Los límites del periodista
Por Hernán Rodríguez G. *
CUENCA, Ecuador (26/06/07).- ¿Hasta cuánto es suficiente?. Podría parecer un pleonasmo, pero para mí particular modo de ver las cosas, es una expresión del hastío del telespectador, del radioescucha, del lector. Por ejemplo, cuando pasan en TV por décimo quinta vez Soldado Universal, Rambo o Comando.
¿Qué piensan los programadores de los canales de televisión, que los consumidores sufrimos alguna lobotomía o somos retrasados mentales?. Algo similar sucede en el mundo del periodismo cuando la principal cadena de noticias del mundo, la CNN, se pasa durante 23 días reportando las 24 horas sobre el encarcelamiento de la pobre niña rica París Hilton. Cuando el periodismo pierde estética, se transforma en espectáculo, se homogeniza.
En este mundo globalizado, los grandes medios de comunicación occidentales pretenden que su valoración de la noticia tenga validez universal, que su escala de valores sea válida para toda la humanidad. Esto provoca que lo que otras culturas entienden por importante, para ellos no lo sea. Es menos importante la explosión de un coche bomba en Irak, donde las víctimas son seres anónimos, que no sufren, que el stress provocado a una niña rica y alcohólica, sentenciada por violar la ley.
Este supuesto drama nos hace pensar también en que el sistema penal norteamericano es el ideal, porque manda presa a una multimillonaria. Pero, ¿qué de justo puede haber en un país que destruye a otro fundamentado en la mentira de su presidente?.
Esta visión homogenizante del mundo, se repite a escala más local, cuando los medios y los canales de Quito y Guayaquil deciden, según sus normas, que es lo que tenemos que saber, de qué tenemos que reírnos, o que debe entristecernos, sermonean sobre la naturaleza de la felicidad, la justicia, el bien y el amor. Lo vemos y lo leemos todos los días. Los otros, son medios de provincia, radios de provincia, televisiones de provincia, ciudadanos de provincia.
Para recuperar la estética en los medios, el colombiano Omar Rincón, invita a contar historias, a recuperar esa forma de decir las cosas de otra manera, porque la estética “parece ser para el periodismo la vacuna contra el conformismo ideológico; es ella la que le impide caer en una –si bien entretenida- huera repetición de los gestos del poder”.
De qué hablamos cuando decimos estética, de una de las principales cualidades de un periodista, la sensibilidad, la capacidad de poder apreciar la belleza. Estética existe entre los condenados de la tierra, entonces porque la manía de presentar mediáticamente a los pobres en las páginas de crónica roja, solo como víctimas de la tragedia, sin derecho a la dignidad de seres humanos.
La fascinación en el mundo actual a usurpado el espacio del conocimiento, caso contrario no se entenderían fenómenos sociales como la cultura chicha, fenómenos que sobre todo son mediáticos, que elevan la ficción a la categoría de verdad y el mal gusto lo convierten en estética. Claro, en el libre mercado de las ideas todo es posible.
Esto nos regresa a la pregunta, ¿hasta cuánto es suficiente?. Los pativideos, los pinchazos telefónicos, son expresiones de relativismo moral y de acciones mañosas, que de repente, por su repetición morbosa en los medios, se convierten en algo normal. Y nadie sale a decir, que el fin no justifica los medios.
Es generalización absurda de las cámaras escondidas, de los micrófonos secretos, que cierto canal usa todos los días, para atrapar a delincuentes es un acto inmoral. Sobre todo porque primero y antes que nada, el periodista juega limpio. Nadie puede ser grabado o filmado sin su consentimiento. Amén de las veces en que se suplantan personalidades para obtener un dato esquivo.
Pero, ¿en dónde están todos estos principios que norman a la profesión y ponen límites al ejercicio del periodismo?. En las leyes de la República y en los códigos de ética profesionales que nunca leemos, a los que nunca hacemos caso. No hay profesión a la que no se le exija todo el tiempo la observancia de la ética y la búsqueda de la deontología.
Anquilosados por las costumbres, buenas y malas y la tecnología, (la hora de cierre, el teléfono, el correo electrónico, la agenda electrónica), muchas veces preferimos hacer lo que es más cómodo, peor ahora en la época del Internet, que escoger el camino recto, el de la ética.
¿Cuál es el límite para el periodista?. La ética, que también es su libertad. La ética es un saber práctico y nada hay más concreto que ella, porque se refiere precisamente a comportamientos concretos.
La ética es rectitud, que es el camino más corto, en el que todo es transparente y claro. Por eso el periodista juega limpio, ese es su ideal, es una persona recta, no es una persona de trastienda, de vericuetos. La persona co rrecta ama las buenas costumbres que la hacen una buena persona.
Según Richard Kacpuscinski, “antes que ser un buen periodista, se necesita ser una buena personas”. Es una trilogía: buen periodista-buena persona-rectitud. Para conseguir esto no hay que ser un santo, sino se deben mantener buenas relaciones con los demás y hacer bien las cosas.
Entonces la ética es el valor eterno, es la utopía, entendida no como una pérdida de tiempo o como algo irrealizable, sino como la meta que nos proponemos y que siempre es más alta de lo que podemos. Si te pones metas bajitas, te condenas a la mediocridad. Si te pones metas altas, siempre te estarás construyendo. Eso significa que construyes diariamente tu libertad, por eso hay que tener cuidado con las palabras absolutas, porque todo está siempre haciéndose, porque la ética es un motor sin fin. Este ideal nos conduce a pensar, a convencernos, a estar conscientes todas las veces de que las cosas se pueden hacer cada vez mejor, por eso el periodista siempre se supera.
Un valor básico del periodista es la responsabilidad, porque debe estar consciente siempre del poder que tiene entre sus manos. La responsabilidad es el valor que te pone en contacto con el futuro, con las consecuencias de lo que haces. Por eso la ética se vuelve más urgente, cuanto más poder tienes en tus manos. Una persona ética siempre se pregunta por las consecuencias de sus actos hacia los demás. No olvidemos que la tecnología ha puesto en manos de cada ser humano, la posibilidad de hacer un daño cada vez más grande. Cada decisión ética puede costar vidas. La incorrecta atribución de un delito, un suicidio. La ligera presentación de un video, una honra dañada. Familias que sufren.
Tampoco hay que olvidar que en países como los nuestros, todo lo que busca el poder es silenciar. El problema es vivir con el silencio. Es un dilema ético. Y en la profesión de periodista se debe decidir entre trabajar para ganarse lo del mercado, o ejercer la profesión porque esa es mi misión en la vida.
No hay que olvidar nunca que la ética aparece cuando aparece el otro. Si no hubiera el otro no habría necesidad de ética.
La primera pregunta a responder antes de optar por esta profesión es ¿por qué vale la pena ser periodista?. Si usted no ha respondido todavía está pregunta, no está en nada, porque parte de mi libertad es asumir con los ojos abiertos las posibilidades de la profesión. Ser ético es tener la capacidad de optar, de asumir con los ojos bien abiertos.
Por eso la libertad es también ética, que es el máximo ejercicio de mi libertad, de las decisiones que no nos impone nadie. La libertad es decidir “yo con mi vida hago esto”. La ética nos indica la posibilidad de hacer con nuestras vidas o una obra de arte o una porquería. O un tipo mediocre o alguien que se supera así mismo. El ser humano es alguien que siempre se hace a sí mismo, alguien que siempre está parado sobre sus hombros.
Por eso para Aristóteles, la ética es la obediencia a la propia naturaleza, es estar en permanente exploración sobre qué es lo que tiene la naturaleza humana, para conocer qué es ser fiel a esa naturaleza. Lo que nos lleva a la pasión, que es el apetito o la afición vehemente por algo. Hay que tener pasión por explorar la propia naturaleza del periodista, su deontología, su deber ser, todos los días, para poder ser fieles a esa naturaleza. “El periodismo o es pasión, o no sirve para nada”.
* Conferencia dictada a los estudiantes del VIII Ciclo de la Escuela de Comunicación Social de la Universidad Politécnica Salesiana, el pasado martes 26 de junio de 2007 en el salón auditorio de la UPS, a las 19h00. Panelistas Ana Calle, Jorge Piedra Jr, Carlos Almeida, Angel Vera y Hernán Rodríguez. Invitación de César Padilla y Luis Araneda.
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