La cultura tiene que ser libre para que tenga calidad: Efraín Jara Idrovo.
CUENCA, Ecuador (11/07/08).- Fue una conversación entre amigos en el departamento de Efrían Jara Idrovo, el viernes 11 de julio de 2008, en el edificio del Condominio Hotel Oro Verde, Piso 13, Departamento 6-A, a las 10;00. Estaba vestido de terno gris y camisa azul, sin corbata, pelo gris. Participan de la entrevista Juan Fernando Vanegas, Marcelo Guiracocha y Jorge Astudillo.
Marcelo Guiracocha.- Esta entrevista pretende ser más humana, vivencial, cercana al personaje, al artista.
Efraín Jara Idrovo.- Bueno, yo tengo un problema con los reportajes, hace poco sufrí un derrame cerebral como consecuencia de un accidente automovilístico. Al virar hacia acá, hacia el Oro Verde, mi chofer imprudentemente viró en u, eso es prohibido, sin fijarse que un carro venía disparado y el momento en que el carro de la Casa de la Cultura viraba, le cogió en la puerta y le dobló. Aparentemente, no pasó nada, al día siguiente yo estuve en la oficina, pero el día sábado que salgo al mercado, saco el carro, me pareció rarísimo porque veía doble. Me dije, no esto es peligroso, di la vuelta aquí abajo y regresé, metí el carro, llamé a mija para que me lleve en el carro de ella al mercado. El día lunes voy a la oficina, le digo a Catalina Sojos, sabes que tengo un problema, veía doble, sobre todo veo que es muy peligroso en las gradas porque no se puede calcular la distancia y me puedo ir de nariz. Me dice, vaya donde un oftalmólogo, Diego Carchi, muy bueno. Voy donde él, me hace una serie de exámenes y me dice doctor no es una cuestión óptica, es una cuestión cerebral, así es que tiene que irse donde un neurocirujano. Voy donde el neurocirujano, me hace una resonancia y me dice, usted está con coágulo aquí en la frente y con un derrame en la parte posterior del cráneo, así que tiene que quedarse aquí. Bueno, aparentemente estaba muy bien, pero a los dos días que estaba en la clínica, empiezan las perturbaciones del lenguaje y la amnesia, se me borró todo y no podía comunicarme porque, utilizaba palabras evidentemente medio parecidas, pero claro que el receptor en cambio tenía que esbozar una sonrisa porque no me entendía nada. Estuve con enfermeras durante unos meses como guagua, sin poderme comunicar. Poquito a poco, porque siempre he sido un hombre tenaz, fui venciendo las dos cosas, tanto la afasia como la amnesia. Entonces, esta cuestión de los reportajes me crea problemas porque me han aparecido estos problemas. En un seminario que hice en la universidad tengo vacíos y el rato menos pensado me quedo en el aire, entonces por esa razón yo ahora les digo cuando vienen los periodistas, a una entrevista, por favor, déjenme el cuestionario para yo responder por escrito, porque oralmente tengo una serie de carencias y de insuficiencias. Así, como estamos hablando, en la cotidianidad, no tengo problemas, pero cuando hay una cuestión de orden intelectual que obliga a cierto esfuerzo, vienen los problemas.
Juan Fernando Vanegas.- ¿Entiendo que la memoria sufrió algún daño?.
Efraín Jara Idrovo.- De hecho, palabras que no he usado o no he tenido contacto con ellas a través de lectura o lo que sea, me es absolutamente imposible recordar. Pero cuando escribo, veo el diccionario de sinónimos y por allí entonces me oriento.
Jorge Astudillo Ríos.- Vamos apuntando algunos referentes sobre su biografía y su iconografía.
Efrían Jara.- Mi iconografía yo no diría que es escasa, simplemente no existe, porque yo nunca he guardado fotografías, yo no tengo fotografías. Las únicas que existen las tienen los periódicos.
JFV.- ¿Por qué esto doctor Efraín?.
Efrían Jara.- Porque no me interesaba. De mi infancia no tengo nada, tenía una de la primera comunión, que desapareció. Nunca me he tomado fotografías o, si me han tomado fotografías, nunca yo las reclamé.
JA.- ¿Ni en el orden familiar tampoco?.
Efrían Jara.- Tampoco. De tantos viajes, por ejemplo, todo está en mi mente. Una fotografía, bastante buena que me hizo un fotógrafo francés, casado con la presidenta de la Alianza Francesa de aquí de Cuenca, el me hizo un par de fotografías y como ha sido fotógrafo de la moda de alta costura, con modelos, entonces son unas fotografías excelentes. ¡Esas sí tengo!, y como me regaló una docena de fotografías, creo que en dos ocasiones di para algún periódico, tengo unas 10 fotografías de esas. La otra es una fotografía que me dijo me gustaría fotografiarte como una foto que hay de Picasso, no, no, no es Picasso, es Einstein, sacando la lengua. Por allí tengo la fotografía sacando la lengua, que además la utilizó en un poster la Alianza Francesa. La hicimos porque en ese tiempo tenía el pelo un poco largo y me parecía a Einstein.
MG.- En este proceso de registro de la memoria, queremos captar el lado humano del personaje.
Efraín Jara.- Le diré que por lo general, cuando respondía entrevistas yo era muy informal, no me gusta mucho el acartonamiento de las entrevistas intelectualoides, yo más bien soy muy informal y utilizo un lenguaje muy conversacional, por eso es que he sido a veces protagonista de unos reportajes un poco, más que originales, en el sentido de que han resultado un poco escandalosos, por ejemplo, cuando querían hacerme una fotografía en la biblioteca, era un periodista de Quito, se dio la vuelta y me dice, pero usted tiene una estupenda biblioteca y yo le respondo, por supuesto porque no tengo libros de la Casa de la Cultura (risas). Claro, yo nunca pensé volver nuevamente a la Casa de la Cultura, yo tuve un período de 15 años seguidos en la Casa de la Cultura, yo ya había cumplido mi faena administrativa, estaba ya retirado, jubilado y no pensé nunca que volvería a la Casa. Pero, claro, los que sustentaban la candidatura contraria sacaron a relucir esa declaración, sobre como pretendo yo ser presidente de la Casa de la Cultura, después de haber hablado mal de ella. Pero yo dije que no era hablar mal de ella, sino que era la verdad. La Casa de la Cultura se ha caracterizado por un desperdicio editorial realmente clamoroso. Yo creo que un 90% de lo que ha publicado la Casa de la Cultura y me estoy refiriendo a escala nacional, no solo a Cuenca, no debía haberse gastado en ediciones de libros que son absolutamente inútiles. Ahora, la Casa de la Cultura, de Quito, sobre todo, ha mejorado en sus ediciones debido a que ha habido cierta selectividad. Pero realmente, libro de la Casa de la Cultura era sinónimo de libro inútil. Pero ahora hay nuevas perspectivas editoriales, inclusive sistemas de selección muy rigurosos. Por ejemplo, en el Núcleo del Azuay nosotros establecimos un sistema de lectores de tal manera que todo libro o manuscrito para editar un libro, que se presentaba, pasaba a manos de tres lectores, que de acuerdo con el género o el tipo de disciplina presentan un informe muy minucioso y justificado de los méritos y los deméritos en razón de los cuales se publica o no se publica. Se le entrega naturalmente el informe de los lectores al autor para que tome conciencia de las carencias de los libros que se le presentan a la Casa de la Cultura, con la intención de editar el libro.
JFV.- ¿Cómo ve desde su perspectiva la existencia del Ministerio de Cultura y de la Casa de la Cultura?.
Efraín Jara.- El problema es que con la Casa de la Cultura, mientras esté vigente su Ley Orgánica, es absolutamente autosuficiente en el sentido de que es autónoma, tanto en su administración como en lo financiero, de tal manera que tendría que modificarse la Ley para poderle incorporar al Ministerio de Cultura.
JA.- ¿Cree usted que eso sería beneficioso para la cultura?.
Efraín Jara.- Ya que usted me pide mi opinión, yo se la doy. Yo desconfío siempre por la preocupación del estado por la cultura a través de la práctica cultural. Una cosa es la prédica y otra cosa es la práctica. Pero, generalmente, la intervención del estado en la cultura es terriblemente nociva. No puede ser dirigida la cultura, tiene que ser absolutamente libérrima, para que tenga calidad. Tenemos unos antecedentes: la Rusia comunista, la Alemania fascista, el mismo caso de Cuba, en donde es indudable que la producción artística ha bajado de nivel en forma verdaderamente alarmante en este caso por la intervención del estado. Claro, el estado quiere dirigir ideológicamente y la cultura se escapa a eso. Una cosa es que Pablo Neruda sea comunista convencido y que cuando él escribe poesía, la escribe comprometido políticamente, eso es una cosa. Porque simplemente su poesía es de una calidad extraordinaria. Entonces no cuenta, está fuera, pero no se trata de poetas ya geniales, ni mucho menos, sino de escritores de poesía comunes, que reciben la directiva y se ponen al servicio de la directiva y bajan en forma apreciable la calidad de lo que producen. Cuba es una potencia intelectual y cultural, pero en el campo de la creatividad, especialmente en la literatura, casi no tiene figuras descollantes. Más bien, las figuras prominentes este momento, son gentes que se formaron antes de la Revolución, como Fernando Retamar por ejemplo, buen poeta. Pero claro, ellos ya eran poetas antes de que venga la Revolución, así es que continuaron no más, aunque sea poniendo un poco de énfasis en la cuestión política, pero claro a los buenos poetas se les permite desde el punto de vista crítico mantener ese grado de dependencia política, pero es que lo hacen con gran calidad. Pero al mismo tiempo, en el caso mismo de Neruda, si bien tiene un canto de amor a Stalingrado tan bello naturalmente, poesía ideológicamente cargada, de izquierda, pero con una calidad. Pero el mismo Neruda, cuando escribe un poema que se llama “Que despierte el leñador”, un poema muy extenso sobre Lincoln, bueno ahí están el mejor y el peor Neruda, poeta vociferante políticamente contra los Estados Unidos. Eso no le ha dado la fama que él tiene, la fama que él tiene viene de su creatividad pura, poética, por eso es que lo más popular y lo más aceptado por el gran público son las “Odas elementales”, que son bellísimas, a pesar de la carga política que hay detrás de las odas, es una poesía de gran calidad. Esa calidad queda un poco en segundo plano cuando interviene el estado, porque el estado tiene que dirigir la cultura y la cultura para ser una cultura realmente valiosa tiene que ser libérrima, libre.
JA.- ¿Pero no le parece a usted que se ha elitizado la Casa de la Cultura?.
Efraín Jara.- Ha habido muchas cosas censurables en la Casa de la Cultura y que hay que cambiar indudablemente. Desgraciadamente la cuestión cultural está fragmentada en grupos, los plásticos por un lado, los escritores por otro lado, nunca hay un consenso de todos ellos.
JFV.- ¿Pero hubo en algún momento un consenso de artistas?.
Efraín Jara.- Yo he sido un impugnador de LA tradición literaria cuencana, yo me he permitido decir y lo repito porque lo sustento con pruebas, que Cuenca no es una ciudad que ha dado grandes poetas. Con esto quiero decir que Cuenca es pobre en poesía, lo que prima es una enorme cantidad de versificadores que es otra cosa, totalmente distinta. Pero en numerosas oportunidades he insistido que Cuenca tiene el aporte de dos buenos poetas, el uno es Alfonso Moreno Mora y el otro es César Dávila Andrade y pare de contar. Ese es el aporte de Cuenca a la poesía nacional.
JA.- ¿Y Efraín Jara?.
Efraín Jara.- Bueno eso no tiene sentido, estoy hablando desde el punto de vista crítico. Esos son los dos poetas que Cuenca ha aportado. El uno de diámetro nacional y el otro de diámetro continental, porque Dávila sí es un poeta americano. Pero si ustedes me preguntan ¿y dónde queda Remigio Crespo Toral?, resulta que el doctor Crespo es un escritor de poesía que se quedó dentro de los límites de la provincia, por eso, cuando en alguna ocasión cuando decían que... y es más, digo quien lo dijo, Rigoberto Cordero, en forma apasionada, que Remigio Romero y Cordero es el poeta más grande de América, yo digo, bueno eso dice, pero creo que es cuestión de puntos de vista. Por ejemplo, para mí, si es que América terminara en el puente de El Descanso tal vez Remigio Romero fuera el más grande poeta. Pero ni siquiera dentro de esos límites lo es. Entonces, lo que sí en cambio he defendido yo a brazo partido es que Cuenca es una ciudad de periodistas, eso sí, de grandes periodistas, con una continuidad histórica extraordinaria porque desde el primero en la Época Repúblicana, nada menos que Benigno Malo, hasta Espinoza hoy en día, no ha cesado Cuenca de dar buenos periodistas al país. Esa es la gran tradición de Cuenca realmente, el periodismo. Hasta el punto que yo diría que toda persona inteligente cuando se le ocurre escribir lo hace muy decorosamente, artículos en el periódico excelentes, con corrección ortográfica, ¡cualquiera!, que tenga sus estudios, sin haberse preparado y yo creo que en cambio estos periodistas que salen ahora de las universidades dejan mucho que desear, con toda la formación que tienen.
JA.- ¿Y las figuras jóvenes en la literatura cuencana actual?.
Efraín Jara.- Para mí la única figura que se perfila, que todavía no está lograda, pero ya se perfila, es Cristóbal Zapata. Y no veo más y creo que no hay más. El otro día estaba cabalmente un grupo de escritores conversando y lamentándose de la postración de la ciudad de Cuenca en lo que respecta a la literatura. Indudablemente la poesía está en Guayaquil, hay gran cantidad de jóvenes con muy buena calidad.
JA.- ¿Cuál es la causa de esto?.
Efraín Jara.- Sobre todo a una iniciativa feliz de la creación de talleres. En Cuenca no hay talleres y eso nos tiene postrados. Tenemos una Facultad de Filosofía que no ha dado un solo escritor de relieve, sea en el plano de la narrativa o en la poesía. En cambio, ha dado una enorme cantidad de gente valiosa en el campo de la teoría literaria y de la crítica literaria, sobre todo las mujeres. Probablemente María Augusta Vintimilla es la mejor crítica literaria del país. Eso lo reconocen en todos los rincones del país, es lo mejor. Pero no solamente es ella, hay muchos más, que están desde antes. Marco Tello por ejemplo, un estudioso de la literatura. Felipe Aguilar, María Eugenia Moscoso, María Rosa Crespo y ahora últimamente el más joven de todos, Manuel Villavicencio, que ha tenido la suerte, porque esa sí es ventura, de formarse fuera del país. Ninguno de los otros se ha formado fuera del país, todos se han formado aquí en la Facultad. Villavicencio tiene una visión mucho más amplia, digamos, él ha sido profesor de la Universidad de Concepción en Chile, que es uno de los centros literarios más importantes del continente. En ese campo ha habido un relieve realmente valioso, desde los estudios literarios y desde la crítica. Pero desde la creatividad yo que creo que la Facultad de Filosofía castró a los jóvenes poetas y narradores, porque en rigor usted ya puede dar cuenta de ello. El rigor que se exigía a los estudiantes de lengua y literatura les volvió demasiado autocríticos. La gente que tenía ciertos atisbos vocacionales para la literatura sintió que no había mucha opción, tenía una conciencia plena de que no iban a lograr realmente ser reivindicativos. Entonces, unos pasaron al campo de los estudios literarios y otros se divorciaron de la literatura. Pero sí creo que lo que sacamos son, en cambio, buenos estudiosos, eso sí. No voy a decir buenos lectores, porque la Facultad de Filosofía tampoco logró un aspecto positivo en cuanto a la lectura. Los profesores son gente que lee muy poco, eso hay que decirlo aun cuando se resientan. Y como leen muy poco ¡qué van a enseñar a los alumnos a leer!. Entonces, he ahí una de las deficiencias.
JA.- ¿Qué hay de la entrega de recursos para el fomento de la creatividad a través del Ministerio de Cultura?.
Efraín Jara.- Ahí es a donde quería llegar yo pero de forma sistemática. Este momento a escala mundial, casi todos los escritores, al menos los de poesía que son realmente relevantes, todos son profesores universitarios o la mayor parte. Los escolares norteamericanos son siempre los autores de poesía. Porque simple y llanamente la poesía ha evolucionado y tiene un grado de exigencia que no coincide con el simple acercamiento emocional. Hay que formarse. Como es posible que alguien pretenda ser pintor si no sabe manejar los colores, sino tiene un buen sentido del dibujo, tiene que saber cromática. El músico tiene que saber notación, primerito. Sino ¿que músico va a ser?.
JFV.- ¿Qué pasa con las formas tradicionales?.
Efraín Jara.- No somos muy exigentes. Parece una facilidad que no hayan las formas inflexibles tradicionales, que en ese sentido el verso libre, ha abierto nuevas y nuevas posibilidades, sobre todo experimentales. El problema es que hay que renovar el lenguaje poético, para que no esté repitiéndose todo el tiempo lo mismo y lo mismo, de acuerdo con las necesidades que van asomando en todo momento, nuevas en la historia. El lenguaje tiene que también optar por crear nuevas positividades para poder decir cosas que son absolutamente nuevas. De la poesía bucólica tradicional de Cuenca, del paisaje, la fe religiosa, la entonación cívica, patriótica, son cosas que dejaron de existir. Donde vivimos la mayor parte de las personas del mundo, en las ciudades. Los problemas de las ciudades son los que aquejan al hombre actual, ya no es el problema del campo, que se satisfacía con la belleza del paisaje, ahora son los problemas realmente del hombre citadino y esos problemas no pueden expresarse a base de esas formas tradicionales. Por eso es que se ha abierto la posibilidad del cauce que es el versolibrismo, dominante ahora. Pero verso libre no quiere decir hacer lo que a uno le da la gana. Lo que no entienden los jóvenes por más que se les llame la atención, no quieren entender. Lo que decía Mallarmé y yo creo que ese sí es un axioma: “La libertad consiste en buscar las leyes y exigencias de las normas que más se adecuen a nuestras necesidades”. ¡Es así!. No es que uno va a empezar a hacer lo que le da la gana. Por ejemplo, eso de coger, llamemos con un verbo un poco duro ¡trocear!, ¡romper!, el verso donde a uno se le ocurre, hacer prosa cortada arbitrariamente, ¡pero no es verso!. Yo creo que, si ustedes han sido alumnos míos, yo siempre les recordaba que verso en latín es el movimiento de ida y vuelta que realiza la yunta cuando hace la faena de arar. Por eso es que no existe un verso, para que haya verso es necesario que existan dos, de los cuales el segundo reproduce en parte el número de sílabas, la periodicidad de los acentos, la coincidencia de los fonemas finales, o sea la rima, en fin. ¡Pero tiene que haber dos siquiera! Tiene que estar sometido naturalmente a reglas y el verso libre también está sometido a normas. No es que uno comienza a contar donde uno quiere.
MG.- ¿Podría ser causa de esto la ansiedad de los jóvenes por romper con lo tradicional, de irse contra lo establecido, que les hace caer en incoherencias, sin entender que lo nuevo se gesta después de un proceso en el que se hallan respuestas a las inquietudes humanas?.
Efraín Jara.- Digamos, encontrar respuesta a las diferentes necesidades que le aquejan al hombre. Esas necesidades no son siempre las mismas, cambian todo el tiempo, son históricas. Entonces, hay que crear los medios adecuados para poder responder a esos retos de las novedades y de los cambios operados en la vida ciudadana, en las comunidades. Nada es gratuito, nada es arbitrario, obedece a una serie de normas que tiene que crear el propio autor, esas normas no existen como una obligatoriedad, cada cual tiene que buscar las propias normas de acuerdo con lo que quiere hacer, entonces por eso el arte actual es muy complejo, muy complejo y es necesario que vaya el hombre común y corriente acercándose pero mediante una orientación, tiene que ser orientado y entonces es en los talleres cabalmente en donde los jóvenes ya no van a hacer estudios sistemáticos de teoría artística ni nada de eso, pero en cambio van a enfrentarse con los textos, van a leer y a lo que van leyendo se van familiarizando con otro tipo de lectura, esta lectura es nueva y obliga a otro tipo de cosas. Entonces se van sacando los principios, las normas que son paridas solo para él, ni siquiera para toda la obra, sino para el poema, para el cuadro o para la partitura.
MG.- ¿Cuál es el concepto de taller?.
Efraín Jara.- Es enfrentarse con el texto, familiarizándose con él. Al principio todos se parecen, pero es así, porque se leen las mismas cosas. Pero poco a poco se van orientando para ir encontrando su propia voz. El mejor director de talleres y el que mejores cosas valiosas ha encontrado es indudablemente Miguel Donoso Pareja. El dirigió talleres en México, es un hombre con una amplia experiencia y con estupendos resultados. Él ha dirigido talleres en Quito y Guayaquil, de donde han salido una gran cantidad de jóvenes valiosos, de los cuales hay que esperar una buena generación y una buena cosecha literaria. Pero en Cuenca no se han hecho estos talleres. Durante mi período invité a Donoso Pareja porque es amigo mío, para talleres de poesía y narrativa, los alumnos van a cubrir 20 dólares y la Casa de la Cultura va a cubrir los otros veinte para ayudarles a los jóvenes que no tienen recursos. Se abrió la inscripción y se hizo un llamamiento a todos los jóvenes de que de alguna manera escribían. Nadie se inscribió. Ahí es cuando uno empieza el análisis crudo y desnudo, ¿qué pasa con Cuenca?. Los jóvenes tienen la persuasión de que ellos no necesitan. ¡Y en Cuenca no hay nada, ni chicas, ni chicos, no hay uno solo realmente!, del cual se pueda esperar una producción sostenida y valiosa, porque no se ve ni siquiera que a lo mejor este pueda prosperar. Ahí una de las cosas en las que debería estar preocupado el Ministerio de la Cultura, el establecimiento de talleres. Yo iba a hacer un taller de poesía, pero desgraciadamente yo ya no paso en Cuenca sino temporadas cortas, más me paso en Salinas, tengo un departamento allí y allí me voy a escribir.
JFV.- ¿Ya no va a Galápagos?.
Efraín Jara.- Ya no puedo porque sufro una enfermedad que no es ni grave, ni peligrosa, ni nada, pero es chinchosa y antipática. Uno tiene que estar todo el tiempo con medicinas, con una dieta súper estricta, se llama hernia hiatal. Ese reflujo es una cosa que puede volver loco a cualquiera, porque es lava lo que sube y le quema todo, entonces, primero la digestión es más fácil en la costa y estoy cerca de médicos y de todo para cualquier emergencia, entonces yo generalmente voy a finales de octubre y me paso hasta la Navidad. Regreso a Cuenca y en cuanto termina la Semana Santa me voy y regreso para junio, por esa razón no puedo comprometerme como había pensado para hacer un taller de poesía, tengo como profesor mucha experiencia y he acompañado a Miguel Donoso cuando hacía los talleres, con un poco de curiosidad a ver como se manejan el alumnado u el profesor y sí es una cosa que no precisa de unaS cualidades especiales, sino mucha buena voluntad y entrega, pero yo creo que si ustedes están buscando una manera realmente de incidir sobre la creatividad, esta sería la mejor manera, el establecimiento de los talleres. Es imprescindible y quizás mejore un poco la calidad de los productos.
JFV.- ¿Qué pasa con su proceso creativo hoy?.
Efraín Jara.- Esa es otra de las cosas con las que he tenido privación. Quedé mal de la vista, sigo con doble imagen y sobre todo lo grave es que para leer necesito taparme el ojo, leer con un solo ojo es un esfuerzo terrible. Empieza a lagrimear, luego, no puedo hacer lecturas muy extensas, pero peor todavía trabajar con formatos amplios, yo he tenido algunos poemas que son libros, cada poema es realmente un libro. Por ejemplo “In Memorian”, ese es un solo poema, creo que son alrededor de unas 1.100 líneas, llamadas versos antes, ahora se llaman líneas. Efectivamente, ya les dije, ya no se repiten el número de sílabas, la distribución de los acentos, entonces como va a llamarse verso a eso, ahora se llaman líneas simplemente, entonces no puedo escribir cosas extensas y me he dedicado a poesía epigramática, muy corta, unos poemitas de 2, 3, 4 líneas, que más que sentarme a escribir, yo que soy insomne, las noches de insomnio salgo disparado, prendo la luz y anoto antes de que se pierda el poema. El próximo libro va a ser así de cositas sumamente cortas. No se puede llamar epigrama mismo porque lo que dicen los teóricos de la literatura es que el epigrama tiene un aspecto festivo y esto no tiene nada de festivo, humorístico, ni mucho menos. Quizá llamarle mejor como un gran investigador alemán, Karl Popper, lingüista también, le bautizó con un nombre poético bellísimo, como es en buena parte un pensamiento que se elabora en pocas líneas, entonces él llamaba las arpillas del pensamiento que es una definición bellísima. Yo creo que no solamente son arpillas del pensamiento, son chisporroteos de la emoción y de la sensibilidad. Se pueden lograr cositas muy bellas, que no tienen complejidad de ninguna clase, son prístinas y transparentes, que pueden gustar a quien quiera. En ese sentido cumple un poco la poesía lo que está volviéndose una dirección muy cultivada, todos los escritores representativos escriben en un lenguaje muy sencillo, buscan cabalmente al público, porque el público les ha abandonado, debido a la complejidad precisamente. Entonces se nota ahora una vuelta a un lenguaje muy sencillo y directo. Pero yo creo que esa también es una especie de vuelta, en forma de reacción contra la vanguardia, que era muy experimental y compleja. Entonces se ha vuelto en la práctica a la figuración, que ya había desaparecido por completo. Por otro lado, la música y les cuento una anécdota para que vean lo compleja que era la música, una señora asiste a un concierto y llega un momento que ya no se aguanta y le dice a un señor que estaba al lado, señor a qué hora empieza el concierto y el señor le responde, pero si ya pasó hace un cuarto de hora. Elé, adiós, yo creí que estaban afinando los instrumentos. ¡Auténtico!, porque la música ya no tenía melodía, ya no tenía armonía, eran disonancias y luego, se utilizaron nuevos instrumentos, creación inclusive de nuevos instrumentos para poder hacer, entre ellos está la música electrónica, solo con generadores eléctricos. Stockhausen solo hacía música electrónica o música concreta con los sonidos de la vida cotidiana o de la naturaleza. De rato en rato, un señor hecha una piedra en un balde con agua, plop, suena, eso le graban e inmediatamente en cinta magnetofónica le cambian de ruido a sonido. Ese es el material con el que trabaja la música concreta. Pero felizmente hay una especie de reacción, en ese sentido, hay música ya con melodía nuevamente, de jóvenes compositores actuales, que han vuelto nuevamente a la melodía, entonces la poesía también. Parte de eso ha vuelto hacia, primero casi los temas light, banales, del mundo en el cual le toca a uno vivir. Entre ellos está nuevamente la reivindicación del amor, donde antes existía solamente el erotismo. Ahora poesía amorosa se escribe mucho y es una de las más difíciles precisamente porque es la más frecuentada. Al Ministerio de Cultura le queda una enorme labor. La Casa de la Cultura hay que reconocer ha sido elitista, indudablemente. Ahora hay una gran tendencia a la educación popular para mejorar la recepción de las artes en general, ese es un gran reto para el Ministerio.
JA.- Estuve admirando su biblioteca.
Efraín Jara.- Una vez, con un periodista que estuvo aquí, un chico Mosquera del Telégrafo para hacerme un reportaje, entonces me dice, sería tan amable de llevarme a su biblioteca. Entonces le digo, lo que pasa es que mi biblioteca está descoyuntada, el departamento es demasiado pequeño y yo tengo en otro departamento por Monay otra cantidad de libros. El departamento es muy pequeñito y tengo problemas ya gravísimos, hay cuadros que ya no tengo como poner en ninguna parte porque todo está ya empapelado. Los libros ya no tengo donde poner y los DVD lo mismo.
MG.- ¿Le gusta el cine?.
Efraín Jara.- Por supuesto, he sido un apasionado del cine. Entonces le llevo a la biblioteca y me dice, esto sí es lo más raro que he visto en mi vida. Hay dos cosas que no se compaginan, un gimnasio junto a los libros.
JA.- ¿Tiene usted ya definido que hacer con sus libros?.
Efraín Jara.- En principio había pensado yo legar a la Facultad de Filosofía, porque al fin y al cabo esta biblioteca nació en conexión con la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cuenca, mientras era profesor iba haciendo esta biblioteca y mientras todos mis amigos ya tenían sus casas yo solo tenía libros. Abajo en Monay tengo otro tanto de libros, porque como ustedes ven aquí no hay una novela, no hay una biografía. El trato constante con una persona que despierta la admiración de los muchachos, de los hijos de familia, que ven al padre que es prestigioso, que ha hecho dinero, por allá se van. Pero bueno, ninguno de mis hijos ha tenido inclinación por los libros.

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