Hermanos Palacio: si la obra es buena perdurará
Monumento a Gabriel García Moreno, ubicado en la ciudad de Guayaquil y atribuido al escultor lojano radicado en Cuenca, Daniel Palacio.
Por Hernán Rodríguez
Publicado en Diario El Mercurio, Mundo Artístico, página 10, el domingo 18 de junio de 1989.
CUENCA, Ecuador (18/06/89).- Este un homenaje a los hombres que hace de su trabajo algo más que una manera de ganarse la vida. Son las 08:30 de un día martes. Se abre la puerta de la casa de altos muros y color amarillo, ubicada en la esquina de la calle Mariscal Lamar, intersección con la Abraham Sarmiento. La edificación guarda recuerdos y los bustos y esculturas de grandes hombres de la Patria. Fue el taller de Daniel Palacio Vélez, maestro del modelado en bronce, que perennizó la memoria de ilustres ecuatorianos.
Wolfram y Paúl Palacio, hijos de Daniel, continúan el trabajo de su padre, en el taller que él levantara. La obra en la que trabajan actualmente es el monumento a la Segunda Constituyente de Ambato. Dejan por un momento el trabajo, para hacer memoria y hablar sobre esta tradición familiar, que han decidido continuar. “Nuestro padre era un hombre infatigable, incansable, de un tesón increíble. Empezaba una cosa y, antes de terminarla, ya había empezado otras dos. Era muy dedicado a su trabajo”.
Daniel Palacio Vélez nació en Loja, el 1 de noviembre de 1908. Sus estudios primarios los realizó en su ciudad natal. Ganó una beca para estudiar bellas artes en Quito. Después, el gobierno español le otorgó una beca para estudiar en la Escuela de Bellas Artes de San Fernando, en Madrid. También estudió cerámica en la Escuela de Cerámica de Madrid. Estando en España, tuvo la oportunidad de realizar algunos trabajos, entre ellos tres placas de bronce, una se encuentra en el monumento a Cristóbal Colón, en la capital española.
“Hizo grandes esfuerzos y fue fundador de la fábrica de Cerámica de Riobamba. Lamentablemente, los socios capitalistas le jugaron mal. Realizó otra tentativa, instalar unafábrica en Portovelo, pero por razones políticas, se lo impidieron. Produjo una gran muestra de hornos para cerámica, pequeños, que él mismo diseñó y fabricó. Descubrió y probó todos los materiales cerámicos existentes en el país, para el desarrollo de la industria de la cerámica. Intentó también aquí en Cuenca, sin mayores resultados”, cuenta un poco triste su hijo Paúl.
Daniel Palacio regresó de España al Ecuador en 1937. Necesita trabajo y fue contratado para diseñar y elaborar la puerta mayor de Catedral Nueva de Cuenca, forjada en hierro y con placas artísticas de bronce relacionadas con el templo. Su primera escultura fue dedicada a Rafael María Arízaga. La escultura más grande que abordó es la de García Moreno, con 4,20 m de altura y ubicada en Guayaquil. “Él quiso realizar el Cristo Redentor de Guayaquil, colocado en el cerro Santa Ana, pero no le dieron el contrato, argumentando que en el país no existía el maestro y la técnica suficiente para acometer un trabajo tan monumental. Finalmente, obra fue contratada en Italia.
Los problemas y las dificultades en este oficio nunca faltan, porque en la vida nada es fácil o absolutamente difícil, reflexiona Wolfram Palacio. “Hemos realizado en este taller fundiciones muy difíciles, pero ese no es el problema más común que tenemos, sino el traslado de la obra desde nuestro taller hasta el pedestal. A veces, no podemos contar con el vehículo apropiado. A veces, las herramientas para levantar un monumento son escasas en el medio. Otras, descuidamos el aspecto económico. Sabemos que es posible construir una obra en un tiempo determinado, pero siempre los atrasos en el dinero para su ejecución, hacen que el trabajo se vuelva más costoso. Estas pérdidas siempre son asumidas por el escultor y también por el contratista, convirtiéndose lo económico en nuestro principal problema”, revela Paúl Palacio. Una anécdota, el 3 de octubre de 1970 el sector público no tenía dinero para cancelar las estatuas de Luis Cordero y José Peralta.
Daniel Palacio Vélez falleció el 21 de mayo de 1988. La memoria de varios insignes varones pasó por sus manos. El trato de que se los recordara como eran. Más a él, el forjador de tantos monumentos, ¿quién lo recordará?. Paúl Palacio no cree que a su padre le hubiera gustado un homenaje así. “No sé si lo hubiera deseado, un monumento para él. Creo que no hubiera querido ese tipo de homenaje”. Su hermano Wolfram, de un carácter distinto, opina todo lo contrario, “el pueblo de Loja, su cuna, pidió un monumento para él, ¿sería justo no hacerlo a un hombre que hizo tantos”.
Toda su obra fue una eterna donación, porque Daniel Palacio fue un hombre que nunca dejó de trabajar por su país. Combinó la escultura, su pasión, con la artesanía, para hacer de estos dos oficios una forma de vida, que le rindió frutos. Realizó 15 monumentos de cuerpo entero y 14 bustos en bronce, repartidos en 9 ciudades del Ecuador. “Literalmente, toda su obra fue una eterna donación. Trabajó incansablemente todos los primero de mayo, los días del padre, los días de la madre, las navidades, los años nuevos, el no se dio vacaciones una sola vez. Y apenas logró levantar su taller, en toda su vida”, explica con nostalgia Paúl Palacio.
En este taller, que herencia de su padre, los hermanos Palacio pueden trabajar. Se encargan del modelado, también elaboran el proceso para monumentos grandes que no se lo pueden delegar a nadie más, pero para la fundición siempre contratan más personal, porque no pueden hacerlo solos. El monumento a Simón Bolívar en Cuenca, ubicado en el redondel de la Circunvalación Norte, sector de la gasolinera Eloy Alfaro, es un trabajo de Paúl Palacio. Su padre Daniel Palacio inmortalizó en bronce a Luis Cordero, José Peralta, Rafael María Arízaga, Emiliano Crespo Astudillo, Honorato Vázquez y los bustos de Octavio Cordero Palacios, Muñoz Vernaza, Carlos Arízaga y Luis Cordero.
Hacer una escultura en bronce, de grandes proporciones, no es trabajo fácil. Todo parte de una idea relacionada con el personaje. Se dibuja un boceto, que tarda para ser aprobado por el contratista, porque para hacer estos monumentos existen comités y sus integrantes son numerosos. Como muchas de las veces no llegan a un consenso, hay que esperar y eso toma su tiempo. “Pero, una vez aprobado el boceto, no permitimos intromisiones, la obra debe continuar”.
A partir del boceto aprobado se trabaja la maqueta del monumento en plastilina. De acuerdo con esa maqueta, se van a ir elaborando sus diferentes partes, este es un proceso mecánico. Luego, se hace un negativo del monumento en yeso y un positivo, también en yeso. Al endurecerse el yeso, hace un nuevo negativo, pero esta vez en arcilla refractaria, para poder vaciar el bronce. Este negativo en arcilla posee un núcleo, del mismo material. Entre este negativo y su núcleo queda un espacio vacío, que se rellena y es ocupado por el bronce. Luego de que el bronce fundido se enfría es pulido, para eliminar imperfecciones. Así queda la pieza finalmente trasladada al bronce, a un positivo. “Siempre que hacemos obras grandes, manda la técnica que las hagamos por partes, puesto que, si las condiciones no son favorables, no se daña todo un molde gigante”. El bronce para su vaciada entre el molde negativo y su núcleo, debe ser fundido a 1.200 grados Celsius. Esta temperatura también contribuye a eliminar impurezas.
Todas las herramientas con las que ahora trabajan los hermanos Palacio, fueron construidas o compradas por su padre Daniel, se trata de hornos, elevadores, soldadoras… “toda la maquinaria que tiene nuestro taller es un esfuerzo de él. Confeccionó los hornos con ayuda de sus amigos mecánicos y forjó la mayoría de sus herramientas, que ahora las usamos nosotros”.
Daniel Palacio Vélez (1908-1988/Loja), vivió y trabajó en Cuenca. Sus monumentos y bustos se hallan en Quito, Guayaquil, Cuenca, Loja Machala, Ambato, Salinas, Zaruma, Portovelo. También fue un pionero de la cerámica industrial.
Monumento al Libertador Simón Bolívar, en la ciudad de Cuenca, sector de la estación de gasolina "Eloy Alfaro", atribuido a Paúl Palacio.

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