Elegía fúnebre a mi madre Isuara Martínez.

 

                 Carmelita Villacrés y sus hijos Isaura Martínez Villacrés y Jorge Martínez Villacrés.

Por Hernán Rodríguez.

ESMERALDAS, Ecuador (9/12/22).- Padre, si es posible, que pase de mí este cáliz. Pero no se haga mi voluntad, sino la tuya. Que tu voluntad se realice en mi obrar cotidiano. Sea agradable o no. Tu voluntad, Señor...

Amor de mi vida, sabes de sobra que tú dolor es mi dolor. Por eso este momento es difícil para mí. Cuánto me quería tu madre y yo cuánto la quería. No estamos acostumbrados a los acontecimientos imprevistos de la vida y sin embargo que se haga tu voluntad Señor y no la mía. La muerte repentina de un ser querido es lo que más duele, esa muerte agazapada a la vuelta de la esquina que no da tiempo para un último hasta luego.

Así nos pasó con nuestro tierno niño Hernán Esteban y ahora nos vuelve a suceder con tú madre, que también es mi madre. Con Esteban hallamos parte del consuelo en un poema y una canción. El poema es de San Agustín, “No lloréis si me amabais”:

No llores si me amas.

Sí conocieras el don de Dios y lo que es el cielo.

Sí pudieras oír el cántico de los ángeles

y verme en medio de ellos.

Si pudieras ver desarrollarse ante tus ojos los horizontes, los campos

y los nuevos senderos que atravieso.

Si por un instante pudieras contemplar como yo,

la belleza ante la cual todas las bellezas palidecen.

¿Tú me has visto,

me has amado en el país de las sombras

y no te resignas a verme y

amarme en el país de las inmutables realidades?.

¡Créeme!.

Cuando la muerte venga a romper las ligaduras

como ha roto las que a mí me encadenaban,

cuando llegue un día que Dios ha fijado y conoce,

y tu alma venga a este cielo en que te ha precedido la mía,

ese día volverás a verme,

sentirás que te sigo amando,

que te amé y encontrarás mi corazón

con todas sus ternuras purificadas.

Volverás a verme trasfigurada, en éxtasis, feliz.

Ya no esperando la muerte, sino avanzando contigo,

que te llevaré de la mano por

senderos nuevos de Luz…y de Vida…

¡Enjuga tu llanto y no llores si me amas!                                               .

y la canción es de Andrea Bichelli en dúo con Sara Brigthman, “Es tiempo de decir adiós”:

Cuando vivo solo sueño, un horizonte falto de palabras.

En la sombra y entre luces, todo es negro para mi mirada.

Si tú no estás junto a mí aquí.

Tú en tu mundo.

Separado del mío por un abismo.

Oye, llámame.

Yo volaré a tu mundo lejano.

Por ti, volaré.

Espera, que llegaré.

Mi fin de trayecto eres tú.

Para vivirlo los dos.

Por ti, volaré.

Por cielos y mares, hasta tu amor.

Abriendo los ojos por fin.

Contigo viviré.

Cuando estás lejana, sueño un horizonte falto de palabras.

Y yo sé que siempre estás ahí, ahí.

Una luna hecha para mí.

Siempre iluminada para mí, por mí, por mí, por mí.

Por ti, volaré.

Espera, que llegaré.

Mi fin de trayecto eres tú.

Contigo, yo viviré.

Por ti, volaré.

Por cielos y mares, hasta tu amor.

Abriendo los ojos por fin.

Contigo, yo viviré.

Por ti, volaré.

Volaré.

Juana Isaura Martínez Villacrés, nació el 24 de junio de 1943. Estaba cerca de cumplir los 80 años. Su nacimiento coincide con el solsticio de invierno en el hemisferio sur, el nacimiento del sol nuevo, con ella nacía un sol nuevo. El destino le tenía deparado ser como el sol que con su luz ilumina el camino de otros.

Mujer guapa por fuera y más bella por dentro. Sus dos nombres ya denotaban su destino, Juana que significa Dios es misericordioso e Isaura que deriva de Isabel que quiere decir promesa de Dios. Fue hija de Hugo Martínez y Carmela Villacrés. Su hermano de padre y madre es Jorge Martínez Villacrés. Aunque para ser equilibrados hay que decir que la familia Martínez extendida cuenta con muchos hermanos y hermanas que querían a Isaura. Casada con Ovidio Reyes procreó tres hijos Dalton Xavier, Boris Efraín y Lorena Catalina. Pero además fue madre adoptiva para los hijos de Ovidio procreados en dos matrimonios anteriores Rosendo, Cumandá, Mónica, Fabricio y Renato. Es que su amor de madre abarcaba al infinito y más allá.

Testigo del terremoto y tsunami del 13 de enero de 1958, que sacudió a Esmeraldas y cambió su geografía, evento telúrico en el que falleció su querido abuelo Nicéforo Villacrés. Fue reina de belleza de los bomberos de Esmeraldas en 1964, incansable mujer trabajadora como funcionaria del IESS.

No hay que estar tristes, más bien hay que celebrar la vida de esta mujer extraordinaria a la que conocí en el año de 1991 y fue amor a primera vista. Si porque me enamoré primero de mi suegrita y después de mi mujer. Y eso se lo repetía siempre y ella se reía. Extraordinaria cocinera, me enseñó el universo de la cocina esmeraldeña y la simplicidad de hacer magia con pocos ingredientes, ella era la encarnación del milagro de los cinco panes y los dos peces.

En su casa siempre hubo refugio para el peregrino, cansado y hambriento, manifestación de su apostolado. Ella me aceptó en su familia desde un principio, sin reparos, ni reproches. Me convertí en su yerno preferido, que era otra de mis bromas con ella. Sin embargo, lo que más le admiré es su fe inquebrantable en Cristo, en Dios, en su Iglesia. Siempre decía con orgullo que era la madre de un sacerdote ejemplar.

Su actividad incansable en su amada parroquia San José Obrero, la acogida que siempre brindó en su casa a cada sacerdote que pasó por ella, sus rezos del santo rosario, sus oraciones infinitas por todos, para todos, dan fe del camino a la santidad que construyó para ella, sus familiares, sus amigos y para los desconocidos también. Porque la principal característica de esa aspiración a la santidad es que, desde nuestras virtudes, pero sobre todo desde nuestros defectos, intentamos alcanzar el cielo. Su lema era “¡Quién como Dios!, ¡nadie como Dios!”.

Ella no era perfecta, pero vivió como si ese fuera su único propósito, predicando con el ejemplo. Como madre de todos entrego cariño a manos llenas a sus nietos, a sus sobrinos nietos, a sus sobrinos bisnietos. Así de grande era su corazón. También a través de ella quiero brindar mi homenaje a otras dos mujeres increíbles que ya no están con nosotros: Carmela Villacrés y Juanita Villacrés, que venciendo todas las adversidades sacaron adelante a su familia.

Madre querida te quedas para siempre en nuestros corazones y en nuestros recuerdos. Tu memoria se vuelve indeleble por la forma en que tocaste la vida de tantas y tantas personas. Me ha conmovido profundamente la presencia de todos ustedes para arropar con el gesto de la solidaridad en medio del dolor, con canciones y rezos, a los hijos e hijas de Isaura. En tu nombre se ha hecho vida el significado: Dios es Misericordioso.

Isaurita querida, madrecita, te amo mucho En tus nietos queda tu legado. Desde Cuenca, al otro lado del país, llegan para ti estas palabras de tú María Paz, a quien le hubiera alegrado verte orgullosa en el día de su graduación, pero eso ya no va a ser posible:

“A mi querida abuela, tu recuerdo estará para siempre en mí. Cada una de tus enseñanzas, de tus palabras, tu risa, tu forma de ver la vida. Mi querida abuela, tal vez no tuve la oportunidad de decirte un último adiós, pero sé que ahora estas al lado del señor con un coro de ángeles y estoy convencida de que te rescontraste con tu nieto Hernán Esteban y ahora están juntos en la gracia del señor. Mi querida abuela te llevas una parte de mi corazón y sé que desde ahora a donde vaya tu estarás conmigo. Mi querida abuela, te prometo que siempre seré tu princesa y tú siempre serás mi reina”.

Esposa amada, queridos hermanos Boris, Dalton, Renato, hermanas Tanyi, Jackeline, Daysi, aquí presentes; Fabricio, Mónica, Cumandá a la distancia, vayan estos versos finales como gotas de alivio a vuestros corazones:

RECUÉRDAME

David Harkins.

Puedes llorar porque me he ido,

o puedes sonreír porque he vivido.

Puedes cerrar los ojos y rezar para que vuelva

o puedes abrirlos y ver todo lo que he dejado;

tu corazón puede estar vacío

porque no lo puedes ver,

o puede estar lleno del amor

que compartimos.

Puedes llorar, cerrar tu mente, sentir el

vacío y dar la espalda,

o puedes hacer lo que a mí siempre me gustaría:

sonreír, abrir los ojos, amar y seguir.

Amén.

Esta es mi elegía fúnebre para ti mi madre.

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