Olón, el Iguana Pink y la puesta de sol.
Por Hernán Rodríguez G.
OLÓN, Ecuador (24/03/2022).- Cuenca-Olón, distancia: 353 km, tiempo: 9 horas en carro particular y bus, costo dos personas: 300 dólares, tres días (transporte, alojamiento y comida). Una vieja nota de prensa publicada en Diario El Mercurio en los años 50, describe a Cuenca y, así se titula, como “La joya escondida del Ecuador” e invita a los ecuatorianos a descubrirla, visitando las aguas termales de Baños, disfrutando de su gastronomía o visitando su imponente catedral. Un listado de atractivos que no es nuevo, que sigue como la carta de presentación de la ciudad. Solo un grave obstáculo impide el desarrollo del turismo en esta joya escondida, la vialidad y las comunicaciones.
Setenta años después, la vialidad y las comunicaciones continúan siendo los principales problemas para que los ecuatorianos y el mundo conozcan esta joya del Ecuador. Un amigo hindú que nos acompañó en el corto trayecto entre Guayaquil y Cuenca, calificó la experiencia de su viaje por tierra, expuesto a todo tipo de peligros, por las malas carreteras, el pésimo clima, la oscuridad de la noche, como “pésima”. “Es la segunda ocasión que me pasa esto”.
La verdad es que salir de Cuenca para conocer el país o retornar a ella, a su cotidianidad, es una aventura de alto voltaje. Las declaraciones de las autoridades nacionales de que no pasa nada, que la vialidad nacional está funcionando, parece que para el sur no aplica. Y eso que en el 2022 el ministro es cuencano. En verdad no pasa nada: no pasan camiones, no pasan vehículos particulares, no pasan transportes de pasajeros. De verdad, no pasa nada.
Para celebrar nuestros 30 años de vida matrimonial, decidimos con mi esposa Lorenita pagarnos un viaje a la playa de Olón a 9 horas por tierra de Cuenca. Un viaje bastante cansado y que toma su tiempo.
Salimos un día jueves 24 de marzo por la tarde en el vehículo particular de unos amigos. El viaje de 5 horas hasta Guayaquil, porque fuimos por la ruta Cuenca, Azogues, Cañar, Cochancay, La Troncal, la única por el momento habilitada para bajar a la costa, la vieja ruta conocida por todos los cuencanos, pero que no está en las mejores condiciones. Continúa siendo una ruta estrecha y peligrosa, porque ante la imposibilidad de usar la Cuenca-Molleturo, todo el tráfico de camiones y transporte de pasajeros se produce por esta ruta. Entonces, rebasar se convierte en una maniobra peligrosa, que incluso puede costarte la vida. La carretera encementada esta trizada en algunos tramos y en otros son visibles los hundimientos. Cuando cae la noche, la oscuridad es total y el riesgo aumenta, por la presencia de la neblina. Esto en la zona de la sierra. En la costa la cuestión cambia, con rectas enormes, señalización, peajes, servicios de carretera, es otro Ecuador. En fin llegamos a Guayaquil a hospedarnos en el hotel “Air Suites” cerca del aeropuerto, a 45 dólares la noche.
Dispuestos a divertirnos desde nuestro papel como pareja de turistas, salimos a pasear por la ciudad. Eran las 21:00 y por razones de seguridad fuimos al lugar más cercano a nuestro hotel, el Mall del Sol. De entrada, la carrera de taxi cara, por un recorrido de 5 minutos, una vuelta a la manzana, 4 dólares. Al llegar, los guardias de seguridad con mala actitud, no saben indicar un banco, entre rápido que ya mismo le apago el ascensor, etc. En el patio de comidas, la gente con mala actitud para atender. Y lo que finalmente pedimos en May Flower Buffalos no fue de nuestro agrado, la porción pequeña, el costo alto, 13 dólares para una pequeña parrillada para dos personas, más 5 dólares por dos cervezas, total 20 dólares. Sin querer arriesgarnos regresamos al hotel a nuestra habitación. ¿Qué decir sobre el hotel?. Lo mínimo y para no ser groseros, no es lo que se muestra en redes sociales, es decir podría considerarse una publicidad engañosa. Entonces, surge el primer cuestionamiento, ¿como se pretende crear industria turística si la actitud de sus actores no es positiva, en una ciudad como Guayaquil de un mayor desarrollo relativo que Cuenca?. Calificación para nuestra primera noche, en la Costa, en Guayaquil, negativa. Es más, como decidimos no quedarnos un día más en Guayaquil, pedimos a la administración del Hotel que nos reintegre la noche pagada de la que no vamos a hacer uso, pero por haber usado nuestra tarjeta de débito nos cobraron una comisión. Punto positivo, por devolvernos al Hotel el taxi nos cobró una carrera de 2 dólares. Pasamos una noche tranquila y al siguiente día partimos temprano para Olón, el taxista que nos llevó al Terminal Terrestre de Guayaquil nos cobró 4 dólares, pero estuvo muy amable, dándonos indicaciones, atento a nuestros pedidos y necesidades. Una experiencia de calidad. Le preguntamos por el costo de un taxi a Olón y la tarifa era de $ 100 dólares.
En el Terminal optamos por tomar la unidad 13 de la Empresa Libertad Peninsular, que a las 11:00 salía para Olón, para un viaje de 4 horas. La unidad cómoda, los asientos estilo cama, con cinturones de seguridad individuales y tomamos la autopista Guayaquil-Salinas, a la altura de la Libertad el desvío hacia Olón, pasando por el terminal de Monteverde y Montañita, considerado a nivel mundial como uno de los sitios más destacados para consumir drogas, sobre todo su famoso “brownie”, un lugar atiborrado de extranjeros. En el bus iban una buena cantidad de turistas de otras partes del mundo, que justamente iban hasta Montañita. Allí en ese lugar se bajó medio bus.
Hasta Olón son 5 a 10 minutos más y el viaje termina en la estación de Olón de Libertad Peninsular, hacia las 15:00. Desde la vía principal de Olón hasta el hotel en el malecón son 5 cuadras de caminata, un trayecto ligero en el que Lorenita se encuentra de casualidad con un viejo amigo de juventud, Richard Rodríguez que nos invita a visitar su hostería, que tiene piscina. Desde que llegamos a alojarnos en el hostal La Corona, a 75 dólares la noche, por dos noches, nos encontramos con la actitud positiva y amable de su administradora un trato diferente a Guayaquil. Y ahora sí, de verdad nos da una habitación en el tercer piso, con vista al mar, ducha con agua caliente, aire acondicionado, balcón con hamaca y televisión. El lugar muy agradable. Se ve desde allí toda la playa y la inmensidad del océano. Recomendado.
Un detalle, en Guayaquil y Olón, ya nadie usa mascarilla ni respeta el distanciamiento social. Como que la gente se acostumbró y le perdió el miedo a la Pandemia. Nuestra primera experiencia con la comida de Olón es hindú, un restaurante junto al hotel que se llama South Indian Olón. Allí tomamos un par de cervezas, la cerveza es una experiencia deliciosa en la costa y langostinos en una salsa picante, llamados pawn masala, con garlic naum, todo por 30 dólares para 2 personas. El dueño del restaurante se llama Mani, es del sur de la India, lleva 10 años en Ecuador e invita a todo la ciudadanía a visitar su local.
Olón es un pueblito que se disfruta caminando, muy tranquilo. Tomamos helado, reconocemos el lugar, son 5 cuadras a la redonda, eso es todo. Compramos algunas cosas en una farmacia y regresamos al hotel, porque ya le pasaban viendo sus amigas, para ir a la casa de Nery y Cindy, La Pinta He a 16 km de Olón hacia el norte, tenían un encuentro más de ex compañeras de La Inmaculada.
Olón es una comuna y una playa que comienza en los acantilados de Montañita y en línea recta se pierde hacia el norte en el horizonte, 22 de kilómetros de playa de arena color crema y agua tibia y pacífica, con un atardecer espectacular, de película, cuando el mar se traga de manera aparente al sol.
Yo me dedique a caminar por la playa, conversar con la gente y por la noche, un par de casas más allá del Hotel en pleno malecón descubro el bar la Iguana Rosada, un lugar para picar y escuchar buena música en vivo. Esa noche se presentaba el grupo “Montañita Rock”, tres horas de rock de todo el mundo en español e inglés, excelente banda. Me doy cuenta de que la mayoría son jubilados extranjeros y las mujeres bailan solas, se divierten con cada canción. En cierto momento aplauden porque Iguana Pink es el único bar en Olón que no toca reggaetón. Allí me tomé un par de cervezas por 7 dólares. Regresó Lorenita y fuimos a descansar, para qué contarles lo que hicimos aquella noche, que no hicimos más bien.
Al siguiente día, si bien no nos despertamos muy temprano tuvimos tiempo para recorrer nuevamente el pueblo y dimos con la hostería de Richard Rodríguez, saludamos y él nos invitó a usar su piscina. Como Lorenita tenía que salir yo quedé en ir a visitarlo. Regresé al hotel y en la cafetería Noa, en la parte baje desayuné tigrillo y jugo de naranja, 7 dólares.
Olón es un lugar que se puede pasear tranquilamente en bicicleta, hay por lo menos dos lugares para alquilarlas, pero esos días estaban cerrados. Hay una escuela de surf y parapente. También tienen una comuna muy organizada que los sábados realiza ferias artesanales en la plaza central. Cosa curiosa, después de desayunar subí al cuarto a descansar un rato, a las 10:00 y me desperté a las 15:00. Salí a una cabaña en la playa y comí un pescado apanado con arroz, ensalada de tomate con cebolla, patacones y una cerveza Pilsener Ligth, todo por 7 dólares.
Fui a recorrer
el pueblo de nuevo y llegué hasta la hostería de Richard, allí me contó sus
problemas para seguir manteniendo su hostal, la competencia primero, cuando
comenzó en Olón hace 10 años eran 6 hosterías, hoy son 93, en segundo lugar los
impuestos, las deudas con los bancos y la gente de la comunidad que le ha
causado problemas. Como resultado tiene dos infartos y ya está cansado. Mientras
conversamos tomando una Pilsener, decenas de pajaritos visitan su jardín, de
todos los tamaños y colores, entre ellos periquitos y un pájaro carpintero. Olón,
por su naturaleza, es sitio para el conteo y la observación de aves. No me
recomienda Montañita, porque eso es un caos y otro tipo de administración. Nos
despedimos y pone su hostería a nuestra disposición.
Regreso al malecón de nuevo a Iguana Pink, el bar de gringos, aquella noche había un concierto de reggea con otra banda en vivo. Pido un burrito, 6 dólares mientras disfruto de un cuba libre y escucho a la banda. Lorenita no regresa aquella noche, se quedó a dormir con sus amigas en La Pinta He.
Me despierto, no sé por qué, de madrugada con el mar bramando y al revisar el whatsapp me entero del terremoto en Esmeraldas a las 11:00 de la noche del sábado 26 de marzo de 2022, 36 casas caídas y un muerto, el sismo con una intensidad de 6 grados y superficial a 10 km de profundidad. A continuación un enjambre de sismos de 5.5, de 4.5 y también en Quito uno de 3.8. Ya no pude conciliar el sueño, el mar ya no arrullaba sino que roncaba feísimo.
Me despierto temprano el domingo 27, desayuno bolón de queso con huevo y un jugo de naranja y Lorena me pide que coja un taxi a La Pinta He, a la casa de Cindy. Hago lo que se me indica y me estaban esperando, para almorzar ceviche de pescado y camarón y salir hacia el mediodía a Guayaquil. El viaje de retorno es tranquilo y rápido en el vehículo de Maybel. Llegamos como a las cuatro de la tarde a la Bahía Norte, junto al aeropuerto José Joaquín de Olmedo y con suerte alcanzamos a tomar un Tucson de regreso a Cuenca, a 15 dólares por persona el pasaje. El viaje rápido, seguro, el conductor nos garantizaba que había paso por el km 49 y efectivamente el paso estaba habilitado, pero ya entrando a Cuenca nos topamos con la tragedia de Marianza hacia las siete de la noche. Estando tan cerca de casa no había como llegar. Una montaña entera se había derrumbado sobre la carretera a escasos kilómetros de Sayausí, dejando 4 muertos y 6 casas derrumbadas, 300 vehículos atrapados, no había luz, el agua inundaba la carretera y nosotros con miedo de que la montaña se nos venga encima.
La carretera Cuenca-Molleturo-Naranjal no sirve, es una obra abandonada, no solo en el 49 sino en varios sitios donde existen derrumbes de consideración que en cualquier momento amenazan con destruir definitivamente la carretera. Es una obra que no debió hacerse, porque dañó para siempre al Cajas y lo puso a merced de los invasores de tierras, de los mineros y alteró el flujo normal del agua. Pero como siempre, pudo más la corrupción de gobiernos anteriores. Y ahora quien devuelve a la vida a los muertos por una obra que no debía hacerse. El testimonio de los afectados era lúgubre. Señor no existe la carretera, se fue hasta el río.
El chofer tomó la decisión más prudente y en vez de insistir en un imposible dio medio vuelta y a las 20:00 desandó lo andado y atacó el ascenso a la cordillera por la vía La Troncal-El Tambo. Logramos pasar, llegando a Cuenca a la una de la mañana del lunes 28 de marzo. Quedan los recuerdos y esta aventura que la viví con ella. Basta decir como León Gieco:
Solo le pido a Dios
que la vida no me sea indiferente.
Que la reseca muerte no me encuentre
vacío y solo,
sin haber hecho lo suficiente.
Han transcurrido 70 años y Cuenca sigue como la joya escondida del Ecuador y no tiene lo que se merece como Patrimonio Cultural de la Humanidad. Sus autoridades bajan la cabeza y callan. (HRG)





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