Memorias vivas de "Agua Fresca"
Por Hernán Rodríguez Girón
MIAMI, EEUU (11/05/03).- La cultura latinoamericana en sus diferentes facetas está dejando una profunda huella en esta ciudad. ¿Sabe qué significa Miami?" pregunta Héctor Bernal, nacido en Cali (Colombia) y residente en los Estados Unidos desde hace 15 años, mientras conduce su taxi por la Autopista Palmetto con rumbo norte a Hialeah.
La pregunta me sorprende, mientras descubro a un chofer ilustrado, aficionado a la cultura Seminole, pueblo aborigen de La Florida. "Agua Fresca o agua que se puede beber" me responde y agrega "ahora los pocos seminoles que quedan están en reservaciones y hay más cubanos que en toda La Habana".
Eso es Miami para cientos de miles de migrantes, agua fresca para beber y la puerta de entrada a toda la belleza y la miseria del "sueño americano". Por la migración cubana y el turismo, una de la ciudades más racistas de los Estados Unidos hasta mediados del siglo pasado, se transformó en un centro cosmopolita que ahora acoge a gente de todas las nacionalidades y es la puerta de entrada a la Unión Americana para todos los latinoamericanos.
La Pequeña Habana
Al caminar 16 cuadras en la Calle 8 de la "Little Habana" se acaba sintiendo el alma de una ciudad latina, pero ubicada en el corazón del Condado de Dade, el Gran Miami. No se puede evitar el creer que se está en casa, puesto que la mayor parte de sus habitantes son bilingües; es decir, hablan español y también inglés, por supuesto.
En la Calle 8 está la famosa Avenida de la Fama, bajo mis pies pasan una tras otra las estrellas de José Luis Rodríguez "El Puma", Raúl Velasco, Charitin, Rocío Jurado, Pedro Vargas, Agustín Lara, Olga Guillot, Leopoldo Fernández "Tres Patines", Lisette, Willi Chirino, Rafael…, son las "Stars of Eight Street" y todos los viernes el Festival Cultural, con lo mejor del arte de todo el continente. Deslumbrante.
"El crédito en este país te abre las puertas de todo, pero llega un momento en que la soga aprieta y mueres asfixiado, porque no puedes pagar las deudas" me cuenta Pedro, ecuatoriano que trabaja instalando sistemas para recepción de TV satelital. Un ejemplo de lo que el dice es el Dolphin Mall, donde los descuentos en algunos almacenes, de hasta el 90%, enganchan a la vista y al bolsillo. "Trabajas como un esclavo para hacer funcionar este país, porque el sistema está hecho para sacarte hasta el último centavo", explica.
Me encuentro con este enorme país de la abundancia y el despilfarro, cuando acompaño a Pedro, Karla y su niña Doménica, a comer en el China Buffet II. Eran las 23:30, el mesero a la entrada advierte: "en quince minutos lo botamos todo". Así sucedió, un cuarto antes de las doce de la noche fue a parar a la basura diferentes clases de arroz, pollo, carnes, postres y una lista interminable de manjares, comida que alcanzaba todavía para unas 200 personas. Me quedé sorprendido.
Las noticias de los periódicos reflejan el espíritu de esta ciudad: "Celia cuenta su drama, tiene cáncer", "Remesas récord a América Latina: 3.200 millones de dólares del mundo industrializado a los países pobres", "Una jubilada pierde su brazo al ser atacada por un cocodrilo", "Dos turistas francesas atropelladas por una patrulla de la Policía de Miami", "Manhattan rehace su perfil", "Castro entre los más ricos del mundo", "Saddam se atrinchera", sin palabras…
Jorge, otro taxista colombiano
pero esta vez de Medellín, recoge una carrera del International Mall.
"Salgo de la Tumba de los Talibanes" reporta por radio a su base y
explica "así le llamamos a una de las salidas del Mall por lo lejos que
está. Soy divorciado y libre para hacer con la vida lo que me plazca".
Ya en un tono más serio dice sobre la guerra en Irak (que para entonces aún no estallaba) "los enemigos del país no se van a quedar tranquilos. Lo malo es que las razones para hacer la guerra no están del todo claras. Esa es la impresión en la calle". Por la noche la silueta de plata del Banco de América domina lo que se conoce como el "down town" o centro de la ciudad, un letrero azul intenso con filos rojos en el piso 50 del edificio resalta el nombre de la institución. Miami es también un paraíso financiero, de malos recuerdos para una gran mayoría de ecuatorianos, puesto que en ella han buscado refugio ex-banqueros y corruptos que perjudicaron a miles de compatriotas. En una ciudad tan grande, en la que comparativamente hablando se concentra la mitad de la población que vive en el Ecuador, es fácil pasar de incógnito.
Caminar por South Beach nocturno es revivir Miami Vice, sus edificios Art Deco fueron escenario de la famosa serie de televisión de los 80. No es extraño hallar a un ecuatoriano de paseo y que pequeño es el mundo, mi profesor de inglés en el colegio estaba allí, el "Wato": "estoy de vacaciones con la familia". Y el "glamour" es inacabable, la vista se aloca entre tantas mujeres bonitas, mientras los autos por la calle arman una procesión de lujo y ostentación. En South Beach también es posible mirar desde afuera la mansión en la que fue asesinado el famoso modisto Gianni Versace.
Guayaquil le imita
Bayside, un mall junto a la Bahía de Biscayne, me devuelve por un instante a Ecuador. Las comparaciones son odiosas, pero ¡qué gran parecido con Malecón 2000!. Se me ocurre que la administración socialcristiana de los últimos 10 años trasplantó un poquito de su paraíso a nuestro infierno; porque, repito, descubro que Guayaquil se parece cada vez más a Miami: los grandes pasos a desnivel, las vías rápidas, la regeneración…
En Bayside tiene un pequeño almacén Lorena: "soy colombiana, nacida en Tumaco, mis hermanos nacieron en Limones, Ecuador y mi papá trabaja en Esmeraldas".
La impresión de estar en cualquier país de Latinoamérica se refuerza sobre todo porque en Miami el español es de uso común, aunque no está muy lejos de ser Babel, por los taxistas haitianos que hablan "creole", o Babar Khan el conductor pakistaní que no sabía ni un poquito de inglés y también es sencillo toparse con un "yellow cab" manejado por un turco.
Refugio de jubilados
El área de Key West es el refugio de los jubilados en busca de climas más cálidos y de paz, lo asegura Lili, natural de Bélgica, pero residente desde hace 30 años en La Florida. "Todo es muy bonito aquí" se hace entender en su "span english".
Carlos, otro taxista oriundo de Colombia, de la ciudad de Manizales, tiene una opinión diferente: "aquí hay mucha recesión desde el 11 de septiembre de 2001, todo cambió en los Estados Unidos. El comercio, los negocios, el turismo cayeron. El cambio es brutal".
Su añoranza no le permite olvidar a los que quedaron atrás al venirse hace 15 años a los EEUU: "no hay como la tierra de uno para morir, la tierra de uno es donde se nace, donde está la familia, donde uno se crio".
Cultura popular
Estas pequeñas memorias de personas reales, de ciudadanos de todo el mundo, pude escucharlas el pasado mes de febrero ya que Miami es también centro mundial para todo tipo de reuniones y convenciones. Viajé costeado por mi diario, junto al doctor Nicanor Merchán Luco, a un seminario de la Sociedad Interamericana de Prensa, para compartir experiencias con periodistas de Argentina, Bolivia, Costa Rica, Ecuador, EEUU, El Salvador, México, Panamá, y República Dominicana. Pude sentir lo que significa compartir con todos ellos el mismo destino común y una cultura similar.
Como no estar agradecido con la excelente atención de Ricardo, de Ángeles, de Lorena, de la amistad que compartimos con José, Childerico, Fernanda, el don de gentes de los instructores Liza, Jorge, Laura. Eso es Miami, una enorme comunidad de latinos en la periferia del imperio, que posiciona bien su imagen como destino vendiendo mucho servicio, cordialidad y buen trato.
"Agua Fresca" me despide en su Aeropuerto Internacional como solo ella puede hacerlo. Tengo un fugaz encuentro con "Don Julio", un tipo divertido, el "jefe" de la Familia Fernández del famoso programa "Sábados Gigantes" que anima Don Francisco. Aunque no es Gloria Stefan, al final la ciudad me mostró en persona a una de las estrellas de su enorme cultur

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