Cuenca, Olimpia del Ecuador: un nombre bien ganado.
Jefferson Pérez y Daniel Pintado, los dos medallistas olímpicos en marcha, que Cuenca ha entregado al Ecuador, fruto de ese constante trabajo de generaciones en el deporte.
Olimpia no es una ciudad, es un santuario, un lugar sagrado. En el ámbito deportivo, eso es Cuenca para el Ecuador, cuna de su primer campeón olímpico y sede de los VI Deportivos Sudamericanos.
Por Hernán Rodríguez G.
CUENCA, Ecuador (15/12/08).- Una fiebre recorre Cuenca. Se expande año con año y va tomando todo el cuerpo social, se manifiesta en los parques lineales, en las plazas, en los coliseos, los escenarios, las canchas con césped natural o sintético que como hongos proliferan por toda la ciudad.
Es fiebre que no asusta porque es benéfica y se llama deporte. Dicen
los científicos que hoy son capaces de filmar el proceso de invasión de una
enfermedad a las células humanas con un potente microscopio, que es para las
ciencias de la biología lo que el telescopio Hubble para la ciencia astronómica.
Si fuera posible rescatar para la posteridad o “filmar” lo hecho en tiempos inmemoriales (sería un artilugio similar a la máquina maravillosa con la que ahora cuentan los científicos para registrar la invasión de los virus a las células), de seguro podríamos ver a un pueblo amante del esfuerzo físico, de los juegos, de la diversión, porque aún está por escribirse la protohistoria del deporte comarcano. Podríamos ver como esa “fiebre benéfica” invadió a esta “cuidad cargada de alma”.
El cuencano ha sabido hacer suya la filosofía del “deporte para todos”
de Pierre de Coubertin, el fundador de los Juegos Olímpicos de la era moderna,
que soñaba con “ver un lugar donde los concursos y los récords fuesen
desterrados, pero donde cada adulto, en cualquier momento y según su
conveniencia, pudiera sin riesgo de ser espiado o criticado, dedicarse
gratuitamente a los ejercicios más simples: carreras, saltos, lanzamientos,
gimnasia y practicar por un precio razonable el boxeo, recibir una lección de
esgrima, montar a caballo en picadero o nadar en una piscina”.
Coubertin, el padre del deporte moderno, estaría contento con el nivel alcanzado por Cuenca, su Federación Deportiva y su ciudadanía, en estos 84 años de trayectoria organizativa, lograda con la poderosa sinergia de un pueblo, en el que la suma de los esfuerzos individuales de dirigentes y padres de familia beneficia en grado supremo la formación de miles de jóvenes, niños y adultos mayores, no solo en la capital del Azuay sino en toda la provincia. El deporte es la “fiebre benéfica” que consume a los cuencanos.
De Atenas a Olimpia del Ecuador:
imaginarios de la ciudad
En “De los nombres de Cuenca” de Juan Cordero Iñiguez (cronista vitalicio de la ciudad), ensayo escrito para su incorporación a la Academia Nacional de Historia, queda registrado el ancestral imaginario popular sobre la ciudad Patrimonio Cultural de la Humanidad (UNESCO 1999), que comienza desde aquel lengendario Guapondélic, “Llano grande como el cielo”, “camino o planicie que se ensancha hermoso como el cielo” por el que corrían los chasquis cusqueños, anticipando en siglos quizá su vocación deportiva, por su aire limpio, sus inspiradoras montañas, su benéfica altura, su agua vivificante y otros atributos que hoy la convierten en el sitio ideal para el entrenamiento de los grandes campeones mundiales.
El objetivo de construir en Totoracocha, otra toponimia muy nuestra, el Centro de Alto Rendimiento Deportivo (CAR) es precisamente acoger a todos los deportistas del orbe que quieren aprovechar la ubicación estratégica de Cuenca, a pocos minutos de las alturas de El Cajas por ejemplo, para trazar y empezar a ejecutar el plan hacia la conquista quizás de una medalla olímpica.
Pero volvamos a esto de los nombres. Otro memorable es Tomebamba, o
campo de espadas, reminiscencia de la moderna esgrima. También se podría
entender como “Pampa de las luces”.
En una trayectoria más moderna es la ciudad “Muy Noble y Muy Leal”, “Santa Ana de las Aguas”, “Cuenca de los Clérigos”, “Capital de la Morlaquía”, “Santa Ana de los Ríos”, hoy ciudad universitaria, médica, turística, comercial. Estas son solo algunas de las principales facetas que puede asumir, dependiendo de esa variada oferta que un emporio de desarrollo puede ofrecer al maravillado visitante.
Pero sin duda la metamorfosis más importante que ha sufrido Cuenca en
su imaginario es aquella que, desde un estereotipo clasicista, la compara y la
identifica con dos ancestrales ciudades griegas: de la Atenas a la Olimpia del Ecuador.
Quizá sea más propio o más acertado en estas comparaciones, buscar nombres de ciudades americanas para motejar a la morlaquía, pero las reglas de lo clásico en su tiempo impusieron como modelo a lo europeo y mejor todavía si era griego, aunque por desgracia eso nos desconecta de nuestra identidad, de lo que podría ser catalogado como nuestro, de la construcción de una historia propia. Quizá también porque fue Coubertin el que propuso un modelo deportivo, basado en el ideal griego. Sea como fuere, el imaginario está presente y millones de compatriotas idealizan a este espacio de la Patria como la cuna de grandes campeones.
Deportes ancestrales
Como un aporte a esa sugerida protohistoria del deporte cuencano y azuayo, hay que dejar anotado que, mucho antes de que en Europa se practicaran deportes hoy considerados como civilizados y modernos, los aborígenes americanos ya los desarrollaron en diferentes variantes.
El caso más cruel de sobreimposición cultural es el Lacrosse, juego
nacional del Canadá con pelota y raqueta, de origen indígena, asumido como
propio por los colonizadores franceses, tanto que su nombre en la lengua de las
Seis Naciones de los pieles rojas, bagataway, fue cambiado por Lacrosse o La Cruz (croce) en un burdo
intento por cristianizarlo y se prohibió el juego a sus ancestrales
propietarios, porque los blancos consideraron que en las manos de aquellos, de
los otros, era inculto e incivilizado.
Hoy los indígenas canadienses, oportuno palimsesto, han recuperado su identidad y pueden jugar libremente el Lacrosse, incluso contra los blancos que algún día intentaron quitárselo.
De norte a sur, por toda América, antes de la llegada de los españoles, se puede hacer un recuento de los deportes originarios, aunque esta no es una lista exhaustiva o final:
Pieles rojas, tenis (el derrotado, perdía también la cabeza); inuits o
esquimales, el kayak y las pulseadas; los aborígenes del actual Canadá el
lacrosse o bagataway; los iroqueses el jockey; los chibchas las carreras y el
tejo o “taumarquie”; los ramamuris o taraumaras la carrera de la bola; los
incas el atletismo de fondo con los chasquis, el tenis y el badminton; mayas,
aztecas y olmecas, los juegos de pelota, entre ellos el “baloncesto” y el
béisbol o “hachtli” y los “hombres voladores”; los hopi, carreras de caballos y
ultramaratones (más de 100 km.
en un solo día); matacos y arahuacos el jockey o chueca.
El deporte aborigen estaba íntimamente ligado con la espiritualidad y el temor religioso, cada competencia era el resultado de la lucha entre el bien y el mal.
Es muy conocido en la Región Austral del Ecuador, aunque más en el campo de la leyenda y sus artilugios son ahora objetos de museo, el juego del pucara o chiaraje, en el que toda la comunidad participaba de la violencia ritual o de la institución del combate para reducir el nivel de conflictividad social. Centenas de personas de comunidades rivales se caían a pedradas, mientras corría abundante chica. Mujeres y niños participaban proveyendo de piedras a los hombres.
Frente a esta diversidad cultural ¿cómo reaccionaron los europeos?. Cortaron
el nudo gordiano declarando a los juegos americanos como “cosas del diablo” y
los reemplazaron por diversiones más caballerescas. Así, con los españoles,
llegaron los espectáculos y las diversiones públicas: eran deportes la caza,
las romerías, los juegos escénicos, los juegos privados, los torneos, los
toros, los saraos o bailes públicos, los juegos de pelota, las máscaras de Carnaval,
las diversiones ciudadanas, las profanas y las religiosas.
El juego era una institución social reservada solo para los blancos, para los indios cabía la redención mediante el trabajo. Por lo tanto, los que ahora son considerados como “juegos civilizados”, durante la colonia quedaron adormecidos, puesto que se los consideraba pecado.
Los juegos de naipes eran los más populares. Estaban tan difundidos
entre la sociedad colonial americana, que la corona española impuso un impuesto
a los mazos de bajaras que se importaban a las colonias y causaba escándalo
social el que los funcionarios públicos mataran el tiempo jugando naipes.
El juego o deporte que hizo famosos a los cuencanos durante el siglo XVIII fueron los toros, ya que durante una corrida en 1739 murió asesinado el médico de la Misión Goedésica Francesa, Juan Senierges, que se atrevió a enamorar a La Cusinga. Aquel incidente sería el origen de la palabra “morlaco” o toro bravo, dando fundamento a la morlaquía, gente rebelde y acostumbrada al tumulto.
Con el relajamiento de las normas por el advenimiento de la era moderna
y el fin de la tutela religiosa de la Iglesia Católica, vuelven a
surgir los antiguos deportes. Se produce una mezcla, que es parte de nuestra
identidad como mestizos.
Origen de la palabra deporte
Las personas que disfrutan del mundo actual tienen la tendencia
cultural, o el convencionalismo, de creer que el deporte es un espacio
reservado para los atletas de alta competencia, que deslumbran con sus salarios
de millones y una vida de “glamour”. Percepción generada en parte por los
medios de comunicación, que glorifican lo extraordinario y esconden los
pequeños actos de heroísmo.
En realidad, la palabra deporte y su práctica hoy difundida a nivel global, tienen un origen modesto y una evolución que sobrepasa con facilidad los 600 años.
Explica Conrado Durantez, historiador del olimpismo moderno, que fue el
filósofo Ortega y Gasset el que a mediados de 1947 desentrañó el origen
histórico de la palabra deporte, “que nació del comportamiento de los marinos
provenzales, que vacan o se hallan en holganza cuando descansan en un puerto”.
Es decir, deporte es estar fuera del puerto, descansando, “estar de
portu”. Pero no para vagar, sino para
realizar cierto tipo de actividades que nada tienen que ver con el trabajo del
marinero. Eran diversión, juego o deporte, los coloquios interminables, los
juegos de fuerza o destreza.
A su vez la palabra de portu o deporte podía tener dos significados, “deports” que era conversación o poesía y “solatz”, que representaba la caza, la caña, las justas, los anillos y las danzas.
En un escrito más contemporáneo, que no deja de citar a Ortega y
Gasset, Maximiano Trapero describe como la palabra medieval depuerto (“Del depuerto
medieval al deporte actual”) se transformó durante más de 600 años para llegar
a su forma actual deporte, destacando que el ser humano es sobre todo “homo
ludens”, usando el concepto de Huizinga.
Depuerto, depuorto, deportar, deport, deporte. El significado inicial era salir “ad portas” de la ciudad, “con armas y bagajes, entrar por el campo, entregarse a la acción, a los deportes y a los transportes”.
Concluye Trapero que “cosa bien distinta es el deporte actual de lo que
era el depuerto medieval: aquel, actividad felicitaria que el hombre tomaba como
liberación de su trabajo cotidiano, por dar alegría al ánimo y que se dejaba
cuando empezaban las veras; este de ahora, actividad profesional, especializado
al máximo, convertido en industria que se comercializa, actividad preferente de
una sociedad de consumo, dirán unos, procedimiento alienante del hombre
manejado con intención política, dirán otros”.
Se hace camino al andar
La Federación Deportiva del Azuay, sus deportistas y los padres de familia
que los respaldan, son los herederos de este antiguo patrimonio cultural
intangible que es el deporte, que se debe insistir es mestizo, fruto de esa
mezcla cada más variopinta de pueblos, culturas, identidades: cañaris, incas,
españoles, franceses, anglosajones, etc, etc.
La historia propia y organizada del deporte comarcano comienza hace apenas 8 décadas, con la fundación de la Federación Deportiva del Azuay el 8 de diciembre de 1924 (a las 20:00 en el Colegio Nacional “Benigno Malo”), según consta en la respectiva “Acta de Nombramientos”.
Asistieron a ese acto fundacional los representantes de los clubes federados que eran Chile, Ecuador, Abdón Calderón, Londres, Deportivo, América, Benigno Malo y Cuenca. Resultó electo como primer presidente Andrés F. Córdova y como vicepresidente Modesto Chávez González.
De esta primera época del deporte azuayo, ingenua y entusiasta, es
recordado mediante crónicas el V Campeonato Nacional de Fútbol que fue
inaugurado el 1 de noviembre de 1945 en Cuenca, que también fue motivo para la
apertura del Estadio Municipal de El Ejido.
Era presidente de la FDA, Román Viver y el lema de aquel certamen fue “peleará el músculo pero triunfará el corazón”. Señorita Deportes fue electa Aida Malo Moscoso y 200 señoritas cuencanas participaron en la banda de guerra y las barras. 20.000 sucres aportó el gobierno nacional para la estadía en la ciudad de los equipos participantes.
De aquellos modestos e ingenuos inicios, referidos para la anécdota, el
presente reclama y se vuelve al futuro. A la constatación gloriosa de los
logros alcanzados por los deportistas de Federación Deportiva del Azuay en la
“década milagrosa”, que media entre los VI Juegos Deportivos Sudamericanos de
Cuenca 1998 y la actualidad de 2008, cuando se recuerdan los 10 años de la
realización de la magna, conocida para la posteridad como los “Juegos de la Paz”.
Según los registros del Departamento de Comunicación de FDA, de 1998 a la fecha Cuenca fue la sede de por lo menos 40 mega eventos en diferentes disciplinas, debido al poderoso desarrollo de su infraestructura y a la experiencia acumulada por dirigentes y administradores de asociaciones y comités federados: campeonatos mundiales, panamericanos, sudamericanos, challengers, festivales; el resumen es apretado y sucinto debido al enorme despliegue de acontecimientos.
De la constelación de estrellas que hoy ilumina el firmamento deportivo
local y nacional, la más rutilante es Jefferson Pérez Quezada. Nos acostumbró a
todos, por más de una década, a triunfos extraordinarios. Es el motivador del
pueblo, insistiendo siempre que los sueños por imposibles que parezcan son
alcanzables, con dedicación y esfuerzo por el camino de la excelencia. Doble
medallista olímpico, Atlanta 1996 (oro) y China 2008 (plata) en los 20 km de la marcha, varias
veces campeón mundial y reconocido universalmente como el mejor atleta en su
especialidad. Una trayectoria impecable que representa la realidad presente y
futura del deporte provincial.
Entre las deportistas mujeres de los registros de FDA, brilla con luz propia Verónica Sotomayor, múltiple campeona mundial de racquet. Dos nombres a destacarse con todas sus letras, dignos representantes de la interminable lista de todos los campeones mundiales, panamericanos, iberoamericanos, latinoamericanos, sudamericanos, bolivarianos y de olimpiadas especiales, que el entrañable terruño ha entregado para mayor exaltación de la Patria.
Si Atenas es el lugar ideal reservado para los artistas excepcionales,
Olimpia es el sitio de los héroes populares, aquello en lo que se convierte
cada deportista campeón, ejemplo de virtudes y modelo a seguir.
El Centro de Alto Rendimiento
Además de sus triunfos, la otra gran realidad del deporte morlaco es el
Centro de Alto Rendimiento (CAR), que se
levanta en Totoracocha, próximo a su conclusión y puesta en marcha, para
beneficio de todos los deportistas del mundo.
El CAR es la infraestructura más grande, jamás antes construida en toda Sudamérica, para brindar servicios de alojamiento a 1.200 personas, impulsar la investigación científica del rendimiento deportivo y ofrecer a Cuenca un centro de convenciones de primer nivel, con el que no había podido contar la ciudad hasta ahora.
En el marco del proyecto del Centro, el equipo olímpico de Cuba tuvo la oportunidad de probar las bondades de entrenar en Cuenca, en su preparación hacia las olimpiadas.
Cuando esté funcionando a plena capacidad, podrá competir por ser el
mejor CAR del mundo, por varias características muy especiales y que es muy
difícil que otras ciudades las puedan integrar todas en el mismo espacio
geográfico.
El Centro de Alto Rendimiento de Totoracoha está a 20 minutos del Parque Nacional Cajas (4.000 msnm), sitio que los diamantes de la marcha han demostrado es ideal para la preparación aeróbica. Se ubica a menos de una hora en vehículo del valle semitropical de Yungilla (1.000 msnm).
Está en la planificación de los administradores de la Federación realizar
convenios con institutos y universidades nacionales e internacionales, que
fomenten la investigación científica de los beneficios del deporte para una
vida sana.
En la parte más alta del magnífico edificio se habilitarán dos cafeterías con una vista panorámica del valle del Tomebamba, observatorio que tendrá atributos superiores al tradicional cerro de Turi.
El complejo se halla a una altura de 2.482 msnm, con una superficie
total de 1.500 m2, 340 habitaciones
repartidas en sus 7 pisos. Su primera
etapa se inauguró en agosto de 2006.
Los multiservicios de los que dispondrá el CAR son: administración (gerencia, secretaría, contabilidad y prensa), medicina (departamento médico, laboratorios clínicos de biomecánica, nutrición, etc), deportes (residencia, piscina semiolímpica, gimnasio multifuerza, sala de entrenadores, vestidores, cocina, comedor para 350 personas), promoción turística (centro de información, de exposición artesanal, museo y oficina de producción, auditorio multiuso para 500 personas), biomecánica y física del deporte, de deporte y género (equidad e igualdad de oportunidades), entrenamiento, gestión (información y trámites de diversos tipos), legislación, medicina del deporte, nutrición y dietética, psicología del deporte.
Este sueño que está por hacerse realidad recibió a su tiempo el apoyo
del ex ministro de Educación, Juan Cordero, del exvicepresidente de la República, Alejandro
Serrano Aguilar y ahora del presidente de la República, Rafael
Correa, a través del un crédito no reembolsable del BEDE por 4 millones de
dólares para ejecutar la etapa final.
Durante 5 años años se ha prolongado la construcción del CAR, que no solo es el edificio residencial de Totoracocha, sino que integra en un solo concepto a todos los escenarios deportivos con los que ahora cuenta la capital azuaya, fruto de la poderosa sinergia de los cuencanos que creen en un sueño, mantener vivo el ideal olímpico.
En el concepto de Centro de Alto Rendimiento Deportivo se constituyen
como un todo el Complejo Deportivo Bolivariano (Avenidas 12 de Abril y Unidad
Nacional. Museo del deporte “Sabino Hernández”, Coliseo Mayor, dojo de judo,
canchón de lucha olímpica y levantamiento de pesas; gimnasio multifuerzas;
canchas de tenis de campo, coliseo de squash, de racquet, voleibol de arena,
sala de billar, sala de artes marciales, muro de escalada, Casa del Ajedrez,
cancha de tiro con arco, piscina olímpica, residencial, comedor, etc), el estadio
“Alejandro Serrano Aguilar” (El Ejido. Capacidad 21.920 personas), la pista atlética
“Jefferson Pérez” en Miraflores, el Complejo Deportivo de Totoracocha (patinódromo
con capacidad para 2.000 personas, polideportivo, el velódromo olímpico
“Francisco Morales”, coliseo de gimnasia y polígono de armas neumáticas “Genaro
Palacios”), el polígono de tiro “Wilson Malo” de Ucubamba, la pista de
bicicross de "La
Concordia" y el Parque de La Madre, cuna de los campeones
de la marcha, en la escuela de formación del profesor Luis Chocho Sanmartín.
Aunque es una entidad privada, el Cuenca Tenis y Golf Club en la parroquia San Joaquín también ha puesto su contingente, para que se vaya consolidando la imagen de la ciudad como emporio del deporte.
Cultura-deporte-turismo
Según la Organización Internacional del Trabajo (OIT), es el eje cultura-deporte-turismo, el que impulsa y dinamiza poderosamente el desarrollo de los pueblos.
Por eso, el presente y el futuro que se vislumbra para Cuenca a través
del CAR no puede ser más auspicioso, con la multiplicación de su capacidad de
alojamiento. Los huéspedes internacionales y deportistas de élite que residirán
en el CAR serán los mejores promotores turísticos de la Ciudad Patrimonio
Mundial de la Humanidad,
de su cultura e historia.
Seminarios, congresos, certámenes y competencias deportivas, traerán un buen número de visitantes. Los cuencanos se verán motivados a mantener la imagen de una ciudad ordenada, limpia y libre de contaminación.
Sus 2.500
metros sobre el nivel del mar y un clima templado han
hecho de Cuenca un lugar privilegiado y único; encontrándose inmerso en la
frescura de un aire puro, como resultado de la conservación de un medio
ambiente sano.
Estas condiciones naturales son consideradas las más idóneas en el mundo, debido a que aumenta la hemoglobina en la sangre, mejorando el sistema pulmonar y respiratorio de los deportistas y aumentando su rendimiento.
Los Juegos Sudamericanos
Cualquier enumeración no será suficiente para dejar constancia de una
realidad, Cuenca es la Olimpia
del Ecuador, el lugar en el que residen los héroes por mérito propio.
Hay que recordar que Olimpia, el emplazamiento de los juegos olímpicos que celebraban los antiguos griegos cada 4 años, estaba situada en un valle al noroeste del Peloponeso. No era una ciudad, sino un santuario, con edificios relacionados con la celebración de los juegos y la adoración de los dioses. Lugar sagrado, contenía muchos tesoros del arte griego, como templos, monumentos, altares, teatros, estatuas y ofrendas de bronce y mármol.
Asumir este mismo sentido de sacralidad para Cuenca, en comparación con
Olimpia, puede parecer polémico, pero los habitantes de Tomebamba se lo han
ganado con cada gota de sudor que hace honor al esfuerzo desplagado para
conseguir siempre lo que se han propuesto.
Es la ciudad “cargada de alma” la que hace 10 años hizo realidad los VI Juegos Sudamericanos, que llevaron a un nivel de excelencia todo el progreso que hasta entonces había conseguido en el campo deportivo, porque no se pueden soslayar los Juegos Bolivarianos de 1985, la Copa América de 1993 o el Mundial de Fútbol Sub-17 de 1995, de los que fue sede.
En octubre de 1998 se marcaron hitos. La ansiada paz definitiva con el
Perú se firmó en Brasilia el 26, en pleno apogeo de los Juegos. Como no
recordar el abrazo de la deportista peruana Eliana González y el ciclista
ecuatoriano Francisco Encalada, en el juramento deportivo durante la ceremonia
inaugural, aquel miércoles 21 de octubre de 1998.
El país cantaba a la unidad nacional con el desfile de la antorcha sudamericana que la portaron Rolando Vera, Mario Pons, Andrés Gómez, Jorge Delgado, Mariuxi Febres Cordero, Diego Xavier Tamariz y Jefferson Pérez.
El primer oro se lo llevó la ciclista venezolana Karelia Machado (jueves 22) y la patinadora argentina Andrea González fue la reina al sumar 14 medallas doradas, siendo designada por la prensa internacional como la “mina de oro”.
En una crónica se reseñaba así
el triunfo del campeón olímpico, Jefferson Pérez, en los 20 km marcha (jueves 29 de
octubre de 1998): “Todo aquel que miró a Jefferson puede estar tranquilo. Goza
de salud y es un buen hijo de Cuenca. Doña Lucrecia con los ojos del alma habrá
mirado a Jefferson en una celestial presentación. Este Jefferson no merece un
monumento, él mismo lo es por su jerarquía. Y mientras esté bajo el capulí y en
la ofrenda de los ríos de su amada Cuenca, será suficiente con verlo bien,
lleno de vida y entre los brazos que, partiendo desde El Cajas hasta El
Descanso, lo saben íntimamente suyo”.
Las novedades tecnológicas estrenadas durante los Sudamericanos impulsaron a la ciudad de Cuenca a entrar en la era de Internet. Para los cantones golpeados por el fenómeno de La Josefina, Paute y Gualaceo, fue la oportunidad de demostrar que se habían recuperado del desastre.
El Polideportivo de
Totoracocha, el Patinódromo, la pista atlética “Jefferson Pérez”, también cumplen
10 años. La capital azuaya es la ciudad de la paz, la Olimpia del Ecuador, por
su infraestructura, la enorme calidad de sus deportistas, el esfuerzo de sus
familias y la visión de futuro de los dirigentes deportivos.
La recuperación de la memoria es una tarea que todavía no se emprende. Son los recuerdos individuales los que aportarán al proceso de la historia, entendido como juicio final, que finalmente emitirá su veredicto. Por lo pronto, en este documento quedan pinceladas, apenas esbozos, de los hechos para que cada quien juzgue con equidad y certeza. Que se deje invadir por un poquito de fiebre.
Fuentes:
- Revista Olímpica. Conrado Durantez. 2002.
- De los Nombres de Cuenca. Juan Cordero Iñiguez. Quito 2002.
- El idioma español en el Deporte. Agencia EFE. Madrid-1994.
- Departamento de Prensa y archivos de FDA.


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