Jack Burns y Medio Oriente en los 80´s o los zombies en la actualidad
Por Hernán Rodríguez.
CUENCA, Ecuador (01/88).- Fue cómo para comenzar bien el año 1988, o eso creía. Recuerdo que en enero de aquel lejano año llegó a Cuenca el sargento Jack Burns (Fred Dryer) con la película “Muerte antes que deshonor: en un mundo de cobardía él fue un valiente” (1987) o “Death Before Dishonor” (Director Terry J. Leonard) cuyo lema es “Atacaron su embajada, secuestraron a su jefe y asesinaron a sus hombres. Pero ahora el sargento Jack Burns se tomará la justicia por su mano” (reencarnación de Rambo-1982 y Comando-1985).
La ironía radica en que, hoy en día y como 30 años después, canales como Ecuavisa, Telesistema o Telecentro continúan pasando películas de la mediocridad de Comando o Rambo, ya que consideran a sus televidentes como operados del cerebro, ciudadanos lobotomizados, con un “apetitoso” cargamento ideológico que será ingerido por los borregos ecuatorianos.
Como si en la imaginación, los norteamericanos pudieran vengar los atentados a la Embajada y al cuartel de los marines en Beirut, Líbano, en 1983.
Fui a verla. Usted llegaba a la sala de cine (¿cuál fue, el Cuenca, el 9 de Octubre, el Casa de la Cultura, el Sucre?, todos desaparecidos), pagaba S/. 90 devaluados sucres, se sentaba cómodamente en su butaca y, gracias a la magia del cine gringo, viajaba en una “alfombra voladora” a una orgía de sangre y muerte en Medio Oriente.
El sargento Jack Burns, ejemplar prospecto de la sociedad norteamericana de los `80 (estuvo en Vietnam, ¿qué duda cabe?) dirige a sus hombres con una mezcla de dureza militar y fino y sentimental amor de madre. Con marcial precisión se le ordena a él y a sus hombres viajar a Oriente Medio, al país de los “jamiles” (Líbano. Oriana Fallaci en un magistral reportaje novelado, “Inshallah”, narró el conflicto), para proteger la embajada de EEUU. Estando Burns allí, fanáticos y sanguinarios guerrilleros dirigidos por “Yihad” (¿Yihad Islámica?, ¿OLP?, ¿Hezbolá?) roban un convoy de armas.
Por supuesto, estos guerrilleros están protegidos por funcionarios corruptos de “Jamil”, el hipotético país en Oriente Medio y por dos psicópatas con cara de ser rusos. Los guerrilleros fanáticos le causan más problemas a Burns, elevando la acción en la película hasta su “climax” y el nivel de morbosidad en el espectador, el que ante la violencia explícita ríe y disfruta.
Secuestran al comandante de Burns y a uno de sus hombres, el que luego es asesinado después de besar la cruz que lleva en el pecho. El sargento presionado por los hechos, decide dejar de obedecer órdenes y empieza a actuar como un asesino autómata. La película llega a su máxima intensidad cuando un coche bomba destruye la embajada norteamericana. Los gringos atemorizados huyen de “Jamil”, pero su héroe se queda a rescatar a su comandante y a una bella rubia de ojos azules (una periodista) de las manos de los fanáticos y mestizos guerrilleros.
Tiene como aliados a los agentes del Mosad israelí (sinónimo de CIA) y a dos de sus comandos que, por supuesto, se quedaron voluntariamente. Este grupúsculo mata a 15 fanáticos que parecen 100, rescata a la muchacha y el comandante. Burns no es herido, pero si mata a 50 de los 15 fanáticos que parecen 100. Uno de sus comandos es muerto por una granada (rusa) en medio de la batalla. Poniendo la nota emotiva, Burns llora. Frenético de venganza, persigue a los terroristas, con cara de rusos y los arrolla con su Jeep, saliendo ileso del “accidente”.
La película termina con una banderita de las barras y las estrellas, que es dulcemente izada en la antena de radio del Jeep en el que viaja el comandante rescatado. La banderita se roba la pantalla y Burns se aleja en la lontananza con sus amigos.
El mensaje entonces era claro, quien se oponga a EEUU y su política de “cowboys” perderá. Ya lo dijo otro Jack Burns, de los tantos que hay:
“Los Estados Unidos están decididos a restablecer su hegemonía mundial por la vía de emplear la bomba de neutrones en contra de los movimientos de liberación nacional, en países que no tienen armamento nuclear”. Advertencia de Daniel Ellsberg en 1981, durante una conferencia de paz (Ellsberg en 1971, mediante fotocopias, filtró los Documentos del Pentágono sobre la Guerra de Vietnam a 17 medios de comunicación de Estados Unidos, entre ellos el Times y el Washington Post. Ahora tenemos a Snowden, a Internet y los wikileaks). En el presente y después de toda el agua que ha corrido bajo el puente, el mensaje sigue siendo el mismo. Colorín, colorado, esta paradoja se ha acabado. Y aquel 1988 les deseaba un ¡Feliz año nuevo!.
(Hoy en las películas, los “jamiles” y OLP´s, los movimientos de liberación nacional, han sido reemplazados por zombies acelerados y los sargentos Burns por afeminados héroes estilo Brad Pitt y en esas ficciones los Estados Unidos no dudan en lanzar la bomba de neutrones contra los zombies).

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