Ecuador y su proceso económico: los dólares de la discordia

 


Por Cristina Aizpeolea. Periodista La Voz del Interior - Córdoba. República Argentina. caizpeolea@hotmail.com

QUITO, Ecuador (02/06/2002).- Después de 28 de meses de dolarización, Ecuador muestra índices de crecimiento macro económico, pero convive con la inflación, la pobreza y con niveles récord de exclusión social. El desempleo y el subempleo abarcan al 80 por ciento de la población y las remesas de los migrantes son el segundo ingreso del país.

"El de arriba goza, el de abajo sufre y la pasa fatal", resume Alberto Valdéz (39), mozo de un restaurante, cuando le preguntamos de qué se trata esto de vivir en un país dolarizado. Con un sueldo de 121 dólares mensuales -por 8 horas de trabajo por día, seis veces por semana- está claro en qué punta de la dicotomía quedó plantado luego de que el gobierno de Jamil Mahuad dispusiera instaurar el dólar norteamericano como moneda corriente el país.

En rigor, Alberto siempre militó en la base de la pirámide social. Vive con su mujer y sus tres hijos en un barrio periférico y nunca conoció vacaciones glamorosas. Pero según asegura, ahora está peor que hace 28 meses, cuando en vez de dólares, tenía sucres en su billetera. "Lo que pasa es que todo aumentó en dólares y nuestros salarios quedaron duros, congelados", explica.

En Ecuador, esta contradicción entre precios dolarizados a niveles internacionales y salarios achatados a parámetros latinoamericanos aparece en cada esquina. Un litro de nafta, por ejemplo, cuesta 1,20 dólares. Con el mismo patrón de precios internacionales, para comerse un Big Mac en Mc Donald`s, hay que pagar 3,50 dólares. Sin embargo, el policía que vigila en la esquina cobra 150 dólares mensuales, casi lo mismo que algunos jubilados que miran a la gente pasar en la plaza de enfrente. Según el Instituto Nacional de Estadísticas y Censos del Ecuador (INEC), la canasta básica es de 327 dólares mensuales y el ingreso familiar promedio (de los que tienen trabajo) es de 221. De allí que Carlos Cortez, titular del INEC, aceptó en declaraciones periodísticas que los ecuatorianos con empleo pueden comprar 133 productos de los 197 que contiene la canasta familiar.

Por encima de esa línea básica de salario se encuentran, por ejemplo, los profesores universitarios que, trabajando tiempo completo en una institución privada, pueden llegar cobrar entre 600 y 700 dólares mensuales. El sueldo de un médico oscila en los 800 y el de un editor periodístico, en 500.

Al hablar con ellos, todos, invariablemente, aseguran que, hace dos años, con ese mismo dinero hacían mucho más que ahora, ya que los precios y los salarios se desmadraron en una carrera despareja.

Dólares devaluados

"El año pasado, nomás, tuvimos una devaluación del 40 por ciento del dólar, nuestra nueva moneda. Porque a ese nivel llegó el aumento de los precios. Este debe ser el único país en el que se devalúa el dólar, lo que hace que el dinero que yo tenía el año pasado, ahora me alcance para menos, se entiende?", dice Santiago Guarderas, decano de la Facultad de Derecho de la Pontificia Universidad Católica del Ecuador. "Este es un proceso caótico -insiste-, y todavía falta. Porque todavía se están liberando los precios que estaban reprimidos antes de la dolarización para llegar a valores internacionales. Esto va a colapsar".

La distorsión de precios y dólares se ve clarita, por ejemplo, en el bono social que recibe casi un millón de ecuatorianos. Esa ayuda social que, antes de la dolarización era de 100 mil sucres, quedó reducida en la actualidad a 4 dólares mensuales.

"Antes de Jamil Mahuad, el dólar estaba a cinco mil sucres. Pero al dolarizar, se tomó el valor de 25 mil sucres y se cristalizó esa relación. Eso hace que hoy, el bono social sea de cuatro dólares", explicó Marco Navas Alvear, director de posgrado de Derechos Humanos y Democracia, de la misma universidad.

Según Navas, lo mismo ocurrió con los depósitos de los ahorristas que, después de un año de "corralito". Por ejemplo, aquel que tenía cuatro millones de sucres (lo que alcanzaba para comprar un buen auto), terminó recibiendo 160 dólares.

Santo turismo

"Esta es Santa Mariana de Jesús, la primera santa ecuatoriana. Es quiteña y, en vida, había dicho algo que ahora resulta muy actual. Había dicho que nuestro país no se derrumbaría por terremotos o por tragedias naturales, sino por los malos hombres, los malos gobiernos", dice Vilma Silva (21), al pasar por un altar, mientras conduce la visita guiada por la fabulosa Catedral quiteña.

Vilma terminó la tecnicatura en Turismo en la Universidad Central y ahora trabaja como guía, seis días a la semana, por 125 dólares. En el Ecuador dolarizado, el turismo es el tercer ingreso del país, luego del petróleo y el banano (o el cuarto, si se toman en cuenta los dólares que envían los ecuatorianos que viven en el exterior). En el 2001, el sector del turismo aportó 430 millones de dólares, y según la ministra del área, Rocío Vázquez, para este 2002 se espera que esos números lleguen a duplicarse.

Es que con una moneda fuerte en el bolsillo, visitar Ecuador se presenta como una bendición para alemanes, norteamericanos y japoneses. De mañana y de tarde, se los ve paseando en grupos, maravillados por la arquitectura colonial, descubriendo la magnificencia de la cordillera andina o sucumbiendo ante las artesanías de la región de Otavalo.

Aunque para la joven Vilma Silva "es muy poco lo que hacen las autoridades por el turismo", cierto es que se adivinan algunas acciones.

A principios de mayo, por ejemplo, la ciudad de Quito fue sede de una reunión en la que coincidieron 67 alcaldes ecuatorianos para discutir experiencias de turismo local junto a expertos llegados de Brasil, México, España y Colombia. Destacaron la necesidad de desarrollar el turismo sin dejar de atender las cuestiones de identidad, lo que se entiende claramente en un país de neto porte mestizo, en el que conviven más de 15 comunidades aborígenes.

Ecuatorianos for export

Hernán Rodríguez Girón (35) es editor del diario El Mercurio, de Cuenca, una ciudad de 250 mil habitantes, la tercera del Ecuador.

Rodríguez Girón cuestionó la dolarización, porque "aunque los indicadores macroeconómicos suenen positivos, el poder adquisitivo de la gente disminuyó sensiblemente". "Yo vivía mejor antes que ahora, porque mi sueldo se ha reducido a la tercera parte. Y mi empresario tampoco puede pagarme más, porque él tambiénha perdido la tercera parte de sus ingresos", aseguró. En su opinión, sólo las cámaras industriales y los exportadores de Guayaquil celebran la dolarización.

"En una palabra, esto sólo le sirve a la cúspide del capitalismo ecuatoriano, que no miran hacia adentro. Para ellos, la dolarización fue la culminación del proceso de robo", dijo. Con algunas cifras en la mano, aseguró que en gran medida, la dolarización ecuatoriana es sostenida por los migrantes, que trabajan en distintos puntos del planeta y envían remesas a sus familiares.

"Hoy, los migrantes están representando un ingreso de 1.300 millones de dólares anuales. Ese ingreso desplazó al banano. Hoy, las remesas de los migrantes son la segunda cifra del país, luego del petróleo", aseguró.

José Luis Perez (30) es editor de la Revista Judicial del Diario La Hora y también aportó una visión crítica de la nueva realidad ecuatoriana. "Creo que la dolarización ha cambiado radicalmente la cultura social, política y económica del país porque lamentablemente ha generado una desigualdad social demasiado grande", señaló. "El fenómeno fundamental de nuestro país se refleja en la constante migración. Hoy, la migración ecuatoriana es conocida en todo el mundo", apuntó.

 Datos oficiales indican que sólo en España, residen más de 100 mil ecuatorianos. Aunque están dedicados a las más diversas tareas, en su país natal los llaman despectivamente "lame-culos", porque buena parte de ellos terminó empleado en geriátricos o cuidando personas mayores que no se valen por sus propios medios para higienizarse.

Y aunque las estadísticas jamás alcanzarán a dimensionar los dramas humanos que en teoría representan, resulta difícil entender cómo el crecimiento de un país puede conjugarse con el 80 por ciento de la población pobre o desempleada.

O qué puede esperarse de ese crecimiento si, para mantener la dolarización, resulta vital que cientos de miles de ecuatorianos sigan enviando billetes desde sus más diversos empleos, fronteras afuera.

Sin más pretensiones que la de contar su propia experiencia, el taxista, de unos 45 años,arriesgó una síntesis del Ecuador actual: "Es cierto que tenemos estabilidad, pero no tenemos futuro. Ahora tenemos más tranquilidad con los precios y eso es por el dólar. Pero yo antes pude ahorrar y hacerme mi vivienda, y ahora sólo trabajo para comer".

Un país sin clase media

Dolarizado desde diciembre de 1999, Ecuador mostró índices de crecimiento económico de 4 por ciento durante el 2001 y se espera que para este año sea del 5,6 por ciento. Al 30 de abril pasado, la Reserva Moneteria de Libre Disponibilidad (RMLD) se bicaba en 1.124 millones de dóalres, muy cerca del récord de junio de 2001, que llegó a 1.204 millones.

Durante el año pasado, Ecuador vivió un verdadero boom de venta de autos. Según voceros del sector, se vendieron en el 2001 más autos importados de los que se habían vendido en el último quinquenio, pese a que los créditos prendarios e hipotecarios se pactan a tasas del 15 por ciento anual. Si bien la dolarización estabilizó la carrera de precios, la inflación para este 2002 rondará todavía los 12 puntos.

"Es que, poco a poco los precios que estaban reprimidos se van liberando. Y ante esto, el gran problema que tenemos es un clase media inactiva, que prácticamente ha desaparecido", apuntó Pablo Sarzosa Játiva, director de la Unidad de Investigaciones de la Universidad Católica del Ecuador.

En su reciente libro Trazos de la democracia, el investigador Carlos Blasco Peñaherrera presentó los resultados de un estudio sobre lo que ocurrió en Ecuador al cabo de 22 años de democracia. El estudio comparó los índices de crecimiento económico entre 1978 y el 2000, y reveló la caída sostenida de los más pobres y la virtual desaparición de la ya enflaquecida clase media ecuatoriana.

"En 1978, existía un 5 por ciento de clase alta, un 35 por ciento de clase media y un 60 por ciento de clase baja. Ahora, la clase media está representada por un 15 por ciento de la población, y mientras la alta quedó en el 5 por ciento, la baja trepó al 80 por ciento. Se ha dado un corrimiento hacia la pobreza", resumió el autor.

Según Sarzosa Játiva, con la dolarización esta tendencia se profundizó más aún, ya que consagró una relación de fuerte desigualdad. "Nuestra investigación arrojó que actualmente, en Ecuador, existe un 79 por ciento de población desempleada o subocupada", aseguró.

El autor de Trazos de la democracia presentó sus conclusiones a cuatro meses de las elecciones que llevarán a los ecuatorianos a las urnas. "La democracia ha brindado libertades de expresión, y de empresas, pero sólo podremos preservarla eligiendo bien. En algún momento, tenemos que tener en cuenta que el acto de elegir tienen sus consecuencias", señaló en el programa televisivo Primera Hora, de Ecuador (un influyente espacio de opinión que dedicó las últimas entregas a analizar la crisis argentina).

Aunque las candidaturas para las elecciones de octubre terminarán de definirse en julio (luego del Mundial de fútbol al que Ecuador asiste por primera vez en su historia), se descuenta que -gustosos o a la fuerza- todos los candidatos avalarán la dolarización.

El propio ex presidente Rodrigo Borja, que calificó a la dolarización como "una medida demencial" por su capacidad de producir estragos terribles y profundizar la pobreza, sostuvo que salir de ese callejón provocaría un colapso mayor.

A favor

La dolarización, no obstante, tiene un fuerte sustento teórico entre quienes la consideran la única posibilidad de impedir que los gobiernos latinoamericanos sigan emitiendo dinero sin respaldo, generando con ello más inflación y pobreza.

"Actualmente, varios países están comenzando a reconocer humildemente que es mejor tener una moneda fuerte, creíble y estable, aunque extranjera, a tener una moneda artificial y débil que no vale nada, una moneda nacional que no la quieren ni las nacionales", sostiene el doctor José Luis Cordeiro, ecuatoriano, miembro del Club de Roma y autor de El desafío Latinoamericano.

En su artículo "La dolarización en el Ecuador y Latinoamerica", Cordeiro calificó esa medida como una "decisión patriótica y soberana". "La moneda es la principal forma de propiedad privada (ya que todo el mundo tiene algo de dinero) y, sin embargo, es manejada por los bancos centrales tìpicos como si fuera propiedad del estado, con los resultados nefastos que son evidentes para la población entera. A los políticos les gusta manejar el dinero ajeno, a los economistas les gusta manipular las reservas internacionales. No hay nada peor para un político que perder el control de la maquinita para imprimir dinero o para un economista tener que decir que la devaluación será simplemente del cero por ciento con la dolarización", señaló.

Cristhian Bahamonde, subdirector ejecutivo de la Corporación Latinoamericana para el Desarrollo (CLD), también consideró que el país está despegando y lo graficó con la explosión de venta de autos. En cuanto a la inflación, opinó que se debe a la liberación de precios reprimidos que posibilita una economía en crecimiento y, en parte también, a que la gente aún no maneja bien la moneda y no presta la debida a tención a los vueltos en centavos.

Monedas

Durante los primeros tiempos de la dolarización, la Reserva Federal de Estados Unidos no había remitido la suficiente cantidad de monedas de baja denominación, lo que llevó a que en Ecuador, en los hechos, durante un buen tiempo nada costara menos de un dólar.

Para revertir esa cuestión, se autorizó al Banco Central del Ecuador a emitir monedas que, salvo por íconos e inscripciones, son de idénticas características a las americanas. Como rareza, vale comentar que en Ecuador circulan profusamente las doradas monedas de un dólar (emitidas por Estados Unidos), que se espera puedan resistir más en el tiempo que los billetes, que se ajan rápidamente por su incesante cambio de dueño.

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