Julia Tepán: la Jambi Mama de las almas tristes.
NARANCAY, Cuenca (27/10/16-18:00).- La palabra espanto tiene varios significados. Puede ser un fantasma, pero también es terror o susto. Para ahuyentar al espanto se suele recurrir a la medicina tradicional o ancestral. Los abuelos juegan un papel muy importante en la transmisión de ese conocimiento de generación en generación.
Cuenca vive la era del celular, del Internet, de la televisión por satélite, de las radios, de la prensa. Cuenta con una ciudadanía informada, posee un importante sistema de salud, con decenas de clínicas privadas y hospitales. Sin embargo, es práctica común en los hogares recurrir en primera instancia a las “recetas de la abuela” para intentar sanar al enfermo, antes de ir al médico. Mezcla de lo rural con lo urbano, una práctica cultural y social presente en lo cotidiano.
Desde un enfoque espiritual, la cura pone en juego la lucha entre energías positivas y negativas. Los más afectados por esas energías negativas son los niños o las mujeres embarazadas, porque no están preparados psicológicamente para enfrentar la amenaza. La sanadora o el sanador no es un personaje farsante, sino alguien que está convencido que mediante sus energías positivas puede devolver el equilibrio a la salud del enfermo. Las personas con energía positiva transmiten ganas de vivir. Las personas negativas transmiten el mal.
El espanto, según el investigador Carlos Villalba, es producto de una pérdida del alma o de una contaminación espiritual. Si bien ataca a los niños, puede sucederles también a los adultos. Sobreviene después de una experiencia aterradora, una caída al río, a una piscina, acequia o quebrada, un susto, una impresión fuerte. El espanto por el agua es el más peligroso. Sus síntomas son el nerviosismo, los trastornos del sueño, diarrea y vomito verdoso, fiebre, ausencia de apetito. En los niños aparecen bolas detrás de las orejas, pupilas chicas, mucho llanto, sed, brincan y lloran por las noches, les brinca la ingle, susto, gritos, se les aparecen cosas feas.
El susto o espanto en los casos más difíciles puede conducir a la muerte, porque se trata de una sacudida brusca del espíritu, que necesita de una intervención rápida del sanador, porque caso contrario se agrava. La cura del espanto difiere de una comunidad a otra. Es una práctica común, sobre todo en la sierra ecuatoriana, conocida entre los campesinos azuayos, los saraguros en Loja o los otavaleños en Imbabura. En el mismo corazón de Cuenca se practica este ritual de sanación de medicina tradicional. Pero el espanto, los nervios o el susto, es solo uno de los males que pueden afectar al ser humano. La clasifación de las enfermedades es amplia. Están el shungo, el mal aire o mal viento, el cuichi, el soroche o la enfermedad del frío que da en el cerro, etc.
En el pueblo de Narancay, junto a una curva del Paseo de Guadalupe, se halla la casa de Julia Esther Tepán Guamán, de 59 años, dedicada toda su vida a Jambi Mama o sanadora, aunque exhibe con orgullo su título de Tecnologa en Medicina Andina.
En el pueblo de Narancay, junto a una curva del Paseo de Guadalupe, se halla la casa de Julia Esther Tepán Guamán, de 59 años, dedicada toda su vida a Jambi Mama o sanadora, aunque exhibe con orgullo su título de Tecnologa en Medicina Andina.
“El camino junto a mi casa es el Paseo de Guadalupe. La Virgen toda la vida viene de Baños y paseo por aquí. Nosotros siempre nos hemos caraterizado por ser pueblo, pero nos han obligado a decir parroquia. Somos pueblo de Baños o pueblo de Narancay. En todo Narancay vivimos unas 12.000 personas, porque es grande, sus límites van hasta Zhucay, el río Tarqui es lindero, el Colegio Borja es lindero, más allá también Nero”.
Madre de 5 hijos, su esposo se llama Gonzalo Tenesaca. Abuela orgullosa de 14 nietos y aunque sus especialidades son las de sanadora, partera y comadrona, considera que el principal problema de salud de estos tiempos es la “Enfermedad del Alma”.
“La enfermedad más grave y que casi no están curando los doctores es la Enfermedad del Alma, las depresiones, las enfermedades emocionales o mentales, debido a la tecnología y a la mala alimentación. Antes nuestros abuelos también tomaban, pero no se hacían alcohólicos. Estaban bien alimentados. Ahora los chicos solo comen hot dogs, papas fritas, comida chatarra y cola. La cafeína de la cola refuerza y que quieran tomar más y más. Trago de punta y cola y se van haciendo adictos. Ellos están débiles porque no tienen complejo B y no saben en dónde está. ¿Dónde está el nogal?, ¿dónde el mote caliente con sal y nogal?. El nogal tiene tantos nutrientes que ahora nos faltan. Ahora los guagas tienen hambre, van por una papa frita ¿de cúando sería el aceite?, ¿cúando frieron esas papas?, pero mata el hambre. Nuestra comida era mote, porotos, cebollita picada, habitas. Nuestros abuelos fueron tan sabios y valientes. Estos días de sol a ellos no les importaba, piqueaban, deshierbaban, el trabajo no era un sacrificio, el trabajo era salud y gusto. Lo hacían con toda emoción, porque estaban sanos de alma y mente. Somos cuerpo-mente-espíritu o alma, entonces ellos estaban sanos. Ahora las guagas tienen pereza para todo, tanto de deshierbar, tanto sembrar, se están haciendo individualistas. Ya no hacen el cambia manos, el randy-randy, la reciprocidad. Antes decían tío en quichua a las personas, tío Fidelito ¿cuándo va a sembrar?, yo te voy a ayudar. Mama Rosita ¿cuándo va a sembrar?, yo te voy a ayudar. Cambiábamos las manos y con energía hacíamos. Pero como estamos individualistas da pereza. Pagar nos cuesta. Empezamos a consumir y ya no estamos produciendo. Ahí está nuestra enfermedad. Ya no hay el consejo de los abuelos, es una pena. El abuelito sentado en su tullpa, cocinando motecito aconsejaba a los guambras. Yo hago todavía eso con mis nietos, pero son renegados, pueden estar una media hora, por lo mucho una hora y no escuchan más. En la noche, cuando contamos cachos, boto los colchones y aquí dormimos cuando vienen mis nietos, entonces ahí sí les gusta estar un ratito. Les cuento cachos, historias y allí sí. Les cuento como era mi abuelito, que nos decían, que comían, donde íbamos a moler la máchica, comíamos zambo. Ellos el zambo sí comen, por respeto, pero con los papás ya no comen. Conmigo sí comen”.
Son las tentaciones de la modernidad las que destruyen el hogar, insiste con acertada sabiduría, por eso aprovecha que a sus nietos les encanta escuchar viejas historias y cuentos de los antepasados, pero antes hay que hacer el esfuerzo de desconectarse completamente apagando la televisión y les quita todo tipo de dispositivos, porque es lindo conversar y es lo que hace falta en cada casa.
“Nuestros hijos están en su mundo. Cada uno allá, no les importa cómo estarán los mayores. No tienen respeto. Los chicos en su Facebook, las mamás en las novelas, el papá en el fútbol. Se deshizo el hogar”.
Hay que saber contar historias, es la magia de los ancestros, una práctica comunitaria que se mantiene en el hogar Julia Tepán: “mi abuelito me decía que no hay que ser curioso, ni mentiroso. Contaba que una persona era curiosa para hacer chismes. Sacaba la cabeza y veía quién estaba entrando o saliendo y ya contaba. Un día de esos vino un señor de terno y dice señora usted se va conmigo y era el diablo que venía llevarle. El abuelito para hacernos tener miedo nos decía eso. La señora le pide que le perdone, que no se la lleve y el diablo da una oportunidad más, en la otra no te quedas te vas. Yo les cuento eso. También cuando no obedecen a la mamá, le deprimen, son desobedientes, entonces la mamá se muere. Eso contaba el abuelito. El marido se casa con otra y la otra no quería a las guaguas, peleaba con el marido. Vos te casaste con tantos guaguas, ahora tenemos problemas, no podemos ser felices. Ella se ponía violenta. Hace que él vaya a dejar a los hijos en el cerro a botarles. Están huyendo los guaguitos, tres han sido, huyendo de lo que va a ir a botar en el cerro. A la hermanita mayor le daban tostaditos de comida de fiambre. Como ya oyó que les van a dejar en el cerro, ella iba botando un tostadito y una piedrita, un tostadito y una ojita, así en el camino. El papá regresa botando a sus guaguas en el cerro, abrazándolos, llorando. Aquí esperan ustedes, yo ya vengo y no volvió. Pero como ellos fueron botando piedrita y tostadito, vuelven. Pero la segunda vez ya no tuvieron esa suerte, porque se comieron todo los pájaros y los perros y ya no pudieron volver. Andando, andando, encontraron una casa vieja, una hacienda encantada, de la Huaca que quería pringarles. Jesusito apareció y les advierte que la Huaca les quiere engordar para comerles. Jesusito les deja un rabito de ratón. Cada vez que la Huaca viene a quererles comerles, muestran el rabo de ratón, para que crea que están flacos. Así me contaba mi abuelito y yo también les cuento a ellos”.
Los conocimientos de Julia Tepán fueron custodiados y transmitidos de generación en generación. Ella los aprendió de su abuelo, José Manuel Tepán y también de su padre y de su madre. Aunque más sabiduría se la transmitió su abuelo y ahora ella intenta hacer lo mismo con sus hijos y sus nietos.
“Soy sanadora como fue mi abuelo, yo aprendí de él. De mi mami, de mi papi, también un poco. Sabían todos, pero más aprendí de mi abuelito. Mi papito migró y se fue a Puerto Bolívar, antes migraban allá. Mi abuelito fue mayordomo de un ricacho, Luis Orellana y trabajaba solo para pagar el interés de la deuda. Mi papá migró, trabajó y pagó la deuda. Mi abuelito, cuando ya dejó de trabajar para el señor Orellana, él se deshizo de esa hacienda porque mi abuelito salió”.
Una sanadora cuenta con la confianza del pueblo, porque muchas cosas íntimas prefieren contárselas a ella antes que al doctor. El nivel de relación llega a tal punto que prefieren contarle lo “mínimo” solo a ella y cuenta cómo procede:
“Primero les hago psicoterapia, música para relajar y converso, casi dos horas, quiero conocer dónde está el motivo. Un señor no le perdonaba a la mamá, ya muerta, porque le escuchó decir: este guambra me hizo sufrir cuando di a luz, casi muero. De rabia le cogí y le boté allá, no sé cómo no se murió. Mi hija había cogido y envuelto, perdí el sentido. No se ha muerto, como tam viviría. El sentimiento de él puso en su corazoncito que oyó que la mamá no le quería.. Fue enfermándose su almita, su mente. Se casa, el ya no era normal. El papá era bravo. Un día él estaba llorando, el papá le dice mariconsote como llora, cuando has visto a los hombres llorar, maricón. Nunca más lloró. Eso le afectó. Los doctores le veían y no tenía nada, pero se moría con dolor de cabeza, el desequilibrio emocional no le daba para alimentarse tranquilo, peleaba con la mujer. Llegaron aquí. Hablé con él bastante tiempo. Hice que cierre los ojitos, que vea lo que a él le molestaba. Hice que escriba. Le hice dos corazones y le dije vamos a jugar. Va a escribir todo lo malo del pasado en su corazoncito, en este corazón. Lo que el papá le habló, que la mamá no le quería, que a los hermanos les daban lo mejor. Él estaba totalmente envenenado con la mamacita ya muerta, nunca llegaron a abrazarse. Eso le faltaba. Le dije, ahora usted va a cerrar los ojitos y su mamita va a estar aquí. Haga cuanta que yo soy su mamá. Le dije, perdona mijito, yo te hablé por ignorante, no me di cuenta, nunca te quise ofender. Te amé toda la vida y le abracé, mijo perdóname, te quiero, te amo. El señor lloró, era el remedio. La mujer sentada aquí lloró bastante. Dijo, señora, nunca le vi llorar, la primera vez ahora. Acabó, se quemó este corazón. Ahora en este otro corazón escriba paz, que es lo quiere. Este corazoncito vamos a ponerle, el viejo ya quedó, ya botamos, ya quemó. No va a volver a mirar atrás. Le hice un baño de desintoxicar, porque había tomado muchas pastillas, con montecitos amargos y bastante limón. Le bañé como a guagua. Después del segundo baño vino bien, agradecido, trajo cositas. Le hicimos bañar con flores, agua de esencia de rosa malva olorosa, perfumadita y flores. Le pedí a su mujer que ella también le ponga, diciéndole que él es un hombre importante, valioso, eres el padre de sus hijos”. La curación del alma en este caso fue total. El paciente pudo superar su dolor ya ahora está muy bien.
El hombre es un ser social puro y la vida en comunidad, el acompañamiento del otro, la calidad de las relaciones, mantienen sano al espíritu Pero siempre en relación con el medio ambiente, que debe estar sano también, para brindarle al ser humano las herramientas del buen vivir.
“Antes nuestros cercos estaban llenos de remedios. Ahora no hay cercos, sino alambre. Es grave, ahí está la contaminación. Ya no hay altamisa para secar el maíz. La altamisa se secaba en los cuartos y con eso se hacía cama para secar el maíz. Ahora estamos intoxicándonos poniendo pastillas en el maíz. El mote ya no es sano. Para que no entre el gorgojo, ponen la pastilla. No hay como comprar donde quiera. Hay que tener nosotros para decir que esto es sano. No entraba el gorgojo porque había cercos de chilca, altamiza, verbena, shuralac, protegían al cultivo de los gorgojos. Ahora hay babosas, plagas. El gorgojo en el maíz empieza desde la chacra. Eso se vende en los mercados sin ningún cuidado. Yo les digo a mis gentes, donde doy las charlas, tratemos de recuperar lo que tenemos porque en toda comunidad somos ricos y tengamos más que sea un pequeño huertito. Se pueden sembrar papas, culantro y comer. Mi abuelo decía que a Cuenca se iba por la panela y la sal y nada más. Querían carne y comían gallina, cuando era familia grande mataban al borrego, al chancho comían en Carnaval y en Navidad, la manteca guardaban en ollas. No necesitaban ir a Cuenca. Aquí mismo sembraban la papa, de cuantas variedades. Más sembraban la papa chaucha porque en tres meses ya produce. Al hablar de nuestra salud, podemos recuperarla y siempre discuto hasta con los doctores. ¿Está mejor la salud?, no, porque, cada día más hospitales grandes, más centros de salud y gente en cola, pero no mejora la salud, estamos peor. ¿Cuándo hemos de decir que está mejorada?, cuando ya no exista gente tomando pastillas, sino en conferencias sobre cómo prevenir y promocionar la salud. Ahí hemos de decir que hemos mejorado la salud. Salud se llama cuando todos estemos en armonía, no existan suicidios, tanta gente que ahorita se suicida. Que no exista tanto lamento y alcoholismo, hay hemos de decir que estamos buenos. Pero ahorita no estamos bien. Apoyemos a las comunidades, a las mamas, a los taitas, porque hay sabiduría. Es maravilloso recordar lo que nuestros abuelos han hecho. En nuestro Narancay todavía guardamos estas costumbres, el priostasgo, los devotos, los juegos populares, la escaramuza, los disfraces”.
Julia Tepán cree un deber seguir transmitiendo estilos de vida más sanos a las nuevas generaciones, escuchen o no escuchen, es un esfuerzo que debe ser asumido por la sociedad en su conjunto: “Todavía está en nuestras manos, hagamos todo lo posible. Oigan o no oigan, pero sigamos diciendo, exijamos. Se necesitan también buenas autoridades, para que nos den esa oportunidad de dar charlas en las escuelas, en los colegios, en el catecismo. Ya no el catecismo de Taita Diosito que castiga, sino de la vida real. Si yo vivo mal, estoy contra Jesús, si actúo mal con mi vecino, estoy contra Jesús. Se debe hacer una minga de salud. La gente de la ciudad a cambiado bastante, eso me pone contenta, porque ya no ocupan mucha cola. Pero en las comunidades ya no está el jefe de la casa a migrado, la mamá a veces también migra. Al abuelito ya no le hacen caso. Mandan plata y a la cola, al pollo, al arroz, ya no hay calor humano. Casas enormes sin calor humano. Eso nos está dañando. Ansío sacar la visa y a la gente mía que está allá decirles para qué venimos al mundo, porqué nos dio hijos el padre creador, es para que tengamos que dar conocimientos y sabiduría. Quisiera decirles para que vinieron al mundo. Que iban a mejorar la calidad de vida cuando se fueron a Nueva York, pero se olvidaron. Fueron huyendo. Porque un hogar es duro de enfrentar. No hay quien les llore en la oreja. Eso esta mal. Aquí cuantas personas se han suicidado, jovencitos. Hay que fortalecer a la comunidad. Todavía podemos hacer esto”.
El fenómeno de la migración está presente con fuerza en Narancay y afectó a la vida y al matrimonio de Julia, que se quedó sola atendiendo su hogar y en endeudada: “ha migrado muchísima gente. Eso es lo que nos acabó. Yo me quedé de 40 años cuando mi esposo migró. Y se acaba todo. Uno se derrumba, psicológicamente uno se acaba. Queda la mamá, los hermanos a cuidarme. Encima endeudada, la deuda viene contra uno. La familia te controla... es un lío. Gracias a Dios avancé a vencer eso y me puse a estudiar. Porque me iba a morir. Gracias a Dios por mis hijos, han sido mi fuerza. Más el primero, mi papito y mamita”.
Sobre el estudio cuenta que también fue muy duro: “había veces en que me sentaba a llorar, pero después decía, no debo llorar. Tuve el apoyo grande de mi hijo, de mi madre, de la Fundación Donum y de compañeros como la doctora Yadira Cabrera, trabajo con ella 14 años. Fue como mi hija mayor”.
Antes de ser Jambi Mama, hacía todo tipo de oficio para mantener su casa, obligada por las circunstancias porque se casó muy pequeñita y su marido era alcohólico, el dinero no alcanzaba.
“Me casé a los 16, pero desde los 14 ya era catequista. Montaba a caballo y me iba a Nero a dar catecismo con las monjitas Redentoras y el Padre José Fidel Hidalgo. Desde los 14 años fui líder. Me iba a dar catecismo y el padrecito no me quería porque decía que era comunista. Yo daba a mi manera, quería hacer conocer la vida de Jesús y ellos solo poner las manos, como recibir la ostia, vengan bien peinaditos. No era eso para mí. Para mí es hacer conocer la vida de Jesús. Era prohibido coger la Biblia. Me dijo que era comunista, que me iban a quemar en la plaza, me decían que era guerrillera. Me reunía entre muchachas, éramos la Legión de María. Eran reuniones clandestinas, hasta mandarle al cura. Vino otro curita, no nos caía. El último curita, el Padre Ángel Morocho, fue un pastor bueno, dio ejemplo. Los curas que les pegan a los borrachitos no me caen”.
Con la certificación del Ministerio de Salud, la Jambi Mama Julia Tepán puede diagnosticar y curar enfermedades, en coordinación con doctores de diferentes especialidades: “yo recomiendo váyase donde el doctor a ver que diagnostica él y si quiere tome pastillas, sino deje en mis manos. Doy agüitas, jugos, sumos y si está grave, por ejemplo una úlcera, entonces pongo cataplasma de lodo”.
Siente un sano orgullo cuando algún profesional de la medicina recomienda su trabajo: “yo de mi parte me siento bien. El doctor mismo había dicho, un psicólogo, váyase donde doña Julita. Usted no tiene nada. Váyase donde ella”.
Para el caso de la familia de Julia, las generaciones de sanadores empiezan con José Manuel Tepán, su abuelo, luego sus padres Ezequiel Tepán y Rosa Aurora Guamán y ahora su hijo, Fabián Tenesaca, que debió adaptarse y reconocer el valor de la práctica cultural de su madre: “La vida misma le fue dando, ayudando. Mi primer hijo es una persona inteligente, es médico veterinario. Me decía, Mamacita yo le respeto a usted mucho con sus cosas, pero no soy creyente. Llegó a tener su hija. Le llevaba donde los doctores, que le hacían esto y lo otro y no la podían curar. Entonces Mamita, ahora deme viendo usted. Ahora sí entiendo. La guagua ojeada, pero ¿cómo va a virarse el shungo?. Es que es guaguita, le sacuden, le botan Cuando está con diarrea y le vemos nosotros cómo está, le colocamos, le malteamos, le amarramos, se cura”.
Sus herramientas de trabajo son milenarias, más antiguas que el mismo hombre y su historia, los cuatro elementos: la Madre Tierra, el Padre Sol, el Aire y el Agua, presentes en una especie de altar. Se combinan dependiendo de lo que la persona necesite: “porque hay personas que necesitan bastante Agua, hay personas que necesitan bastante Aire y otras personas que necesitan estar junto a la Madre Tierra”. Y toman el protagonismo las plantas, pero para usarlas hay que saber diagnosticar y conocer, se usan con mucho respeto.
El chilco es un genérico, sirve como remedio para todo, el poleo, el capulí, la concha, la mejorana, el escancel, el toronjil, la manzanilla, los espíritus, crecen y están presentes en su huerte, un muestrario de más de 80 plantas medicinales, un verdadero herbolario: “El toronjil tengo para baños y para tomar, es bastante cálido cuando se hace hervir y da mejores resultados fregando”. Aclara que ninguna de sus plantas hace daño, solo hay que saber usarlas para que tengan el efecto esperado, como por ejemplo cuando se tiene presión alta se usan plantas cálidas. “Dar la planta equivocada no hace daño, pero tampoco hace bien. Para la persona que tiene presión alta no hay que hervir, solo infusión. Hierba Luisa, ojas de Olivo, Ataco”.
Este saber toma años de aprendizaje, que se relaciona con el territorio. Hay que conocer a las comunidades y a sus líderes: “a mí me apoyó hacerles censos a las mamas en Paute, Sígsig, Nabón e iba alimentándome de todas ellas. Comparaba, mi abuelo hacía esto, acá hacen lo mismo. Iba alimentándome, como olvidarme de mama Zoila Morocho, mama Regina de San Bartolo, mama Victoria ya falleció, mama Josesita de Quingeo, ya falleció, mujeres con mucho conocimiento y tanta amabilidad, eso es para nosotros calidad y calidez”.
Una descripción preliminar de los males que afectan a las personas puede ser la siguiente:
- Con el cuichi brota sarpullido, se hacen bombas de agua, mucho dolor de cabeza.
- Con el mal aire, bostezos, duele la cabeza, la barriga, late.
- Con el susto, nervios, llanto, rabia, irritación, chillidos, rebeldía.
Todas estas formas de la enfermedad pueden ser diagnosticadas mediante el huevo. “Hay veces que se diagnostica con la vela, con el cigarrillo. Para mí es el huevo. Para no equivocarme pido siempre huevito fresco. Si hacemos con un huevo cualquiera, puede que sea guardado, entonces no vemos bien, vemos manchas, nos asustamos. Lo mejor es huevo de gallinita de campo. Se ve todo. Yo digo este guagua es muy estudiante, sí dice. Pero lo que sí este guaguito le han hecho asustar hace tiempo o lo que sea. Uno ve, no todas las veces, pero ve, quien no ha tenido matrimonio, si esta cerca de casarse”.
Se puso de moda en el mundo de la medicina diagnosticar a los niños inquietos más que de costumbre como hiperactivos y se desarrolló un negocio en torno a las pastillas para mantenerlos bajo control. Julia Tepán tiene otro criterio al respecto: “¿Qué me dice eso?. El niño hiperactivo es inquieto. Déjele de dar cola, dele melloquito, habitas, sopita de quinua, zambo tierno. Dele esas cosas y se normaliza. No de café a los guaguas. Chocolate sí, pero no café. El guagua se normaliza. A ellos les bañamos, le boto en la cama, le hacemos masajito. Desde la punta del pie se le masajea. Con sábila y un poquito de azúcar, para haga cosquillas. Desde las orejitas. Quedan dormiditos. Les mando un baldecito de agua de nervios, hierba luisa con valeriana, flores”.
La felicidad es un proyecto y el ejemplo de vida de Julia Tipán está diciendo que no hay que desanirmarse, ni ante las más severas circunstancias. Si aquello pasa, allí está presente ella la Jambi Mama de las almas tristes.
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