Año Nuevo en la Capital de la República
QUITO, Ecuador (31/12/2021).- Quito, la Capital de América. Siento un especial atractivo por la que es la principal ciudad de Ecuador, sede de Gobierno y en la que se han protagonizado los más importantes hechos de la República. En Quito se hallan el Palacio de Carondelet, La Compañía, San Francisco, La Plaza Grande y su columna de Los Próceres y la Basílica del Voto Nacional.
Su centro histórico tiene el inusual privilegio de ser el primer sitio inscrito en la lista del patrimonio mundial por la UNESCO, junto a Las Galápagos. Es sin duda una bella ciudad, que visito desde el año 1976, cuando partiendo de Cuenca se viajaba en los vickers viscount, el trágico modelo de avión que tantas vidas de ecuatorianos segaron en años posteriores, cuando operaban las compañías nacionales San y Saeta en la ruta hacia Quito.
Mi primer viaje solo, fuera de casa, fue a Quito, a la casa de mis tíos Clemencia y Marcony, en el barrio de El Batán alto, a pasar vacaciones. Quito era todavía una ciudad de mediano desarrollo, el sector de La Carolina era un descampado y se comenzaba a construir el primer centro comercial creo que del Ecuador en Iñaquito, después conocido como CCI. También llegaban las primeras cadenas de hamburguesas norteamericanas, como McDonalds o Burguer King y era delicioso ir a probarlas. Pero no sé por qué razón, siempre me causaban dolor de estómago.
Otro de los motivos por los que me gustaba ir a Quito, era para visitar a mi abuelo, el teniente coronel retirado, Sergio Girón, que vivía en la esquina de la Reina Victoria y La Niña, en una casa baja, de un piso, modestamente. Era una vivienda diagonal al Círculo Militar. Siempre me recibía con los brazos abiertos, él y su esposa Albricia Raad. Me contaba sobre los hechos nacionales, de los que él fue protagonista de primera línea, como el golpe de Estado a Carlos Alberto Arroyo del Río, que después se conoció como la revolución “La Gloriosa” del 28 de Mayo de 1944, que puso fin a la época de poder liberal y abrió el período del populismo, con Velasco Ibarra.
En los días finales de 2021, luego de que Lorenita regresó de su viaje a Colombia, para hacer algo diferente, decidimos sin planificación previa, viajar a pasar el fin de año en Quito. Por casualidad, una llamada telefónica de mi primo Alfredo Rodríguez nos decidió, pues nos invitaba a que lleguemos a su departamento. El martes 28 de enero a las 22:00, subimos a una buseta de turismo con rumbo a la Capital. El chofer hizo el recorrido de 469 km entre Cuenca y Quito en 6 horas. Por supuesto que entre Cañar y el sur del Chimborazo la carretera no es la mejor. Pero ya pasando Riobamba, es otra cosa. El desigual desarrollo de infraestructuras es notable. Más entre Ambato y Quito, servidas por una autopista de primera.
Llegamos a Quito hacia las 5 de la mañana del día 29 y descansamos un rato en el departamento de Alfredo. Es la primera vez que viajamos con nuestro hijo José, ya todo un adulto. El pasó la mayor parte de la Pandemia, 2020 y 2021, encerrado en casa. Ya necesitaba un viaje así. Dejando por un momento sus ocupaciones laborales, Alfredo nos dedicó la mayor parte de su tiempo, para hacernos conocer la Capital. Fue excelente anfitrión. Lo primero que hicimos es ir al Centro Histórico para visitar el museo de cera dedicado a los héroes del 10 de Agosto, pero por restricciones debido al COVID, no pudimos ingresar, así es que nos dirigimos hacia la Catedral, ingresando a la iglesia del Sagrario, adjunta al templo mayor de Quito. Caminamos una cuadra más abajo y visitamos La Compañía. Su fachada está considerada como la obra maestra del arte barroco en América del Sur. Las columnas salomónicas que la adornan fueron labradas por el padre Leonardo Deubler en 1722. Pero lo que más impresiona es su interior, todo bañado en pan de oro y con una rica ornamentación. Es la primera vez que admiramos semejante espectáculo visual, Impresiona el cuadro del infierno junto al lado derecho de la entrada de la iglesia, con los castigos a cada pecado, pintado por el hermano Hernando. Al salir, junto a la compañía, el edificio del Banco Central del Ecuador con su fachada coronado por unos bellos cóndores en piedra, como para no desentonar con la fachada vecina.
Después de esta primera experiencia cultural, vamos al Batán a la casa de Marconi, para visitarlo a él y a la tía Clemencia. Con la agradable novedad, que está de visita mi prima Gabriela con su esposo. Ellos siempre me han recibido tan cariñosos. Nos invitan a merendar y compartir un poco de conversación.
La siguiente salida es con mi prima María Elena. Esta vez nos lleva al Panecillo, a visitar la Virgen Alada, considerada como la estatua más grande del mundo en aluminio. Se pueden subir en su interior unos 4 pisos, hasta su mirador, para observar el Centro Histórico de Quito. Hay un Museo con las maquetas de los principales templos religiosos de la ciudad. La Virgen de Quito o Virgen del Apocalipsis es obra del maestro español Agustín de la Herrán Matorras, tomando como modelo la Virgen de Legarda. Este ícono de la religión Católica del Ecuador debía complementarse perfectamente con la Basílica del Voto Nacional.
Ya hacia el almuerzo, nos encontramos con Glenda, Eleonora y Gustavo, que nos invitaron a comer unos crepes. En la noche, de regreso en el departamento de Alfredo, me pongo a admirar su colección de juegos y tableros de ajedrez, que los tiene en cantidad, de todas las formas y tamaños. Allí descubro su afición por este juego.
Que gracioso, el turno es de Alfredo y nos lleva hasta el Monumento a la Mitad del Mundo. Lorenita se compra un bonito poncho. Tenemos la oportunidad de tomarnos una foto con la niña asesina del Juego del Calamar. El interior del Monumento cuenta con un museo etnográfico, con una muestra de las culturas del Ecuador. Desde el mirador se tiene una visita excelente de San Antonio y del cerro Catequilla. Nos tomamos la típica foto, con un pie en el hemisferio norte y el otro en el hemisferio sur. Alfredo nos lleva después a su propiedad en San Antonio, allí está construyendo un complejo habitacional. Su terreno es extenso. Vamos de nuevo a merendar en casa de Clemencia.
El 31, por fin de año salimos a pasear nuevamente al Centro Histórico. Esta vez nos acompañan María Elena y su enamorado, Alfredo y Angélica. Primero a la Basílica del Voto Nacional en la que se halla el cuadro del Corazón de Jesús y la tumba de García Moreno. Es sin duda el centro de la República del Sagrado Corazón que muchos añoran todavía. La Basílica es el templo neogótico más grande América, obra administrada por la comunidad de Padres Oblatos e impulsada por el padre Julio María Matovelle, cuando fue diputado. Creo que lo más la distingue, de otros templos de su estilo, son sus gárgolas, que en vez de demonios, representan a la fauna de Ecuador como caimanes, tortugas, piqueros de patas azules, cóndores y monos. Son monumentales sus 115 metros de altura. Su estructura domina toda la ciudad. Vamos a la Plaza Grande a mirar el sitio donde fue asesinado García Moreno y el Monumento al 10 de Agosto de 1809. Hicimos un alto para almorzar en una cafetería tradicional a los pies de la Catedral. Compramos unos recuerditos muy simpáticos, sobre todo una bailarina de vidrio para Sofía. De allí caminamos a la Plaza de San Francisco. Entramos al Museo mientras ellos se van a tomar algo en un café cercano. San Francisco es el escenario de la Leyenda de Cantuña, que pacto con el Diablo para terminar la iglesia a tiempo, a cambio entregaría su alma. La visita a San Francisco toma su tiempo, puesto que hay que recorrer su museo de arte religioso que expone las mejores obras de la Escuela Quiteña, las salas del Siglo XVIII, la Doctrina Cristiana, Sala del Alabastro, Salas del Tesoro, luego su patio interno con una enorme cruz de piedra, de allí a la cervecería, que mantiene la tradición de Fray Jodoko Rique que importó la técnica de la cerveza artesanal a América, la exposición de nacimientos, el coro de la Iglesia y finalmente el mirador en los campanarios, desde donde hay una vista privilegiada de la Plaza y el Centro Histórico. Más tarde intentamos llegar a la Cima de la Libertad, paseando por los barrios suburbanos a los pies del Pichincha. Una experiencia no muy segura pero lo hicimos. Eso sí, el paisaje es grandioso, sobre todo se mira hacia el sur.
Por la noche de ese día 31, celebramos el Año Viejo y recibimos el Año Nuevo en la casa de Marconi. El tío disfrutó mucho de nuestra compañía y nosotros también.
El primero de enero, ya vísperas de regresar a Cuenca, decidieron llevarnos al teleférico. Un increíble recorrido en ascenso hasta la cima del Pichicha para mirar desde esa altura todo el valle de Quito.
El teleférico de Quito, telecabina ubicada en las estribaciones del volcán Rucu Pichincha. Asciende desde la plataforma Motriz (o Estación de Salida) a 3.117 msnm, hasta Cruz Loma (Estación de Llegada) a 3.947 msnm, lo cual lo convierte en uno de los teleféricos más altos del mundo. El viaje dura alrededor de 18 minutos en los que se recorre 2,5 kilómetros.
Hay una caminata hacia el cráter, pero para no cansarnos mucho avanzamos hasta el columpio. Finalmente nos sentamos a descansar en el mirador panorámico del teleférico que cuenta con una cafetería, Este vez nos acompañó la tía Clemencia. Finalmente hacia la tarde almorzamos en familia. Y Alfredo tuvo la gentileza de irnos a dejar en el transporte de regreso a Cuenca. Esta vez el trayecto de vuelta no fue tan apurado. Aunque siempre pasa lo mismo, nos dormimos en Quito y nos despertamos en Cuenca. Gracias familia por este hermoso paseo.




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