Guayaquil, la gran ciudad que siempre atrae a los serranos
Por Hernán Rodríguez Girón
GUAYAQUIL, Ecuador (7/01/16).- Cuenca-Guayaquil: distancia: 174 km, tiempo: 3:26, por la Cuenca-Molleturo. Guayaquil es la gran ciudad más próxima a Cuenca, el sueño del Puerto y la puerta del mundo abierta para la gente de la Sierra. Por Guayaquil, puerto Naranjal y Molleturo ingresaron las novedades y chucherías de la clase alta de Cuenca durante siglos. Guayaquil, con el imán de sus luces, su modernidad y su interminable extensión en la sabana, invita a la aventura.
Con Lorenita aprovechamos para escapar de lo cotidiano a Guayaquil, a una segunda luna de miel, luego de 24 años de matrimonio, en el Hotel Palace, los días viernes 5, sábado 6 y domingo 7 de enero de 2016. El viaje comenzó por la tarde del viernes 5 de enero, en una de las unidades de la alianza ATRAIN, ubicada en la Unidad Nacional y Remigio Crespo, cerca del redondel de los tótems, nos tocó un Super Taxis Cuenca que partió a las 14:30, llegando al Puerto a las 17:00. Un viaje tranquilo, sin sobresaltos o novedades. Luego de las primeras selfies en la buseta, que tomó la ruta del Cajas, nos quedamos dormidos. Al desembarcar en la terminal fuimos directo al Hotel, habitación 314, tercer piso.
Uno de los pretextos para bajar a la gran ciudad, había sido la primera comunión de nuestro sobrino Steven. Como siempre, el hermano de Lorena Fabricio se había comprometido a recibirnos, pero también como siempre estaba estresado con los preparativos de fiesta y no podía estar con nosotros. Típico en él.
Mejor, porque el paseo era de los dos. Llamé a Juan Francisco Arzube y quedamos en vernos al siguiente día, a las 17:00, en San Marino Shopping. Ya instalados, nos tomamos las primeras fotos. Nos cambiamos de ropa y salimos al vestíbulo del Hotel a tomar un cóctel de bienvenida. El restaurante vendía roscones de reyes, coincidencia era el día de reyes. Lorenita bromeando escribió un estado en whatsapp indicando que Guayaquil la había recibido en su día, el día de Reyes. Salimos a dar una vuelta por 9 de Octubre y nuestra primera parada fue un local que vendía sánduches de pernil con harta cebolla, un buen ají y Coca Cola. Nos pasamos de golosos y estaba rico. Subimos por la Avenida hasta el Malecón. Todo muy tranquilo, nada que ver con las historias de delincuencia que siempre escuchábamos sobre Guayaquil en las noticias. Tomados de la mano y abrazados miramos los arreglos navideños que todavía adornaban el malecón. Aprovechamos y nos tomamos una foto frente a un árbol gigante. Nos ayudó un guardia de seguridad muy amable. Ella como siempre hermosa, mi ternura, mi vida.
Reanudamos la caminata hacia La Rueda “La Perla” decididos a subirnos. El acceso fue rápido, seguro y barato, para una vuelta de 12 minutos a 75 metros de altura. Más fotos desde la altura y una vista increíble de la ciudad. Un poco cansados decidimos retornar al Hotel, no esperaba una cama deliciosa done amarnos. La otra opción era encerrarnos en un cine a ver la cartelera del momento, “La Guerra de las Galaxias Rogue One”, preferimos lo primero. Comenzamos el 2017 de esta manera, paseando solos y renovando nuestro matrimonio. Nos tomamos un tiempo para explorar un poco el Hotel y en su último piso cuenta con gimnasio. Jugamos un rato a que hacíamos deporte en una caminadora.
El sábado 6 de enero era el “día de reyes”, día de mi preciosa Lorenita, nos levantamos temprano para desayunar bien con huevo revuelto, jamón, queso, yogurt, jugo y salimos a Sauces 2, a la primera comunión de Steven. No fue difícil dar con la casa de Fabricio y Daysi. Fuimos a la ceremonia en la iglesia del barrio y tomé cientos de fotos, una celebración larga, más de 2 horas.
Como siempre Daysi muy atenta y los sobrinos cariñosos. Fuimos bien recibidos, en la casa nos esperaba su familia, brindamos con cerveza y nos sirvieron arroz con chancho, torta, dulces y otras delicias, hasta las 16:00. Steven estaba muy emocionado por su Primera Comunión, le llevamos de regalo un muñeco Minion que a la vez era pen drive y reproductor de música con SD o flahs memory que creíamos era la gran novedad en Cuenca, costo 20 dólares, pero en Guayaquil en la Bahía había por miles a 15 dólares la unidad. Guayaquil como siempre es un gran bazar de chucherías.
Salimos de la casa de Fabricio al San Marino Shopping, a nuestra cita con Juan Francisco Arzube Rodríguez y mi prima Teresita Puley Luque. Llegamos antes de la hora acordada asi es que nos pusimos a vitrinear, tomados de la mano. Llegaron puntuales, Juan Francisco ya con 81 años cumplidos y Teresita que se hallaba muy bien. Coversamos largo en un local llamado Sweet and Coffee, de Cynthia, de la familia, nos tomamos una selfie y la enviamos a Miami. Ya entrando la noche nos invitaron a su departamento, pero antes dimos una vuelta al Policentro, para que Juan pudiera comprar Traumel ya que se quejaba de dolores en la espalda. Allí Juan compró roscón de reyes para que se lo lleváramos a nuestros hijos.
El apartamento lo habían renovado completamente, estaba muy bonito. Retomamos la conversación, siempre ellos cariñosos y amables, sobre la familia, sobre como han crecido los niños, hasta las 22:00, cuando nos retiramos al hotel, con el compromiso de enviarle unos frascos de crema de coca para los dolores de Juan.
De vuelta en el Palace, con Lorenita nos pusimos a recordar el día en que nos conocimos en la casa de papás. Abrimos la botella de vino espumante, sin considerar el riesgo de que habíamos comido demasiado, era muy noche y nos acostamos demasiado pronto. A los dos nos dio reflujo gástrico, casi nos asfixiamos. ¡Qué susto!. Los dos solitos en el cuarto de un hotel sin poder respirar. Pasado el susto nos abrazamos y dormimos, sobre todo ella durmió, mucho, como le gusta.
El domingo 7 de enero, me acordé que había olvidado mi cámara en la casa de Fabricio. Hacia las 10:00 nos levantamos y me acorde de la canción de Fabio al verla tan bonita:
Me da en pensar
Que talvez Dios se equivocó
Sos demasiado para mí
Y me dan ganas de llorar
Esperábamos a Fabricio que nos llevara devuelta la cámara, pero como siempre estaba ocupado, estresado, complicado apurado. Así es que nos tocó esperar…, un buen rato.
Bajamos a desayunar para matar el tiempo y comimos de todo: huevos revueltos, jugo, frutas, yogurt. Y salimos a caminar por Guayaquil. Llovía sobre la ciudad, ligero de pero de manera constante. Dimos una vuelta a la columna de los próceres en el Parque Centenario, de allí por la Avenida 9 de Octubre hasta el Malecón. Ella buscaba zapatillas, yo una pila nueva para nuestra computadora portátil. Caminamos todo el Malecón hasta el Palacio de Cristal. Nos sentamos en un puesto de comido junto al río Guayas y nos servimos ella ceviche y yo un arroz con mariscos y algo de beber. Más fotos. La comida no resultó bueno puesto que el sitio estaba plagado de unas sucias palomas, que lo cacaban todo. Continuamos nuestra caminata por Malecón hacia la Bahía. Callejones sucios y abandonados, era domingo, ella se queja por el lugar por el que estamos. Para calmarla le pido que piense en que es solo una más de nuestras actividades de alta tensión. Ese mismo domingo a pocas cuadras de donde estábamos se caía al piso la cruz de la catedral de Guayaquil, pero eso no lo vimos. Regresamos al Palace para el “chek out”.
De allí al terminal, a tomar la buseta de regreso, una Express Sucre, salimos tarde, porque no había boletos con asientos juntos. Retornamos tarde a Cuenca.
Este fue nuestro primer viaje para celebrar el aniversario 24 de casados y renovarnos. ¿Qué sentimos juntos¿, juventud, renovación, felicidad estando juntos. Sentimos nuestro amor. Ganas de llorar de felicidad. Enamorados. Ella me ama y yo también la amo.



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