Cómo conocí a “Mami Yolanda”: entrevista a Ximena Girón Cordero.
CUENCA, Ecuador (14/04/2022/18:49).- “Voy a comenzar desde como le conocí a “Mamá Yolita”, como yo le decía a mi suegra. Así le llamaba, “Doña Yolita”. Tendría unos 14 o 15 años, vivía yo en la casa de mi tía Blanca, en la Calle Bolívar y Estévez de Toral y siempre veía pasar yo a un señor y una señora, ella muy llamativa, una persona, una señora de muy buen tipo, con una señorita al lado y un señor que caminaba detrás de ellas. Todos los domingos en la tarde les veía pasar, pero no sabía de quienes se trataba.
Íbamos a salir en un desfile de los inocentes y nos fuimos con una prima mía a buscar unas ramas de ciprés. Caminamos y caminamos, más arriba del Corazón de Jesús, donde era la Villa Yolita y la puerta del parque que tenían había estado abierta, Nos metimos a robar unas flores. Total oímos unos pasos grandes, ¡pum!, ¡pum!, ¡pum!. Jajajaja y la voz de una personas que nos decían:
-¡Muchachas, qué están haciendo!, se están robando las flores de mi jardín.
Había sido mi suegra, pero yo tampoco le identifiqué en esa época. Tampoco le conocía todavía a Juanito. Yo conocí a Juan en la casa de mis primos, porque ellos eran muy amigos. Después, un día me llevó a almorzar en la casa de sus papás y allí le identifique, era la señora que yo veía pasar todos los domingos y el señor también, era Don Juanito, mi suegro y mi cuñada, que tendría unos 18 años.
Nos casamos a los 10 meses de enamorados y nos fuimos a vivir con los papás de Juan. Allí me enteré que Doña Yolita tenía dos hijas que vivían en Guayaquil, Catalina y Lola, que así mismo eran unas mujeres muy guapas, altas, de muy buen tipo, ambas muy guapas. Catalina casada con Gustavo Alvarado y Lolita casada con Horacio Puley. También me enteré que Don Juanito tenía una hija en Estados Unidos, Piedad, casada con un señor Portilla. Vivían Nueva York.
Resultó que la familia estaba constituída por 5 hermanos Rodríguez Derrossi, 1 hermana Rodríguez San Andrés y 2 hermanas Luque Derrossi. Se llevaban muy bien, todos se querían y se trataban como hermanos. Eran muy unidos. Era 1961 y 1962.
Con el tiempo, pasaron los años, nos encariñamos mucho, mi suegra me quería muchísimo, yo también le quería a ella mucho y aprendí a decirle “Mami Yolanda”. A mi suegro yo le trataba siempre de “Don Juanito”; era muy cariñoso, una persona que tenía sus anécdotas, sus cosas de vida, sus cuentos, sus historias, de su pasado, de su juventud, de cómo había sido su trabajo de telegrafista, oficial del Ejército con el grado de subteniente, en las fuerzas de Alfaro decía él y, bueno, muchas historias.
Pasaron los años, nosotros vivimos mucho tiempo con mis suegros. Nuestros hijos un buen tiempo se criaron con ellos, con los abuelos, hasta Santiago, que tenía en esa época tres añitos, nació en la Villa Yolita. Belinda, Geovanni, Hernn Catalina. Todos muy apegados a sus abuelos.
Mi suegra enfermó de Parkinson y se quedó inválida, pasaba solo en silla de ruedas. Juanito y yo nos independizamos y nos fuimos a vivir en una casa en la Avenida de las Américas, cerca de ellos. Un sábado por la tarde fui a visitar a mi suegra y a lo que entré me llama, me coge de las manos y me dice:
- Ven hijita, siéntate a mi lado que te voy a contar la historia de mi vida.
Según ella, habían llegado al Callao en Perú. Su padre que se llamaba Pedro Derrossi, su madre Dolores Aldaba. Don Pedro era italiano, su madre era española. Habían migrado al Perú y habían puesto una fábrica de fideos en el Callao.
Cuando ella era ya una señorita, llegaban muchos buques al Callao, buques ecuatorianos, para intercambio comercial y otras cosas. En uno de estos buques llegó un señor Gabriel Enrique Luque y González de Guayaquil, mucho mayor que ella. En esa época, ella me dijo que tenía unos 15 o 16 años máximo. Este señor se aficionó de ella. No sé cómo fue la historia, pero tengo entendido que el señor Luque le raptó en el Callao y la trajo al Ecuador. Pero este señor ya tenía su familia, constituida hace décadas.
Gabriel Luque (1862-1943), se le puede considerar como un “Patricio” Guayaquileño, miembro de una familia con cierto prestigio y fortuna. Casado con la señora Panameña, Isabel María Rohde y Ortiz y padre de 10 hijos. Todos medio hermanos y hermanas de Catalina y Lola. Fue alcalde de Guayaquil, Gobernador del Guayas confidente de Eloy Alfaro. Todo un personaje. Y machista, sucuestrador de señoritas menores de edad.
La llevó raptada a su hacienda, no recuerdo el lugar, era en la costa cerca de Guayaquil. Y le llevaba cosas, vestidos, perfumes, zapatos, todo lo que podía traerle de sus viajes, para alagarle. Venía trayéndole cosas muy lindas. Ella nunca aceptó nada. Tuvo con este señor dos niñas, Catalina y a Lola. Lo cierto es que se cansó de estar encerrada en la hacienda, porque él no la dejaba salir a ninguna parte, custodiada por guardias, para que no se moviera a ningún lado. Hasta que un día el mayordomo de la hacienda, que le quería mucho a ella, porque se portaba bien, era muy amable, porque siempre su carácter fue muy dulce y amable con la gente, urdió un plan para ayudarle a huir, pero sin sus hijas. Huyó sola. Las niñas se quedaron con su papá. Supongo yo que este mayordomo la sacó en canoa hasta Guayaquil.
En la gran ciudad encontró refugio en un colegio de monjas, La Inmaculada. Con el tiempo, ella dice que se asomaba a la ventana y veía pasar a un caballero, que iba y venía, joven. Pasaba y repasaba por el colegio. A ella le entró la curiosidad de saber quién era. Pues era Don Juanito, su futuro esposo, que trabajaba telegrafista en Guayaquil, luego de su baja en el Ejército. Se conocieron, se enamoraron y anduvieron por todo el Ecuador, en diferentes partes: Esmeraldas, Machala, Portoviejo, Bahía de Caráquez, Isla Puna.
La Villa Yolita fue un negocio que mis suegros instalaron en su casa, un bar restaurante, de los primeros en Cuenca, con un parque temático, con juegos y laguna, muy llamativo porque en la ciudad todavía no existía nada así. Mi suegra preparaba la comida, atendía a los clientes, a personalidades del gobierno como ministros y autoridades de la ciudad, entre ellos el alcalde Miguel Ángel Estrella, muy amigo de mi suegro.
Mis cuñadas, Catalina y Lola, querían reencontrarse con su mamá. Siempre estaban averiguando. Catalina se fijó en una noticia en Diario el Universo, sobre la graduación de estudiantes del Colegio Benigno Malo y entre los mejores estaba Marcony Rodríguez Derrossi. Las hermanitas Luque, mis cuñadas, se interesaron. Por el apellido Derrosi. Ellas acordaban del nombre de su madre, Yolanda Derrossi, pero nunca más la volvieron a ver en todos esos años, hasta que su padre murió en 1940 a los 80 años de edad. Catalina hizo un viaje a Cuenca y tomó un taxi. Preguntó al taxista si conocía la Villa Yolita. El señor era de apellido Bravo, pero le decían de apodo “La Madre” y era uno de los pocos taxistas que habían en la ciudad ha inicios de los cincuentas del siglo XX. Este señor le dice sí, yo conozco la Villa Yolita y le conozco al señor Bolívar Rodríguez, que tiene aquí a media cuadra un taller de radio. Si quiere le llevo. Mi cuñada contrata al señor Bravo para que le lleve. Fueron primero al taller de Bolívar. Catalina había entrado, había preguntado cómo se llama a Bolívar, que se había puesto a sus órdenes. Y su mamá. Mi mamá es Yolanda Derrossi. Entonces ella le había dicho, somos hermanos, ñaño, somos hermanos. Yo soy Catalina, yo me llamo Catalina Luque Derrossi. Y había sido una sorpresa para todos, porque yo creo que en el fondo ellos no sabían de la existencia de estas hermanas.
Este señor Bravo lleva a mi cuñada Catalina a la Villa Yolita. En esa época mis suegros tenían muchos empleados. Catalina había preguntado a uno de los empleados, que había estado arreglando el jardín, si es que allí vivía la señora Yolanda Derrossi. Él le había dicho que sí, esta es la casa de ellos. Va y le avisa a mi suegra, a mami Yolanda, que le busca afuera una señora, está preguntando por usted. Doña Yolita había salido, justo cuando estaba preparando comida. Había salido al balcón, pegado al jardín, levantándose el mandil de cocina. Asomada al balcón preguntó ¡sí!, ¿quién es usted? y Catalina contestó, ¡mami, yo soy Catalina, tu hija!. Ahí se habían reconocido, Don Juanito les recibió con mucho cariño, hubo muchísimas lágrimas. Se reencontraban madre e hija después de 30 años de separación forzada por las circunstancias. Catalina comunicó inmediatamente a Guayaquil que había encontrado a su madre y toda la familia viajó a Cuenca. Lola con su esposo. A que conozcan a la mamá.
De lo que me acuerdo de esa época y de lo que me ha contado Juanito, dice que fue una hermandad muy linda, como si se hubieran conocido de toda la vida, con sus sobrinos, porque ya Lola y Catalina tenían hijos grandecitos. Catalina 5 y Lola 5, que se llevaban muy bien. Venían a pasar las vacaciones aquí en Cuenca. Cuando yo me casé les conocí a todos ellos. A las sobrinas de Juan, que eran más o menos de mi edad. Esa fue la forma como se reencontraron la señora Yolita y sus hijas.
El abuelo cocinaba Pachamanca, que es una comida peruana, que se cocina en el suelo, en la tierra. Pero el abuelo por el conflicto Perú-Ecuador, decía que odiaba a los peruanos, tenía sus historias, sus cuentos, sus leyendas, sus tradiciones, entonces cuando tuvo su restaurante que fue muy conocido en Cuenca, preparaba toda especialidad de comidas. La Pachamanca es una comida parecida a la forma de preparar el chivo. Necesitaba mantener a su familia, hacía cualquier trabajo para el que le contrataban o le pagaban. Tenía su propia interpretación de la Biblia, a su manera. Me llamaba para que le escuche. Tenía que estar sentada al lado de ellos oyendo sus historias y cuentos. En general, mi relación con mis suegros fue muy buena y tranquila, de mucho cariño y respeto.
Según Catalina, después de que su madre se fue, se habían educado en la casa de su padre, a cargo de una niñera, muy aparte de sus otros hermanos los Luque Rodhe. Nunca tuvieron conocimiento de su madre, una pista, algo. Cuando al padre murió, ellas se pusieron a buscar a su madre, sobre todo Catalina que nunca abandonó la idea o se le quitó la idea de la cabeza conocer a su madre, saber: ¿quién era?, ¿dónde vivía?, ¿dónde estaba?, ¿tenía más hermanos?, ¿se había vuelto a casar?. Que Lola no tenía tanto entusiasmo, era Catalina la interesada en saber. Doña Yolita tenía también un hermano, Pedro.
Supongo que sus padres no buscaron a Mami Yolita porque era muy difícil seguir pistas, estamos hablando hace 100 años atrás, sin carreteras, medios de comunicación. Si dentro del Ecuador no nos podíamos comunicar bien, peor con el Perú. No sé qué razones tendrían sus padres para no buscarle. Una época de patriarcas, de machismo, la mujer no tenía importancia.
Doña Yolita cuidaba mucho sus plantas, sus geranios. Don Juanito cuidaba el Parque, tenía al centro un ciprés en forma de avión, con hélices que se movían con el viento. Se subía en una escalera para podar el ciprés. Doña Yolita vino muy pequeñita a Sudamérica, por eso nunca aprendió a hablar italiano. Y su mamá era española.


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