Antonio Borrero: testigo de los cambios
Entrevista al Dr. Antonio Borrero Vintimilla a sus 75 años de edad, en su propiedad de Pacaybamba, cantón San Fernando, al pie del cerro San Pablo.
Por Hernán Rodríguez.
Publicado en Diario El Mercurio, suplemento especial por los 75 años del Diario.
CUENCA, Ecuador (22/10/99).- Más que una entrevista fue un diálogo, similar al que sostienen dos amigos cercanos. “Obra de tal manera que tú norma de conducta, sea norma de conducta universal”. Es el imperativo categórico, divisa del Dr. Antonio Borrero Vintimilla, que nació el mismo año en que se fundó Diario El Mercurio, hace 75 años, en 1924.
“El Pase del Niño no se llamaba así, se conocía más bien como la Entrega del Niño y recuerdo que me disfrazaban de Ángel de la Estrella, a los 6 o 7 años. Estoy hablando de 1930. Fui un actor de una Entrega del Niño y fui a parar de mi casa en Turi. Regresé como a las 6 de la tarde y mi familia con una angustia terrible, me preguntaban ¿a dónde te fuiste? y yo con inocencia le dije, me fui a Turín”, recuerda con una sonrisa.
Fue funcionario bancario, “cuando ser cuencano era sinónimo de pulcritud absoluta y total. Me afecta tremendamente este despeñadero que nos ha sucedido, esta monstruosidad de los últimos años. Quedó borrado todo principio de ética, generando la banca corrupta, la banca canalla que acabó con el país”, se lamenta sin resignación.
“Durante 25 años el dólar se mantuvo estable y el valor de la moneda es la base de todo. El comienzo de la caída fue la explotación petrolera, ya que se abrieron todas las barreras para el endeudamiento externo. El centralismo de Quito es el culpable de todo, el dinero del petróleo invertido en una hermosa capital, que nos ha arruinado”, sentencia Antonio Borrero.
¿Cómo era Cuenca en sus años juveniles?
En los años 30 tenía grandes acequias, como en la Calle Gran Colombia, dos acequias a los costados de la calzada y en la Calle Larga, un enorme molino. Era una Cuenca fea, porque las aguas pútridas de los desagües iban hacia las calles. El primer cegamiento de estas acequias se hizo en los años 36 o 37, cuando mi papá el Doctor Antonio Borrero Vega, entonces presidente del Concejo Cantonal, dispuso el inicio del saneamiento ambiental. Fue un cambio radical y tan grave fue la cuestión que los vecinos de San Sebastián llegaron hasta la casa de mi padre a lincharle a él y a toda la familia, porque les estaban quitando las acequias.
¿Recuerda usted cuál fue la primer calle que recibió adoquín?
Por supuesto, la pavimentación inició por la Gran Colombia, a la altura de Santi Domingo. Hoy incluso todavía se pueden ver los bordillos y las veredas de mármol.
¿Cómo eran las fiestas de la ciudad en la década del 30, del Siglo XX?.
Sobre todo las del Tres de Noviembre eran grandiosas. Participaba todo el pueblo en grandes desfiles, que duraban 8 a 10 días. Recuerdo ser testigo de la pesca del bagre en el río Tomebamba. La vida social era de altura. Venía el presidente de la República al gran baile de etiqueta en el Club del Azuay.
¿Qué recuerda de la vida política?
Era una inestabilidad total, sobre todo con Velasco Ibarra, pero había más participación de la ciudadanía. Velasco era un gran demagogo. Con Cuenca tenía una actitud hostil, a veces; también recibió de aquí los más grandes improperios y la ciudad le tumbó en varias ocaciones. Recuerdo cuando tuvo que abandonar el poder en 1961. Envió a los “Azules” a Cuenca, carabineros vestidos de azul, que quisieron imponer el odio y el terror en la ciudad, pero fueron masacrados por la población y tuvieron que huir.
¿Cuándo cambió Cuenca?
En el campo de los servicios en 1937, con la primera planta de agua potable, el cerramiento de las acequias y el embellecimiento de las calles. Un alemán de apellido Lunemburg, fue el planificador del servicio de agua potable. En 1950 se da la gran crecida del Tomebamba. Eso obligó a una reconstrucción, cuando era alcalde Enríque Arízaga Toral, un adelantado en la transformación de la ciudad. La transformación de la ciudad se da también con la apertura de la Avenida Solano, cuando era alcalde Miguel Angel Estrella. Con la debacle del sombrero de paja toquilla, se pidieron leyes especiales para el Azuay y Cañar, para implementar industrias. En 1950, el arzobispo de Cuenca, doctor Serrano Abad, suplicó al gobierno con un telegrama histórico, que yo lo guardo y dice “este pueblo que se muere de hambre, incado de rodillas pide y solicita a usted que de paso a la Ley Azuay-Cañar, para la transformación económica de esta región”.
¿Qué causó la caída de la exportación del sombrero de paja toquilla?
Los cambios en la moda. Se exportaban al año 12, 14 y hasta 18 millones de dólares en sombreros de paja toquilla. En el año de 1942 llegó a ser el tercer rubro de exportación del Ecuador. Las casas comerciales exportadoras habían tenido grandes avances, con un sistema de presentación, de formas y había como 10 o 12 casas exportadoras: Lukaiser Corporation, French Ernest J. French, Stanley Brandon, Hermanos Delgado, Familia Merchán, Kurt Dorfzaum, Serrano Hat. Exportaban a Europa, Estados Unidos, Brasil, Paraguay, Argentina. Con la II Guerra Mundial bajaron las exportaciones, cambiaron los gustos del consumidor y empezó la competencia del sombrero japonés y chino.
¿Qué pasó con el avión de Andesa?
Fue terrible. Justamente habíamos estado un grupo de amigos, por alguna causa muy curiosa, en la Catedral Nueva de Cuenca. Vimos un bólido que se estrellaba en la zona donde ahora está el Centro Comercial El Vergel. Fuimos de los primeros en llegar. Fuimos testigos del avión incendiado, los cuerpos de los pilotos desperdigados muy cerca de la cabina. Fallecieron cantidad de personas, incluso varias amigas nuestras. Murió toda la familia Vaquero-Polo. No se sabe realmente cual fue la causa del accidente.
¿Qué recuerda de la guerra del 41?
Es la tragedia más grande el Ecuador, una situación irredenta, de dolor y amargura. Yo tenía entonces 17 años y pasaba vacaciones en la hacienda de mis parientes y abuelos en Uzhupud. Mis padres estaban en la zona de Machángara y me enviaban cartas diciendo: “esta mañana acaban de volar aviones peruanos sobre la quinta de Machángara, confundiéndose con el cuartel. Si tu padre hubiera tenido una escopeta -me escribía mi mamá- le bajaba al avión”. Cuando los refugiados orenses llegaron a Cuenca, el director del Mercurio de aquella época, el doctor Nicanor Merchán Bermeo, alimentó con su propio dinero y con la ayuda de personas como Francisca Dávila, a unas 5.000 personas.
¿Qué recuerda de los años 60, del Siglo XX?.
Se fortalecen las universidades, empieza el desarrollo industrial y de se da un paso gigantesco. Cuenca expande sus límites notablemente. La Cuenca colonial y pequeña de los años 30 se triplica en espacio. Hubo un cambio total de la Cuenca conventual, que no lo fue tanto. Siempre hubo en esta ciudad opositores a la clerecía y el militarismo. De tal manera que no es una ciudad ultramontana y clerical sino de gran apertura, a pesar de su encierro geográfico. Cuenca rompió en los años 60 del Siglo XX muchísimo con su pasado y creció una gran clase media.
Folleto El Parámo, serie "Cuadernos de la Patria", escrito del Doctor Antonio Borrero.


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