Ricardo Tello: la Libertad de Expresión es decir lo que uno piensa y no ser sancionado por eso.

  

Por Hernán Rodríguez

CUENCA, Ecuador (05/2024).- Ricardo Tello Carrión es un periodista experto y profesor la Escuela de Comunicación de la Facultad de Filosofía de la Universidad de Cuenca. Trabajó como redactor y editor para Diario El Universo de Guayaquil y Diario El Tiempo de Cuenca. Hace seguimiento a la política ecuatoriana, últimamente al estado de guerra interna, declarado por el presidente Daniel Noboa, en enero de 2024. También ha analizado el conflicto político entre la vicepresidenta Verónica Abad y el presidente Noboa. Comparte reflexiones sobre el “poder del orden jerárquico”.

-        ¿Qué es para usted la Liberta de Expresión?, ¿qué engloba?.

Considero que, en un acto que espero no sea excesivamente reduccionista, la Libertad de Expresión es precisamente tener la libertad de decir lo que uno piensa y no ser sancionado por eso. No ser juzgado por eso. Y yo, lo “juzgado”, no me refiero exclusivamente al ámbito civil o penal, sino a que se emitan juicios de valor en contra de una persona por lo que dice. Entonces considero que el ejercicio de la Libertad de Expresión debería entenderse como un derecho humano muy particular.

-        ¿Considera usted que en el ámbito Latinoamericano y más específicamente en el caso de Ecuador se pueden expresar libremente informaciones y opiniones con respecto al gobierno, o solo es posible que las informaciones y opiniones que están a favor del gobierno sean expresadas libremente?. Para contextualizar, durante el gobierno de Rafael Correa, fue públic0 y notorio el control severo a los medios de comunicación.

Ciertamente, durante los 10 años del Gobierno de Correa, uno de los fenómenos que más estuvo visible en el debate público, en el escarnio público, fue precisamente el rol de la prensa. En principio motivado porque parte de la oferta de campaña, del entonces candidato en campaña Rafael Correa, había dicho que primero convocaría a una Asamblea Constituyente, para reformar la Constitución y que esta ejecute algunos mandatos. Uno de esos mandatos tenía que ver con la creación de una Ley que apunte a una regulación de la actividad periodística. Es decir, hubo una guerra anunciada. El debate público, si bien fue alentado básicamente desde la arena política, creo también nos obligó a las universidades, a los medios, a las fundaciones, a las escuelas de periodismo a sumarse a ese debate, que tenía otras características del enfrentamiento público que escondía intereses de lado y lado, por un lado una Ley que si bien luego quedó en evidencia era excesivamente represiva y por allí iba el hecho de que se pretendía efectivamente coartar la libertad de expresión, pero que no dejó de lado algunos elementos que tienen que ver con la reivindicación laboral y que encajó con los periodistas. Hablamos entonces de una etapa previa de cierto periodismo, porque no hay que generalizar, antes de Correa, que se realizaba en situaciones bastante precarias. No había claridad sobre la escala salarial de los periodistas, luego se había instalado como una especie de derecho consuetudinario en el sentido de que los periodistas radiales podían gestionar sus propias publicidades, que los periodistas a través de la venta de publicidades puedan obtener ingresos complementarios, lo cual terminaba generando algunos problemas de conflictos de interés, porque resulta que habían periodistas que en la mañana eran periodistas y en la tarde eran relacionistas públicos. Todo este panorama sumado al hecho de que las coberturas no eran asistidas por los medios o se tenía que pagar para hacer una cobertura, que a la final terminaba beneficiando a la empresa periodística, porque había que comprar desde las pilas para la grabadora, todo ese panorama empezó a cambiar y a los medios se les pusieron algunas exigencias, que creó mayores dificultades, sobre todo en las radios. Algunas de ellas incluso se vieron en la imposibilidad de financiar a su personal y tuvieron serios problemas económicos. Pero, era eso o seguir precarizando el ejercicio periodístico. Desde esa perspectiva, creería que la Ley caló de forma positiva en determinado sector de la prensa. Pero por otro, estaba este tema de la pretendida regulación de contenidos y luego ya con la creación de la Superintendencia de Comunicación e Información, con Carlos Ochoa al frente, allí sí se configuró una suerte de persecución a determinados actores de la prensa y del periodismo, casos que fueron evidentes como los de Jorge Ortiz, Carlos Vera y algunos más. Aquí debo hacer un punto y aparte porque decía que la academia también se vio abocada a profundizar en el debate de que es lo que estaba ocurriendo, a dejar sentado también cuál era su punto de vista con respecto a esa actividad. Creo que las conclusiones a las que se llegaron, porque nosotros hicimos una serie de eventos y foros con respecto a la Libertad de Expresión, no terminaron ajustándose concretamente a aquellas observaciones que había con respecto a la Ley, porque había cosas que sí funcionaban y había otras cosas que no funcionaban. Y esta suerte de persecución, que creo que era el perfil más político de la Ley, que era donde se evidenciaba una postura, una toma de posición de lado y lado, entre la empresa periodística como tal, que dicho sea de paso al igual de lo que ocurre en toda Latinoamérica, en Ecuador se corresponden con empresas eminentemente familiares, que desde luego disponían o manejaban una cuota de poder tácito, este poder implícito que tenían los medios, no declarado, en ningún lado, porque era reconocido desde toda teoría que el manejo de la información otorgaba un poder a aquella empresa que estaba manejando esa información. Era indiscutible que había una injerencia en el ámbito político público desde ciertos medios de comunicación que Migel Ángel Bastenier llamaba “los referenciales”; todo país, decía tiene este tipo de medios que son perspectivistas, que en el Ecuador se identificaban claramente con los grupos de poder en torno a Diario El Universo en la zona de la costa, pero básicamente en la provincia del Guayas, con ciertas extensiones a Los Ríos y Manabí, pero su influencia estaba en la zona costanera, relacionado con los grupos de la oligarquía guayaquileña y Diario El Comercio, que tenía enterito un poder guardado para sí, más próximo, porque toda la administración de lo público está en Quito, ministerios, Ejecutivo, todo centralizado y evidentemente la prensa mantenía allí un poder, una relación directa. En estos medios perspectivistas. Por otro lado, se ubican los medios de proximidad, los medios locales, que abordaban lo que pasaba en el entorno más inmediato, como el Mercurio o El Tiempo, o los pequeños diarios locales. Era evidente que en algún momento esta confrontación política se trabó más con los medios perspectivistas, que con los medios de proximidad. Más bien, el Gobierno empezó a tender puentes y alianzas con los medios de proximidad, porque sumados los nichos lectores de los medios de proximidad superaban con mucho a los medios perspectivistas; por lo tanto, cuando el presidente de la República emprendía un viaje fuera del País, a los medios a los cuales el invitaba era a los de proximidad, ya no a los periodistas de El Comercio o El Universo, sino a los de Unsión TV, El Tiempo, El Mercurio, que era parte de la estrategia de comunicación política del Gobierno. Esto nos traza un gran panorama, durante estos 10 años el debate fue incesante en el tema de comunicación y el periodismo, se provocaron algunos cierres de medios, porque coyunturalmente el efecto de la Internet, de su liberación de las audiencias de los espacios en donde uno podría crear contenido, empezó a afectar a estos y a todo tipo de medios, que los podríamos llamar tradicionales, por otra parte la cuota publicitaría, porque en un momento el dinero público ayudaba a sostener muy fuertemente a los medios de comunicación en los que pautaba, el manejo discrecional de esa pauta empezó a afectar a algunos medios. Esto terminó preparando el camino para lo que está ocurriendo ahora. Se cerraron algunos medios, lo vincularon con razones políticas, no en el 100% esos cierres tuvieron que ver con esta confrontación, porque ya el poder no andaba en armonía con el ejercicio periodístico, ya había una confrontación muy fuerte, pero que también estaba alentada por ese nuevo orden, de lo que estaba ocurriendo con esa nueva forma de hacer periodismo con medios emergentes. Un ejemplo, muchos estudiantes que salen de la Universidad de Cuenca, de la Escuela de Comunicación, en sus últimos niveles, ya salen con su propio medio de comunicación. Esto es lo que permiten las nuevas tecnologías; que sea lo correcto, eso es aún debatible, pero mi imagino a un estudiante de medicina que sale con su clínica propia y no sé si estará capacitado para administrarla. Algo así ocurre también con los medios de comunicación y creo también que muchos de los errores que se están cometiendo, que se están poniendo en evidencia en estos medios emergentes, corresponde a eso, responde a eso, a esa falta de estructura que tenía el medio convencional. Pero es otra cosa, otro tema. Solo lo cito a manera de ejemplo, como estos medios se fueron preparando para la realidad actual, estos nuevos tiempos.

-        Si le entiendo bien, la Ley de Comunicación plantea cosas positivas y también negativas…

Así es; en el tema de la reivindicación laboral trajo cosas interesantes, como por ejemplo establecer escalas, obligaciones de la empresa periodística, yo conozco casos de periodistas que trabajaron toda su vida para un medio y nunca fueron afiliados a la seguridad social y eso es brutal. Pero esto venía ya a regular la actividad como tal. Pero, por otro lado, y conectado ya directamente con la Superintendencia de Comunicación e Información, ahí sí se desató una persecución y si había que ordenar algo, parte de eso era eso y no desvirtuar absolutamente todo el contenido de la Ley. Creo que había algunas cosas que podían mantenerse. Y sí, hubo persecución y creo que fue un despropósito lo que ocurrió con Diario El Universo, con el juicio contra Emilio Palacio. Creo que también debería someterse a la lupa de la revisión académica que fue lo que ocurrió allí, porque ¿qué es lo que nosotros decimos aquí en el ámbito de la formación de los estudiantes?, pues que todo lo que se dice en el ámbito de la información, de la interpretación y de la opinión, tiene que ser demostrado o demostrable a futuro, porque eso garantiza la integridad de las personas, del sujeto, del ser humano, porque la empresa periodística tiene una diferencia fundamental con el resto de empresas y es la materia prima. La materia prima que utiliza una empresa periodística está relacionada con la honra de las personas. ¡Esa es la materia prima!. Y por lo tanto hay que tener un cuidado extremo, a tal punto que nosotros decimos a nuestros estudiantes que la honra de una persona no desaparece, ni siquiera con la muerte de esa persona y establecemos de forma clara cuál debería ser procedimiento para la cobertura de una noticia, por ejemplo, en casos de siniestros, cómo se debe proteger la honra de esa persona muerta, no como lo hace Diario El Extra por ejemplo, que publica imágenes ofensivas. Están definidos dos ámbitos, lo público y lo privado. E insistimos en el hecho de que incluso cuando se trata de un personaje público tiene derechos con respecto a la protección de su honra desde lo privado. Ejemplo, hubo un problema entre una persona que ni siquiera era periodista, pero que le vio a un funcionario municipal salir de un bar y el hombre le hizo fotografías, parece que estaba ebrio y con este material le empapeló al funcionario público. Nosotros tomamos este hecho como estudio de caso y reflexionamos, ¿qué parte del ámbito de lo público, desde la gestión de lo público, desde la administración de lo público, que es de lo que se encargan los funcionarios públicos, se había violentado por el hecho de que este funcionario en particular se había ido a un bar una noche y se pasó de copas y salió así del bar?. Quizá el problema mayor que podía tener era con su esposa, pero no era ningún delito. Pero a este funcionario le hicieron una serie de fotografías y videos y luego los publicaron en redes sociales. El funcionario terminó golpeando al seudo periodista, pero eso es otra cosa. En este caso consideramos que el funcionario público está expuesto, también debe mantener en el ámbito de lo privado sus temas personales, no pueden ser ventilados, sin que pasen primero por la supervisión o primero de lo que digan la Constitución, los códigos deontológicos. Hice un estudio en la universidad de un caso sobre la información policial, el caso de John Fajardo Rivera, que fue confundido con un violador por una víctima. La víctima fue donde un policía y le dijo él me violó, el policía lo detuvo fue preso y allí la primera violación constitucional. El policía tomó la decisión de detenerlo porque había una denuncia de una señorita que lo acusó directamente a él. Una fiscal legalizó la detención. Estuvo 70 días en la cárcel, tiempo durante el cual fue violado, agredido, perdió toda su honra, porque mientras el policía le llevaba a la cárcel, la agredida llamó a un periodista de un diario local que le hizo una foto al detenido y construyó un relato en el que lo citó con sus nombres, lo identificó con la foto, continuaron las violaciones a los derechos de la persona según la Constitución, no estoy aludiendo a ningún código deontológico del periodismo, estoy aludiendo a la Constitución, fue calificado de violador en serie, porque resulta que habían otros 16 casos de violación en un solo barrio, resulta que para la época un médico legista había tomado una muestra de ADN de una de las víctimas, con un poco de esperma del violador; esos exámenes demoraron un poco porque había que mandarlos a hacer fuera del país y cuando regresaron los resultados le dieron a John Rivera una boletita de excarcelación que decía usted no ha sido, luego de que salió publicado como violador, luego de que sufrió todo lo que sufrió dentro de la cárcel, ¡jamás va a ser él la misma persona!, que fue en algún momento, ¡jamás!. Y si alguna persona compró el periódico en aquel momento en que salió publicada una nota de tres columnas con una fotografía en la que decía cayó el violador en serie y si una persona que leyó esa nota varios meses después no leyó la aclaración de una página que decidió publicar el periódico, una página, una aclaración total, para la persona que no leyó la aclaración, esa otra persona seguirá siendo el violador en serie. Así de grave es el tema de estos deslices, que no necesariamente son políticos. Muchas veces están en el ámbito de los derechos humanos de las personas, que no tienen quien les defienda. Que no tienen como actuar, la madre llegó al medio de comunicación a pedir de favor que hagan la aclaración, cuando luego de todo lo que ocurrió él podía haber demandado al estado, porque el policía le detuvo sin fórmula ninguna, sin pedido de ningún fiscal, la fiscal presionada por los medios de comunicación se vio obligada a legalizar esa detención, todas las violaciones que luego se dieron, con John Fajardo Rivera como acusado principal, sin ser el responsable.

-       Usted como profesional de la comunicación, ¿cuál considera que está en mayor desventaja, el periodista que ejerce su libertad de expresión o el funcionario público que siente amenazada su honra?, ¿considera que el Art. 182 del COIP es una herramienta para coartar la libertad de expresión?, porque sobre todo durante el período presidencial de Rafael Correa, muchos periodistas se autocensuraron por miedo a las sanciones de carácter civil y penal y frente a las acciones que emprendió el mismo Gobierno.

Desde mis convicciones, considero el hecho de que mientras el funcionario público y la parte que está siendo observada de él esté relacionada con el ámbito de lo público, el medio de comunicación y el periodista pueden intervenir, pero cuando el periodista, que es un multiplicador, es tema muy importante, el “influencer” no puede decir cualquier cosa a través de su red para ponernos a tono de lo que ocurre ahora, el periodista debería guardar la reserva del caso si es que lo que va a tratar de aquel personaje, sea funcionario público o privado, no está en el ámbito del interés común. Eso es supremamente importante. La primera clase que se le da a un estudiante de periodismo: los hechos para constituirse en tales, en un hecho publicable, deben cumplir ciertos valores, que se denominan los “valores periodísticos”, el primero y el principal, el interés común. Alguna vez hice una auditoría a un periódico que llevaba publicando 15 días una pelea entre dos concejales porque habían alterado la pared de una casa. Para zanjar eso reuní a los periodistas y les pregunté que si habían pensado como ciudadanos y hacer la pregunta ¿y esto en qué me afecta?, como ciudadano. Y esto entonces ¿por qué lo estamos debatiendo en forma pública?, una pelea entre dos concejales que es del orden privado. Pero si el concejal está proponiendo que se duplique el costo del agua, yo me pregunto ¿y esto en qué me afecta?. Bueno, desde luego que me afecta y afecta a toda la comunidad. Ese valor periodístico dispara el hecho a un ámbito diferente que es el interés común. Si es que la prensa rosa se pusiera a pensar en que los hechos publicables son los de interés común, no estarían preocupados de que pareja se preocupó con qué pareja. Porque eso está en el ámbito privado. Segundo valor, el nivel de proximidad, es decir, que lo que le ocurre a mi vecino es supremamente más importante que lo que le ocurre al vecino de mi prima que vive en Quito. Periodísticamente, la muerte de mi vecino puede ser supremamente más importante para mis lectores, televidentes, radioescuchas, que el accidente aviatorio donde murieron 20 personas en la China, al otro lado del mundo. Ese es otro valor periodístico supremo que se inculca a un estudiante de periodismo. Pensar en el interés común podría ayudar a preservar ciertos valores y ciertos derechos de las personas cuando se involucran en un tema noticioso periodístico. Desde la deontología se debe aplicar aquel principio que dice que en el ejercicio periodístico uno tiene que enfocar su trabajo en el otro, pensar siempre en el beneficio del otro y fundamentalmente a veces tiene que ser el otro. Entonces me saco mis zapatos de periodista y me pongo los zapatos del funcionario y hago el ejercicio de que pasaría si fuera yo el funcionario. Pongo el caso, inventado, de que un funcionario ha iniciado una relación extramarital en su lugar de trabajo, desde luego que eso no tiene ningún tipo de interés común, tal vez sí, si es que ese funcionario está robando desde su ámbito laboral, eso sí es de interés público. En algún momento nos referimos al caso de Emilio Palacio de Diario El Universo, el famoso artículo de opinión, cuando dijo que el presidente ha cometido actos de lesa humanidad, demuéstrelo, eso fue lo que le preguntaron a Palacio y él dijo que no lo puede demostrar y eso puede ser punible, pero que le pidan por eso 80 millones de dólares, es evidente de que lo que se trataba era sentar un precedente con la empresa periodística más grande del país, porque la ley tiene que ser aplicada en un sentido estrictamente proporcional y allí creo que eso desvirtuó todo y saltó al terreno de un conflicto político, que terminó como terminó.

-     ¿Existe una auténtica retractación o rectificación con la presencia hoy en día de los medios digitales?. El mismo artículo 182 del COIP establece en uno de sus numerales que no habrá punibilidad si es que el que emitió la opinión o el juicio se retracta o rectifica lo dicho antes de que se emita la sentencia.

Con la presencia de los medios digitales creería que no es posible rectificar o retractarse, definitivamente que no. Porque los medios emergentes como nosotros los llamamos, estos medios que emergen, que están como en construcción, no están… no quisiera usar ese término “regulados”, creo que están en un ámbito diferente al del medio convencional, porque no cumplen con los requisitos estructurales que nosotros consideramos, ¿son una empresa periodística?, ¿son un emprendimiento?, o son un portal de efímera presencia, que puede desaparecer más adelante sin ningún tipo de responsabilidad. Creo que este tipo de medios, aún en construcción, que ni siquiera han definido un modelo de negocios sostenible y sustentable, están atravesando por un periodo de una suerte de consolidación: ¿cómo vamos a generar dinero para vivir de esto?, no está claro eso; tampoco está claro ¿quién los regula?, ¿en donde se inscriben?, ¿dónde se puede hacer el registro de un medio de estos?, para que legalmente alguien pueda pautar publicidad, desde lo público. Por ejemplo, no sé cómo el municipio podría justificar esa inversión en un medio digital, que no tiene una declaración de principios, que no tiene una estructura empresarial que esté registrada en algún lugar, sino que es alguien que abre un espacio con una plantilla y empieza a dar informaciones; quizás en algún momento valioso, en otros momentos quizás se equivoquen; de modo que todo este estado del arte con respecto a los medios de comunicación emergentes aún está por definirse. Y por eso es que ocurren las cosas que están ocurriendo: denuncias, difamaciones que no están ni contraladas, ni reguladas por nadie. Toca rezar al Espíritu Santo y no caer en desgracia, esperar no ser víctimas de estos medios. No estoy señalando alguno en particular, pero se escucha cada cosa.

-         ¿Qué es un periodista?.

Alguien que publica información de interés público de forma periódica es un periodista. Hay también aquel debate que dice que periodista no es necesariamente aquel que pasa cuatro años por una universidad formándose. Respeto mucho esa posición y ciertamente hay casos evidentes, porque a quién se le ocurriría decir en algún momento que Eliécer Cárdenas no es periodista, o donde está su título de periodista. Él era un periodista, un articulista de opinión, un literato al que no se le podía hacer este tipo de objeción, pero no todos somos así, por lo tanto, para mí periodista es aquel que publica temas de interés público de forma periódica, de hecho, esa es la raíz del término periodismo, la publicación periódica de ciertas cosas, del diarismo porque se publicaba diariamente, ahora ciertas cosas se publican cada segundo, ciertas actualizaciones. Y el periodista profesional es esta misma persona que publica temas de interés público con cierta periodicidad, pero que además posee un título universitario. Ese sería un periodista profesional.

-        Un abogado se enfoca mucho en los artículos de la Ley…

Pero hay otro tipo de valoraciones desde el periodismo. Es una actividad que combina estudios de las ciencias sociales, el humanismo. Quiero contarle algo, yo tuve un hermano de crianza que además fue periodista en Diario El Mercurio. Fue un hombre muy preparado, era ingeniero, pero además le gustaba mucho el periodismo. En un momento determinado decidió acabar con su vida, en un acto absolutamente soberano. Se fue a su departamento, tomo una copa de cianuro, puso la ópera “Rigoleto” de Verdi y al son de esta obra musical decidió terminar con su vida. Como familia decidimos que su madre no sea testigo de la escena, porque era muy dura en la forma en la que él había quedado. Era hijo único, madre soltera. Decidimos que lo mejor para ella era que no vea esa escena. Resulta que un policía llegó a levantar indicios porque era un tema que se debía investigar, porque había ocurrido dentro de un departamento una muerte y este policía filtra las fotos a una periodista, que terminó publicándolas en un medio sensacionalista. La madre vio la nota, vio la foto de su hijo tendido en el piso, era una nota tendenciosa, llena de especulaciones, que por situaciones amorosas se había matado y eso no tenía que ver con las razones de su decisión. Eso se hizo público en un periódico. Su madre leyó la noticia y exactamente un mes después murió por inanición. Cuando el policía como fuente de la periodista filtra esta información, ¿quién puede allí interponer una demanda?, ¿a propósito de qué?, ¿quién podría tener interés en eso?. Pero sin embargo ocurrió. Sin embargo, se terminaron dos vidas. A mí esto me llamó tanto a la reflexión que coyunturalmente trabajaba como editor general de Diario El Tiempo y decidimos que jamás íbamos a publicar noticias de suicidios, porque están dentro del orden de lo privado. Pero, hay excepciones. No es igual que alguien se suicide, como es este caso, o que ¡Rafael Correa se suicide!. Eso es noticia en cualquier medio. Eso nos lleva de nuevo al interés público, al interés general. No es noticia que una persona cualquiera se suicide, si es de interés público que un ex presidente de la República se suicide. Esas son las motivaciones.

-       ¿Cuáles son las condiciones para que la información sea verídica?, ¿qué filtros utilizan?, ¿qué fuentes o cuáles son las herramientas de cuidado que se les enseña a los estudiantes de periodismo?.

Que el profesor de periodismo político y de legislación no sea un periodista experimentado, sino que sea un abogado. Eso es lo que necesita un estudiante de periodismo. No que un periodista famoso sea su profesor, sino que un experto en derecho sea su profesor. Y que le cuente todo lo que esté relacionado con la protección de derechos del ciudadano de aquel que no tiene una publicación. Diario El Universo tenía un tiraje de 130.000 diarios con todo el peso que eso significa. Un ciudadano común y corriente desgraciadamente no tiene como para enfrentarse a una maquinaria como esa, de esa magnitud, en el caso de que quiera hacer algún tipo de reclamo. A la puerta nomás llegaba el reclamo. Luego, con el Internet y las redes sociales hay la posibilidad de poner más en evidencia estas cosas. En la formación del periodista, la técnica se aprende en un semestre, todo lo demás en el resto de la carrera: derecho, economía, deporte. El profesor de periodismo deportivo es un profesor de educación física, porque no queremos que enseñe a cantar un gol, queremos que enseña normas, reglamentos, tamaño de una cancha, ciclos olímpicos, como se selecciona y eso es lo que un periodista deportivo necesita saber para que luego no vaya a estar frente a un micrófono alentando a su equipo del alma. Lo que necesitamos son periodistas deportivos. La clave de la formación está en eso, que expertos en la materia terminen desarrollando conocimientos en los estudiantes. Eso nos lleva a una escuela multifuncional porque no todos los profesores de periodismo son periodistas. Tienen que ser profesionales de su área. Para ética y legislación un abogado experto, un penalista, que aborde desde los derechos humanos.

-        ¿Se ha cumplido en el Ecuador el Art. 13 de la Convención Interamericana de los Derechos Humanos?.

No. Las empresas periodísticas como tales las que todavía subsisten, tratan de sostener sus privilegios y parte de la pérdida de privilegios, que los lleva a perder credibilidad, es el hecho de que tengan que estar rectificando. No nos gusta a muchos rectificar, tenemos que ser urgidos por la ley para rectificar, porque el verdadero patrimonio de la empresa no está en el banco, está en la credibilidad. Está en el hecho de que el ciudadano diga, yo a este medio le creo. Por eso consume ese medio. Esa es su verdadera fortaleza. Muchos medios no entienden que la rectificación en vez de minar la credibilidad, abona a esta. No creo que se cumplan los derechos humanos al 100%, sobre temas de Libertad de Expresión. Hay ciertas cosas que hay que tomarlas con mucha pinza. A mí me espeluzna lo que pasa con el Dr. Carrión, ex defensor del Pueblo, toda la trama que se ha montado. La “noticia criminis” publica cualquier cosa y muchas veces lo que se pretende es que se publique y nada más. Y ya enseguida intervenimos y eso es una violación de los derechos humanos. Lamentablemente no creo que estemos ajustados al cumplimiento del Art. 13 de la CIDD. 

 

 

 

 

 

 

 

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