Esmeraldas, la fuerte relación con la provincia verde.
Distancia Cuenca-Esmeraldas: 595 km.
ESMERALDAS, Ecuador.- Durante la vida, uno se conecta con sitios y lugares especiales, que marcan la existencia de manera especial. Esmeraldas es uno de esos sitios.
Allí experimentó mi abuelo los momentos más duros, puesto que estuvo a punto morir, cuando combatió del lado del Gobierno Constitucional contra los guerrilleros de Carlos Concha. Resulta que en 1914 el Gobierno decretó una movilización general para enfrentar el alzamiento militar de Esmeraldas. En Babahoyo, Juan Rodríguez, con apenas 22 años es reclutado para el Batallón Babahoyo 44 que iba a combatir en las selvas de Esmeraldas. Salvó su vida dos veces.
Por otra parte, el abuelo de Lorenita, Venicio Reyes, fue de la partida de soldados que capturaron a Carlos Concha que se había refugiado en su hacienda. Corría el año de 1916. Años después, mi familia, de manera puntual mis tíos Marcony y Alfredo, mantenían una relación muy estrecha con la familia paterna de Lorenita y los visitaban en Esmeraldas.
Papá tenía la sana costumbre de llevarnos a pasear por el país, es así como conocimos Guayaquil, Playas, Salinas, Riobamba, Alausí, Chunchi, Guasuntos. Nos llevaba en su casa rodante, en una decáda, la de los 70´s y principios de los 80´s en la que Ecuador recién empezaba a desarrollar su sistema de carreteras. Fue así como un día, con un grupo de familias amigas, los Ramírez, los Jaramillo, los Sabó, los Fajez, fuimos de acampada a Esmeraldas. A conocer sus playas, a cocinar paella al borde de la playa. Pero entonces no visitamos a los Reyes.
A principios de los 90´s, mi relación con la provincia verde se hizo vital, con la llegada a mi vida de Lorenita. Ella siempre dice que yo nunca le presté atención en nuestro primer encuentro, que era muy serio, que entré vistiendo un terno negro, gabardina blanca, que todavía la conservo y dije hola y me fui, en la cocina de la casa de mis padres. Por invitación de papá, ella había llegado a Cuenca para estudiar psicología en la Universidad del Azuay, yo le llevaba los libros, le acompañaba para que no se pierda en la ciudad. Y así nos fuimos conociendo, íbamos al Pyttis, a La Tuna, salíamos juntos a fiestas, hasta que llegó un día mi futura suegra Isaura, la mamá de ella para llevársela de vuelta a Esmeraldas y yo le dije que nos íbamos a casar. Fue el detonante, Isaura en menos de medio año ya tenía preparada la boda.
El antecedente fue un milagro de la Virgen del Cajas, los mensajes y apariciones en El Cajas de la Virgen María por intermedio de la vidente Patricia Talbot, generó un movimiento a nivel nacional por visitar el Santuario. A una de esas romerías acudió la familia de Lorena, en el año 89, pero como todos los hoteles de la ciudad estaban llenos, el papá de Lorena, Ovidio Reyes se acordó que en la ciudad vivía un hermano de crianza. Lo llamó y papá los acogió en casa: Lorenita, Isaura, una amiga de Lorenita –Katy- e Isaura. Yo no la conocí aquella primera vez porque estaba en Guayaquil, visitando a la enamorada que tenía allá.
Cuando ella llegó a casa a estudiar, allí la conocí en enero de 1991, para mayo ya estábamos comprometidos, en agosto fue la prueba del vestido en diciembre-enero de 1992 viajó toda la familia a Esmeraldas para la pedida formal de la mano. Previamente, yo había viajado a conversar con mi suegro. Él estaba de acuerdo con el matrimonio y cuando ya teníamos una botella de wisky bebida, me llama mi suegra aparte y me reclama en que momento le iba a pedir la mano de Lorenita. Con semejante orden como podía esperar más y pedí el permiso para el matrimonio a mi suegro, que estuvo de acuerdo.
La ceremonia civil, en la casa de mis suegros, contó con la presencia del Gobernador, que nos casó. La ceremonia religiosa tuvo lugar en la Iglesia Catedral de Esmeraldas, la concelebraron el Padre Silvino y mi primo Rubén Martínez, el 8 de agosto de 1992. La recepción del matrimonio se realizó en el Salón de Eventos del “Club de Leones” de Esmeraldas. Toda la familia de Cuenca, viajó para aquella ocasión, los primos Martínez, la familia de mi cuñado Ricardo, mis hermanos, mis primos de Guayaquil. De Esmeraldas no faltó nadie, pues se trataba del matrimonio de una de las niñas más queridas de la ciudad. Fue todo un acontecimiento.
Desde entonces no han parado las visitas a la ciudad, a la casa de mis padres políticos ubicada en la Colón 200 y Delgadillo, en una época, los años 90, en que esa ciudad era un poco más inocente. Disfrutó de esos viajes mi hijo Adrían, que celebraba allá sus cumpleaños e iba de paseo con sus abuelos y sus tíos. Yo pasaba muy ocupado en mi trabajo en Diario El Mercurio de Cuenca, las pocas veces que pude ir eran contadas la horas en esa ciudad. Pero Lorenita si aprovechaba, para estar con su gente.
En el año 2000, fuimos a Esmeraldas a recibir el nuevo siglo, pero no soportamos la noche despiertos, en plena fiesta los dos nos quedamos dormidos. El primer viaje de verdad en familia, lo realizamos en el año 2007, en el mes de agosto. Yo había renunciado a Diario El Mercurio, porque no quería sufrir el mismo destino que mis compañeros de trabajo, todos enfermos, todos divorciados, mal pagados, mal tratados y sin tiempo para compartir con los suyos. El horario era extenuante y el trabajo que realizábamos siempre era mal visto por los dueños de la empresa, que no escatimaban ocasión para decirnos lo mal que lo hacíamos.
Empecé a buscar con desesperación otro trabajo y lo conseguí, me daba más libertad, para pasar los fines de semana, con mi esposa y mis hijos. Y las primeras vacaciones que solicité, nos fuimos de viaje en nuestro pequeño carro, un Toyota Charade. Fuimos a Quito primero a la casa de la familia Ortiz, los primos de Lorenita eran Gustavo y Eleonora, la tía Glenda y el tío Guillermo. Ellos nos hicieron conocer el Zoológico de Guallabamba y luego nos llevaron a comer un locro de papás. Intentamos en esa ocasión visitar el teleférico, pero el carro no aguantó la subida hasta el atractivo, se recalentó. Nos contentamos con los juegos mecánicos. Luego a pasear por la plaza de San Francisco, sin entrar al convento.
Un par de días más en la Capital y fuimos rumbo a Esmeraldas, por la vía Aloag-Santo Domingo, pasando por sitios entrañables en la ruta que siempre hago repasar a mis hijos y así los mantengo despiertos: Valle Hermoso, La Concordia, La Independencia, Quinindé, Viche, Majua, Tabuche, Chinca y cuando ya estábamos en San Mateo, sabíamos que era cierta la llegada a Esmeraldas. Desde los 90´s hasta el 2007 vimos la transformación de esa carretera, aunque hoy sigue siendo peligrosa por los camiones de gas, de gasolina, de pasajeros y las velocidades que se imprimen.
Aquel paseo en Esmeraldas, cumplimos con el ritual de visitar a las abuelitas Carmelita y Juanita. Juanita me recibía con la cervecita y Carmela con la comidita caliente. Lorenita se sentaba a conversar con ellas, a mirar los loritos y a recordar. En el portal de la casa de Isaura tomé la foto de los primos Reyes, todos pequeñitos. Desde Las Palmas, abordamos la aventura, ver las ballenas jorobadas a 4 millas de la costa. Pudimos ver los lomos de una madre y su cría. Eran días de mucho sol, playa, sobre todo en Las Palmas y de mucha conversa en familia. De regreso, pasamos visitando la casa de Renato Reyes en Santo Domingo de los Colorados. Allí estuvieron un tiempo con las niñas. Aquellos años era más fácil viajar, porque nuestros muchachos no ocupaban mucho espacio. En los buses pagaban la mitad del pasaje.
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