La Independencia de Jima: apuntes al 12 de Noviembre de 1820

 


JIMA, Ecuador.- Jima fue poblada por un “ayllu” cañari, que llegó hasta la parroquia en busca de tranquilidad y sustento. El jefe del “ayllu” errante era Huaynaro, que denominó al lugar como “Zhima” en honor a la exuberante producción de maíz “zhima”, el mejor de los Andes.

Estos recuerdos estrechan los lazos de amistad de un pueblo lleno de historia, porque las montañas entre las que se asienta han sido escenario para muchos acontecimientos, que iniciaron con la paz y la tranquilidad que vivieron sus pobladores, hasta el dominio de incas y españoles.

Así mismo, Huaynaro puso nombre a las elevaciones que rodean Jima: Zhima-Zhuma, Zhima-Zhara, Ganillacta y a la montaña reina del paisaje la llamó como así mismo, Huaynara. La paz y el trabajo eran la vida rutinaria de los jimeños, hasta que recibieron la noticia que desde el sur llegaba un hombre que se decía “Hijo del Sol. Huaynaro congregó a los jefes del “ayllu” y todos decidieron huir hacia el Oriente. El Inca Huayna Cápac pasó por el pueblo y lo encontró abandonado y destruido, solo quedaban las cenizas de las chozas, que se alzaban con el viento.

Entonces, los jimeños se fueron a poblar San Miguel de Cuyes. Su nombre se debe a la gran cantidad de cuyes que encontraron en el sitio. Muchos años vivieron trabajando la tierra, compartiendo la unidad, pero sin despreocuparse de los terrenos de Jima. Siempre enviaban un representante del “ayllu” para cultivar el maíz que les servía de alimento.

En 1534, a órdenes del Capitán Sebastián de Benalcázar que se dirigía a la conquista del Reino de Quito, llega a la región el soldado Rodrigo Nuñez de Bonilla, hombre ambicioso y desesperado por explotar especies, oro, plata, etc. El organiza una expedición hacia el Oriente y en ella es guiado por un cañari de nombre Ataribana. Así es como Nuñez llega a San Miguel de Cuyes y evangeliza a los Zhimeños, que a su vez edifican un templo para que el fraile realice sus ceremonias religiosas.

Nuñez de Bonilla es portador del cuadro de la “Virgen del Rosario” y de 2 campanas, que fueron enviadas por el Emperador Carlos V y la Reina Isabel, para que fueran entregados a una numerosa comunidad. El cuadro y las campanas son trasladados hasta San Miguel de Cuyes.

La tranquilidad que habían conseguido se perdió y los jimeños comenzaron a depender de la Corona de España, la libertad se había terminado. Un día fueron atacados cruelmente por los jíbaros, viéndose obligados a abandonar San Miguel, llevando el cuadro de la Virgen y las campanas a cuestas. Con este regreso desaparece el Zhima cañari, el nombre del poblado pasa a ser el Xima castellano, que siglos después se transformó en Jima para siempre.

Con el paso de los años, surgieron en Jima las cofradías (asociación de personas de un mismo oficio, para su asistencia mutua o fines espirituales), se introdujo el ganado vacuno y se creó un grupo de siervos llamados “huasicamas”, “pongos” y “cuentayos”. Juan Crisóstomo Zhunio es nombrado “Gobernador de Naturales” y síndico de las cofradías. Tenía que rendir cuentas en San Bartolomé.

Los jimeños estuvieron encomendados a Rodrigo Nuñez de Bonilla y a su muerte pasó el poder a su hijo. Políticamente, Jima perteneció primero a Paccha, cuyo cacique era Don Diego de Jima.

El 23 de agosto de 1726, San Bartolomé fue erigida en parroquia. El 12 de octubre de 1818, Don Fausto Sodupe ordena que en Jima se lleven libros parroquiales, siendo el primer cura-teniente Fray Rudecindo Aguilar Cubillús. A través de estas múltiples transformaciones, la cultura cañari se integró para morir en el “ayllu” y la marca.

El anejo estuvo obligado a pagar sus tributos primero a Paccha y durante un siglo a San Bartolomé, desde 1726 hasta 1820. Es así que el movimiento político independentista de Cuenca se mueve hacia las parroquias y anejos. José María Vázquez de Noboa ordena la convocatoria a una Asamblea Constituyente. Los de Jima debían trasladarse a San Bartolomé de acuerdo a un comunicado recibido.

Juan C. Zhunio, síndico, el alcalde mayor Esteban Morocho, los religiosos Juan Malla, Juan C. Chaucha, Gregorio Zuriy el cacique Basilio Jara, se reúnen, comienza la discusión y declaran:

“Estamos cansados de enviar hombres, dinero, maíz y ganado. Se creen grandes, cuando son indios polvos y sin embargo quieren ser libres… antes de ellos debemos ser nosotros…”.

Juan C. Zhunio, hombre que sabía leer y escribir, propuso: “Los blancos de Cuenca ya se han independizado del domino español. Nosotros somos 2 veces esclavos, de San Bartolomé y de la Corona Española. ¡Ya es hora de que Jima sea parroquia!”.

La mañana del 12 de noviembre de 1820 fue de gloria. Echadas a vuelo las campanas, insistentemente repetían salmos de libertad. La multitud decidió declarar a Jima parroquia civil y elegir un diputado para el Concejo de Sanción que el 15 de noviembre debía reunirse en Cuenca. Fue aclamado Juan C. Zhunio como representante de Jima, quien firmó el Plan de Gobierno de la República de Cuenca.

Zhunio, para la República de Cuenca, llevó el espíritu de una parroquia libre por su propio esfuerzo. Jima rompió su dependencia como anejo de San Bartolomé y su esclavitud a la Corona Española.

Hay que celebrar y recordar el heroísmo de los mayores, para exigir a los poderes centrales los derechos de un pueblo. Que en la niñez y juventud en la que aún corre sangre cañari, sangre rebelde, se refleje el futuro de Jima.

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