Disquisiciones en torno a la palabra cultura
Jaime Torres, psicólogo clínico. Facilitador en el Taller Internacional sobre Centros Interculturales Comunitarios, organizado por el Ministerio de Cultura, en la ciudad de Otavalo, en febrero del año 2009.
1.- Recuperar la memoria
Vamos a discutir algunos elementos que son vitales ahora, en el momento que nosotros vivimos como país y uno de esos es la cultura, escenario donde se construye el tejido de la vida. La cultura en sí misma es la vida. No es otra cosa que una creación del mismo ser humano; porque cuando salió a la naturaleza, el ser humano entra en un estado de soledad y al no poder domar a esa naturaleza, necesariamente creo otra y esa fue la cultura. De alguna forma, la cultura es el lugar donde nosotros vivimos y por eso constantemente se transforma. Una de las condiciones es que la cultura es finalmente el devenir del ser humano. Es lo que el ser humano quiere ser.
Eso nos conduce a lo que actualmente se proyecta en nuestro país, como un intento de pensar una forma de vivir distinta. Eso significa pensar una cultura diferente. Si queremos vivir distinto es necesario pensar la cultura y al pensar la cultura, estamos pensando en el buen vivir. Intentar definir el “buen vivir” es bien complejo. En el mundo andino es el concepto filosófico del “sumak kausay” o el “ally kausay”, que es también ese concepto europeo de la “vida buena”, el progreso. Todos los grupos humanos en determinado momento quieren vivir bien y alrededor de eso estructuraron la cultura. Por eso tenemos una multiplicidad de culturas. No hay una cultura única. A lo mejor, la cultura que nosotros tenemos es una multiplicidad cultural. De alguna forma, no hemos logrado el buen vivir a partir de negar la existencia de otras matrices culturales, de negar la diferencia, la diversidad.
Ese es el lugar desde el que vamos a intentar generar un espacio de reflexión. Muchos solemos llegar a espacios de reflexión para tratar de encontrar fórmulas, estrategias, del hacer. La mayoría de la gente acude a un seminario para que le digan que es lo que tiene que hacer. Ese es un error, porque es bien colonial. Implica negar la condición de la experiencia que hemos tenido en nuestras prácticas sociales, alrededor de la gestión de la cultura. Las experiencias de otros espacios son positivas y a veces llega alguien a contarnos esa experiencia y pensamos que esa verdad va a calar en la verdad o en la situación real que estamos viviendo. Eso es un grave error, que nos ha pasado en educación, salud y en la gestión cultural. En la educación intentando estructurar modelos o paradigmas, que han funcionado en otros lugares, pero que aquí son un fracaso. Creo que eso hay que ir superando solamente a partir de reflexionar las experiencias vitales que hemos tenido. Es decir, recuperar la memoria.
Es lo que plantea el mundo andino, no podemos ver el futuro sino regresamos a ver el pasado, porque nuestro futuro tiene un pasado. Eso es lo que tenemos que reflexionar y en función de esos aprendizajes ir constituyendo lo que necesitamos, como base infra-estructural en la que se puede sostener un nuevo proyecto de vida. La gestión cultural se vuelve vital, porque es ahí donde se van a construir posiblemente todos esos nuevos discursos que están emergiendo en nuestros escenarios. Eso significa cambiar la mirada ilustrada de la cultura, porque en los países latinoamericanos es una especie de copia bizarra, que se decantó finalmente en la espectacularización, que se reduce a ciertas cosas que son bonitas, pero que no dejan de ser eso… bonitas, porque muy poco han aportado realmente a la transformación.
2.- Cultura: el mundo de la vida
El mundo de la vida, ¿qué es eso?. El vivir es consecuencia del morir. No
habría vida si uno no se muere. Alrededor de la muerte se construyó el sentido
de la vida. Y el ser humano cuando se dio cuenta de que vivía, lo que intentó
es extender la vida y al querer extender la vida, quiso explicar la muerte. La
primera forma de explicación de la muerte y de la vida es la religiosidad. Es
una de las “estructuras arcaicas” (que nosotros llamamos en la psicología),
porque todo ser humano la tiene incorporada desde que se da cuenta de que vive,
porque nadie quiere morir. Solo los que se suicidan quieren morirse, pero
porque ya no les queda otra, es decir, ya no hay posibilidad para ellos de
seguir pensando la existencia como algo bueno, para ellos la existencia se
convierte en un malestar, por eso quieren morir.
En el fondo la vida es eso, es consecuencia de darnos cuenta de que vivir es bueno y de que morir es lo que menos queremos como seres humanos. A partir de eso se han ido construyendo conocimientos, ritos, lenguajes, justamente para explicar la vida y tratar de que eso sea una constante y nos queda como legado para las generaciones que vamos llegando. Las nuevas generaciones a veces no podemos elegir donde o que queremos vivir, es una de las paradojas que ocurre en este proceso de la vida, entonces el niño cuando nace está fuera de la cultura. El primer contacto que tiene con la cultura es la madre.
Podemos hablar de que existe una “biocultura”. ¿Porqué?. Porque el niño para existir necesita el cuerpo de la madre. ¿Porqué necesita el cuerpo de la madre?. Porque todavía como es guagua no puede alimentarse solo. La madre tiene que alimentarle. La madre es la que le protege, la que le cubre, la que le ama, la que le da calidez. Cuando va creciendo la calidez se transforma en restricción, en prohibición y ahí es donde se introduce la cultura.
Esa biocultura con la madre, es a más de esa cuestión de bienestar que vive
el niño, formas de malestar con respecto a las restricciones, porque la guagua
ya no puede decirle a la mamá que quiere comer a cualquier hora, sino que tiene
que comer a la hora del almuerzo. Antes la guagua podía comer a cualquier hora,
dormir cuando él desee, ir al sitio que él quiere, pero después ya la madre le
pone restricciones:
- “¡Espérate guagua que ya vamos a almorzar!”.
- “Pero es que tengo hambre”.
- “¡Espérate!”.
- “¡No corras!”.
- “¡No saltes!”.
- “¡Obedece!”.
- “¡Saluda!”.
- “A ver, aprende a cantar”.
- “A ver, baila”.
- “A ver, aprenda a cantar”, le dicen.
- “A ver, baile”.
La guagua va incorporando todas estas cosas, hasta que conoce al papá. La
mamá le presenta al papá. Le dice:
- “Él es tu papá”.
¿Si han oído cuando los guaguas lloran?. Entonces las abuelitas dicen:
- “Vaya y engáñele a la guagua”.
Vivimos del engaño y eso es una cosa bien rara. Esta es la cuestión, son cosas de nuestra cultura. La mamá le presenta al papá y el papá es más formal. Ahora los papás son más cariños, ya les abrazan a las guaguas, juegan con ellos, pero siempre el padre será algo externo al niño, hasta cuando ya le incorpora completamente, porque después la guagua le niega a la madre, quiere ser como el padre. Ahí tenemos una primera forma de negación de la cultura. ¿Y la mujer, también niega a la madre?. Sí. Es parte del proceso de la autonomía, es parte de la cuestión de la identidad. Ya lo otro, cuando se estructura como forma ideológica, es distinto; cuando a la mujer se le dice que es inservible. Como decía Sepúlveda en la época de la colonia, que la mujer es imperfecta. Ser humano para él era el hombre. Las mujeres tenían condición de criaturas. El proceso de socialización se convierte en una construcción ideológica.
En el padre el niño encuentra otra referencia, porque tiene otras
características que le hacen posiblemente un poco más atractivo, pero cuando el
niño sufre retorna a la madre. Cuando llueve, un terrible trueno, rayos, ese
ruido terrible, la guagua puede estar con el padre, pero le suelta
inmediatamente y sale corriendo donde la mamá. Usualmente las guaguas se
agarran de la pierna de la mamá. Esa es la cuestión de una especie de deseo
inconsciente de retornar a la madre, por lo tanto es retornar a la cultura.
Por eso es que hablamos que la cultura es el mundo de la vida. Allí encontramos nosotros calidez, relaciones y sufrimientos. No hay cultura que esté llena solo de valores, hay antivalores también. Está llena de sufrimientos porque están ligados a las restricciones. En cada momento de la historia nosotros vivimos formas distintas de sufrimiento. A eso es lo que denominó Sigmund Freud “el malestar de la cultura”. La cultura, si bien surge para darle calidez al ser humano, permitirle el mundo de la vida, también le genera malestar. Cuando ese malestar es mucho más poderoso que el bienestar, que esa calidez, ahí se generan las transformaciones. Por lo tanto, sería entrar en una nueva forma de cultura.
Por eso es el tema del mundo de la vida, por eso es que hablamos de que la
cultura está fuera de nosotros, está fuera del sujeto, porque en ese proceso de
contacto con los otros, primero aprende con la madre, con el padre luego, con
los hermanos, con los vecinos y con las instituciones. Ahí recién incorporamos la
cultura, la hacemos nuestra y entonces podemos decir “yo soy y estoy”. El niño
por ejemplo, jamás dice “yo” hasta por lo menos los tres años. Siempre habla
del “mí”. No existe el yo para él. Más o menos cuando pasa los tres o cuatro
años, allí ya habla del yo. Incorporó la cuestión de la cultura. Entonces “yo
estoy, yo soy”. Allí aparecen la identidad y la cultura.
3.- El espacio y el tiempo
Cómo se producen todos estos elementos es lo importante. ¿Cómo se produce
todo el proceso?. El sostén de la cultura son el espacio y el tiempo. Ese es el
sostén de la cultura. En términos reales lo único que existe es el espacio. El
tiempo es una construcción de los seres humanos. El tiempo y el espacio son una
sola cosa. ¿Cómo medimos el tiempo como seres humanos?, ¿cómo damos cuenta que
el tiempo pasa?, ¿cómo nos damos cuenta que nosotros vivimos el tiempo?. Porque
vamos creciendo y obviamente envejeciendo, estamos más adultos. Somos menos
jóvenes. Ahora hay miedo a envejecer, porque esta cultura gira en el miedo a la
muerte. La muerte nos aterra y al aterrarnos necesitamos lo joven. Yo tengo un
compañero que le aterra hablar de la edad que el tiene, del paso del tiempo, el
nunca celebra los cumpleaños; el siempre hace fiestas para los amigos. Esa
cuestión del envejecer a la gente le aterra. Aterra el nacer y aterra el morir.
Nuestros países se han despreocupado de los niños y de los viejos. Cuando un
país no da cuenta de sus guaguas y de sus viejos no existe, porque no ha
pensado el tema de la vida.
El tiempo nosotros lo vivimos en el cuerpo, desde ahí hemos ido estructurando la cuestión de esta significación de la vida. El tiempo y el espacio son una sola cosa. No hay espacio sin tiempo porque nosotros los humanos no podemos ver el espacio sino desde el tiempo, del cual no podemos salir porque toda percepción es figura cronal, que viene de cronos, el tiempo. Esta lectura se percibe solo en la sucesión temporal. La sucesión temporal es que siempre vivimos el pasado, porque en términos de lo real, el pasado es lo único que existe. ¿Porqué?. Porque lo podemos recordar.
Imaginen una relación de pareja en la que solamente hablan por teléfono y
hablan de problemas. Cuando se sientan a conversar alguna vez sobre la
experiencia del afecto, no saben que conversar. No hay muchas, no hay abrazos,
no pueden hablar de eso que es extraordinario porque no hay recuerdos. Por eso
para nosotros se nos hace difícil el conocernos, cuando llegamos acá, porque
somos cuerpos extraños. Estamos sentados, separados. Cada uno es un individuo con
un pasado diferente. Tu pasado es distinto al pasado del otro. Ahí vamos
encontrando esta cosa extraordinaria que es lo que acabo de decir. El pasado es
lo único que existe. Ahí vamos encontrando esta cosa extraordinaria, que tiene
que ver con lo que era.
En la cultura que nosotros vivimos ahora, vivimos un presente continuo, no hay pasado, estamos llenos de eventos, la industria cultural nos ha impuesto esa mirada del evento, todo es evento. Se acabó la imagen de la televisión y nosotros continuamos con nuestro ritmo, no ha pasado nada. 25 gentes mueren arrastradas por un alud y el hecho existe, pero creo que un millón de guaguas mueren al año en este continente, al año y nada pasó. No hay pasado. Vivimos la condición de un presente continuo y esto es grave. ¿Por qué?, porque el presente es incertidumbre, sin embargo el presente es real, lo vives, pero no sabes que va a pasar. El presente lo vivimos pero no lo notamos. El presente es el futuro del pasado. No sabemos qué va a pasar en el presente, esa es la incertidumbre, eso es lo que viven ahora los jóvenes, por eso es difícil trabajar con ellos el tema de la identidad, porque viven un presente continuo, son más mediáticos y el pasado no les pertenece.
Las familias de los migrantes, que no tienen un pasado construido, están en
otro espacio, en otro tiempo y cuando ya se reúnen en casa hay un espacio y un
tiempo no vivido, no compartido, no hay pasado, no es experiencia vital y
además es disfuncional. Verán como son las mamás a veces, la guagua le pide permiso
para ir a una fiesta y la mamá le dice:
- “Espera a que llame tu papá para que le pidas permiso”.
Y el papá está en Italia. Hay cosas que están incorporadas en nuestra
cultura, que hacen que todavía sigamos el ritual del permiso. Habla el papá y
le dice:
- “Papá me voy a una fiesta, deme permiso”.
El papá responde, desde Italia,
- “Pregúntale a tú mama. Si tu mamá dice que te vayas, entonces bueno”.
Cuando ellos se reunifican, no hay la experiencia, hay un vacío, porque no
se vivió de cerca, no hay. Es otra forma de familia. Miren como es esta
cuestión del pasado y el presente.
¿El futuro existe?, ¿porqué?, porque el futuro es real sin que lo hayamos vivido, porque está imaginado, está en la fantasía, que es una de las cosas importantes que construye el afecto, hablamos del amor. ¿Cómo llega a ser pareja la pareja?, porque fantaseamos, tenemos sueños “húmedos”, porque fantaseamos y cuando uno conoce a alguien, imagina una serie de situaciones y cuando ve, también traza una estrategia, que es lo que le voy a decir, como le voy a decir y justo cuando estoy con ella todo lo que pensé decirle ya no le digo, porque la cercanía me llena de angustia. El futuro existe en la medida en que nosotros lo pensamos.
Estos tres elementos, el pasado, el presente y el futuro, son necesarios
para mi existencia. Estos tres elementos, en función de que vamos teniendo
nosotros contacto con los objetos, nos permiten desear y al desear nos permite
construir. ¿Cómo hicieron canales de riego en el mundo andino?, con toda una
ingeniería y una estructura impresionantes. ¿Lo pensarían o sería así no más?,
lo desearon, algún deseo, ¿cuál era ese deseo?, el agua como una cuestión
vital, pero sabían qué más arriba ¿cómo subo el agua de acá?, ¿qué es lo que
tenían que hacer?, fantasear, es una cuestión de la fantasía, así se construye
el conocimiento, porque el conocimiento se construye a partir del deseo.
Si nosotros no deseamos vivir, si no deseamos tener una vida distinta, no podemos fantasear. Eso es lo que les pasa a muchos jóvenes ahora, todo está dado, entonces ¿para qué fantasear?, hay guaguas que piensan que la carne se fabrica en el Supermaxi. Esa es una cosa bien rara. Le dices vamos a hacer un caldito de gallina, sacas la gallina y le cortas el pescuezo, pero la guagua no te come eso, les aterra. Claro que es aterradora la muerte, pero ¿comes o no comes pollo?.
Se han ido fracturando las experiencias vitales, por eso es que es bien
difícil ahora ir construyendo otros futuros, nuevas fantasías. Cuando alguien
dijo:
- “Murieron las ideologías, es el fin de las utopías”, nos dijeron;
- “Ustedes ya no van a fantasear, ya no van a imaginar, ya está todo dado”. Falso.
Esto es muy importante, está unido el recuerdo con la expectativa, el
pasado con el futuro, en esta condición pasado-imaginación-deseo-futuro.
Este es el devenir en el movimiento, esto es lo que nos permite a nosotros
movernos, estar siempre en movimiento. La cultura siempre está moviéndose,
transformándose. Es dialéctica.
4.- Aquí, allá y más allá: los tres grandes espacios.
Hay tres grandes espacios: el aquí, el allá y el más allá. El aquí
es el presente, el lugar en el que estamos viviendo, el mundo de los signos. El
aquí es la incertidumbre. El allá es lo imaginario. ¿A qué me refiero
con el imaginario?, es el significado que nosotros tenemos de todo lo que hemos
vivido. Allí está toda la cuestión de la ideología. Está toda esa
incorporación. El tema de la mujer. Si usted le pregunta a una guagua:
- “¿Qué tienen que hacer las mujeres?”
- “Cocinan, hacen la comida...”
Porque el referente es la mamá o la señora que le atiende en la casa, o la
abuela, entonces ya está incorporado. Cuando llora la guagua, ¿qué le dice la
mamá o la abuela?:
- “Ya no llores que pareces mujer”.
Esas cosas tan sutiles reproducen ese imaginario. Tiene un pasado. Todas
nuestras prácticas culturales surgieron en algún momento bajo una emergencia o
urgencia social. Todas las palabras tienen una historia, todas las prácticas:
la medicina viene del latín, el trabajo del médico tiene una historia porque
surgió en un momento específico, debido a una urgencia social y se incorporó al
plano de la actitud. Cuando se cambiaron esas perspectivas religiosas de
entender la enfermedad y la muerte, surgió la profesión del médico. Con las nuevas
máquinas y nuevas formas de producir, hubo la necesidad de crear escuelas. Todo
lo que nosotros vivimos surgió en una urgencia o emergencia social y esto nos
transfirió las palabras y las palabras el imaginario.
Cuando hablamos de gestión cultural surgió en un momento determinado en el Ecuador. Este discurso de la gestión cultural apareció con mucha fuerza en los años 60. No es que no ha existido, ha existido siempre, estaba en la época de los esclavos, estaba hace 100 años, hace 200, hace 300, pero hay grandes momentos, de convulsión social, en los que hay una necesidad de pensar otra cultura. Siempre ha habido esto. Pero este concepto de gestión cultural no tiene sino unos 50 años, pero surgió por algo, habría que ver esa historia, para ver qué tipo de imaginario surgió.
Y está el más allá, que es el misterio, es la trascendencia, la
religión, lo filosófico. Alrededor de la vida-muerte, el misterio, es donde más
producción literaria, musical, se da. Las bellas artes en un momento específico
giran y producen en torno al misterio, el querer contar la vida, la muerte.
Ahora todo se produce porque ya no hay misterio. Esto del misterio tiene que ver con lo erótico, por eso la mujer es un misterio y el hombre es un misterio para la mujer. Es el misterio de la vida. Esto estuvo en manos de los religiosos, de los filósofos, son los que piensan el misterio, el más allá.
El aquí es lo orgánico, la realidad, es el instante. ¿Cuál es mi aquí?. Es
nuestro cuerpo. No como quisimos, pero cuerpo al fin. Es lo orgánico, es la
realidad, son los otros objetos que tenemos ahí, las piedras que están en el
camino, el agua, todo eso es el aquí. Es el mundo de los signos que podemos
mirar, tocar. El allá es lo psicológico, lo psíquico, no en el sentido clásico,
sino más bien está ahí el sentido de esos objetos que están en el aquí, lo que
significan para nosotros, la parte subjetiva. Está el tema de la relación en el
allá. Es algo así. Un amigo se rompe una pierna, entonces uno va a visitarle.
El europeo le dice a uno, bueno que te pasó, me rompí una pierna y se le hace
un “reprisse” completo. Un europeo llega y le pregunta, cinco minutos, bueno
que te mejores y se va. Pero como uno es bien latino, le vamos a visitar al
pana que se rompió la pierna, uno pregunta que pasó y el empieza el relato y se
va, y nos relata todo, entonces para el la rotura de la pierna tuvo que ver con
toda esa cosa, esa carga afectiva, de relaciones, para él todo eso es
consecuencia de la rotura de la pierna. Tenemos nosotros esa forma de explicar
las cosas y eso es re-latino.
Para nosotros los latinoamericanos desde nuestra parte andina, entendida como la tierra, entendida como un todo, estas cosas tan ricas que nosotros tenemos incorporado nos hacen ver una vida distinta. Cuando peleaba con mi mamá, porque yo soy mal genio, me decía:
- “Ve hijito no seas mal genio, mejor estate tranquilo porque después algo
te ha de pasar”.
Entonces lo que me pasa es por culpa de mi mal genio. Y a veces es tan tenaz, tan fuerte este sentir, que finalmente algo tenía que pasar. Eso también tiene que ver con el sentimiento de culpa, todo lo que nos pasa, culpa. Tenemos mucho sentimiento de culpa, todo es bajo la culpa. Si me río demasiado, mejor me quedo callado porque algo me va a pasar. Nos negamos la posibilidad de la alegría. Somos una cultura que nos encanta hablar. Y eso es lo más extraordinario que tenemos. Después de estos dos días de tanto hablar, finalmente nos vamos a quejar, no hicimos nada. Porque así somos nosotros.
Como proceso histórico vamos construyendo las cosas con el vivir diario,
con el hacer. Muchos entendidos de la planificación, de la gestión, dicen que
somos bien improvisados. Y no es así, porque tenemos una lógica de pensar las
cosas, diferente, distinta. Tenemos una forma de percepción de las cosas de una
manera totalmente extraña. Cuando se estudia planificación, hay una cosa bien
sencilla que es el marco lógico, pero para nosotros es ¡qué complicado!, eso de
estar pensando paso por paso lo que vamos a hacer. Finalmente nada de eso hacemos,
pero se logra el objetivo. Han llegado expertos internacionales, de todos lados
y a darnos seminarios, de horas, de días, sobre planificación y ellos no
terminan de entender, como es que aquí resultan las cosas sin planificar.
Entonces se jalan los pelos.
Así somos nosotros. Esa más que una condición de empezar a mirarnos, sería empezar a entender y a lo mejor eso propondría otras cosas más riquísimas de los seres. Vivimos mucho de la eventualidad. Nuestras casas son como la Basílica de Quito, interminables de construir. Duran años de años, como decía mi abuelita, empezamos carrera de caballo y parada de burro, de nuestra casa hacemos lo que alcance y son como la basílica, 100 años de construcción, después nuestra casa terminará de construirla la tercera generación.
Somos bien complejos, nosotros vivimos una pragmática distinta. A los
europeos cuando construyeron su matriz cultural, no es que a ellos se les
ocurrió y ya, no, a ellos también les pasó lo mismo. Pero su matriz cultural va
en otro orden y nuestro proyecto cultural va en otro andarivel. Nadie puede
explicar cómo es que han caído tantos gobiernos, sin que haya muertos. Es una
ironía, que en la última caída se mueren dos personas y una de ellas es un
chileno, cualquiera debería esperar que se muera un ecuatoriano, pero se muere
el compañero chileno, que era más ecuatoriano que chileno, pero esa es la
paradoja, se muere de un ataque al corazón. Y la segunda víctima es una señora
que iba a respaldar al que le botaron y le pisa el carro en el que ella venía.
Y cuando uno conversa con compañeros extranjeros, dicen yo no entiendo tu país,
porque en mi país hubiera habido una cantidad de muertos impresionante. Nadie
entiende. Son paradojas. No digo que no somos violentos, aquí somos bien violentos,
porque cuando uno está molesto le grita a la guagua, cuando tiene que ir a la
escuela, ya carajo toma rápido el desayuno y la guagua no entiende que tiene
que ir a trabajar, porque ellos tienen su ritmo. Y si es necesario le hace
tomar el agua hirviendo. Somos violentos. Somos cosa seria. Pero tenemos otras
formas de entender la vida. El ecuatoriano tiene su ritmo, va más lento, pero
tenemos otras formas de expresión de expresión de la vida. No somos tolerantes,
más bien somos conformistas.
Tenemos la mala costumbre de amarnos todo el tiempo, nosotros sí nos amamos y claro este sistema castiga siempre lo que pregona, “amaos los unos a los otros”, pero no nos dejan, porque el amor en nuestro país es clandestino y esta es una de las cosas más extraordinarias que tenemos y por esa razón políticamente las mujeres tienen otra perspectiva, son avezadas, las mujeres son las únicas capaces de dar la vida, los hombres la mayoría nos hacemos los pendejos. Políticamente son bien peligrosas.
5.- Las cuatro escalas del tiempo
Ahí tenemos las cuatro escalas del tiempo. Esto es muy importante. La primera es la percepción, el ahora, es el espacio y el instante, este nivel es acrónico, es sin tiempo, es en el momento, es una acción sin historia. El problema allí es la orientación del caso delictual. ¿Qué significa esto?. Digamos que estoy esperando el bus, como ahora ya tenemos un poco de desconfianza en el otro, estamos angustiados. ¿Que es lo que pasa allí?, es ahistórico, no entiendo, no logro decodificar rápido. Si se acerca alguien y dice señor no sea malito deme leyendo esto, que pasa, te haces para atrás. Porque como ya tenemos un montón de experiencias fijas, transmitidas como autoreferencia, le damos una significación. Tenemos una duda, el señor está ahí, uno no sabe. ¿Es posible estéticamente reconocer a los ladrones?. No. Es una lógica desde la ideología.
Un proyecto de prevención de violencia intrafamiliar. ¿Porqué la violencia
intrafamiliar?. ¿A dónde vamos primero a hacer el proyecto?. A las zonas
marginales, porque claro como “esa gente” si es ignorante, no es estudiada,
allá vamos. Es decir, muchas de estas cosas que suceden son acrónicas.
Comienzan a bañarse de significaciones y de ideologías que circulan entre las
personas. Esta cuestión de la violencia intrafamiliar, ¿dónde se hace?. Se ha
hecho en las familias pudientes, en algún colegio de élite. Esto de la
prevención de la violencia intrafamiliar, es imposible. ¿Hemos hecho en
nuestras familias investigaciones para saber cómo son las relaciones de género?.
No hay como. Imposible y eso que las denuncias de violencia son más en las
familias de clase media-alta.
El segundo nivel es el acto, la tarea, la trama cotidiana, el espacio en la casa. Es la repetición. ¿Qué es la casa?. Cuando digo me voy a mi casa, mi llacta, mi barrio, mi zona, mi caleta, ¿porque le damos tantas denominaciones?, porque es la cuestión de la proximidad, es el lugar donde sentimos seguridad, acogimiento y ahí está el tema de la hospitalidad, de las relaciones, está todo. Las relaciones interculturales. Es la trama social. La cuestión del hacer. De todos los lugares en los que estamos es el más hospitalario. Esa es la casa. Necesitamos ir construyendo una sociedad hospitalaria. El tercero es el tema del destino como proyecto de vida. El cuarto es el tema de la trascendencia, de la memoria histórica. Investigar para aprender. Recuperar el saber ancestral, el sentido filosófico de la vida. Que es lo que uno puede aprender de aquello. Hay que plantearse el tema de la participación.
6.- La
gestión cultural y los centros culturales.
Una gestión cultural para la salud, una gestión cultural para la producción, una gestión cultural para sistemas educacionales y que de alguna manera va a estar encaminada a la cultura del individuo, que es la que más ha estado ahí, que ha costado muchísimo, pero acá no es de rasgarnos las vestiduras, pero hay que empezar a reflexionar desde otros lugares.
Para nosotros
hablar de las culturas, es preciso hablar de la vida y por eso es que a partir
de eso nosotros podemos hablar de la salud, o lo que nosotros diríamos la
perspectiva de una vivencia saludable es precisamente replantear la cultura.
Entonces implica entrar en las relaciones, la producción de saberes, implica pensar los comportamientos y decantar, en última instancia, lo que llamamos la cuestión de la trascendencia y para nosotros la trascendencia en el plano de lo cultural está justamente en el tema de la música, de la plástica, en la poesía, ahí, es donde trascendemos, pero se vuelve trascendente en tanto nosotros pensamos el tema de la memoria, pensamos el tema del mundo y allí está de alguna manera y la preocupación de mucha gente.
Decimos que un
centro cultural tiene que trabajar el arte, que es la mirada práctica, pero ¿y
las narrativas?, ¿de dónde vienen?. Por eso es que la cuestión de esta mirada
tiene otra dinámica, implica empezar a mirar otros espacios que no han sido
mirados para la gestión cultural y que nos van a generar conflictos, pero esa
cuestión del conflicto no está en el plano de la pelea, llamamos conflicto a
ese momento en el que necesariamente nos va a generar un rechazo, que implica
esas prácticas viejas reemplazadas por prácticas nuevas, pero que también
implica volver a esas otras prácticas que hemos olvidado y que han sido extraordinarias
y eso implica investigación. Si no investiga no se puede crear la razón y la
gestión cultural como centro de las prácticas necesita investigación y esto es
lo que muy poco se ha hecho
Muy pocas experiencias han basado su trabajo en la investigación, pero no en el sentido empírico, hacer una cuestión de solamente un paneo de la cultura, sino que está en el plano de los sentidos de la significación, es decir, la comprensión de esos lenguajes con respecto de algo. Son esas comprensiones que nosotros tenemos y como en el plano de lo cultural queremos aportar con una narrativa que nos permita ir alcanzando esto que es una construcción, porque el buen vivir es una construcción, que de alguna manera nos va a permitir reducir siempre situaciones que nos generan malestar.
Es como en el
equipo de fútbol, que se llama Club Deportivo Social y Cultural, todo separado,
lo social separado de la cultura. Implica ir con la gente reflexionando y eso
implica generar sistemas educacionales.
Otro ejemplo es el carnaval, cuando hablamos de culturizar, pero más bien es el tema de moralizar el carnaval, quitarle el concepto de salvaje y por eso hay que hacer un baile de disfraces o las comparsas, las reinas. Pero el agua para el mundo andino tiene la cuestión de la sanación, es la purificación y de ahí vienen muchas de estas prácticas.
La gestión
cultural implica trabajar todo un proceso de narrativas que permitan la
re-significación de la cultura, la re-significación de las palabras. La única
forma de entender al otro es a través de su realidad, porque allí está la
cuestión de su cosmovisión, el sentido de la vida, que es para es cultura y esa
cultura nos dejará siempre algo para aprender y transformar la forma de vivir.
Entonces cuando hablamos de la correspondencia a mi me parece súper difícil ese concepto, porque es cuando uno hace el favor, hazte el favorcito, claro dices y entonces haces el favorcito, pero usted nunca está esperando a que le paguen, sino que en algún momento le va a retribuir, tarde o temprano, y a veces uno dice si con los extraños hace uno eso, no se diga con los cercanos, pero con los cercanos le llaman ellos corrupción, entonces es una cosa rarísima, porque si yo le ayudo a mi hermano a hacer un trámite es corrupción, es muy riesgoso.
Esa mirada de
volverle aséptica a la práctica de los otros para mirar que mi práctica es
corrupta, realmente corrupta porque me enriquezco con el trabajo de los otros,
eso le vuelve aséptica a la sociedad. Entonces se habla del tema del
compadrazgo como si fuese algo nocivo.
Altero Mofas, uno de los más reconocidos psicoanalistas argentinos, reconocido como psicoanalista, pero negado en la academia, hizo un trabajo de psicoanálisis con las madres de la plaza de Mayo, decía una cosa que me parece siempre chévere, “los psicólogos sociales aparecieron cuando desaparecieron los espías”, la cosa es linda, cuando ustedes dicen el “activista cultural” es como este espía. Usted está aquí y vienen a contarle cosas para que usted les diga que es lo que tienen que hacer. Viene entonces la vecina que está al lado del centro cultural y le dice vea no sabe lo que me pasa, pero usted que me recomienda. El centro cultural es el lugar donde la gente quiere hablar, se vuelve terapeútico.
Esa es
justamente la cuestión, permitirle a la gente tener ese espacio para que nos
comparta la vida y a eso le llamamos investigación, porque a lo otro lo
llamamos extraer porque hay una unidad de investigación extractiva. Voy y pido
esto, extraigo esta cosa, me hago un billetito con este proyecto, promuevo el
turismo que de paso no le deja nada a la gente lo que las empresas turísticas
realmente hacen. Esta extracción.
Hay que tener mucho cuidado con los otros, el otro me comparte su vida, su cultura me comparte y eso es hacer interculturalidad. Por eso la interculturalidad siempre será lugar de conflicto, porque la interculturalidad es entender en el plano de la política. La interculturalidad es una estrategia política para alcanzar nodos. La interculturalidad está en la ley porque es necesario, porque estamos en el tema del estado nación, estado de derecho y lo que no está en la ley no existe. Pero ya existe, ya está en la ley y eso es bueno.
Pero, por ejemplo, en una constitución de Costa Rica decía que es derecho inalienable del hombre corregir a la mujer. Así decía. Como estaba en la ley, en la constitución, pobre compañeras, les rompían la cabeza.
Lo que está
ahí en el marco jurídico existe, lo que no está ahí existe. Lo que está en los
medios de comunicación existe, lo que no está no.
Ahora en la Constitución están todos o al menos la mayoría. Esa es la paradoja porque dice que hay que tomar en cuenta a las minorías. En la del 98 la minoría indígena, si me explico. A la minoría de las mujeres, cuando ellas en realidad son la mitad más uno, hay más mujeres que hombres y eso es extraordinario, porque mientras más mujeres la vida es más alegre. Ustedes son la vida, sin ustedes no hay vida.
Lo que está en
la ley existe y sobre ese marco nos permite a nosotros movernos. Porque usted
puede pararse de cabeza reclamando lo que quiera, si no está en la ley o en el
marco jurídico no es posible.
Hay condiciones de hecho y hay condiciones de derecho. Las condiciones de hecho nos conducen al derecho, que es lo que ha sido, parte de toda la historia de nuestro país se resume ahora en la Constitución, que ya es algo. Pero falta todavía. Es obvio, porque nosotros siempre estaremos buscando la manera de mejorar el vivir, dentro de la cultura.
Como
instrumentalidad es necesario ir encontrando ese paraguas, para que esa
experiencia nos permita la instrumentalización. El hacer haciendo. Hay que
hacer una reflexión constante sobre los temas de la vida. Ahora ya hay un
respaldo jurídico para promover en las ciudades procesos como los centros
culturales, porque antes tocaba andar pidiendo por favor preste ese cuartito
para que allí funcione la gestión cultural, o los municipios nos daban un
espacio, los corredores, o las canchas deportivas. O el de la cultura, que
venga, que venga este rato, a ver que desea señor alcalde, necesito que me haga
un festival, ya la cuestión de los equipos, contrate a estos cantantes, a estas
tecno-cumbieras para tener yo más votos... ¡se acabó la cultura!.
No han habido espacios y muchos espacios de la cultura han sido por gestión de la gente, porque han visto allí el espacio de la cultura para transformar las relaciones sociales.
Muchos de
ustedes vienen de esas experiencias. De eso ya hay un conocimiento, una
memoria, que nos va a permitir este re-aprender, hay una estructura, hay ese
proceso que me parece una cosa extraordinaria porque antes no nos paraban mucha
bola que digamos.
Un pueblo que no re-significa su memoria, sus lenguajes, sus historias, está condenado a desaparecer en el más grande de los anonimatos.
Hay dos
concepciones de cultura en todas las exposiciones que ustedes han manejado, dos
miradas. La que más aparece es la mirada de la cultura desde la perspectiva de
la administración, es decir el concepto de lo culto. Este es un concepto de
orden colonial. De hecho, el concepto de cultura surge precisamente en una
especie de radicalización de la vida a partir de la conquista Y del siglo
XVIII.
El concepto de cultura surge para identificar aquellas poblaciones que están ubicadas en la periferia, específicamente para mirar al otro que está en condiciones de inferioridad. Así de simple es. De hecho allí está el tema. El concepto de cultura ha servido para legitimar un proceso de jerarquización y estratificación de la sociedad. Lo culto está relacionado con el concepto occidental de civilización. La civilización está ligada al desarrollo de la razón y al desarrollo de la técnica.
Aquellas
poblaciones que no han desarrollado la “razón”, la razón occidental en
particular, que no han desarrollado tecnología y alrededor de la tecnología la
economía, etc, son consideradas como poblaciones no cultas, es el concepto de
ignorancia el que aparece.
Lo civilizado está en el ejercicio de la razón, por lo tanto, la cuestión instintiva como condición de negación de la civilización implicaba pensar en que todas las poblaciones que están fuera de lo civilizatorio tienen una tendencia a la desviación. Por eso es que cuando nosotros intentamos abordar el tema de la violencia intrafamiliar, del alcoholismo, en otros espacios, inmediatamente asociamos al tema de la ignorancia, como lo no razonable, lo no culto, por lo tanto, lo que no encaja en el proceso de la ilustración.
Kant pensaba
que los negros son entrenados. ¿A quienes se les entrena?. A los animales. Por
eso nosotros tenemos el concepto de crianza en nuestras casas. ¿A quienes se
les cría?. A los animales. Estás criando un animalito.
- “¿Usted a que se dedica?, le preguntamos a una mamá”.
- “A la crianza de mis hijos”, responde ella.
Entonces está
criando animalitos. La crianza implica dotarle de algo de razón para evitar la
desviación.
Hay que trabajar mucho este concepto de la cultura. La cultura es para evitar que las poblaciones se desvíen, para evitar la delincuencia, para evitar la desviación moral que está ligada al alcoholismo, a las adicciones, a la violencia, el mal uso de la propiedad.
- “¡Claro, es
que como es un ignorante!, ¡cómo va a vender!”.
Entonces hay que capacitarle, ¿en qué?, en la cuestión de manejo contable, en administración, en sumar, restar para que haga bien los negocios, administre bien su propiedad. Eso es parte de este concepto de la razón.
Todo proyecto
cultural estaba ligado a eso, a sacarle de la ignorancia a esta pobre gente que
es la que no nos permite a nosotros el progreso. La “Alianza para el Progreso”
vino con ese concepto. Toda la cuestión del “Instituto Lingüístico de Verano”,
era justamente para sacarle a la población de ese retraso histórico, producto
de esa ignorancia, para que nosotros podamos tener acceso al progreso.
Esa es la concepción de cultura que más encontramos. Cuando alguien afirma aquello de la cultura ligada al turismo, sigue siendo esa misma mirada de cultura ilustrada. Pero ahora la cultura del otro se convierte en mercancía. Es algo que se puede comprar y vender. Cuando se habla de turismo comunitario, es eso, el otro tiene que vender y es una nueva forma de extracción. Todo lo que ha existido o existe se convierte en mercancía. El interior de nuestro cuerpo es una mercancía, antes nos vendían completamente, pero ahora nos venden por partes. Los futbolistas se venden por las piernas, al ingeniero le contratan por lo que piensa y si es que tiene buenas piernas el ingeniero, mejor todavía. Y si es ingeniera le contratan por la estética, no por lo que piensa. Todo el cuerpo se fragmenta, se fractura y se convierte en mercancía. Así está el mundo de la vida, el mundo de la vida ahora se ha transformado en mercancía.
Cuando
hablamos de turismo y cultura, estamos hablando de convertir a esa cultura en
mercancía. Pierde el valor histórico-político.
Por esa condición de cultura ilustrada había también esa condición del evento cultural. Todo se vende en relación al beneficio. Cuando dicen es para esa cuestión del proselitismo político, es como a través del cantón, de una buena danza, de una cosa tan bonita, yo me beneficio. Es una cuestión de narcisismo personal, por eso la industria cultural está ligada a eso.
El nudo
crítico es ¿cómo generamos un primer proceso en esta imagen del centro
cultural?. Una primera cosa que hay que trabajar es una re-significación de la
cultura. Es una de las cosas en las que hay que ponerle mucho énfasis, mucho
trabajo y eso implica trabajar en el ámbito de una nueva externalidad. La
cultura está fuera de nosotros. Y eso es raro, porque no es que uno nace con la
cultura, la incorporamos, por eso hablo de una bio-cultura. La guagua nace con
la mamá, porque la mamá es la que le protege, es la que le permite ingresar al
plano de la cultura.
Esto que digo va entrando en el plano de la cultura se llama internalización, pero para que se logre una internalización, se hace necesaria la institución en este proceso. La madre deja de ser ese contacto, esa cuestión única con el hijo en términos de cuerpo, para convertirse en institución y que luego tomará la forma de familia.
Las madres
tienen toda la carga discursiva de esos imaginarios de esa forma de vivir.
Gracias a nuestras mamás somos neuróticos. La tesis que se manejaba era que
para instaurar nuevos procesos civilizatorios hay que matar al padre, se
pensaba que en términos del psicoanálisis había que generar un parricidio,
matar al padre para que se transforme el proceso social y no es así. Porque la
madre es la que permite que nosotros entremos a la trama de la cultura, es la
que nos lleva, es la que nos engaña para llevarnos a la escuela, porque nuestra
mamá nos dice.
- “Vas a ir a la escuelita, vas a tener bastantes amigos, lindas cosas, te van a enseñar”.
Entonces la
guagua se ilusiona, llega a la escuela y encuentra a una señora inmensa, gorda,
cabreada, que lo que primero le enseña es a formarse
- “cállese, silencio”.
Empieza todo
el proceso de educación y la mamá es tan perversa que cuando la guagua llega
triste, le dice:
- “A ver, ¡qué te pasó!”.
- “Me habló la profesora”.
- “¡Algo has de haber hecho!,¡ tienes que ser obediente con la profesora!”.
La madre
representa literalmente la cultura, entonces hay que matar a la madre.
Esa es la metáfora, no digo que si está viva todavía su madre vaya y le mate. Ahí está el plano de la narrativa que implica la generación de una nueva cultura. Si por un lado tenemos esta mirada de cultura ilustrada que es la que está internalizada en nosotros, por otro lado, las experiencias sobre todo de las periferias, de estos subalternos que dicen algunos teóricos, nos está demostrando que hay otros locus de enunciación, otras narrativas, otras palabras y ahora estamos entendiendo el mundo de la cultura, como un mundo de significaciones, un mundo de sentidos.
La madre es la que nos permite a nosotros tener el sentido de la vida, la madre nos hace racistas, las guaguas no son racistas, ojo. Hay este chileno, que se llama Humberto Maturana, es un tipo extraordinario, un biólogo que se dedicó a la filosofía, que dice:
“Nosotros somos animales
compartidores”.
¿Cómo entender eso?. La guagua está comiendo y si le quiere a alguien, saca el bolo alimenticio -para no ser groseros- y le da, le dice “toma”. Y la única que recibe es la abuela, el taita no hace eso, además le dice “no seas puerco”. Ese acto que hace la guagua, de dar, implica esa condición aglutinante que nosotros tenemos como seres humanos. Nuestra cultura andina es una cultura aglutinante. Siempre estamos cargando gente. Hay alguien que está solo, la gente le llama o se acerca. No permite que el otro esté solo. Según datos de la OMS, entre Europa y EEUU existen 400 millones de esquizofrénicos. En una proyección que ellos hacían entre el 2004 y el 2009, se presumía que el 70% de la población iba a visitar por lo menos una vez al terapeuta.
En América Latina
no pasa eso, es bien raro. Aquí hay un esquizofrénico por cada 200 o 300
habitantes y no va donde el psiquiatra, está ahí, generando sus locuras en el
barrio, porque la gente le acoge, le acolita. Es la redistribución de la
locura. La cultura latinoamericana, por ser una cultura aglutinante, no permite
que suceda eso que está sucediendo en otros países, el crecimiento de la
esquizofrenia.
Pero ahora ya estamos empezando a vivir esos síntomas. ¿Porqué?, porque se están fracturando los vínculos familiares, comunitarios, cada vez más aparecen lugares cerrados, es decir, vamos entrando en procesos de angustia cada vez mayor. La gente siente el encierro y nosotros no podemos vivir del encierro, no podemos hacer eso. Siempre necesitamos de los otros. Uno por más triste que esté no se va a la tienda a comprar una media de Zhumir, siempre vamos a buscar al pana para que nos acolite.
Psíquicamente
no soportamos la cuestión de la frustración, entonces ¿qué hace el ser humano
biológicamente?, se crea una realidad para no estar angustiado, sobre todo
frente a la condición de la muerte. Lo que el esquizofrénico hace es crearse
una realidad, no voluntariamente, para poder vivir
Nosotros estamos convirtiéndonos en una sociedad que ya no nos preocupan los viejitos y eso es grave, porque primero estamos matando la memoria histórica y la otra y eso es interesante, ahí está la cuestión de la migración, lo que está acumulado con lo de no ser productivo, tiene que juntarse con lo que está abandonado. Entonces son los abuelos con los nietos.
El momento que
se da la reunificación, es una ruptura terrible, tanto para los viejitos como
para los nietos. A tal punto que hay jóvenes que se han ido uno o dos meses,
están allá con los taitas y se regresan porque les extrañan mucho a los
abuelos.
Más que la figura partena o materna, a mí más me interesa el tema de lo que representan. La madre representa la cultura, el padre representa la administración de la cultura, además es una cuestión femenina. La Iglesia, femenino, es una madre. ¿Administrada por quién?. La cultura, femenino, ¿administrada por quién?, por el Ministerio de Cultura. La democracia, administrada por el Estado.
Y como digo,
hemos ido construyendo, pero no estamos conscientes de los significados, uno no
es consciente. Ahí está en el lenguaje y eso es muy importante ir discutiendo
el tema de las palabras, hacer estos acercamientos, estas proximidades, porque
si nos permite a nosotros ir entendiendo cual es esa nueva narrativa, construir
una nueva narrativa de la cultura y la cultura como un mundo de
significaciones.
Cuando hablo del mundo de significaciones, es que la madre por ejemplo le permite a alguien encantarse con el conocer. La primera fuente de conocimiento del niño es la madre, es el cuerpo de la madre. La guagua le explora, le huele, es una cosa bien interesante. El punto de referencia de la guagua es siempre la madre. Por ejemplo, cuando aprende a gatear, es una cosa bien simple, le deja ahí a la guagua, él le regresa a ver y empieza a gatear y si la mamá se mueve un metro no más, llega el gugua que ya trazó su trayectoria y no le ve a la mamá, entonces empieza a llorar. Entonces la mamá le dice hey acá estoy. Esas son las referencias, ahí está la narrativa.
Eso tiene que ver con la cuestión del deseo de conocer. La cultura debe ser ese mundo de significaciones que nos impulsa a desarrollar el deseo por la “epistemofilia”, que es el amor al conocimiento. Ese amor al conocimiento implica conocerse a sí mismo como primer escenario. Esa es la epistemofilia.
No digo conocerse a sí mismo en el sentido de la lógica individual europea. Seguimos necesitando de la identidad y la identidad es colectiva, nosotros no podemos construirnos solitos, porque eso es imposible. Ahí aparece una de las primeras paradojas de América Latina, nosotros tenemos una multiplicidad identitaria, somos un montón de cosas.
El francés Jacques Lacan dice que hay una “multiplicidad yoica”. Nosotros tenemos una multiplicidad yoica, porque somos un montón de cosas. Esta es nuestra identidad. Cuando decimos que no tenemos identidad porque somos un montón de cosas, esa es nuestra identidad. Algo así como Lucifer, porque es el que más nombres tiene. Dios solamente tiene dos o o tres. Yavé, Heová, el Sin Nombre. El diablo tiene un montón de nombres: Lucifer, Satanás, Demonio, Belcebú, etc y es tan importante que todo el mundo le nombra. Y tiene que ver con el placer.
Pero en realidad Dios y el Diablo son una sola cosa. Nosotros tenemos una condición arquetípica. Es lo que Young llama “el arquetipo del anciano”, que representa el tema de los dioses, ahí está la fuente del placer, que implica que los dioses tienen el conocimiento y el don de la vida. Ese es el placer. El conocimiento tiene que llevarnos a la producción de placer. El placer no en el sentido cristiano, sino que placer implica la cuestión del bienestar, estar bien, la vida buena, el Sumak Kausay, es un montón de cosas. Tratar en lo posible de ir eliminando situaciones que generen malestar, a pesar de que el malestar también nos conduce al conocimiento.
Nosotros
vivimos mucho de los miedos, tenemos muchos miedos. El mundo andino dice que el
miedo nos conduce al conocer, en el mundo occidental el miedo es una estrategia
de control, en el mundo andino el miedo es el que nos permite conocer.
Miren la cuestión de las palabras, de la significación. Un primer escenario que hay que trabajar es esta re-significación de la cultura, una nueva mirada sobre el mundo de la vida y que nos conduzca esto precisamente al placer, al bienestar.
El trabajo, y hacíamos
una diferencia, ¿el artista trabaja como artista o es artista no más?, ¿qué
será?, ¿se vive de la música?, de la poesía ¿para qué?, es el plano de la
trascendencia, ¿se vende la pintura?, esta es una paradoja, porque mucha gente
quiere vivir del arte, que me paguen por lo que hago, por lo que me gusta,
¿porqué?. Porque hay que vivir. El tema es vivir, no pecar. ¿El estado cuida de
los artistas?. Ni fregando.
Ahí aparecen dos cosas, la primera la re-significación en torno a la actividad del arte como trabajo. El trabajo como transformación de la naturaleza. Dentro de ese plano está la cuestión del vivir. Porque hago relación a esta mirada ilustrada, porque se está en la busca de talentos. Sin esta condición del talento no puede ingresar en este proceso. Se produce un arte para el entretenimiento y este a su vez como mecanismo para evitar la desviación. Por eso es que se hacen proyectos para los jóvenes. Esta mirada ilustrada nos dice, si tienes en tus manos, haciendo esto, tienes menos tiempo para pecar.
Esto según lo
que se propone, porque uno mentalmente trabaja con los jóvenes. Es toda una
cuestión difícil, porque se está manejando la vida. Pero es la institución la
que me dice, primero a cuántos jóvenes. Si hay 30 para darte el billete, si hay
menos de 30 cerramos el proyecto. Esos son los indicadores. Sigue siendo una
cuestión infantil. No está la cuestión esa del espacio para vivir mejor.
Discutía alguna vez con una señora, esposa de un oficial del ejército, que vino a verme algún rato y ella decía que quería hacer un proyecto lindísimo con las personas con discapacidades, con talleres de artesanía, etc. Y yo le decía, ¿porque no hace talleres de informática?, porque se tiene la creencia que el problema de la discapacidad física es un tema de discapacidad mental también.
Entonces,
todos los proyectos culturales ¿para quién?, para los pandilleros. Para evitar
la desviación, es esa mirada ilustrada, no es ni siquiera para pensar la vida.
El trabajo es abordar la cultura como significaciones. Allí están los temas de la memoria histórica, las tecnologías, los saberes, los usos de los espacios, las plantas, las relaciones, pero es justamente dar ese salto como la re-vitalización de estos procesos culturales, darle a la humanidad un legado histórico.
Es contribuir
a que la sociedad con estos presupuestos filosóficos, de manejo de nuestras
tecnologías, la mirada sobre el tema de la vida, le permita a los otros también
repensar. La cultura como una condición de significaciones de la vida implica
hacer contribuciones para pensarse como sociedad. Ese es el gran trabajo. Ese
es el primer paso.
Un segundo elemento es que no existen ejes programáticos. ¿Qué significa eso?. Hay algunos elementos que me parecen importantes. Se habló de la interculturalidad, de la cuestión ancestral, de la creatividad, de patrimonio, chévere, eso está bien.
Pero ¿en
dónde?. Se necesita situar un lugar. ¿Cuáles son los lugares?. La salud, la
educación, la producción.
Si hablamos del saber ancestral, la mashua. Es como una papa, es un tubérculo. Ese alimento en Imbabura, la mashua, disminuía los riesgos de cáncer. Desde que comenzó a abandonarse la mashua en la dieta alimenticia, comenzaron a crecer los índices de cáncer de estómago.
Ahí está la
cuestión de la ancestralidad ligada al tema alimenticio y al tema de la salud.
Ese conocimiento está contribuyendo a pensar como sociedad.
Volviendo al tema del turismo, hay que repensarlo desde el tema de la intencionalidad. Tú tienes una intencionalidad. No estoy diciendo que el turismo sea malo, no. Estoy diciendo que se reduce al plano de la mercancía como una cuestión para ser observada. No me contribuye. En esta condición cómo me genera interculturalidad. Porque aquí en Otavalo circulan gentes del mismo país, pero también de otras culturas. ¿Cómo mi cultura o esas culturas me contribuyen y dialogan?. Porque lo que menos hacemos aquí es dialogar y la interculturalidad es una cuestión de diálogo cultural. Por eso está en el plano de la política y eso implica redistribución del poder.
A excepción de
Preciado, el ex-ministro de cultura, ¿qué personas de otras culturas han estado
en cargos importantes exceptuando los últimos 4 o 5 años?. No hay más. Es como
en la UNICEF, ¿qué comisionado hay mujer, los altos comisionados de la ONU? y
sin embargo son los que más recursos generan para hablar sobre temas de género.
Entonces no hay una redistribución del poder.
El tema del diálogo intercultural implica una redistribución del poder, pero no significa la administración financiera, sino la condición de la toma de decisiones sobre el tema de la vida. Esa es la participación. La participación no está en el tema de crear más espectáculos. Cuanta gente convocamos, 3.000 dicen, entonces hubo una gran participación. ¿Para qué?. El tema está en la toma de decisiones.
La cultura y
la gestión cultural tienen que ser ese lugar en el que ha través de reflexionar
y conocerse se tomen decisiones. Porque se supone que ahí está la revolución,
si no es revolución, puede ser cualquier cosa menos revolución.
La interculturalidad no es el encuentro como vitrina, que está en el plano de la circulación, si no es la capacidad que nosotros que nosotros tenemos de encontrarnos con los otros para decidir cómo queremos vivir. Ese sería el tema de la participación. Muchas de las cosas que ustedes hacen son las estrategias, ustedes saben cómo hacer, el problema son las concepciones, son las visiones, son los discursos, es un problema teórico, no es un problema técnico o instrumental.
Tenemos el
tema de las concepciones, que ya vamos a ver como se traduce eso. Lo otro es
como ha sido considerado justamente el tema de esa mirada ilustrada, que es lo
que hace que surja esa administración de la cultura, y la administración de la
cultura es esa, la gestión. ¿Qué vamos a gestionar?, al otro, vamos a
administrar al otro, vamos a administrar los saberes del otro. Pero aquí hay
dos tendencias, la una que es la burocratización, que no es tener bastantes
trabajadores. Aquí hay bastantes trabajadores se piensa, la burocracia, porque
hay bastantes empleados. No, no, no, la burocratización es la incapacidad que
se tiene para decidir. El funcionario no puede y corre a decirle al director,
como el director tampoco entiende llama al técnico del Ministerio, y el man
como tampoco entiende le pregunta al subsecretario y el subsecretario al
Ministro y el Ministro como no puede hacer mucho, manda a otro Ministerio, el
de Economía para ver si hay plata, pero como ya no hay plata, el Ministerio de
Economía dice no hay plata.
La familia ampliada le ha permitido terapeúticamente sostenerse a América Latina. Es la que ha manejado una serie de estrategias terapeúticas que hacen que nosotros no enfermemos. La cultura popular ha sido eso. La mal llamada cultura popular, concepto que surge en la academia como una cuestión de pensar lo no culto y lo no masivo. Ahora hay que administrar la cultura popular. Por ahí hacemos concursos de teatro de la calle, pero el rato que hacemos concursos de teatro de la calle dejó de ser teatro de la calle. Es una reapropiación. El poder lo que hace es reapropiarse de las expresiones culturales que emergen de los que están excluídos del poder y se apropian. El pasillo ya no es nuestro, es de la élite, por eso hacemos el festival de oro del pasillo en el Centro Cívico de Guayaquil. Hacemos el festival de la tecno cumbia en el aniversario Otavalo. Seguimos en esta cosa, la cuestión del concepto de la cultura popular desde estas manifestaciones que pueden incluso generarnos recursos, también está tapada por la industria cultural.
Esto vinculado
a la burocratización, a esta incapacidad que nosotros tenemos de desarrollar
pensamiento autónomo y toma de decisiones, jodido, no avanza, se estanca.
Este proceso de burocratización pasó a ser resignificado a través de un nuevo modelo de administración, que es la tecnocratización. Ahora todos somos técnicos. Todo tiene que ser planificado. Estamos jodidos. Eso con jerarquías. Todo este proceso de jerarquización con estas nuevas concepciones del conocimiento, el plano del conocimiento, nos genera una nueva división intelectual del trabajo. Entonces para ser gestor cultural no necesitas sino ser bachiller nada más. Porque eres el que va a sacarse la madre en la comunidad. El técnico planifica y hay un departamento de planificación. Todas estas cosas están bien, el problema es como todo eso redistribuye el poder. El compañero tendrá como 20 años de experiencia en gestión, pero no dispone, porque hay siempre un estudiado y el estudiado no entiende. Es como cuando uno va con los estudiantes ahí en la universidad, vamos a las comunas, y alguna vez fuimos al mercado central, porque yo quería pegarme una corvina, que no es corvina sino tiburón o cualquier otra cosa y los panas van contentos, porque vamos a hacer una salida al mercado, porque estábamos hablando bastante sobre lo que significan los lugares y los no lugares. El lugar como lugar de encuentro. La mayoría de las mujeres fueron en calentador, se habían puesto los zapatos más viejos que tenían, porque, porque iban al mercado. Son los prejuicios. Porque nos van a robar, porque la gente es... los prejuicios. Vamos al mercado y yo a comer, entonces me ven me dio raro porque esta gente nunca hace eso. Luego reflexionamos. Huy que linda gente, una maravilla, nos hemos equivocado, pero lo que si les hace falta es amor.
Me explico.
Los técnicos están viviendo la realidad desde su realidad. Tienen un prejuicio
y a partir del prejuicio planifican. Eso es porque a ellos no se les alfabetizó
antes. A los técnicos hay que alfabetizarles, hay que sensibilizarles, panas
que nunca antes han caminado por caminos empedrados, la realidad termina en el
mall, hay termina la realidad de los técnicos.
El planificar es importante, el tener criterios técnicos es vital, el problema es que a veces esos conceptos, como el que viene de ese concepto de la alta cultura no encaja en la realidad que se vive. Planificar es importante, no digo que no, pero la tecnocracia a reducido el tema de la vida a la planificación. ¿Y cuáles son los criterios?. Haber donde hay más población, aquí, ya entonces aquí hacemos. Los otros como son menos, no, no, no, entonces que réditos tengo. Es una cuestión de réditos políticos ligados al tema de la planificación, planifico mis réditos. Es una cuestión también colonial.
Hay un montón
de cosas que no pasan por una discusión. En los hospitales los enfermos ya no
son enfermos son usuarios. En los hospitales privados son clientes. En la
educación es igual. Sigue siendo esa misma lógica.
El pensar el tema de la cultura como un mundo de significaciones, en el tema de la gestión es importante la planificación, pero no se puede planificar desde esos criterios.
El Ministerio
tiene dos herramientas que son vitales. La primera el marco filosófico, que
antes no existía, entonces era cualquier cosa. Lo importante ahora es que hay
un marco filosófico. Ese es nuestro paraguas, en el cual vamos a movernos. La
segunda es que, si hay una normativa, mal o bien existe. ¿Que es lo que ustedes
van a trabajar?. Eso que se proponen bajo su experiencia, debe tener insumos de
ustedes, que es lo que se proponen, existe un algo y a ese algo hay que ponerle
un espíritu. Las herramientas para hacer ese algo, ustedes ya las saben, ya
tienen esa experiencia. No debe haber un encuentro con alguien, para que les diga
esto tienen que hacer, porque eso es bien colonial. Nadie les puede enseñar ha
hacer gestión cultural, porque si no ¿la experiencia donde queda?. Nadie les
puede decir cómo gestionar la cultura. Uno cosa es compartir y otra que te
vengan a decir, vea así se tiene que gestionar la cultura. Por eso se pelean
con la suegra, porque viene y dice así hay que hacerla la comidita a mi hijo,
así hay que plancharle el pantalón a mijo. Y ella se traga, porque por el
marido hay que aguantar. Hasta cuando sale a la tienda y se va diciendo, vieja
esta, vieja loca, allá en la tienda va y
se desahoga. Y cuando regresa, suegrita como está. Aquí nos pasa igual. Cuando
hay alguien a quien decirle no se le dice y cuando salimos despotricamos contra
todo el mundo. Eso es un problema.
En las familias con dos culturas, los niños no se hacen líos. Los guaguas son serios. Para ellos es una sola cosa. Cuando eres guagua no entiendes la diferencia. Nosotros hacemos la diferencia. Es como cuando les digo a mis estudiantes, a ver longo venga un ratito y se ponen rojos de la ira, porque te enojas, porque me viene a decir longo. Entonces ahí yo les cuento una experiencia. Venía un señor en un bus y se chocó contra un señor en un taxi. El del taxi que puede bajar más rápido que el del bus se baja airado y le grita -longo hijo de puta- y el chofer del bus baja y le responde -cual longo- y se van a los puños. No le dolió que le digan hijo de puta, le dolió que le digan longo. Porque es tan natural que no entendemos, lo que es lo mestizo. Pero ser mestizo ahora es algo malo, para los unos -es que los mestizos son así-, y usted que es indio, blanco -soy mestizo-. Esa cuestión de lo longo es una cosa lindísima, pero pasa por todo un proceso de resignificación. Para nosotros significa guambra, muchacho, muchacha. Uno decía voy a verle a mi guambra y por los prejuicios – para los quichuas este es marica- , porque va a verle a un hombre a un muchacho. Pero nosotros ya hemos resignificado eso, a donde vas, a verle a mi guambra, guambra linda. Nosotros vamos resignificando las palabras. Esa es la resignificación de la cultura.
Hay que
trabajar mucho en eso, hay que darles nuevos sentidos, nuevas significaciones,
el primer trabajo es ese, el tratar de conducir un proceso de significación a
esta nueva mirada de la cultura, sin dejar de lado lo que ya se está haciendo. Las
guaguas son los que menos líos se hacen con respecto a la cultura, porque para
ellos está el placer de estar con los otros guaguas y se comparte. Ahí está la
guagua cayéndole los mocos, que asqueroso, chupando el helado, se limpia y le
da al pana. El otro le limpia así y sigue chupando.
El tema es que una de las estrategias políticas que utilizó el poder, es generar el asco y el miedo con respecto del otro. Ese es uno de los dipositivos del poder terriblemente internalizados en nosotros. Por eso cuando vemos un ratón la gente grita, y porque gritas, porque me da asco. No, me da miedo. Entonces la relación entre asco y miedo son similares, es un dispositivo que utiliza el poder. Es a través de la sensibilización, del encanto con el otro, de encantarse con el otro, de la proximidad y esa es la estrategia que hay que trabajar mucho con las guaguas, porque ellos son realmente la sociedad intercultural. Ya en nosotros es trabajar parámetros de respeto, de ciertos grados de tolerencia, porque ya tenemos nuestra cabeza jodida. Con los adultos es bien jodido trabajar.
Yo creo que
los centros culturales tienen que trabajar sobre todo con las guaguas, con los
jóvenes, porque ellos son la base de la revolución, de la transformación y
tiene que ser aglutinante, el centro cultural no tiene que pensarse ligado a la
marginalidad y todo proyecto cultural a los marginales, porque pobrecitos a
ellos no les llega la cultura. Tiene que llegar la cultura al pueblo, por eso
es que ahora la Compañía Nacional de Danza, está ahí, con el pueblo, dándole
alta cultura, que se culturice esta pobre maza ignorante. Porque a esos
ignorantes hay que darles un poquito de estética, para que se culturice y esa
es la mirada que tenemos internalizada. Por eso es que hay danza y ballet. El
ballet clásico es para las gentes de nariz respingada, los otros que van a
entender, la música clásica, que van a entender. Pero usted le pregunta al
aristócrata y tampoco entendió. Entramos en el plano de los entendimientos. Ni
siquiera la que baila entiende lo que es el teatro o la coreografía.
Al hablar con Paco Salvador de este tipo de cosas, el también ha tenido que pasar años para entender este salto culatitativo. El en sus inicios pensaba desde la concepción de la alta cultura. Para él era importante la técnica, ahora entiende que es importante la narrativa, la significación, el sentido. Ahí está el tema, cómo ir fracturando esto, es con la población con la que hay que trabajar mucho, para lograr este mundo de la vida, este Sumak Kausay, con los niños y los jóvenes y a los viejos hay que sensibilizarles.
Tres cosas hay
que trabajar en los centros culturales:
1.- resignificación de las palabras, de sus sentidos;
2.- en un espacio;
3.- con los niños y jóvenes.
Porque este es un proyecto a mediano plazo, porque el centro cultural es el espacio donde se va a ir completando este falicitar de un nuevo mundo de la vida, trabajar mucho con las guaguas, pero eso no significa dejar a los adultos, a ellos hay que alfabetizarles. Suena feo, pero así es, porque es toda una cuestión de una resensibilización, porque es trabajar sobre la base de otros constructos, los estereotipos.
Para aclarar
un poco hacía alusión al tema de la salud. Otro tema es el de la educación,
pero no en el sentido clásico, conservador, ilustrado, todos son sistemas
educacionales y ahí está el tema de la ciudadanía. Implica trabajar el tema de
género, conocer las otras culturas, es decir, dar los elementos necesarios precisamente
para ir incorporando nuevos constructos y dentro del marco del uso del habla,
del cine, de la música, de lo que sea, esa es la democratización de la vida. Ensayo
“La cultura y la terapeútica”.
Presentación de tres experiencias de Centros Culturales:
-Cañar.
-Oña.
-Pichincha.


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