El rol de los comunicadores en la lucha anticorrupción
Por Hernán Rodríguez Girón -
Silencio
Así como del fondo de la música
brota una nota
que mientras vibra y crece se adelgaza
hasta que otra música enmudece,
brota del fondo del silencio
otro silencio, aguda torre, espada,
y sube y crece y nos suspende
y mientras suben y caen
recuerdos, esperanzas,
las pequeñas mentiras y las grandes,
y queremos gritar y en la garganta
se desvanece el grito:
desembocamos al silencio
en donde los silencios enmudecen.
Octavio Paz.
CUENCA, Ecuador (Viernes, 17/02/06)
1.- El silencio de los corderos
Todos en Machala, en el país, desembocaron al silencio, donde los silencios enmudecen. Todos. Militares y policías, ricos y pobres, los migrantes con sus esperanzas caídas, las autoridades, los ambiciosos. La miseria humana quedó al descubierto, como las cucarachas que corren a esconderse ante la luz, pero esta vez ya no hay donde esconderse porque se murió el padrino.
Es el pavoroso silencio de los corderos, "la omerta criolla", pero en esta peligrosa mezcla de tráfico de influencias, poder, impunidad, corrupción e intereses privados, ¿quién resulta inocente?. Todos los que prestaron al notario resultan ser chulqueros porque estaban recibiendo a cambio un interés usurero. Al final todos estafados, fueron por lana y salieron trasquilados y vienen los lamentos, los recuerdos que suben, asoman las pequeñas mentiras y las grandes.
El silencio es el principal componente de la corrupción, en las tumbas y en las oficinas por donde el billete pasa por debajo de la mesa para alimentar a los pipones, lección de ética y moral, de vida, que dejan los hechos ocurridos en Machala. Ahora, todo el mundo quiere hablar, hacerse visible, contar, en una especie de desahogo, de venganza pública mediática.
Esta introducción es también a modo de "requiem" por los ingenuos y comodones ecuatorianos, que no escarmentaron ni aprendieron nada de la quiebra bancaria en el año 99, antes de abordar el tema "Rol de los Comunicadores en la Lucha Anticorrupción". Después de ver las imágenes, de escuchar los testimonios en las radios y de leer las historias en los periódicos, uno se pregunta ¿donde está la sociedad civil?, ¿donde quedó la solidaridad?, ¿a donde se fue el control público y el social?, ¿son acaso una entelequia, una cosa irreal?.
Frente a los hechos que conmueven a todo el país, ¿que conducta espera la sociedad de los medios de comunicación?; como ya dije, talvez los afectados querrán gozar de su venganza mediática contando con pelos y señales lo que pasaba en el más absoluto silencio, antes de que se muera José Cabrera y los otros querrán saber el chisme al detalle, los relatos truculentos, las minucias, para poder en la intimidad de sus hogares suspirar: ¡qué bueno que eso no me pasó a mí!.
2.- Sobre los membretes
Siempre despiertan mi sospecha los membretes, el cambio de palabras, el reemplazo de los viejos usos por los nuevos, la moda. Hay que diseccionarlos, descomponerlos, para entender que está detrás de la propuesta que en un primer momento se antoja atractiva.
Con respecto al rol, hay dos opciones ateniéndonos a su definición, la primera es el papel que desempeña una persona o un grupo en cualquier actividad y la segunda es la conducta que un grupo espera de un miembro en una situación determinada.
La respuesta más inmediata en cuanto al rol frente a la lucha anticorrución que deben desempeñar los periodistas, es la de denunciar e investigar, habida cuenta que la doctrina jurídica nos otorga la capacidad de hacer "contraloría social".
Ahora quiero detenerme por un instante en la palabra comunicadores y hacer algunas preciciones. Es una moda de los últimos tiempos la de buscar otros apelativos para las mismas cosas de siempre, dicen que para refrescar conceptos, cargarlas de nuevos contenidos, revitalizarlas frente a una realidad que ha cambiado y se mueve a la velocidad de Internet, de la luz.
Un efecto de esa moda es forzarnos a cambiar la palabra periodista por la de comunicador, que no comparto porque es como querer meter a todos en el mismo saco y no es así. Comunicadores somos todos, desde que nacemos, la comunicación como la libertad de expresión, son derechos humanos fundamentales. Todos podemos ejercer esos derechos. Pero es diferente el rol de un relacionador público, de un experto en marketing, de un periodista y del hombre común, el de la calle, todos pueden comunicar, expresar sus opiniones, pero no todos pueden ser periodistas.
Entendámonos bien, ¿qué es para mi un periodista?. Siempre recuerdo la aleccionadora y graciosa anécdota cuando el parlamento español se reunió, creo que en 1999, para debatir la Nueva Ley de Ejercicio Profesional del Periodista y para ese propósito convocó a directores de medios, reporteros, formadores de opinión, gente con mucha experiencia, para que entre todos traten de ponerse de acuerdo en una defición sobre periodista. No pudieron.
¿Alguien entre ustedes puede decirme qué universidad en el país concede el título de periodista?, ninguna. Podemos ser licenciados en ciencias de la información, licenciados en comunicación, pero no periodistas. El periodista no nace, el periodista se hace y ahí está la riqueza de su accionar, aunque por principio siempre me oponga a la colegiatura obligada, pero eso es parte de otro tema.
Entre las profesiones liberales, la de periodista es una profesión extraña, que de forma permanente está en busca de su deontolgía, de su deber ser. Comparte un poco de todas las ciencias y no es una ciencia.
Personalmente he adoptado una definición que me gusta mucho, por todo lo que significa, por todo lo que incluye y excluye. "Periodista es la persona que de una forma constante y remunerada ejerce su Libertad de Expresión en un medio de comunicación". Esto nos excluye de parecernos a las secretarias, a los boletineros, a los parlanchines. Y le otorga una dimensión heroica a la Libertad de Expresión, entendida como debe ser, con su hermanas menores, la Libertad de Opinión y la Libertad de Información.
Personajes como Ignacio Ramonet señalan que, frente al avance de las nuevas tecnologías de la información y la comunicación, que convierten al perceptor en un comunicador, los periodistas en su función de mediadores entre el hecho y su destinatario final, se hallan en vías de extinción, que significa "desaparecer para siempre". Una posición extrema, que no creo que sea tan determinante, porque el mundo del mañana, frente a la lujuria informativa que se vislumbra, va a tener más necesidad de periodistas honestos, que ayuden a separar la paja del trigo. Por eso, no todos pueden ser periodistas, pero los periodistas si pueden ser comunicadores.
El planteamiento "rol de los comunicadores" viene a ser muy generalizante, es como si dijéramos "rol de los ecuatorianos" y como dejé esbozado al principio, los hechos demuestran que ha muchos ecuatorianos les importa un comino comunicar, prefieren el silencio para cometer fechorías. ¿A quién delegar el rol de comunicar si no es a los periodistas?. Además, tienen el respaldo de una empresa que toma la decisión de publicar hechos porque conoce que son pertinentes para la comunidad a la cuál pretende servir, como señala Jack Fuller en su enfoque de noticia.
3.- ¿Qué es corrupción?
Volviendo al principio de esta ponencia, la estafa en Machala y al tema que nos reúne hoy, ahora me planteo ¿qué es corrupción?.
Los acontecimientos en la capital de El Oro quedan fuera del enfoque clásico, porque no se trata solamente de la debilidad de las instituciones y organizaciones del estado que sucumben ante el soborno para beneficiar a un particular. La dimensión de lo provocado por "Don Pepito", es mucho más grave. Aunque el era un funcionario público, su sistema de corrupción que venía funcionando desde hace 20 años era privado. Eso también nos lleva a pensar donde termina lo privado y comienza lo público.
Navegando por Internet, en la página de probidad.org, hallé un interesante artículo del argentino Francisco Suárez, que define a la corrupción como una condición que afecta a un número significativamente considerable de personas, de un modo considerado inconveniente y que según se cree debe corregirse mediante la acción social colectiva.
Suárez también advierte que el problema social de la corrupción es multidimensional y que debe ser entendido desde ese enfoque.
El concepto es incluyente, porque no se limita solo al problema desde lo público, también engloba a lo privado, como en el caso del ex-notario de Machala.
Suárez también destaca que se tiene la creencia de que la acción social colectiva debe corregir a la corrupción, pero ¿qué pasa cuando esta es sistémica, un modus operandi, algo próximo a una idiosincracia?. Es que no se puede entender de otra manera porqué 23.000 personas callaron para obtener pingues beneficios ilegales. Convirtieron a la corrupción en su modo de subsistencia. Vuelvo a preguntarme ¿donde está la sociedad civil o la creencia en la acción social colectiva?.
"El rol del comunicador en la lucha anticorrupción". Cada vez que se repiten sucesos que afectan gravemente a la sociedad ecuatoriana, vale la pena volver a preguntarse sobre el deber ser, de cada uno y de la profesión de periodistas. Talvez estemos sufriendo de forma recurrente el fenómeno de Casandra, la hija del Rey Príamo de Troya, que fue bendecida por el dios Apolo con el don de la profecía, pero como esta se negó a aceptar sus insinuaciones amorosas, Apolo le castigó condenándola a que nadie jamás le creyera, a pesar de que estaba diciendo la verdad. Talvez estemos fallando en nuestra misión de ser los "perros guardianes" de la democracia, en la expresión de Silvio Waisbord.
4.- La fórmula
Rick Stapenhurst cita en "El papel de los medios masivos en el control de la corrupción" la fórmula de Klitgaard que explica la dinámica de la corrupción:
M (Poder Monopólico) + D (Discrecionalidad) - T (Transparencia) = C Corrupción.
En el escándalo nacional generado por la operación financiera ilegal del ex-notario segundo de Machala, se cumple a cabalidad esta fórmula. Llegó a acumular más poder económico que un banco, la discrecionalidad que tenía para manejar esos dineros era absoluta, todo sus acreedores lo apoyaron con el silencio, resultado la corrupción que escala hasta los más altos niveles de la organización social.
Aunque solo sea el ideal, Stapenhurst también hace un repaso sobre los mecanismos que ahogan el fraude y la corrupción.
1 El periodismo investigativo, con sus resultados tangibles (publicación de noticias que pongan al descubierto las condiciones que afectan de un modo inconveniente a los ciudadanos) e intangibles (pluralismo político, debate público, medios independientes y de mano dura).
2 El periodismo como forma tangible para impedir la corrupción. Exposición a la luz pública de acciones censurables y medidas menos espectaculares como hacer visibles los hallazgos de los organismos de control, o favorecer el clima político que fomente cambios en las leyes que son permisivas con la corrupción.
3 Exposición de funcionarios y empleados públicos corruptos, que pierden sus trabajos como castigo por su mala conducta.
4 Generación de una opinión pública hostil a lo "turbio" en los gobiernos.
5 A través de preguntas conseguir una respuesta prioritaria de las autoridades, deseosas de proteger su reputación.
5.- Acceso y libertad de expresión
El mismo Stapenhurst también nos recuerda cuales serían las alternativas para reforzar la labor de los medios y a conseguir una participación más activa de los ciudadanos en el control social. Quisiera referirme a dos de ellas que me parecen las más importantes:
1 El libre acceso a la información pública. Se deben dar algunas condiciones para el libre acceso: estabilidad política, poder judicial independiente y una infraestructura adecuada. Condiciones que no existen en el país, negándosele al ciudadano la "capacidad de obtener información en posesión del estado".
El Ecuador tiene una Ley de Transparencia y Acceso a la Información Pública desde el año 2004. El último reporte de Diario Hoy basado en un estudio de la Corporación Latinoamericana para el Desarrollo, revela que apenas el 5% de 100 organizaciones públicas monitoreadas cumplen con el Art 7 de la LOTAIP, que hace referencia a la difusión de la información estatal en Internet.
2 La libertad de expresión. Como enfoque me gusta siempre citar a la Corte Suprema de Justicia de los Estados Unidos, que en una de sus históricas sentencias señala que solo el debate vigoroso y libre de los asuntos públicos es garantía para la democracia, por más que este debate sea agrio y muchas veces recalcitrante.
El magistrado Brennan en la sentencia del 9 de marzo de 1964, del mundialmente famoso caso Times contra Sullivan, dice textualmente:
"...el debate de los asuntos públicos debe ser robusto, abierto de par en par y sin inhibiciones, y que bien pudiera incluir ataques vehementes y caústicos y a veces desgradablemente mordaces contra el gobierno y los funcionarios públicos".
Y es extremadamente liberal al agregar "que las aseveraciones erróneas son inevitables en el debate libre, y que es menester protegerlas para que la libertad de expresión tenga la latitud que precisa para sobrevivir".
En nuestro país parece que le tenemos miedo a la Libertad de Expresión. Viene al caso comentar que un jurista de Costa Rica advirtió hace un año y medio atrás, durante un foro de la AEDEP, que si alguna autoridad se decidiera a aplicar las leyes desacato que existen en el Ecuador, manda a callar a toda la prensa. Como señaló Fernando Bustamante durante su exposición sobre el Indice de la Sociedad Civil ecuatoriana, en la sala de capacitación de OFIS hace algunos días atrás, existe una especie de "esquizofrenia" jurídica, un quiebre, entre la más avanzada legislación de Latinoamérica en cuanto a los Derechos Humanos, las normas que las contradicen y su casi nula ejecución real en el país.
El Artículo 19 de la Convención Internacional sobre los Derechos Políticos y Civiles, agrega: "Todos deben tener derecho a la libertad de opinión y de expresión; este derecho debe incluir la libertad de buscar, recibir información e ideas de todo tipo, independientemente de fronteras, ya sea oralmente, por escrito, impresas, en forma de arte, o a través de cualquier otro medio de su elección".
Una vez más, frente a los acontecimientos de Machala que se transformaron en un asunto de crisis pública por los afectados que llegan a 39.000, la impunidad mezclada con el silencio y los poderosos intereses de la justicia, los militares y las autoridades locales, confabularon para aplastar la transparencia y negar el derecho a la Libertad de Expresión.
La relatividad de la vida actual, nos permite apreciar la dimensión del cinismo y de la desfachatez, cuando los implicados no son capaces de sostener ni sus propias palabras. El alcalde de Machala y el presidente de la Corte Superior de Justicia de El Oro, dicen ahora de todo y se contradicen, con tal de sostenerse en los cargos. Ellos deben irse a sus casas, porque traicionaron la confianza pública.
Aprovecho la oportunidad para compartir con ustedes algunas reflexiones del Programa de Perfeccionamiento Profesional e Investigación sobre la Corrupción, que auspicia "¡Sí Se Puede!", con periodistas de todo el país. Tengo la manía de coger notas, no siempre de todo, pero las ideas que voy a socializar me permiten extender lo que ya he dicho sobre el rol del periodista-comunicador en la lucha anticorrupción.
Si la práctica periodística implica responsabilidad social, la ética del periodista es su responsabilidad social frente a la comunidad. Este responsabilidad tiene que partir de la obligación de investigar, de recopilar documentos.
Además, la responsabilidad social implica la denuncia de actos de corrupción.
Pero ¿con que valores?. Un ejercicio entre 20 periodistas de Azuay, Cañar y El Oro, permitió la construcción de algunas ideas-fuerza, que coinciden con las propuestas de Stapenhurst. Estas ideas convergen en la necesidad de investigar con responsabilidad para denunciar la corrupción, pero respaldados en fuentes confiables, seguros de que hacemos contraloría social, no valerse de la profesión para alcanzar intereses particulares, desarrollar la autocrítica, tener una gran dosis de autoestima, nunca tapar al poder. El objetivo final es buscar la sanción de los corruptos. Aquí quiero recordar la frase de Benjamín Hernández, que llama la atención y dice "¡Los corruptos deberían apestarnos!", al referirse a que tienen que ser condenados a una especie de ostracismo social, como sucedía en la antiguedad con los leprosos, por la faltas cometidas.
En la actualidad los corruptos son leprosos sociales, que si no se les controla, infectan a todo el cuerpo social. José Cabrera con su muerte terminó embarrando a todos los que se relacionaron con él. El silencio de los inocentes resulta al final más costoso que la verdad, por más dura que esta sea.
- Conferencia dictada durante el acto de premiación del Observatorio de Políticas Públicas Fiscales en el Auditorio del Museo de la Conceptas a los ganadores del concurso “Prevención de la corrupción: legítimo derecho ciudadano”, a las 11:00.

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