Hermanos Pugo: artesanos, músicos, locos…

 

            Luis Pugo en el presente, a sus 70 años, repasa su música. Xavier Caivinagua/El Mercurio

Por Hernán Rodríguez Girón

Publicado en Diario El Mercurio, Mundo Empresarial, página 10A, domingo 23 de julio de 1989.

CUENCA, Ecuador (23/07/89).- De artesanos, músicos y locos… los hermanos Pugo tienen un poco. Ellos son 5 hermanos artesanos, “luthiers” o constructores de instrumentos musicales propios y extraños. Poseen dos talleres, propiedad de la familia, uno ubicado en la Padre Aguirre 14-61, un segundo taller en El Cebollar, en una casa humilde de adobe, en la que viven, junto a unos eucaliptos, una chacra y hermosos paisajes.

Luis Virgilio de 35 años, Ángel de 33, Luis de 32, Manuel de 30 y Rafael de 20, sueñan con alcanzar algunas metas: difundir la artesanía de la construcción de instrumentos andinos, y promover la música nacional y la latinoamericana, por medio de una gira por Europa. También quieren dar trabajo a más compañeros artesanos, con la ampliación de sus talleres. Pero les hace falta dinero.

Sin embargo, sobran las ganas de trabajar, ahorrar y cumplir con todos estas propuestas que por el momento son solo sueños. Más allá del interés económico, están la solidaridad y el orgullo de ser latinoamericanos, herederos de las tradiciones de sus antepasados. Así son los hermanos Pugo, que siempre han logrado lo que se han propuesto.

Fue Ángel Pugo el de la idea de instalar un taller, para la elaboración de instrumentos musicales, en 1987. Al principio los hacía muy mal, porque no tenía ni idea de este oficio, pero con persistencia fue aprendiendo y adquirió la suficiente maestría. Sus hermanos le siguieron en esta labor. A continuación, Ángel cuenta un poco de su vida, de su historia y de su trabajo:

¿Qué instrumentos construyen en la actualidad?

Elaboramos instrumentos de percusión como bombos, bongoes, redoblantes, congas, tumbas, también instrumentos de viento, como rondadores, quenas, sampoñas, pingullos, flautas de madera, bocinas y otros instrumentos aerófonos, que se utilizan en la música folklórica. De los instrumentos de cuerda, hacemos contrabajos, chellos, violas, violines, violines para niños, el contrabajo mexicano, el cuatro venezolano, vigüelas, guitarras, arpas y charangos.

¿Enseñan ustedes a tocar todos estos instrumentos?

Sí, pero la gente viene a aprender más como amigos, que como una escuela de música. Enseñamos a muchos amigos un poco y luego se unen a nuestro grupo musical. También aprendemos, porque no decirlo, de los amigos muchas cosas.

De la calidad de las maderas que utilizan para fabricar sus instrumentos, depende mucho la pureza del sonido de cada objeto musical. Ángel explica además que la forma y la profundidad y la forma de la caja de resonancia de los instrumentos de cuerda, se consigue con la gubia, moldeando la madera. La gubia es una herramienta de mano usada en carpintería y para el tallado de madera para quitar material y darle forma. Es una hoja curva u afiliada, que se usa con un movimiento de empuje y giro de la mano, sobre la superficie de la madera.

¿Qué maderas utilizan para trabajar sus instrumentos?

 

Utilizamos las que están al alcance en el mercado local, en nuestra tierra. Por ejemplo, cedro, ciprés, nogal, sauce y pino. No conseguimos un buen pino extranjero, porque aquí no existe un pino de excelente calidad, tampoco tenemos los contactos para comprar pino extranjero, así que lo reemplazamos con la madera local disponibles. Es una experiencia maravillosa descubrir las variedades y la calidad de las maderas que existen en el mercado local. En el Oriente hay excelentes maderas, como caoba, bálsamo, guayacán, para ciertas partes de los instrumentos, la chonta y otros materiales.

¿Las maderas que existen son caras?

De las maderas que compramos, se obtienen instrumentos que no son caros, tienen un precio cómodo para su adquisición, como flautas y guitarras. Un instrumento extranjero, fabricado fuera del país, por ejemplo, como un bajo, puede llegar a costar en el mercado nacional 700 o hasta 1 millón de sucres y un chello de buena calidad hasta 1 millón, bajito. Ese es el precio de los instrumentos fabricados en serie. Un buen chello, de marca de un fabricante famoso, tranquilamente puede llegar a costar 2 millones de sucres. Un músico profesional local con esos precios no podría adquirirlos. Nuestros bajos o nuestros chellos, en cambio, cuestan no más de 250 mil sucres y los fabricamos con pasión, parque suenen bien, con calidad musical, aunque ese tipo de trabajos si toman la mano.

Los pedidos para la elaboración de instrumentos se pueden hacer tanto en la Padre Aguirre, donde Ángel atiende personalmente o en El Cebollar.

¿Destacas el trabajo de otros artesanos luthiers de Cuenca, aparte de ustedes?

Por supuesto. Nosotros tenemos poco tiempo en esta artesanía. Aparte de nosotros y antes que nosotros, existen en esta ciudad excelentes artesanos luthiers, buenos obreros. Como la familia Ullaguari, el señor Baculima, el señor Benalcázar, excelentes maestros y artesanos, fabricantes de instrumentos musicales de gran calidad.

¿Crees que los habitantes de esta ciudad han llegado a apreciar el trabajo que ustedes hacen?

Yo creo que sí, creo que les gusta el sonido de nuestros instrumentos. Nos compran violines, sobre todo los estudiantes del Conservatorio “José María Rodríguez”, porque cuestan más barato que los violines extranjeros. Personas de otras partes del mundo también aprecian nuestro esfuerzo, de Francia, Suecia, EEUU.

¿Qué otras actividades realizan como hermanos?

Tenemos un conjunto musical y nos dedicamos a otro tipo de artesanías. Siempre nos pasamos ocupados, lo que descubrimos lo hacemos. Nos pasamos ocupados siempre, haciendo una cosa u otra. Yo estoy incursionando en el tejido artesanal. Un compañero de Otavalo, que toca en un grupo de allá, es muy entusiasta y me está enseñando ha hacer otras artesanías. Queremos de esta manera unir a más compañeros, crear un grupo de artesanos para mejorar sus vidas. Además, construimos muebles de madera, tallados en estilo clásico.

¿Cuántos años llevan haciendo música con el grupo que tienen?

8 a 10 más o menos. Con mis hermanos comenzamos poco a poco. Dos guitarras, un bombo y un pingullo. Nada más. Y nos fue bien desde un inicio. Al público le gusta como interpretamos y siempre nos caracterizamos por interpretar canciones de nuestra tierra o de Latinoamérica. Como latinos, somos una misma raza, la de nuestros antepasados, la raza india. Tocamos canciones y músicas de Perú, Bolivia y Colombia. Hemos actuado ya varias veces en distintos escenarios y en el camino se nos han ido uniendo algunos compañeros. Hicimos una gira por Perú, durante la visita del Papa Juan Pablo II, actuamos con una danza autóctona. Grabamos una de las pistas musicales de la película “Vibraciones”, tocando rondador, quena y zampoña. Por todo el país hemos sido bien acogidos. En el Oriente compartimos nuestra música con el pueblo shuar, en sus comunidades y aprendimos mucho.

“Vibes” o “ El Secreto de la Pirámide de Oro” en español fue una comedia estadounidense de 1988, escrita por Deborah Blum y Lowell Ganz, dirigida por Ken Kwapis y protagonizada por Cyndi Lauper y Jeff Goldblum, con las participaciones antagónicas de Julian Sands y Peter Falk. El título original de la película es "Vibes", que en inglés significa "Vibraciones". Narra la historia de Sylvia Pickel (Cyndi Lauper) y Nick Deezy (Jeff Goldblum), dos psíquicos que son contratados por Harry Buscafusco (Peter Falk), para encontrar a su hijo perdido en los Andes ecuatorianos muchos años atrás. Una vez embarcados en la aventura, los dos descubren cuáles son realmente los planes de quienes los habían contratado: encontrar un templo escondido en las montañas, de donde proviene toda la energía psíquica del mundo. Pero el plan de Buscafusco no saldrá como esperaba. La película fue ambientada en la sierra ecuatoriana, algunas escenas se grabaron en Azogues, Cojitambo, en la Cañar y en el parque Cajas, Azuay, cerca de Cuenca.

¿Estudiaste diez años en el Conservatorio?

No terminé mis estudios de Conservatorio. Estuvo 10 años más o menos en piano, hasta el cuarto curso. Estaba preparado para estudiar el quinto. Llegué hasta tercer curso de flauta, en teoría de solfeo y dictado, terminé mis estudios. La situación económica se me hizo dura y me dediqué a trabajar, a fabricar instrumentos, con buenos resultados.

Como no paran en asumir nuevos proyectos, ahora están formando el primer grupo de mariachis de Cuenca, con la asesoría del mariachi colombiano, Luis Guzmán. Flota en el aire la tonada de “El Rey”.

¿Cómo conoció a los hermanos Pugo?

Vine a Cuenca con el mariachi Azteca, a una presentación y conocí a los hermanos Pugo. Tienen un arte y una habilidad que muy poco tienen. Sus instrumentos mexicanos, como el guitarrón, quedan mejor que los auténticos. Son súper buenos.

¿Cuál es otra de sus metas, Ángel?

Crecer, para dar trabajo a más artesanos. Agrandar el taller y brindar una mejor calidad de vida a nuestros artesanos. No hemos podido todavía, porque con lo que se trabaja no alcanza. Somos de escasos recursos y apenas contamos con lo necesario para sobrevivir. Con nuestro propio esfuerzo nos hemos hecho de algunas herramientas y de material, hay que seguir luchando. No hemos tramitado créditos del Banco de Fomento, porque los trámites son largos y el trabajo no deja tiempo para tanto trámite. Sigan luchando y trabajando, porque la recompensa de la lucha es el triunfo, es mi consejo para otros compañeros artesanos.

¿Cuál es la marca de identidad de los hermanos Pugo?

Nuestra casa humilde, pobre, desarreglada en la que trabajan un grupo de artesanos. Estamos fabricando de manera constante instrumentos musicales y al mismo tiempo enseñamos a sobrinos, amigos, niños, para que lleguen más lejos que nosotros. Damos el ejemplo, somos el inicio, nos seguirán en el arte y la artesanía, dos cosas que tienen un enorme valor. Ecuador debería ser identificado a nivel internacional por la calidad de sus artesanos y sus artesanías, que siempre darán realce en todo el mundo a nuestra cultura. Ecuador está lleno de artesanos. Estas son mis palabras, que intentan tener una dosis de sabiduría, de un sano orgullo.

 

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