María Paz en el país de los quindes, un cuento multicultural.

 

Por: María Paz Rodríguez Reyes.

CUENCA, Ecuador (9/06/2010).- María Paz tiene 11 años, vive en un hermoso valle, que se llama Tomebamba según la antigua lengua de los incas, el kichwa y que en español significa la planicie de los cuchillos.

A María Paz no le gusta mucho ese nombre y prefiere el nombre de su tierra que alguna vez escucho, cuando era más pequeña, de la boca de sus taitas y de sus mamas, el de Guapondelig, palabra cañari que traducida al español se interpreta como llanura ancha y grande como el cielo y que los incas al descubrirla, llamaron Paucarbamba o llanura con flores.

Todo esto María Paz lo sabía porque sus tacititas y mamiticas eran muy sabios y le habían contado alguna vez al hacer memoria sobre la grandeza de su tierra natal.

A ella le encantaba, al salir todas las tardes de la escuela, ir a la casa de su abuelo Juan, ubicada en una parroquia rural. Era un lugar my bonito con arboles alrededor llenos de pájaros, mirlos, chugos, golondrinas y la casa misma era muy antigua y señorial de adobe, con paredes anchas, amplios balcones, grandes ventanales y cubierta de rosales y enredaderas que le daban un aire de misterio. En el balcón principal de casa frente al camino vecinal, se podía admirar el paisaje hasta donde la vista se perdía en el horizonte. En ese lugar a María Paz le gustaba sentarse junto al abuelo Juan y a la abuela Ximena para escuchar sus historias o leer el periódico.

Fue allí, en aquel balcón, donde la abuela Ximena le contó que Cuenca y el Ecuador entero eran conocidos como el país de los quindes o colibríes, por la inmensa variedad de estas aves que existían por toda su geografía. Habían quindes grandes, pequeños y pequeñísimos; verdes y verdísimos y otros hasta eran capases de reproducir en sus alas los colores del arcoíris.

Otro día, mientras María Paz leía el periódico junto a sus abuelos, halló la siguiente noticia:

“El país con mayor diversidad natural por kilometro cuadrado en el mundo y con una riqueza cultural enorme, es el Ecuador”.

Se quedó impresionada y pensó que sería hermoso conocer todo aquello. No se dio cuento que el tiempo pasaba rápido y al caer la tarde se quedó dormida. Despertó. Era un día luminoso. Alguien a su lado le dijo;

-       ¡Bienvenida amiga al país de los quindes!

Era el picaflor más grande y hermoso que jamás había visto.

- ¿Quién eres?- le preguntó María Paz.

- Soy el rey de los quindes y mi nombre es Shiwiar, que significa conocedor de la tierra. Estoy aquí para llevarte a conocer las culturas de nuestro país.

Shiwiar le contó que en el Ecuador conviven 35 nacionalidades y pueblos ancestrales en completa armonía y se hablan similar número de lenguas, haciendo de este un país intercultural. ­

-        ¡Ven!, súbete en mí para un recorrido fantástico.

Derepente, María Paz se volvió pequeña, pequeñita, para poder subir en las alas de Shiwiar y empezaron un recorrido maravilloso. Primero sobrevolaron a toda velocidad la Costa, con el zumbido bzzzzzzzz, de las rapidísimas alas de Shiwiar. Pudieron divisar desde lo alto comunidades de awás, chachis y eperas, en Esmeraldas, tsáchilas en Santo Domingo y mantas-huancavilcas en Santa Elena. Pero habitando toda la costa estaban los campesinos de tierra adentro o montubios, el cholo pescador y la comunidad afro ecuatoriana. Se detuvieron a descansar en Esmeraldas, escuchando sonoros nombres como Atacames, Tonsupa, Sua, Tonchigüe, Monpiche o Muisne. Un negro llamado Cirilo los alcanzó a ver y les dijo:

- Bienvenidos a etas tierras. Nosotros somos muy querendones con los extranjeros. Aquí pueden disfruta de un buen ceviche, de un en cocado, de un masato. A ve, ¿qué es lo que usted van a querer?.

María Paz respondió que nada, que más bien ella estaba preocupada porque Shiwiar estaba muy cansado y tenía que subir a la sierra, porque aún tenían mucho camino que recorrer.

- No te preocupe María Paz, con mi marimba y mi conuno convocaré al viento del Pacífico para que les ayude.

Y dicho y hecho, el negro Cirilo comenzó a tocar y un viento fuerte levantó a Shiwiar hasta la cordillera. El se sintió reconfortado y de sur a norte iniciaron el reconocimiento de las nacionalidades de la cordillera, todas ellas hablantes del kichwa: afro ecuatorianos, karankis, natabuelas y otavalos en Imbabura, kayambis y kitu-caras en Pichincha, panzaleos en Cotopaxi, chibuelos, salasakas, kichwas y kisapinchas en Tungurahua, warankas en Bolívar, puruhás en Chimborazo, kañaris en Cañar y Azuay y saraguros en Loja.

Shiwiar sin perder tiempo se detuvo a conversar con la comunidad de otavaleños que tienen sus negocios de artesanías en la Plaza de San Francisco en Cuenca.

- Nosotros vendemos ropa abrigada por todo el mundo-, le explicó Sisa, una niña otavaleña a María Paz; - está hecha de lana de llamas, alpacas y borrego; -toma te regalo una chompa-.

- Gracias, contestó María Paz. Esto me servirá para el último tramo de mi viaje, el Oriente Ecuatoriano.

Y al decir esto Shiwiar emprendió nuevamente el vuelo, pasando sobre a´i confánes, secoyas, sionas, huaoranis, shiwiar, záparos, achuar, shuar y kichwas, todos ellos señores de la gran selva, tierra del jaguar y la anaconda.

Despertó. En los últimos segundos de su sueño alcanzó a escuchar -¡No te olvides de los mestizos, que también viven en las Galápagos!. María Paz comprendió que todo había sido un sueño, puesto que estaba de vuelta en el balcón de la casa de sus abuelos, junto a ellos. Se sintió feliz puesto que gracias a Shiwiar había conocido a su Patria “llaktata charinkapak yachanchik”, este pequeño país intercultural y plurinacional.

- ¡Con tan solo los sonoros nombres de sus nacionalidades y pueblos basta para abarcar la riqueza de la diversidad cultural de Ecuador!, pensó y abrazó a sus abuelos.

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Historia de los proyectos ferrocarrileros ecuatorianos

Pumapungo: pasado y presente de la ciudad de Tomebamba

Biblioteca y ruralidad IV: El lugar de la memoria, la identidad y las prácticas comunitarias