El Plateado, patrimonio paleontológico de los cuencanos
Por Hernán Rodríguez
CUENCA, Ecuador (30/04/06).- Entre sus rocas están esperando a ser investigados los vestigios de una antigua fauna y los huesos del mastodonte americano. Distancia de Cuenca: 21 kilómetros, por la vía a Llacao. Llevar zapatos para caminar, ropa cómoda, protector solar, fiambre.
El Plateado es una elevación y afloramiento rocoso al nororiente de Cuenca. Caminar sobre sus lajas color plata, de ahí su nombre, sobre todo con el sol del medio día, es como estar sobre un enorme sartén de teflón. El Plateado se constituye en un bien del patrimonio arqueológico y paleontológico del Ecuador. En el sitio se han encontrado restos de árboles folizados, gran cantidad de trozos de cerámica, supustamente de filiación cañari, atalayas de piedra y refugios como cuevas.
Desde su altura se disfruta de una excelente vista panorámica del valle del Tomebamba. La urbanización sin control, la actividad de extracción minera, sobre todo de canteras de piedra para la construcción de casas en Cuenca y la falta de protección, han acabado con este invaluable tesoro. La proliferación de propiedades privadas, con sus cercas y alambradas, hacen ahora imposibles las caminatas por el Plateado.
Tuvimos con Lorenita la oportunidad de disfrutar de una de esas últimas caminatas, el domingo 30 de abril de 2006 a las 08:30, durante un paseo organizado por el Club Altamontaña, que pudo coordinar a unas 40 personas, con Wilson Serrano (57 años), Galo Carrión (56 años) y Nicolás Astudillo (12 años) al frente de la expedición. La ruta partía desde Paccha-por El Plateado- hasta la entrada a Jadán, en total 8 km de caminata.
Por lo temprano de la salida, Cuenca amanece sin gente en sus calles. La altura a la que comienza la travesía son los 2.800 msnm de Paccha. La geografía sagrada se despliega ante nuestra vista: Guagualshumi al sur, el Curitaqui al noreste cuevas donde supuestamente se ha encontrado oro (canción del oro), Azogues al norte, Chaullabamba, Llacao, Déleg, El Labrador, y El Abuga al norte. La elevación del plateado es el resultado de un cataclismo, en un principio fue el lecho de un mar o lago y por las fuerzas de la tierra se elevó. Mucho canto rodado por todas partes, su vegetación está constituida de retamas, shamanes, jadana, chilcas, shiranes. Se pueden ver saltamontes y gorriones, árboles de aliso, la Flor de Cristo y piñas de un olor dulce pero no comestibles. También hay orquídeas para aliviar el dolor de riñones. El camino es zigzagueante y con cierto nivel de dificultad, entre rocas y quebradas, es el paso del Guagual. Abandonado un camión de plástico, un juguete.
Nos acompaña el doctor Jacinto Landívar. Durante 45 años de andar por las montañas, Galo calcula que ha movilizado a unas 40.000 personas, “es un desafío personal o como parte de un grupo”.
Unos niños en el sector de Guagualzhumi nos dicen “buenos días” al pasar frente a su casa de bloque, adobe y teja, una costumbre saludable y que aún se conserva en las áreas campesinas del Azuay. Kenia, una tecnóloga médica de Guayaquil, comenta “me encanta la naturaleza y queremos que nuestros hijos aprendan a respetarla. Siempre que podemos nos escapamos para hacer esto”.
La voracidad de una empresa privada está acabando con El Plateado. También son parte del viaje Daysi Proaño, Pablo Ordóñez y Luis Vega. “Lo hacemos para disfrutar de la cultura, aprender más y salir de la rutina”. La composición del sitio es de rocas sedimentarias, arenisca y un vulcanismo antiguo.
Otras cosas que se pueden hallar entre sus lajas, para un ojo observador, son piedras semipreciosas como ágapes, jaspes rojos, negros, azules, cuarzos y agatas muzgozas. También restos de árboles petrificados, luego de un proceso de 15 millones de años, que se transforman en ópalo vegetal, muy bonito por su color café oscuro, que se emplea en artesanías y conchas marinas. Todo está desapareciendo por la presión de la población y porque la gente se adueña de los antiguos senderos. Diego Alvarez y Rosangela Delgado dicen que es su primera vez con Altamontaña, “para conocer”. Son parte del grupo Leonardo Castro (12 años) y Jorge Marcelo Guerrero, que trabajó en un periódico en los Estados Unidos.
Llegamos hacia las 12:00 a la cima del Plateado, alrededor abundantes restos cerámicos, con formas redondeadas y una calavera de gato. Se ve, un poco más abajo, la pista de aremodelismo de Llactón. Al fondo del valle se alcanza a divisar Yanahurco, Mazán, San Cristóbal y El Cabogana, Guapondelig y la depresión de Culebrillas.Todos hacen conciencia en la necesidad de conservar estos lugares y la provisión de agua para Cuenca.
“Hay que rescatar El Plateado, expropiarlo para declarar un Parque arqueológico e investigar los restos de mastodontes”. Luis Andrade de Guayaquil al bajar hacia la pista de aeromodelismo de Llactón se resbala y se cae, yo le hago la broma “epa amigo, un resbalón cualquiera lo da en la vida” y a continuación yo mes resbalo y me caigo. Situación aprovechada por Galo Carrión para hacerme una foto.
A las 13:00 horas llegamos a la pista de aeromodelismo y encontramos a Paúl Vázquez, Rodrigo Ugalde, Juan Pablo Vázquez y Luis Alberto Andrade, probando un avión Traser, de acrobacias y funciona con gasolina. Puede alcanzar los 150 km por hora y su motor gira a 10.200 revoluciones por minuto. Un avión de estos puede llegar a costar 450 dólares la unidad. Aquí pasan en su hobby todos los sábados y domingos, junto al cerro Carasulén.
Juan Pablo Vázquez es vicecampeón nacional y uno de los mejores pilotos de aeromodelos del Azuay, en la categoría intermedia. Explica que los pequeños aparatos tienen una autonomía de vuelo de hasta un kilómetro y pueden durar hasta 15 minutos en el aire. Una marca famosa es Toy Kids con la que se pueden hacer aviones a escala en balsa o desarmables. “La aviación es parte del ser humano y con los aviones se puede ser muy creativo. Lo cuidamos porque es un juguete caro, igual que un avión grande”.
A las 13:45 los perros en el camino no faltan, ¿no es que era una caminata suavita?. No he visto pájaros todavía. Veo un ábol guagual. A las 13:50 nos topamos con una edificación de piedra, cubierta de pencos y con hornacinas. A las 13:55 llegamos al sitio del mamut. Allí tenemos que atravesar un paisaje lunar, muy caliente, donde se levanta una especie de fortaleza mirador. Desviamos un poco la ruta tradicional para visitar las pailas.
A las 14:10 estamos en el corazón del Plateado, una placa de roca caliente interminable y llena de fósiles. El grupo paso acalorado, sin siquiera mirar. Lo que ahora es propiedad privada podría transformarse en un bien público, pero no existe interés ni investigación que sustente una propuestas. Huesos de miles de años.
14:25, una lechuza nos sale al paso, con sus alas grandes, sus plumas grises y sus enormes ojos amarillos. Por fin un mirlo.
14:30 Un camino vecinal cruza por la mitad del Plateado, abierto con tractor. Termina un día de penitencia en un lugar encantador. Así deben ser las planchas del infierno. Cuidar de este patrimonio natural se hace más necesario que nunca, campo de estudio para arqueólogos, paleontólogos y geólogos, con formaciones de roca extrañas, tomadas por microfauna.
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