbres morales, de ideas que estaban fijas y que estos jóvenes venían a transgredir, hoy no ocurre tanto eso, no hay tanta discusión, simplemente los jóvenes en vez de discutir hacen de las suyas digamos, hacen su vida, no les importa demasiado discutir valores alternativos porque probablemente no hay una dirección clara de una nueva dirección normativa.

Entonces tenemos un problema grave, hay una falta de constitución de valores en las nuevas generaciones y que la escuela no está contribuyendo lo suficiente a configurarlos. A esto se suma además el factor económico, que en nuestros países latinoamericanos es muy importante, la oleada neoliberal sobre todo de los años 90 nos dejó lesiones irreversibles, sobre todo en el tejido social, que no las vamos a levantar fácilmente, de las cuales se acusa a los gobiernos que han venido después, pero que han tenido que recibir una herencia pesadísima. Lo cierto es que con la pobreza generalizada se termina de dar una mezcla de carencia de valores y problemas económicos, que nos lleva a una serie de problemas: violencia escolar, indisciplina, la existencia de drogas y alcohol dentro de los establecimientos, los embarazos precoces, es decir la existencia de una condición fuertemente problemática en las escuelas, sobre todo en las suburbanas, en las que están en los aledaños de las grandes ciudades, en el campo las costumbres tienden a cambiar menos radicalmente, pero en las zonas suburbanas donde se da la migración y donde entonces hay un fuerte salto vital, donde los valores anteriores aparecen como disfuncionales a una nueva situación y no se sabe muy bien cómo reaccionar.

¿Cómo se ha llegado a esta crisis en que estamos hoy?, ¿porque existe esta especia de falta de valores en las nuevas generaciones?. Estamos en una situación donde además, ya para referirme claramente a la escuela, ser maestro ya no da prestigio. Había una época en la que ser maestro era ser toda una figura social, ser un modelo social, no es lo que ocurre hoy mayoritariamente, ni se espera que se pase por parte de los gobiernos de los discursos a los presupuestos.

Pasa a ser un lugar común decir que la escuela es importantísima, que ayuda a configurar la economía, que democratiza las relaciones sociales, pero a la hora de los presupuestos en general, es bastante pobre lo que se apuesta a las escuelas y esto muestra el prestigio de lo escolar a nivel de los estados y que se piensa más bien en otras cosas.

La escuela es una institución moderna y estamos en tiempos postmodernos. Hoy la escuela está con una modalidad cultural que no se corresponde a las nuevas condiciones de la época. La escuela es hija de la modernidad. ¿Qué es la modernidad?. Es un sujeto epistémico centrado, sujeto cognitivo, sistemático, metódico, el prestigio pleno de la ciencia en una época en que la ciencia apareció fuertemente como aquella en la cual se centraba el saber y donde había un gran respeto por los científicos, que hoy no se da tan fuertemente y la modernidad se caracterizó por el disciplinamiento y por el orden. Toda la obra de Michael Foucault y de la Escuela de Frankfurt han enfatizado la cuestión del orden, de la disciplina, incluso en el caso foucultiano, del encierro como propio de las instituciones modernas.

Quién haya seguido la obra de este autor francés tan polémico que fue Michael Foucault, sabe que él empezó a trabajar sobre el hospital psiquiátrico, esta fue tesis de doctorado y este es un lugar de encierro, que es una práctica muy propia de la modernidad, el encierro, la cárcel es otro de los establecimientos, de las instituciones que se crean en la modernidad y la escuela, es a su manera un sitio de encierro, un lugar donde se nos disciplina sistemáticamente y tenemos que pasar muchas horas de nuestra vida acorde a reglas fuertemente estructuradas que durante la modernidad estaban hechas bajo la idea que teníamos que disciplinarnos, teníamos que salir de la escuela como sujetos ordenados, que aceptábamos jerarquías, que fuéramos capaces de gobernar la corporalidad y de soportar la espera, de mantenernos callados durante largo tiempo, todo eso que hace la disciplina que lo vivimos todos en las escuelas, aunque los más jóvenes tienen la fortuna de que eso sea un poquito menos rígido que en otras épocas.

El disciplinamiento, el sujeto centrado, son propios de una organización tecno-burocratizada de la existencia, con horarios cada vez más permanentes y que le ordenan y le rigen la vida a las personas, toda nuestra vida está fuertemente informada para diversos dispositivos, como es el dispositivo médico, el carcelario, el policial, es decir, de diversas maneras cada uno de nosotros sabemos menos de nosotros, de lo que los otros saben de nosotros, hay información nuestra que está archivada y de la cual nos hemos olvidado o que no sabemos que alguien la adquirió.

Vivimos en una sociedad en la que se ha trabajado durante la modernidad en una serie de procedimientos que ahora en lo postmoderno permanecen, pero que en su época respondieron a una cultura del orden, de la organización, del método, del disciplinamiento.

Por tanto, la escuela está racionada por esta forma de pensar lo social y de pensar las relaciones internas de la escuela como relaciones burocráticas, metódicas, ligadas a un sistema que es también fuertemente burocrático como es la escuela, porque pertenece a un sistema educativo, generalmente de orden nacional y que exige muchísimas mediaciones para la toma de decisiones.

Ahora bien, la modernidad ha colapsado, la modernidad como tal, ya no existe de la misma manera. Es tal la disfunsión que, algunos preferimos llamar postmodernidad a lo que en realidad es una forma de sobre modernidad o una modernidad llevada al extremo y en cierto sentido algo de eso hay, pero la ciencia y la técnica que eran la base de la modernidad permanecen y dentro de las empresas el orden y la disciplina siguen teniendo una importancia muy grande.

La condición cultural que se producía como base de la tecnología en otras épocas, hoy ha cambiado radicalmente, ha cambiado fuertemente. Este nuevo tiempo, esto que algunos llamamos postmodernidad, no es un capricho de la historia, no es un momento, una vicisitud, una especie de pequeño avatar, sino que en realidad ha cambiado fuertemente la condición de época y la modernidad fue una época larga, que va desde el siglo XVII hasta el XX, digamos hasta los años 70, quizás 80.

Es de esperar que esto otro que estamos viviendo ahora dure también, dure mucho, sea algo bastante prolongado. Esto que tenemos ahora está caracterizado por el sujeto “light”, por el sujeto poco centrado, por el sujeto oscilante, por un sujeto que es fruto por ejemplo de los estilos maliciosos de la televisión.

¿Cómo se pasó del sujeto de la modernidad a este otro?. El sujeto de la modernidad era acostumbrado al silencio, a un tiempo acompasado y por lo tanto era de una reflexión personal bastante sistemática sobre sí mismo, en cambio el sujeto de hoy no puede tener esto, porque entre el ruido de los celulares, la velocidad de la televisión que está todo el tiempo presente, la vida marcha a una velocidad enorme y la sobre estimulación deja muy poco espacio para reflexionar, para tomar distancia, uno está todo el tiempo sobre estimulado, híper excitado y luego ya no hay tiempo para elaborar la cantidad enorme de estímulos que se viven digamos diariamente.

¿Pero cómo se dio el paso?. A través del cambio del significado de la técnica, que fue explicitado por el gran filósofo Martín Heigddeger, en el libro que algunos tradujeron como “sendas perdidas” y otros como “caminos del bosque”, ese libro tiene algunos artículos y uno se llama “la época de la imagen del mundo”, es un artículo brillante que reflexiona un poco insólitamente, claro que a Heigddeger le gustaba un lo cuasi místico, el pensamiento de la naturaleza, sin embargo reflexiona sobre Hollywood que estaba en su época máxima, la época del gigantismo, podemos acordarnos de las películas de Charlton Geston que protagonizó “Los 10 Mandamientos” o “Ben Hur”, que duraban 5 horas, entonces uno iba al cine a pasar un día entero y luego salías mareado completamente, había un intervalo cuando uno ya no podía más, la película paraba unos 20 minutos y te daban otras dos horas y media, con lo cual uno había entrado de mañana y salías casi de noche. El gigantismo. Me acuerdo que los filmes se publicitaban diciendo -hay 2.000 extras en escena-  y esto era algo extraordinario, con pantalla gigante y cuanto más gigante la pantalla mejor, si era de 10 metros mejor, pero si tenía 12...todo era cuestión de cuánto.

Heidegger se pone a reflexionar sobre esto y también sobre lo que sucede cuando vamos en un avión. Los aviones no tienen escala humana, nos cambian la temporalidad, es extraño estar aquí y ahora y dentro de un tiempo estar en Madrid. Cuando uno viaja de esa manera queda un poco desconcertado. Si uno hace el camino por tierra entre Cuenca y Quito, va con el tiempo acompasado, tiene cierta normalidad, pero no, uno se sube acá y ya está en Quito y se acabó. Es como si las distancias no existieran.

Esta tecnología gigantesca del cine no cumple con la condición inicial de la tecnología, que era una herramienta, algo que estaba tomado por la mano del hombre para multiplicar el poder del hombre para transformar el mundo.

Teníamos un sujeto lúcido, centrado, que decía yo quiero hacer tales cosas y necesito una herramienta que es la técnica para multiplicar mi poder de transformar. Desde allí es que hemos hecho este Frankenstein con la técnica, de pronto esa técnica dice Heidegger empieza a tener una dimensión tan grande que nos abisma. Nosotros mismos quedamos perdidos en el tamaño de lo que hemos hecho. Esto es muy claro en el caso de la televisión actual, que ya debería tener otro nombre con respecto a la televisión de hace 40 años, cuando uno ve un filme de esa época la temporalidad es totalmente distinta, no tiene nada que ver. La actual televisión, la satelital o por cable, es el “zapping” junto al mismo canal, es decir, uno hace zapping cambiando de canal en canal, pero si mantiene la vista en uno solo, la vertiginosidad de las imágenes reproduce el zapping, dentro de cada canal.

Lo que hay es una velocidad enorme, dentro de la cual no se puede entender prácticamente nada y donde el impacto importa más que cualquier otra cosa. Como ahora hay tantos estímulos, se trata de impactar como sea. Entonces se utilizan los métodos más bruscos, para poder impactar, las reflexiones no impactan, lo que impacta es el ruido, el grito, la visión sexualizada, aquello que es espectacular de alguna manera, eso es lo que impacta.

Estamos ahora ante espacio y tecnología, Heidegger no llegó a conocer esta televisión, para él era el gigantismo que mostraba como el sujeto, que era lúcido y había puesto la tecnología como forma de su dominio sobre el mundo, un sujeto lúcido, consciente, que domina al mundo, ahora se va volviendo al revés la cuestión. La tecnología es tan sofisticada y produce efectos tan desestabilizadores, que el sujeto que la produjo ahora queda desarmado por esa misma tecnología, queda descentrado, fuertemente alterado y es un sujeto cada vez más oscilante, cada vez más leve, con menos convicciones, con menos firmeza interna, con menos autoreflexión y con menos autocentralidad.

Esto es lo propio del sujeto postmoderno y esto está explicado en el texto de Heidegger de una manera brillante. Heidegger por supuesto no habló de postmodernidad porque se murió mucho antes, pero Batkimo y otros que han trabajado sobre Heidegger son la base del pensamiento postmodernista.

¿Qué sujeto tenemos hoy?, ¿qué condición?. Se imponen la modalidad videoclip y la modalidad zapping, como forma ya de la vida cotidiana, toda nuestra vida va transcurriendo como si hiciéramos un zapping en nuestras relaciones. El videoclip es claramente una lógica de impacto, no cuenta nada generalmente y si cuenta algo, a menudo es algo no coherente, lo que cuenta es que sea algo atractivo, uno está viendo todo el tiempo algo que le gusta y que la interesa. Ahora, cuando terminamos de ver nos preguntamos ¿y qué pasó ahí?, bueno la mayoría de las veces no pasa ninguna cosa, no hay nada que contar, no hay ninguna historia coherente. Alguna vez hay, pero la mayoría de las veces no.

Nos referimos a esta segunda versión, que fíjense ustedes durante una época la ruptura de la frecuencia en la narración, por ejemplo el mismo Cortázar con “Rayuela”, que en su época produjo un gran escándalo, hoy con Internet eso no escandaliza pero a nadie. O Buñuel con el “Perro Andaluz”, estas imágenes completamente desconcertantes, hoy cualquier videoclip las retoma.

Aquello que en la modernidad fue escandaloso, porque era la lucha antisistema y demás, ha sido reincorporado como publicidad de marcas de teléfonos o detergentes, fue reincorporado al sistema de una manera absolutamente carente de capacidad de enfrentamiento y de revolución.

Tenemos ese sujeto oscilante, ese sujeto light, que tiene una especie de atención flotante, que solo piensa en una cosa: en pasarla bien. Los celulares hacen que los chicos estén escuchando música o cualquier cosa, etc.

Se ha pasado de lo que los psicoanalistas llaman el ideal del yo al yo ideal, esto no es un juego de palabras. ¿Qué es eso del ideal del yo?. Es una parte de la subjetividad que está constituida en la historia del individuo, es el ideal en el cual uno no tiene ideal, porque uno está ligado a figuras que uno admira, uno dice yo quisiera ser como tal... El ideal del yo es algo que nos permite aguantarnos hoy las ganas de hacer algo, sacrificarnos para obtener algo mayor mañana. Es lo que hace que uno vaya a clases, por ejemplo, por ganarnos un título, puede ser aburrida la clase pero allí voy.

En cambio, el yo ideal es la posición del bebé en la posición de la satisfacción máxima. Es la posición de querer estar siempre satisfecho. Pasarla bien, el goce perpetuo.

Hemos pasado de una época donde estaba sobre todo dibujado el ideal del yo, esforzarse por un futuro a otra época en la que estamos asentados sobre el yo ideal, o sea pasarla lo mejor posible siempre y después...

Hay razones para esto, porque el mundo actual te da pocas opciones, no sabemos que es el futuro, entonces hago lo que tengo que hacer, pero lo cierto es que tenemos sujetos cada vez más instalados en la incapacidad de soportar la insatisfacción ahora y disciplinarse para obtener algo después, que es muy propio de la subjetividad actual. Por eso es que ya casi no hay neurosis, en mi generación sí, pero en las nuevas no, allí abundan más las adicciones. La actual forma de enfermedad psíquica actual son las adicciones.

¿Por qué?, la neurosis se basa en la reflexión, la neurosis está basada en que inconscientemente queremos hacer cosas que no las hacemos y eso no permite ningún placer, ni un mínimo de agresión necesaria, un grado de agresión socialmente aceptada, nada de eso de pegarle con un palo a nadie, esto de decir que no, de enojarse con alguien, la neurosis no te permite hacer cosas y el que no se permite hacer cosas, sufre. La neurosis viene de eso, del no asumir las descargas de los impulsos.

En los jóvenes actuales es al revés, ellos descargan todo, están tan descargados que quieren seguir descargando todo el tiempo. Es algo así como el querer estar satisfecho todo el tiempo, por eso las adicciones, la droga, el alcohol, son una forma de no tolerar la realidad y evadirse hacia el mundo de la satisfacción permanente, como un bebé que vive tomando del pecho materno, todo el tiempo y nada más, que me alimenten, que me hagan feliz, no aguanto no estar todo el tiempo en satisfacción.

Este es más o menos el tipo de sujeto que tenemos ahora y claro, la escuela sigue igual frente a esto. Cambio la subjetividad: centrada, disciplinada, ordenada, metódica, que tenía sus problemas, de ninguna manera quiero evitar la idea de que eso era una maravilla y ahora estamos muy mal y antes estábamos muy bien. Los tiempos aquellos eran los tiempos de un autoritarismo cultural monumental. Yo he tenido peleas fuertes con Beatriz Sarlo que es una autora literaria, una ensayista muy distinguida, pero que dice que el pasado moderno era maravilloso, era el mundo de la letra, sistemático y ahora en cambio este mundo de las imágenes decadente, entonces parece que hubo un mundo maravilloso que lo hemos perdido.

No, si cambiamos de mundo fue porque tampoco aquel andaba muy bien. La generación del Mayo Francés del 68 supo muy bien oponerse a una cultura represiva, tediosa, totalmente autoritaria, que la escuela francesa, todavía tenían plenamente a finales de los años 60 un enciclopedismo enorme.

Pero lo cierto es que la escuela no se da ni por enterada de este cambio. En Argentina ha habido dos leyes de educación en los últimos 12 años. La primera fue en la época de Menem, un neoliberal puro y extremadamente corrupto. Hay que decir que la política educativa de Menem fue la menos mala de todas las políticas que él tuvo, pero eso no es decir mucho porque la mayoría de políticas de Menem fueron pésimas. De cualquier modo, hubo en esa reforma educativa algunos aciertos, pero en todo caso se pensó en poner la educación al servicio del trabajo, de la producción, de la empresa, esa era la idea y el tema cultural no existió, porque en la ley no hay una palabra. Durante el gobierno de Kichner, la Ley de Educación Nacional es bastante mejor a mi juicio, con un sentido ideológico mucho más progresista, limitado, pero sin duda para nada encarnado en el neoliberalismo, pero tampoco está presente el tema de la cultura. Hay una noción de poner la técnica más al servicio de las necesidades sociales colectivas, no solo de los empresarios, pero la parte cultural no está. En las escuelas se vive, se sufre esta cuestión, pero al final no se sabe qué hacer.

Los alumnos andan en zancos, mientras los docentes están todavía a pie. Quiero decir, están en dos mundos culturales diferentes, claro los alumnos están acostumbrados a la perfección y esto en los chicos que tienen posibilidades, a la Internet, ustedes saben que la Internet permite unos juegos de una complejidad que resulta mucho más interesante que lo que puede permitir el libro.

Voy a tratar de esclarecer esto que resulta muy interesante. Está presente esta idea de que antes, con los libros, uno pensaba todo bien. Pero por ejemplo en la política, mucha gente confunde la política con lo intelectual. Creen que hacer política se puede con la pureza y perfección con que se escribe un libro. Pero no se dan cuenta que en la política hay adversarios, que hay también adversarios internos, hay los otros que pueden pertenecer a tu grupo o a otro grupo, pero además en tu propio grupo tienes adhesión pero también competencias entre sí. Cuando uno toma en gestión una decisión, hay que esperar consecuencias. Hay que pensar desde un pensamiento no lineal, que no es hagamos lo que esté bien, porque no se trata del bien contra el mal, porque la política es mucho más complicada que eso, porque ¿qué es lo que está bien?, cuando yo tomo una decisión empiezan a haber consecuencias de todo tipo que son en cadena.

Los alumnos tienen otra cabeza, que si no está hoy atendida por la escuela, que no tiene Internet, ni televisores dentro y sobre todo no tiene cabezas adecuadas para ello. En muchas escuelas argentinas hay televisores e Internet pero los docentes les tienen miedo, no saben usarlos y saben que los alumnos saben más que ellos de esto, lo cual nos pone en una situación muy incómoda. ¿Cómo hago yo para trabajar en algo que soy menos que mis alumnos?.

Todo esto hace que el alumno tengo una cultura afuera y otra dentro de la escuela y la escuela pasa a ser un lugar de “como sí”, de “ser como sí”, diríamos de fingir, porque la verdad está por allá afuera y la escuela es otra cosa, es un mundo distinto a donde yo voy digo lo que le gusta al docente para calificar bien, mientras tanto, para decirlo brutalmente “no me la creo”. Voy para calificar.

Esto es triste y es grave, porque estamos hablando del lugar donde hay que construir valores y conocimientos significativos.

Tenemos un reto grande y monumental. La escuela puede durar mucho tiempo, pero, en un proceso de desvanecimiento continuo que no tiene sentido. ¿Cómo salir de esto?. Reasignando y tomando el reto cultural como uno de los puntos centrales que tienen que revisarse en las políticas educativas a nivel mundial, pero muy particularmente en América Latina.

Creo que hay por un lado que incluir las nuevas tecnologías en la escuela, no para quedar presos de ellas, sino para ponerles palabras. Por ejemplo, en este mundo de pura imagen, la palabra es lo único que hace símbolo, que hace concepto, que hace reflexión. La palabra en la televisión habitual está puesta al servicio del puro impacto, entonces nosotros debemos sembrar escuela poniendo palabras a la televisión. Nosotros debemos ponerle palabras al Internet, que se utiliza sobre todo para pornografía, que es como todo el mundo lo sabe, lo que más se ve en Internet. Poner palabras significa que pueda la persona saber lo que está haciendo, saber por qué hago esto y no vivirlo de una manera automática y sin reflexión.

Entonces, la escuela debe incluir no video educativo, eso sí por supuesto, pero más que video educativo vamos a aprender a leer lo que vemos todos los días: los programas cómicos, las telenovelas. Allí hay que descubrir porque estos productos funcionan y la gente va a volver a llorar una y otra vez con la misma historia, porque esa historia tiene que ver con arquetipos sociales. Así como uno come todos los días, uno puede llorar todos los días con arquetipos. Entonces, hay que poder discutir estas cosas. La escuela debe incorporar los nuevos medios, asumir una cultura correcta en esta época más flexible en los horarios, mucho más flexible en el uso de los espacios, en la que no se puede estar siempre dentro del aula. Quizá en la universidad, con sujetos adultos cambia un poco esto, pero con los niños o los jóvenes, sobre todo los adolescentes, su vida es muy motora, muy ágil, muy dinámica, no podemos estar siempre en el aula.

Se trata de poner paciencia donde hay vértigo, de poner reflexión donde hay ruido y de hacer no una emigración abstracta hacia lo que es el mundo postmoderno. Creo que hay que superar esta tendencia a lo light que tiene lo postmoderno, esa tendencia a la irreflexión. La única forma de superarlo en el sentido de la dialéctica es asumir y luego negar. No es que frente a la televisión no debemos hacerle caso porque es mala. No, eso no es superarla, hay que ponerla ahí y empezarla a ver bajo nuestro punto de vista, entonces se va a superar el fantasma de la televisión idiotizada, porque yo tenía amigos que les decían a sus hijos, no queremos que veas la televisión porque es un desastre y lo que pasaba es que los chicos iban a la casa de otro a ver televisión y estaban fascinados, son los más fanáticos de la televisión. Eso no sirve, prohibir o negar, lo que hay que hacer es incluir y en la inclusión hacer la crítica, desde este punto de vista todos los medios tienen que ser incluidos y no solo es un problema de medios, sino también un problema de estilo cultural, ir superando el disciplinamiento, las formas puramente fijas de los horarios, ir superando el modo de encerrarse en el territorio el aula. Yo creo que algunas de estas cosas en la medida en que fueran planteadas como políticas públicas son complicadas, son difíciles, pero pueden ir permitiéndole a la escuela readquirir una importancia que está perdiendo, sobre todo adquirir sentido para los jóvenes, que la ven como ajena, como algo que no tiene nada que ver con ellos, que por tanto no se sienten ni motivados, ni interesados y nos plantean ese nuevo reto de que ellos andan por un lado y la escuela está por otro, lo cual significa que sus valores, sus comportamientos, no están lo suficientemente configurados a partir de lo escolar.

Preguntas

Pregunta 1.- ¿Cuál es el nuevo papel del maestro, frente a una escuela congelada en el tiempo?.

FOLLARI.- El papel del maestro en cierto sentido no es reemplazable, porque la tecnología quedaría siempre sostenida por un vínculo humano en el proceso educativo, que cuando no se da es problemático. La educación a distancia siempre exige algunos momentos de reunión, mínimos. Si todo es solo distancia, desaparece la capacidad de los sujetos para poder saber qué es lo que está pasando en un proceso educativo. Ahora es totalmente motriz y tiene que aprender a sostenerse en una tecnología, cosa que nos cuesta mucho a los que nos hemos formado en generaciones anteriores. Simplemente nos hacemos los distraídos y esto pasa desde hace mucho tiempo y nadie dice nada. Los establecimientos educativos y el sistema educativo son muy renuentes al cambio, es elefantiásico, es un desastre, es un sistema tradicional, enorme, burocrático, pero es lo que hay que asumir, que ciertos cambios estructurales se hacen de a poco, pero hay que hacerlos.

Pregunta 2.- ¿Cómo limitar la influencia nefasta de las imágenes en los medios de comunicación masiva?.

FOLLARI.- Es fundamental dictar cátedra sobre decodificación de medios en todas las escuelas, el plan de estudios tiene que incluir desde primaria decodificación de medios y hay que tener en las aulas un televisor y la radio, ver, discutir, hablar, tomar dos periódicos del mismo día, la misma noticia, pero que tengan distintas posiciones o la grabación de dos noticieros de televisión con dos posiciones ideológicas diferentes, en un solo momento le grafica a alguien lo que es la ideología, como se pueden hacer dos lecturas totalmente diferentes del mismo hecho. Pero eso no es obvio para quién no lo ha aprendido, entonces hay que trabajar muchísimo sobre eso. Incluso porque yo diría en mi época, mi país Argentina era muy autoritario, golpes de estado permanentes y la ideología se exponía por exclusión, en la época de Perón no se podía hablar del Che Guevara, estaba prohibida hasta la palabra, las siglas de los grupos revolucionarios, se vivía la represión, era lo que funcionaba. Ahora el cambio es más sutil, ahora funciona en Carnaval, hoy en día se puede hablar del Che Guevara, está presente en los partidos de fútbol, en las vedettes, los videoclips y allí pierde toda peculiaridad, todo peso. En esta nueva forma ideológica es no tanto convencernos de que la derecha tiene razón, sino que ella nos entretenga con toda clase de obviedades y de lugares comunes todo el día, que es importantísimo aprender a discernir, porque bajo cierto punto de vista esta forma de la ideología es más perversa aún que la anterior, porque no dice lo que quiere. Ahí están todas las campañas de la derecha latinoamericana, que no dicen lo que son. Es raro que una derecha latinoamericana diga hoy en día somos de derecha, muchos dicen que son democráticos por ejemplo cuando son los que destruyeron la democracia.

Pregunta 3.- ¿Cómo asumir la formación de los educadores para el Siglo XXI?

FOLLARI.- En el caso argentino, la formación de los docentes no es universitaria, está en una forma de educación secundaria, pero no universitaria. Está claro que el nivel universitario está por encima de la formación media de la mayoría de los docentes en Argentina y me parece muy importante allí que la universidad intervenga en los procesos de formación, cosa que hizo un tiempo, pero que lo ha dejado de hacer, me parece muy importante que los gobiernos encargados de la educación busquen ya la formación de los docentes en las diversas áreas técnicas, por ejemplo en comunicación, en codificación mediática, en este tema de la teoría de la subjetividad en el que el psicoanálisis aporta mucho, sobre cómo se forma el mundo interno, en fin. Los gobiernos deben hacer una sistemática formación y reactualización de los docentes, para mejorar su formación primera y después para perfeccionarlos en el ejercicio, que no sea que uno estudió para docente y después se queda 30 años sin perfeccionarse ni actualizarse.

Pregunta 4.- ¿Cómo el docente puede introducir la reflexión en la cultura “light” presente en Internet?

FOLLARI.- Se trata sobre todo de poner en reflexión esa cultura, quizá que los alumnos puedan advertir que poner TKM o sea, te quiero mucho cuando se mensajean, que eso está bien para el envío de mensajes por el celular o el chat, porque es una forma rápida y expresiva para ellos, porque no se va a poner a escribir toda la frase cuando se puede sintetizar, pero si ellos van a hacer una nota al gobierno de la provincia, a la autoridad o una nota burocrática al rector de la universidad, no pueden escribir así. Cada uno de estos lenguajes tienen un significado dentro de su cultura y lo que se enseña dentro de la escuela no es contradictorio con eso, ellos pueden mantener su lenguaje, entre ellos, sin renunciar a él, pero no dejar de advertir que hay otros lenguajes que tienen otras operatividades y otros usos, que ellos no van a poder manejarse con ese lenguaje. Creo que sería por allí la cuestión, no tanto negar lo suyo. Más bien como sostenerlo en su lugar y advertir, que por ejemplo el chateo permite cambiar la personalidad, yo puedo como varón adulto mayor decir que soy María que tiene 15 años y me meto allí y si nadie investiga bien, puedo meterme en una comunidad de adolescentes. Hay allí unas cosas perversas y podemos hacer que ellos estén alertas a eso, que lo piensen, a última hora sabrán que hacen, pero que no sean ingenuos en el manejo de las tecnologías y de sus lenguajes, pero no para reemplazarlos, sino para decir, ustedes tienen ciertos usos, pero hay otros usos útiles y necesarios y el que ustedes tengan esto no quita lo otro, conectarse con esa cultura pero no para quedarse en ella, sino para advertir que la escuela tiene sentido. No se trata de que la escuela se va a volver totalmente propia, de cultura juvenil, sino que a partir de la cultura juvenil ellos adviertan que ciertas formas del conocimiento tienen varios caminos y que ellos se sientan motivados lo suficiente para llegar a ellas. Entrar a la cultura de ellos, para que luego salten a la cultura de la letra, partir de la cultura de la imagen para sostener un acercamiento a la cultura de la letra que no sea penoso y que no sea visto como decadente.

Roberto Follari: Doctor y Licenciado en Psicología por la Univ. Nacional de San Luis. Profesor titular de Epistemología de las Ciencias Sociales (Univ. Nacional de Cuyo, Fac. Ciencias Políticas y Sociales). Profesor invitado de posgrado en la mayoría de las universidades argentinas, además de otras de Ecuador, Venezuela, México, España, Costa Rica, Chile y Uruguay. Autor de 16 libros publicados en diversos países y de unos 150 artículos en revistas especializadas en Filosofía, Educación y Ciencias Sociales. Uno de sus libros más difundidos se denomina “Teorías Débiles (para una crítica de la deconstrucción y de los estudios culturales)”, y ha sido editado por Homo Sapiens (Rosario, Argentina). En la misma editorial ha publicado posteriormente “La proliferación de los signos (la teoría social en tiempos de globalización)”, junto a miembros de su equipo de investigación y -a posteriori- “La selva académica (los silenciados laberintos de los intelectuales en la Universidad)”.

 

 

 

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