Abelardo Cárdenas, maestro fundidor de cruces, letras, ángeles

 

Por Hernán Rodríguez Girón

Publicado en Diario El Mercurio, el domingo 13 de agosto de 1989, página 10A, Mundo Artesanal.

CUENCA, Ecuador (13/08/89).- “Bienaventurados los pobres de espíritu, porque de ellos es el reino de los cielos”, promete una de las bienaventuranzas del Sermón de la Montaña. Por los 50 años que ha dedicado a su oficio de maestro fundidor, Abelardo Cárdenas se ha ganado el cielo, fundiendo cristos, ángeles, letras, de lápidas. Es medio siglo entregado a esta profesión, en la que por el paso del tiempo le salieron canas en la cien.

Cárdenas trabaja con el vigor de toda la vida o así lo confirma. Habla del pasado y del presente, de las cosas buenas y malas, de la vida dura. Pobre desde su más tierna infancia. Que es lo que hace o ha hecho todos los días de su existencia, fundir, desde bielas de motores hasta letras para lápidas, cristos, ángeles, hasta alcanzar la maestría y ganar un puesto en el cielo.

¿Quién hará las letras para su lápida, el cristo, el ángel?. Tal vez, solo tal vez, el mismo haga este su último trabajo, como un auto homenaje. Cuenta su vida, la cantidad de cosas que fundió, que ahora están en todos los lugares, por todo el mundo.

En una pequeña habitación de adobe, que parece que “ya se cae”, ubicada en al Hermano Miguel, entre Honorato Vázquez y Juan Jaramillo, está la fundición. La habitación internamente es oscura, allí trabaja un hombre humilde, está terminando moldes de letras, para el vaciado del material caliente, al rojo vivo. Ve interrumpido su trabajo:

¿Cuántos años en su oficio?

Tengo ya 50 años de trabajar en esto.

¿Qué tiempo en este local y en esta dirección?

Treinta y ocho años.

¿Cómo se llama su profesión?

Mecánico fundidor.

¿Qué es lo que funde?

De todo un poco. Accesorios para letras, motivos para lápidas. Campanas, placas de bronce.

¿Qué materiales usa para fundir?

Siempre uso bronces y aluminio. También trabajo con magnolia, una aleación de estaño, plomo y antimonio, para hacer bielas de motor.

¿Qué herramientas usa para manejar estos materiales?

Para fundir bronce, los crisoles siempre son los instrumentos de trabajo más importantes que uso. Las demás herramientas son pequeñas, más bien yo diría que son accesorias. Le confieso que el bronce es mi material preferido.

¿Qué tiempo emplea en la fundición?

Depende de la cantidad de letras a moldear o de la cantidad de libras de material a fundir. Yo calculo unas tres horas en el modelado de unas letras y unas dos horas en la fundición.

¿Cuál es el precio de su trabajo?

Yo cobro unos 80 sucres por cada letra para una lápida, por la carestía del material y por que es escaso. Antes, hace mucho tiempo atrás, cobraba más barato. Claro que también la materia prima era más barata. Ahora, el quintal de bronce está a 20.200 sucres o a 25.000. En cambio, antes el mismo quintal costaba 300 sucres.

¿Cuál es su trabajo más grande?

Mi obra más importante fue la fundición de las letras y el logotipo de la antigua agencia del Banco del Pacífico, ubicada en la Tomás Ordóñez y Sangurima. Fui contratado por el arquitecto Cristóbal Tamariz. Hice esas letras en un mes y medio, el arquitecto me dio los dibujos y los diseños, milimétricos. Me proporcionó todas la formas y medidas. Mandé a hacer los moldes en madera y el negativo en piedra. Posteriormente, se vacía el material y se obtiene la fundición en bronces. Finalmente se pulen y abrillantan. La colación ya fue de parte del Banco.

¿Dónde y de quién aprendió este que ahora es su oficio?

En un taller, con el maestro Julio Torres, a los 12 años. Aprendí rápido. Salí de la escuela a esa misma edad. Incluso, había piezas que el maestro no hacía y yo, con la experiencia, las pude hacer. Pasaron unos 8 a 10 años y yo sabía más que el propio maestro, el que me enseñó. El maestro Torres fue uno de los primeros fundidores de Cuenca. Por ventaja, siempre que pongo empeño, aprendo la clave de como pueden ser las cosas.

¿Tiene acreditación o título de fundidor?

No, no lo tengo. Más que nada, aprendí con la vida. Ninguna persona me dijo, así se hace. Yo solo veía como se trabajaba y ya, ¡aprendía!. También trabajé muchos años como mecánico de la Ford, con el señor Luis Berrezueta. Me contrataron para fundir piezas para motores y repuestos. Eso fue por la Guerra con el Perú, años 1944 y 1945, había una carencia de chapas de biela para los motores de los carros.

¿Cuán cara está la vida en la actualidad?

No alcanzo a ganar ni para la comida. Gano el día. A veces no hay trabajo, no hay nada. Tengo un sueldo promedio de unos 506 sucres a la semana y, cuando hay, unos 3.000 sucres.

¿Fabricó usted su propio horno?

Sí, pero ahora la gente busca lo más barato… No admiran el buen trabajo, sino el precio. La gente de la costa si sabe apreciar el trabajo bien hecho. Pagan bien. Los cuencanos prefieren los barato, aunque esté mal hecho. Usted sabe lo que son los paisanos, como se dice.

¿Siempre ha vivido y trabajado en esta ciudad?

Me fui a vivir y trabajar en Guayaquil, durante unos cinco años, en busca de una mejor oportunidad. Trabajé en fundición y arreglando bicicletas. A propósito, el deporte es una de las actividades que más me ha gustado. Por dos años consecutivos fui vicecampeón nacional de ciclismo, entre los años 1952 y 1953. Eran buenos tiempos, de grandes recuerdos. Yo no tenía bicicleta, la alquilaba por el entusiasmo y la afición al ciclismo. Unos señores Maldonado me alquilaban la bicicleta. Entrenaba un poco antes de cada carrera y la última fue entre Cuenca y Durán, cuando todavía no se construía la carretera. Tuvimos que superar la montaña por una trocha. Llegué a la meta en cuartos lugar entre los finalistas. Una llanta se deshinchó en la segunda etapa. Mi bicicleta era muy pesada, marca Philips de 45 libras.

¿Hasta cuándo seguirá en este oficio?

Aunque la vida está fregada, dura, yo estoy fuerte para continuar con esto.

¿Este local también es su lugar de residencia?

No, este es solo mi taller. Mi casa está en la Tarqui 3-64.

¿Cuál es su grado de instrucción?

Primaria. No asistí al colegio, porque mi familia era muy pobre. Salí de la escuela el 15 de julio y entré al oficio, hasta la fecha.


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