Juguetes de madera PaTo, buenos, bonitos y baratos
Por Hernán Rodríguez Girón
Publicado en Diario El Mercurio, Mundo Artesanal, página 10A, domingo 2 de julio de 1989.
CUENCA, Ecuador (02/07/89).- “Los juguetes importados que existen en el mercado tienen un alto precio; por eso, junto a mi socio, maduramos la idea de fabricar juguetes bonitos, vistosos y atractivos para niñas y niños y, sobre todo, baratos”, explica Gonzalo Torres, dueño de la juguetería PaTo. La vieja leyenda universal de Papá Noel, ese viejo bonachón que en Navidad regala juguetes a las niñas y niños, está en el presente venida a menos, sea por el alto costo que tienen los juguetes que los vuelven inalcanzables a los bolsillos de los padres de familia, sea porque Papá Noel es el símbolo comercial extranjero, invento de la Coca Cola.
La sociedad cuencana no necesita de Papá Noel, sino de hombres reales, de carne y hueso, emprendedores como Gonzalo Torres y Eloy Palacios, propietarios de un taller artesanal, que están haciendo realidad una idea genial, mejor que el mito de Papá Noel, hacer juguetes de madera a bajo costo: “en vista del alto precio que tienen los juguetes importados en el mercado, junto a mi socio, maduramos la idea de hacer juguetes bonitos, vistosos, atractivos, para niñas y niños, sobre todo baratos”.
Es el sueño de un artesano que ya tiene 30 años de carrera como profesor, Gonzalo Torres y que desde el mes de septiembre de 1988 fabrica juguetes “El PaTo”. Con este trabajo espera rescatar una tradición, “porque la línea de juguetes que queremos introducir en el mercado es recreativa y didáctica. A ver si es posible rescatar los juegos tradicionales. Antes, en Cuenca, los juguetes artesanales, hechos con madera o aserrín, eran educativos, como profesor se también que eran pedagógicos, didácticos y al mismo tiempo un deleite”, comenta Patricio.
Gonzalo dejó el magisterio para dedicarse tiempo completo a su taller, porque “antes este espacio elaboraba implementos para la construcción, como puertas, ventanas y closets. Abandonamos esa línea en vista de que no teníamos muchos pedidos y competencia era asfixiante y porque mi socio y yo en ese lapso estábamos dedicados al magisterio. Yo me retiré del magisterio porque necesito dedicarme por completo a esto”.
Lo primero que hizo fue transformar su línea de juguetes en septiembre de 1988, luego de madurar la idea durante varios años. Fue costoso cambiar la anterior línea de trabajo, de complementos para viviendas, a esta otra completamente distinta y nueva en la ciudad. Para hacer juguetes se necesita maquinaria y herramientas totalmente distintas a fabricar puertas, ventanas o closets. El nuevo objetivo es el diseño de juguetes que al mismo tiempo sirvan como material didáctico para las escuelas, en el que pueda plasmar toda su experiencia como profesor, “de cierta manera, no voy a deslindarme de la educación, del contacto con niñas y niños, con los muchachos, que son mi vocación. Les voy a entregar material didáctico, diseñado en base a mi experiencia como profesor”.
Una parte de la línea de productos PaTO están proyectos para ser material de enseñanza en escuelas y colegios, con juguetes para niñas y niños de hasta 12 años y material didáctico para jóvenes de colegios, para enseñar geografía, historia, botánica, antropología y un cuerpo humano de madera desarmable para biología. En la línea exclusiva de juguetes, ya están fabricando trenes, aviones, carros y patos.
El nombre del taller artesanal surgió de un acrónimo, de manera curiosa y accidental, puesto que las sílabas iniciales de la sociedad Palacios-Torres, forma la palabra PaTo, que podría ser considerada como un buen augurio, “el nombre de nuestra marca PaTo es una contracción de nuestros apellidos y eso nos pareció genial, como socios y amigos, Eloy Palacios y Gonzalo Torres. El nombre PaTo se relaciona también con un ave muy popular, presente hasta en las caricaturas que ven los niños por televisión. A mí me parece una contracción simpática y oportuna, que coinciden con las primeras sílabas de nuestros apellidos”.
El papá de Gonzalo Torres fue propietario de un taller de carpintería, así es que la artesanía la lleva en la sangre. Allí se fabricaban muebles, “yo heredé la tradición de mi familia que es la carpintería y desde muchacho, mi inquietud eran las manualidades, siempre elaborando aviones y cometas. Luego, en el magisterio, seguí cursos para hacer material didáctico. Ahora, para hacer nuestros juguetes no usamos otra materia prima aparte de la madera”.
Una de las características fundamentales que Torres espera lograr como distintivo de sus juguetes es la suavidad al tacto y eso se logra solo madera de la mejor calidad. “Para hacer juguetes de madera es difícil conseguir materia prima de excelente calidad. Nuestros juguetes son elaborados en ciprés, una especie maderable que es escasa y tiene ojos. Por eso antes de usarla, hay que clasificarla. Eso complica el proceso de fabricación”.
Pagan un poco más por la materia, pero, pero el resultado son objetos exclusivos, para cuidar toda la vida. Escoger la materia prima adecuada es el primer obstáculo. Hay otro tipo de madera que se consigue en la costa, el tillo, muy parecido al ciprés, pero que puede ser afectada por la polilla y “a lo mejor hacemos nuestros juguetes con está última especie, pero aplicándole un proceso químico contra la polilla. Todas estas molestias las superamos con el único objetivo de conseguir juguetes agradables al tacto”.
El modelo educativo en Ecuador sigue basado en “lo que dijo el profesor” y si el profesor se equivoca, el alumno crece con un defecto de formación. Por eso, la educación debe estar orientada hacia la investigación, un modelo en que el estudiante descubre su mundo y el profesor es un guía. Es este nuevo modelo educativo el que debe contar con suficiente material didáctico, al alcance de jardines de infantes, escuelas y colegios. Se aprende jugando y, por ejemplo, manipulando un juguete el niño podrá aprender lo que es un triángulo. Así también en la educación participan todos los sentidos. Ya no será una educación de pizarrón. Así es como ve Gonzalo Torres el futuro de su emprendimiento.
El taller de juguetes PaTo está ubicado en la Gil Ramírez Dávalos y Turuhuiaco, allí trabajan 5 operarios, produciendo 1.000 juguetes por mes, unos 50 juguetes diarios; “mis operarios ganan el sueldo básico del sector artesanal. Todos son jóvenes, que están aprendiendo también. Eso porque he trabajado para jóvenes toda mi vida. No tengo con ellos ningún problema para relacionarnos”.
Como todo emprendimiento pequeño, el taller artesanal PaTo, también está amenazado por la inestabilidad económica del País, porque “nuestro objetivo es producir juguetes baratos, que puedan competir en calidad y precios con los productos importados, pero cada día suben los precios de la materia prima y eso nos desorienta”, aunque Torres no deja de ser optimista y confía en que su naciente empresa saldrá adelante en el futuro.
Los juguetes PaTo saldrán a la venta en la Navidad de 1989 y tendrán precios cómodos y la particularidad de ser juegos tradicionales, hechos en Cuenca. El sueño del maestro Gonzalo Torres es inundar el mercado local y nacional de juguetes que no contaminen o dañen la mente de los niños ecuatorianos. Papá Noel no es más que una leyenda urbana, fomentada por el consumismo de la Coca Cola, cargado de juguetes opulentos, que hieren la miseria de muchas niñas y niños que no saben lo que es un juguete de verdad. En un mundo dominado por el interés comercial y económico, ¿triunfarán las buenas intenciones de PaTo?..., que así sea. Soñar no cuesta nada.


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