Jaime Idrovo: retomar investigaciones en Ingapirca y Coyoctor es urgente.
Por Hernán Rodríguez Girón
INGAPIRCA, Ecuador.- El arqueólogo e investigador Jaime Idrovo Urigüen reflexiona sobre el estado actual de Coyoctor e Ingapirca y la relación histórica de estos sitios con Pumapungo y Tomebamba. Insiste en retomar las investigaciones en estos sitios, para resolver algunas dudas sobre la historiografía local y regional.
Idrovo lideró desde 1981 y durante una década el “Proyecto Pumapungo”, inciativa de salvamento de los vestigios sobrevivientes de la antigua ciudad de Tomebamba. Las investigaciones en el sitio de Pumapungo confirmaron lo estudiado por Max Uhle a principios del Siglo XX.
¿Cuál es la importancia y el contexto histórico de Coyoctor?
Desgraciadamente no se han hecho investigaciones pertinentes sobre el sitio. Lo que sí es indudable, es que está directamente vinculado con el sitio de Ingapirca; eso es obvio, por la cercanía en la que se encuentra y las características mismas de Coyoctor. Lo que sí se puede decir con cierta certeza, es que está dedicado al culto al agua. Hay una serie de canales, existían hasta hace algún tiempo canales subterráneos, cavados dentro de la roca, que llevaban a espacios que servían como baños rituales. Luego de eso, hay una estructura bien interesante, que se asemeja a un sillón y al frente una gran planicie, que probablemente está relacionada con lo que, sin ser exactamente el corpus general, un “usno”, un templo de carácter exóterico, desde donde las autoridades, principalmente el inca y los sumos sacerdotes impartían órdenes, generaban una serie de disposiciones a cumplir por parte de la población. Se ve entonces que el sitio de Coyoctor pudo haber servido para aquello. O a lo mejor, estamos frente a un lugar que tiene un antecedente cañari muy importante, porque hasta comienzos del Siglo XX allí existían una serie de estructuras labradas en la peña, en algunos casos hay fotografías que han quedado de lagartos muy grandes, que fueron documentados por Paúl Rivet y otros elementos, que no están muy relacionados con la cultura inca. Por lo tanto, pensamos que junto a Ingapirca, que es el Hatun Cañar antiguo, Coyoctor pudo haber sido un lugar especial, dedicado exclusivamente al culto lunar, pero que también fue incorporado a la cosmovisión incaica y desde donde se daban, se impartían, algún tipo de órdenes a la gente que se reunía en estos lugares, en ceremonias muy especiales. La presencia de una serie de tallas es significativa, la mayoría son de carácter incaico; pero también tenemos que subrayar que en algunos casos estas tallas no son necesariamente del período inca, pueden tener un antecedente cañari. Lo que hace falta es concluir las investigaciones o ampliarlas. En base a los materiales culturales, la disposición misma de los hallazgos que se hagan, poder tener una visión un poco más clara de lo que fue el sitio, porque en los actuales momentos lo que tenemos es una visión parcial. Las investigaciones que se hicieron no fueron muy técnicas, se levantó la alfombra de “quicuyo”, destruyendo la roca de arenizca, bastante deleznable. Eso junto al hecho de que las estructuras mismas no tienen una nivelación adecuada, nos impide saber cuales son exactamente las funciones de algunos de los elementos que están allí. Hay estructuras que parecen ser piscinas o reservorios de agua, porque están directamente conectadas con canales y tienen también paredes en donde se observan puntos de desagüe. Pero, por el momento, todas estas son suposiciones. Creo que hace falta un buen proyecto de investigación y lo qué es más importante, es quienes están a cargo de Coyoctor se preocupen, porque hay un desgaste de la roca, hay procesos exfoliación acelerados de la roca de arenisca, los muros están descuidados, la gente sigue subiendose a los pisos de arenizca, lo cual significa también un desgaste del lugar. Se han hecho en algunas ocasiones recomendaciones para techar el área más importante, pero por el momento todo eso está solo en el papel. Las autoridades del Muncipio de El Tambo, deben tomar partido en esto y no solamente tenerle como un sitio de visita esporádica, de un turismo que llega, pero no como podría llegar si estaría e vestigio debidamente investigado y tratado. Creo que es importante insistir que las autoridades tomen cartas en el asunto y lo más pronto posible, porque esto no puede seguir esperando.
¿Qué puede aportar sobre su conocimiento de Ingapirca?
Desgraciadamente, siendo muy honesto, sobre Ingapirca puedo decir que se detuvo todo proceso hacia los años 1975 o 1976, cuando se hicieron las últimas investigaciones. No fueron ni siquiera investigaciones en el área monumental, sino en el área periférica, en la quebrada del Inti Huayco, pero al fin y al cabo investigaciones, que arrojaron una gran cantidad de información sobre la ocupación especialmente cañari de la zona. Desde esos años hasta la fecha, estamos hablando más de 40 años, no se ha hecho una sola investigación en Ingapirca. Lo que existe no tiene un tratamiento muy adecuado. Entre tanto, el sitio mismo ha crecido con una infraestructura y con viviendas particulares, en el sitio mismo; de tal suerte que yo recojo las palabras de un arqueólogo peruano, Luis Lumbreras, que dijo:
“Tengo la sensación de que Ingapirca está encarcelado entre edificaciones contemporáneas que van cada vez destruyendo más los sitios arqueológicos que son bastante amplios”.
Por otro lado, creo que Ingapirca ya tiene un acercamiento histórico interesante, quizás desde la época de los viajeros europeos, con Humbolt, el mismo Wolf, posteriormente los trabajos que hizo Paúl Rivet y en los últimos años el trabajo de Mario Jaramillo, que fue pionero en este caso, que reunió la información dispersa que había y participó en un trabajo un poco anterior, cuando Juan Cueva hizo excavaciones en el sector de Pilaloma. Desde entonces al presente, la información es escueta, no tenemos mayor detalle, pero sí sabemos que es Ingapirca, por el Hatun Cañar incaico. Ingapirca es una palabra que se acuña posteriormente, es un genérico para sitios monumentales en el área andina, pero el Hatun Cañar fue una de las capitales y probablemente es una que tuvo funciones administrativas y de control de todo lo que es la cuenca y la hoya del río Cañar. Por otro lado, cuando llegan los incas, encuentran una nutrida población y sobre ella se asientan y desarrollan una serie de nuevas edificaciones que son las que se ven en la actualidad. Un poco mezcladas con algo de cañari, que también se observan en algunas estructuras, sobre todo a nivel de cimentación, pero que tienen un plano circular, estas son de origen eminentemente cañari. El mismo templo en un inicio es muy probable que fue una pacarina cañari, un lugar de origen cañari, que mantenía la forma elíptica, la cual posiblemente fue simple y llanamente forrada por los incas con piedra labrada para darle la huella incaica sobre el lugar. Esto digo porque no solamente Ingapirca tiene esta figura, el plano elíptico, sino que también unimos el Ingachungana con la piedra que se desprendió hace muchos años, que está cerca del río Silante; si unimos las dos, también tienen una forma elíptica. Y el antiguo cementerio de Sisid, que se encuentra un poco más hacia el occidente, igual tiene una forma elíptica. Es un cementerio, que hasta hace algunos años estaba cercado y presentaba una forma completamente elíptica. Hay arquitectura cañari, incluso contemporánea, aunque ya se ha perdido, pero subsistía hasta hace algunos años con paredes y planos de tipo circular y de tipo elíptico. Las relaciones documentales que tenemos de los siglos XVI y XVII hablan de estructuras cañaris de plano circular y elíptico. Por lo tanto, este es un elemento típico de lo cañari y sobre esto se asienta lo inca, que tiene un desarrollo bastante significativo. Yo pienso que un tiempo bastante después de que los incas se asientan definitivamente en Tomebamba. De acuerdo con los estudios que hemos podido realizar, los incas conquistan el valle del Cañar y se asientan aquí, en lo que es Hatún Cañar, aproximadamente unos 20 años después de que conquistan la zona de Tomebamba y cuando muy probablemente el mismo Huayna Cápac ya nació en tierras tomebambinas. Entonces, Ingapirca es un asentamiento un poco más tardío, que prolonga su frontera hasta el sector de Culebrillas y luego de eso un poco más hacia el norte en todo lo que es Pumallacta, pero que se detiene durante un buen tiempo en el asentamiento y en la conquista incaica, al menos hasta finales de la ocupación incaica, cuando ya se integra todo el callejón andino y los incas llegan hasta la parte norte de lo que es actualmente el Ecuador, frontera con Colombia.
¿Qué relación existe entre Coyoctor, Ingapirca y Pumapungo?
Todos forman parte de una suerte de cadena de asentamientos. Tomebamba, es la primera sin duda y la más importante zona de ocupación incaica en todo el territorio del Chinchasuyo, del norte del imperio. Ingapirca viene unos 20 años después y probablemente Coyoctor es de la misma época o muy próximo y seguramente tiene también funciones específicas, como es el control del valle de Cañar, de todo lo que es la hoya, incluso hacia la parte baja y un poco hacia la parte oriental y desde luego, dependiendo de una administración, de alguna forma estaba centralizada en Tomebamba. Todos estos territorios, si bien actúan de una forma independiente, tienen también una dependencia administrativa de Tomebamba, que se constituye en la capital de toda esta área e incluso en un momento determinado asumen el título de segunda capital después del Cuzco. La presencia del templo, del Coricancha en Ingapirca con características muy relevantes, señala la importancia del lugar, sin duda alguna.
¿Qué recomienda para estos lugares, de lo que acaba de ver y dado su estado?
Estos sitios primero deben estar en manos de personal técnico. Arqueólogos, restauradores, administradores culturales. Es fundamental, cada uno en su debido terreno de acción. Por otro lado, es importante continuar con las investigaciones. Un sitio arqueológico que no se sigue investigando, sobre todo cuando se tiene tanto espacio, permanece anquilosado, en estado de coma. Son 40 años que no se han hecho investigaciones, al menos en Ingapirca. Eso es lamentable. La parroquia ya no es un caserío o un pueblito, ahora es la ciudad de Ingapirca y eso se puede ver, como se amplía, como sigue creciendo, sobre sitios arqueológicos. No hay un ordenamiento territorial. Eso hay que tratar de corregir.



Comentarios
Publicar un comentario