Alejandro Guamán: vive en su mundo de flores y plantas

 

Tinajillas, Jima, sábado 12 de noviembre de 2016, 10:00.

Flores, las plantas, animales, el agua, la tierra, conforman esta vida inagotable. Solo puedo contemplar ¡qué inmensa es la creación!. De tí vengo y a tí voy.

JIMA, Gualaceo (12/11/16).- ¿Es posible imaginar un lugar en donde se encuentren todas las flores y plantas del mundo?. En un jardín botánico posiblemente, pero muchos pensarán con baja autoestisma que en Ecuador no, eso no es posible, los paraísos de las flores se hallan en las grandes capitales del mundo. Quienes han visitado estos lugares añoran volver, gastar un montón de plata en viajes costosos para estar allí y desprecian este país subdesarrollado donde les ha tocado vivir. Semejante actitud trae al recuerdo una canción del grupo de rock chileno “Los Prisioneros”, que dice: si sueñas con Nueva York y con Europa/te quejas de nuestra gente y de su ropa/vivas amando el cine arte del Normandi/si eres artista y los indios no te entienden/si tu vanguardia aquí no se vende/si quieres ser occidental de segunda mano/porque no te vas/porqué no se van, no se van del país/, porqué no se van, no se van del país.

El Paraíso es posible aquí, en estas tierras, muy cerca de cada una de las casas de Cuenca, la ciudad que vive de espaldas a su patrimonio. El bacteriólogo estadounidense de ascendencia francesa, René Dubos (1901-1982), describe en su libro “Un Dios Interior” (un famoso informe sobre el  medioambiente de Naciones Unidas) que para permanecer como especie sobre este planeta de manera feliz, todos debemos aprender a desarrollar valores positivos hacia la naturaleza y hacia la condición humana, para superar los efectos negativos de la contaminación y la superpoblación. Por eso el cree firmemente que debemos hallar nuestro Dios interior, que no es más que el espíritu que guía y da vida y fuerza a las personas, a los lugares y a las civilizaciones.

Dicen que el nombre que se escoge para una persona al nacer, marca su destino. Alejandro fue un famoso guerrero, un conquistador, el jefe militar y gobernante más importante del mundo antiguo. Sus ejércitos integrado por miles de hombres y cientos de elefantes, por donde pasaba no dejaba sano campo o territorio alguno. En el presente, otro Alejandro, en las antípodas de su antecesor, lucha una batalla íntima, muy familiar y humana, para que su Dios Interior se manifieste al mundo.

Sobre la parte más alta de la carretera Cuenca-Loja, frente al cerro Tinajillas, a casi 4.000 metros de altura, se encuentra una discreta entrada que conduce por un camino de cuarto orden a los “Jardínes de Yaveh”. Sobre una superficie mayor a 2 hectáreas, que colinda con un remanente de bosque primario, desde hace 40 años, Alejandro Guamán de 76 años cultiva valores positivos hacia la naturaleza y hacia la condición humana y se siente solo un instrumento del verdadero creador, de la mano invisible que lo mueve a realizar su sueño: Dios.

En el centro del pequeño bosque andino que limita con su propiedad existe una colosal criatura, un árbol, que según los especialistas en botánica ha crecido allí durante los últimos 30.000 años: más importante que la Torre Eiffel, más milenario que las Pirámides de Egipto. La espectacular curvatura de su tronco da cobijo a cientos de otras especies de plantas, animales e insectos. Mudo testigo de la historia humana, en sus oquedades Alejandro a levantado un modesto altar con imágenes de Jesús, de María o de la Sagrada Familia. Es su templo. “Estas manos pecadoras son poquito, en comparación con lo que Él a hecho en este árbol, que es algo extraordinario”, se emociona, mientras señala unos helechos gigantes al pie de la extraordinaria criatura.

El Nudo de Tinajillas recibe ese nombre porque los cerros de los alrededores tienen forma de olla o de tinaja vuelta al revés, según versión de Víctor Minga Molina. De esa idea provendría la palabra “tinajillas”. Desde la altura y con la vista en dirección hacia Jima se aprecian varios picos puntiagudos, que explican por que la región interandina se llama sierra.

Los Jardínes de Yaveh están a 3.100 metros, pero las condiciones climáticas y el estar ubicados en las faldas de una montaña, no han sido impedimento para que se den toda clase de flores, plantas y frutos en un pequeño espacio. Es una isla de colores, con su encanto de Edad de Piedra, estable, intemporal, con límites que se pueden percibir y controlar. Para Alejandro es una tarea diaria revisar que los traviesos como ellos les llama, que pueden ser animales silvestres, vacas, insectos, perros o incluso vecinos, no acaben con su obra.

Con la precisión de un experto pasa revista a los nombres de todas las especies se encuentran durante el recorrido: alcanfor del Japón; palmera (39 años); fresnos de flor amarilla (40 años); retamas; narcisos; tibuchinas o siete cueros de color morado; helechos de diferentes variedades, uno gigante del Sígsig, otro en forma de cortina del Fasayñán; el culantrillo; la criptomelia para hacer árboles de Navidad (40 años); criptomelia brasilensis una especie de pino que también se puede hallar en Cuenca al pie de la Clínica Santa Ana “en la esquinita, en toda la vereda, es un árbol precioso que antes se aa salvado y no le ha tumbado el Municipio”; astromelia roja silvestre de las alturas conseguida en Río Blanco y que se enreda; pinos rompevientos (40 años); quinua o árbol de papel de Migüir “vino de un tamaño de 30 cm, han pasado tantos años, fue una distracción para mi ñano que perdió a la señora y fuimos a dar una vueltita y trajimos unas tres plantas, se hizo tan grande”; velitas de Belén o ortnitugalum tirsoides muy durables en floreros; paja café de Indonesia; araucaria brasilensis; agapantos; gallitos; frailejones del Carchi, del Ángel, de San Gabriel “pero también en el Galeras les encontré”; frailejones blancos de Los Alpes y Los Urales de Europa; naranjos; limoneros; mandarinas; claudias; durazneros; manzaneros; albaricoques; peras y uvas; orquídeas de todos los tipos y colores; las fuccias que están florecidas.

Sobre los frailejones agrega: “parece que se extienden hasta Bolivia, por Perú y Colombia. Estas plantas que son de altura. En América encontramos frailejones desde Venezuela hasta Chile.

El agua es omnipresente, pero para Alejandro el factor más importante para esta explosión de vida es la potencia de la tierra, añadido a ello la paciencia: “abonando, fertilizando, así hemos estado. Hay que esperar. Tengo frutas, pero por un descuido no fertilicé, vino un poco de verano y las perdí,   blanqueando las reinaclaudias. Las tengo pero con un poco de sacrificio. Con paciencia se obtienen  cítricos, naranjas, limones, mandarinas, uvas, claudias, duraznos, manzanas, albaricoques, peras. Todo se puede encontrar en un puesto o en un borde. Son miles de flores”.

El enemigo natural de su plantación son las heladas: “de mañanita el agua se congela y las plantas están tiesas por el hielo, luego viene el sol, derrite el hielo y quema a las hojas”. 

Con algo de nostalgia, este conquistador de la paz afirma que tuvo que viajar por todo el país y hasta al exterior para coleccionar algunas especies: “es mi defecto, abandonando la casa, la familia, para traer plantas silvestres de otros lugares de la nación, costa, sierra, oriente, todo está aquí. Todo se da. Con un poco de sacrificio las del trópico. Los nutrientes del suelo son tan poderosos que tenemos hasta un guineo y la papa china, una hierba de ganado que es una gramínea preciosa  propia del calor y se da aquí”.

Asegura que es un autodidacta, tiene terminado el colegio, pero no siguió una carrera universitaria. Recuerda a su profesores y amigos del Octavio Cordero, a Hernán Cordero, Fabián Cordero, Alejandro Serrano, Claudio Malo, Juan Cordero, Dora Canelos. Nunca recbió ayuda de ninguna institución sentencia de manera categórica, solo Dios y él son los dueños absolutos del lugar, pero reconoce el apoyo de Eduardo Sánchez, Oswaldo Larriva y Dora Canelos.

“Esto cuesta lágrimas por la incomprensión familiar. Mi familia quiere que yo saque de aquí cuyes, gallinas, huevos, hortalizas, frutas, leche, queso, mantequilla, trucha, pero nada. Mi afición es a las plantas silvestres y a las flores de cortar para el comercio. No hago el resto porque no es mi afición”.

Tiene 7 hermanos, no se a casado y no tiene hijos. Al recordar sus relaciones familiares, se llena de tristeza y de nostalgia. Recuerda los nombres de sus hermanos: “Daniel, Luis, Jorge, Rómulo...” se  corta su relato y prosigue “me hicieron la guerra, hay que decirle con toda franquesa, me hicieron la guerra, que como voy a estar metido en plantas, en flores, en tonteradas, que siga el Magisterio. Acababa el colegio y ya era mártir y víctima de tanta incomprensión de la familia. Me mandaron sacando. Me llevó el padre Leonardo Cordero a la hacienda de los jesuítas en Machachi, San Agustín. Allá fui al exilio. Dos hermanos me dijeron que tenía 48 horas plazo para quedarme en Cuenca estudiando o que me largue. Yo preferí irme y con lo poquito que sabía fui a trabajar en esa hacienda bendita”.

Así comenzó su periplo por todo el país y el reforzamiento de su aprendizaje como amante de las flores y las plantas: “El sacerdote español Eduardo Vázquez Cordero y la dueña de la hacienda, María Augusta Urrutia, me ayudaron a levantarme con sus amistades. Fui donde el doctor Alberto Acosta Soberón, gerente fundador del Banco del Pichincha, cuñado del presidente Velasco Ibarra y en su propiedad me tocó hacer trabajos. Aquí en mi casa me seguían diciendo cosas, pasquines, honores, palabras fuertes, feas contra mí. Que soy servidor de los curas, que estoy lavando platos y haciendo no se qué cosas por no seguir el colegio Manuel J. Calle. Finalmente terminé ubicado en el Ministerio de Agricultura aprendiendo sobre aves, chanchos, ganado, horticultura, fruticultura en la granja de Tumbaco, Quito. Allí el ingeniero Vásconez me dio un invernadero para que aprenda floricultura”.

Su formación se completó cuando pudo conocer lo que hacían los “Jardínes del Ecuador”, para su criterio un nivel superior y describe, “porque era una empresa norteamericana y ellos trajeron todas las técnicas y maravillas”.

Regresa un poco más en el tiempo y rememora sus inicios; su afición por las flores y plantas como él llama a la floricultura, la heredó de su tía que desde pequeño lo acogió en su casa, para que le haga compañía, ya que su madre no tenía los recursos suficientes para alimentar a 7 hijos.

“A los 17 años hice mi primera exposición de flores en el Banco de Fomento, frente al Parque Calderón. El gerente era Luis Galarza y subgerente Armando Albornoz. Allí se hizo la primera exposición de flores y fotografías del jardín chiquito que teníamos en la esquina del Colegio Borja, donde ahora está el Ministerio de Cultura, en la Calle Larga y Huayna Cápac. Era la casa de familia y teníamos el jardín. Estamos hablando de hace 70 años. Desde chiquito estaba con este cuento de las flores y plantas. Pero esto más mi inculcó mí tía, en el cultivo de las plantas silvestres. Resulta que las europeas monjas salesianas que llegaban al Corazón María, que fue la primera casa de los salesianos en Cuenca y después fueron a María Auxiliadora, le contrataron a mi tía para que trabaje con ellas que traían su culinaria, ensaladas, sopas, keyes, sus golosinitas de su tierra y enseñaban a las cuencanas, entre esas mi tía. Allí aprendió a hacer banquetes, incluso oficiales, para los presidentes Ponce Enríquez y Velasco Ibarra. Iba al Portete a preparar la comida para ellos. Aprendió también el manejo de plantas, porque en todo convento gustan de las flores, de las plantas y esa afición de las flores se la pasaron a mi tía y ella a mí. Como quedé huérfano de padre a los tres años, mi madre solita con 7 hijos. Mi tía le pide, dame al Alejandro, yo soy solita, para que me acompañe. Así es la vida, pegado con ella, aprendí esto de las plantas, hasta el día de hoy”.

Su mamá se llamaba Clotilde Chaca Coronel y su tí fue Mercedes Chaca Coronel. “Muy conocida en Cuenca. El señor Eljuri fue el primero que la empleó cuando ellos llegaron de Asia. Luego  Carlos Tosi Siri en la esquina del Parque Calderón, una casa antigua grande. La señora María Teresa Íñiguez, la señora Susana Crespo, el coronel Miguel Ángel Estrella Arévalo durante su alcaldía y cuando él estuvo en Gualaceo, en la hacienda de él, para atender a ministros, altas autoridades  y mando militar. Allá llevaba los banquetes y traía plantitas. Seguía enseñándome a mí a sembrar y   yo cogiendo esos datos. Por ahí viene esta afición a las plantas”.

Los jardínes de Alejandro tienen varias terrazas, cada una con su microclima propio, incluso les ha puesto nombres evocadores como “El Huerto de Getsemaní”, donde tiene sembradas solo plantas para preparar comidas o diferentes tipos de remedios.

“Este sector es de las aromáticas, llamado Huerto de Getsemaní. Todo en hierbas aromática para carnes, dulces, lengua de res, chancho, gallina. Las aromáticas me mandaron de San Pablo del Lago: tomillo, orégano, albaca, menta, tipo, hierba buena. También tengo uvas, higo, estevia, guineo, hierba de trópico para el ganado, para el cuy, Para todo. Vuelve a repetir que la potencia es la tierra, no el clima y continúa su enumeración: “papa china, chicama, el helecho nido el más raro de este luga.r Otras hierbas vinieron del Cisne. Aquí hemos investigado floricultura, horticultura, plantas medicinales, plantas acuáticas, plantas bulbosas y ahora me van a mandar unas plantas que son las carnívoras. Este helecho para el adorno de una sala y hay también chiquitos, estos son de sombra, solo dan rayos. La joyapa que da frutos para las aves y aquí están tres tipos de joyapas, una de Molleturo para las aves pero para las personas también porque es una fruta rica, una miniatura de joyapita. Moras de Europa sin espinos, eucaliptos”.

Siempre compara lo limitado de su trabajo con respecto a lo que hace la naturaleza a la que califica como una expresión de Dios, porque en cada ramita de su orquideario hay un jardín en miniatura “y yo eso ya no puedo”. Cuenta con huicundos, bromelias y orquídeas silvestres. Una laguna se halla al centro de todo con la imagen del Divino Niño. Aquí crecen orquídeas solo en los meses de junio, julio, agosto que son los meses de visitas. “Este helecho es una especie de chorrera y gusta pegarse a las paredes mojadas”. Una imagen de la Vigen del Carmen está al centro de un pocita con carpas de colores y recuerda que “Carolina Jijón, directora del botánico de Quito, me va a regalar unos chiquitos pescaditos, unas carpas”, para aumentar el número de peces.

“Esta orquídea me la trajeron de Singapur, el señor Portilla, son finas, grandotas. Hay cafés, rosadas, amarillas. Estas carnes humanas son de Molleturo. En cinco litros de agua se pone una hojita y se tiene para todo el día. Lutino silvestre para moler y  esparcir por la cabeza, controla la caspa. Las perlas azules no hay en ningún bosque de la nación. Una planta para la gastritis, como canela, esta agua tomo bastante. La agua es rica, hervida, medio minutito nomás. Ahí están los malignos tispos que se comen la plantas. Un pumamaqui, la pata de león. Césped, el más fino de la propiedad. Es un trabajo en soledad”.

Se ríe cuando se plantea la metáfora de que sus jardines son una autentica botica, porque seguramente el no lo piensa de esa manera.

“Aquí en este lugar existe el árbol del cebollar, maravilloso para los que tienen gastritis. Hago la infusión y yo tomo mucho el agua del arbolito. El poleo para lavar los intestinos del chancho para las morcillas. El tipo para el mal aire, que también es lo mismo que tomarse un pequeño gloriadito, un traguito seco, fuerte. Hay para la tos, hay varios tipos uno alto y otro bajito. El eucalipto ni hablar. Ese sí, segurito de tomarse haciendo una infusión. Hay algunas plantas para tomar en lugar de estar yendo a la botica. Camelias y hiedras del Brasil, siempre crecen en las ramas de los árboles”.

Como sí de la gran novedad se tratara, se puso de moda en redes sociales y a nivel mundial lo que se conoce como “arte en piedra”, que consiste en recoger piedras de diversas formas y tamaños y hacer con ellas estructuras en permanente equlibrio. En los Jardines de Yaveh, el arte en piedra está presente desde hace décadas por que la piedras representan “las maravillas que existen”. Mediante un meticuloso trabajo, Alejandro logró reproducir la geografía de la zona, una maqueta del Nudo de Tinajillas, incluída su cruz, rodeada de lagunitas y bonzais.

“Ahí están las piedras, salió una especie de islita. Para mi representan las maravillas que existen. Son un recuerdo de las Pirámides de Egipto, de las ruinas de Macchu Picchu y de Ingapirca. En esas piedras que tienen hueco nuestros antepasados molían sus granos para la alimentación”. Las posiciones en que las ubica y el equlibrio que mantienen no son por azar, tienen un significado espiritual, “en primer lugar lo que Dios hizo tanta maravilla en las piedras, desde las redondas más grandes hasta las más chiquitas y luego para hacer una prueba con el viento, una gran corriente hace caer unita o dos o si no permanecen así. En un temblor pueden caerse toditas. Las vuelvo a colocar. La más chiquita se asemeja a una cuenta del Rosario”.

Hace otra comparación, entre El Cajas y los Jardines de Yaveh, que nuevamente implica la presencia del Ser Supremo: “Quedo consternado como Dios hace tanta maravilla Ni los científicos  conocen que tiene nuestro bendito Cajas. Pero en esta montañita, que es chiquita hay cosas que no tiene El Cajas y otros páramos de otros lugares de la sierra. Solo aquí se hallan las perlas azules. Los bonzais empienzan desde chiquitos a florecer. Una rosita silvestre en miniatura. Esta es una lila morada. Esta pera es de Chile. Uno se come la pera, bota la pepa al suelo y brota el arbolito. Tierra envidiable, generosa, bendito sea Dios. Las azaleas acaban de dar flores. Un aguacate en la entrada está creciendo”.

Muestra con orgullo una casita de madera construída sobre un árbol de papel y cuenta que sirve para dar posada a las visitas, porque el mismo vive en un pesebre. Así pasa sus noches y sus días. Y continúa la enumeración: retama europea con forma de pajarito; membrillo de flor del Japón; membrillo de fruta; lavanda francesa, para los perfumes y el dolor de cabeza; ranúnculos e iris, como cara de tigre; camelias; cansolarias o zapatitos de bebé; cebollar; carne humana para la sangre, ayuda a la circulación y destapa las venitas para que queden limpias para el recorrido en el cuerpo humano, para que la sangre no se atore; hortensias; verónicas para decorar; un invernadero con cactus, pencas; el digital es de Europa del que sacan remedio para el corazón; retamas; tibuchinas; azaleas; quinua; lino; tulipán silvestre; flores de papel; campanolas de noviembre para los finaditos; duda de Naranjal; gulalag; dragones; una rastrera bicolor, amarilla con verde de flor azul, para tapar los suelos especialmente, en el sol da un colorido lindo la hoja y la flor; flores acuáticas; carne humana del Perú; chilca de Naranjal que da mucha flor blanca; bonzais como el pino enano azul de Francia; cipreses; palmeras; fresnos; capulíes; eucaliptos; una planta silvestre del Sígsig que cuando florece es una mancha blanca y tiene esencia, una flor que parece alas de un cóndor del Pakistán.

El vértigo se hace presente, cada espacio, cada milímetro, están llenos de vida y de creatividad humana en perfecto equilibrio, como si de una simbiosis se tratara. No existe enemigo pequeño y para este caso se trata del “guiñao”, un insecto que daña tallos, hojas, flores y frutos o la temible mosca blanca. Debido al sadudable ecosistema, los abejorros y las moscas son gigantes, parecen nueces voladoras y para el caso de las moscas, con ojos intensos color verde esmeralda, intimidantes, que transmiten ciertas enfermedades a las plantas, “excepto la abejita, aquí podría tener unos 100 panales porque hay mucho trébol. Ellas cargan kilómetros de distancia la miel”.

Este alquimista de la botánica cree que el agua es una bendición y sin ella no habría vida en la tierra, los jardines para su suerte tienen vertiente propia con líquido inagotable, el aire no puede faltar “porque las plantitas también respiran por sus poritos” y la tierra es la potencia absoluta que hace germinar todo. Finalmente el sol, el fuego maravilloso, que hace rodar la rueda de la vida.

Despliega permanente actividad y esfuerzo para que los traviesos, como él les llama, no destruyan el trabajo de toda una vida: “hace 35 años asaltaron las retamas se llevaron todo. Hay familias dignas y honorables en Tacadel y Jima, pero también hay gente traviesa, que le gusta hacer daño llevándose plantas para nada. Me hacieron un asalto enorme, en un descuido. Por eso no descanso porque hay que controlar que no quemen el pajonal y no toquen las plantas”.

Es un eterno inconforme. No se siente satisfecho con su colección de flores, frutos y plantas, también posee un pequeño museo, con una muestra de polleras de las comunidades vecinas, macanas y tiestos con restos arquelógicos.

“Mientras traigo plantas busco piedras. Así armé esta colección de piezas de los incas, trocitos. En Macchu Picchu, en cajas de vidrio, se exhiben trocitos como estos. Allí yo pude ver maravillas de   piedras, es un escándalo como trabajaron esos vigones de piedras. Pachakútik tiene tres monumentos en el Cuzco. Fue el inca más grande. El Museo Pumapungo tiene unas tinajas preciosas y en Cuzco y Lima unas tinajas preciosas vine observando, pero ninguna se iguala con la que tengo, que calculan pudo medir hasta 3 metros de alto y eso se supone por el pedazo de boca que poseo, es una enormidad. Se supone que fue de un jefe, del cacique mayor. Esta reliquia la encontré en Alausí. En esta, posiblemente ya estaban aquí los españoles porque pintaron una cruz. Avecitas mirando al mar en esta otra, líneas finitas por acá, dados, platos bajos, cañerías de barro para el agua. Patitas para las ollas. Esto también vi en Macchu Picchu. Es una colección de cositas que hay que cuidar”.

Más de 100 flores, plantas, frutos y árboles nombrados en un muy corto tiempo, durante una caminata a vuelo de pájaro por los Jardínes de Yaveh. El visitante puede sorprenderse si en una segunda oportunidad, ese número aumenta, porque los sentidos no alcanza a abarcar la complejidad de tanta maravilla. Alejandro Guamán vive su epifanía, descubrió de manera total su Dios interior, superando ingratitudes e incomprensión. Vive su mundo de flores y plantas. 


 

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