Play Land Park más que problemas es diversión popular
Por Hernán Rodríguez Girón
Publicado en Diario El Mercurio, el sábado 18 de noviembre de 1989, página 9A, reportaje.
CUENCA, Ecuador (18/10/89).- El Play Land Park es un parque de diversiones itinerante que ha llevado momentos de alegría y diversión a diversas ciudades y comunidades del Ecuador durante años. Este emblemático parque se destaca por ofrecer una amplia variedad de atracciones: montañas rusas y juegos mecánicos, hasta actividades para toda la familia, como carruseles y casas del terror.
El Play Land Park tiene una rica historia como uno de los parques de diversiones itinerantes más icónicos de América Latina. Desde sus inicios, este parque ha buscado llevar entretenimiento de calidad a diversas regiones, adaptándose a las tendencias y expectativas de las generaciones a lo largo del tiempo. Su origen se remonta a mediados del siglo XX.
Si bien cada parada del Play Land Park tiene sus propias historias y momentos memorables, su esencia como un punto de alegría y entretenimiento itinerante permanece constante, generando siempre entre la gente reacciones como gritos, alaridos, risas o llanta, expresiones de las más variadas emociones.
El corazón sube a la garganta y la garganta baja hasta los pies en los aparatos del Play Land Park, que traducido al español sería el Parque de la tierra de los juegos. El parque itinerante funciona desde antes de 1961. Revela este dato sin precisarlo Roberto Frech, uno de los tres gerentes administradores, “yo conocí el parque en el año 1961 y como 5 o 6 años antes ya estaba funcionando”.
Una anécdota relacionada con Cuenca, es que el PLP llega siempre para las fiestas del 3 de noviembre. Hasta esa fecha se asienta sobre el valle una etapa de estiaje, no cae la lluvia. Pero es certero que llega el Parque y empieza a llover en toda la ciudad y a cántaros. Por eso los cuencanos suelen decir “vamos a batir lodo en el Play Land Park”, como una forma de confirmar que las lluvias han llegado.
Desde 1961 entonces, estalla de la alegría de los niños que pasean en los carros chocones o las motos espaciales. Para los padres de familia es una manera de bajarle al estrés y ver felices a sus hijos, por eso mientras tomamos un café en la casa rodante de Roberto, una mezcla de guarida gitana y cajita de sorpresas, “sentimos una gran satisfacción al realizar este trabajo, porque se que, de alguna manera, por unos instantes, estamos logrando que la gente sea feliz”.
Durante años, o generaciones, el Parque no ha podido llegar a Cuenca con todas sus atracciones, como las que si disfrutan el público de Guayaquil o de Quito. Uno de esos factores son las carreteras, ya que los equipos de transporte son pesados y remontar la cordillera es tarea harto difícil. Además, las condiciones de las vías no siempre son las mejores. Otro problema es el espacio asignado por la Municipalidad y para este punto, Roberto explica “para que el Parque funcione con todos sus juegos y a su máxima capacidad necesitamos un gran espacio. Los sitios que la Municipalidad nos asigna año tras año son siempre pequeños y en ellos no caben todos nuestros juegos. Siempre, por A o B razones no podemos traer todos los juegos, nos encantaría, pero no es posible. Por ejemplo, el tobogán tiene sus frenos sobre ruedas de caucha y cuando nosotros venimos para el 3 de Noviembre en la ciudad siempre llueve mucho, jajajaja. NO es conveniente instalarlo entonces”.
Por eso, los 36 juegos que el Parque instala en otras ciudades del Ecuador, no pueden estar presentes en Cuenca para las fiestas, solo los que brindan la mejor seguridad. Pero sería interesante que en algún momento se reúnan todos los factores necesarios para que se instalen todos los juegos. Los países en los que operan son Costa Rica, Ecuador y Lima, lo que lo convierte en una empresa de diversión internacional y entre las unidades operativas en cada país se intercambio equipos mecánicos, para que la diversión no sea monótona. En Panamá participan en sus principales ferias, incluida la Zona del Canal y después de atender ese circuito vienen a Ecuador, a sus principales ciudades.
A la percepción de muchos, este puede resultar un trabajo cansado, hasta monótono, como un circo, pero “puede parecerles a muchas personas un trabajo muy cansado, ir de ciudad en ciudad, manejando un parque como este, pero por mi experiencia no es complicado. O es tan complicado como el trabajo que tienen otras personas. No es una vida rigurosa o alocada. Nosotros ya sabemos que en Ecuador tenemos que planificar nuestras fechas según sean las vacaciones en la sierra o en la costa. Mientras ustedes están de vacaciones, nosotros trabajamos. Y, mientras el público trabaja, nosotros estamos de vacaciones, es una rutina conocida, estudiada, asimilada y aprendida”.
Todos los días los equipos reciben mantenimiento antes de que ingrese el público. No funcionan los días lunes y los sábados, por razones de seguridad para que los equipos mecánicos no estén sometidos a un excesivo desgaste en sus partes y piezas. Lo primero es la seguridad de los asistentes.
Otro pero que resienten las personas, es que las entradas al PLP suben de precio todos los años y últimamente se han puesto muy caras, un fenómeno inflacionario que sus administradores toman en cuenta, porque suben los insumos para operar y ellos también tienen que subir precio de las entradas para recuperar costos y de “cierta forma, nosotros todo el tiempo trabajamos a pérdida, con perjuicio. No siempre se puede subir el precio de las entradas, equipararlas con la inflación en cada país, porque nuestro deseo siempre es sacrificar ganancias para servir mejor al público”.
Roberto Frech saborea y toma un poco de café para continuar, “si tomamos en cuenta el alza en combustible, salarios, transporte, flete, productos de primera necesidad tendríamos que cobrar más por cada juego a la que la gente se sube. Sin embargo, para que no sientan el golpe, sacrificamos ganancias”.
A esta política de mantener precios se suma la responsabilidad social empresarial, ya que todos los años se reparten un buen número de entradas gratuitas a municipalidades e instituciones de beneficencia, en todas las ciudades del país. Se coordina un calendario para ver el día más oportuno en que se puedan dar esas funciones gratis, por ejemplo, “el pasado miércoles aquí en Cuenca dimos una función gratuita, se entregaron entradas a la Municipalidad y ella a su vez se encargó de repartirlas a los niños de las escuelas fiscales. La clase trabajadora tiene derecho a disfrutar igual que aquellos que pueden pagarse su entrada”.
El gerente confía en el criterio del público y en la opinión positiva, sincera, de una experiencia agradable que tienen de él. No niega que algunas personas puedan incomodarse, por el ruido, la contaminación luminosa, que puede generar su presencia en los barrios aledaños. Pero la gente en general está satisfecha y sale de aquí contenta, es una especie de terapia colectiva.
Son 170 personas las que se necesitan para que el Play Land Park funcione a la mitad de su capacidad, si se pudieran instalar todos los juegos se necesitarían 250 trabajadores, a los que se suman vendedores de carne en palito, de fritada, de cocadas, el tiro al blanco, canguil, algodón de azúcar, secos de toda clase y gente de toda clase. Es decir, alrededor del parque se integra una economía informal, dinamizando el trabajo en la ciudad. Que importa la estética de arrabal del Parque, cuando existe la oportunidad de ganarse la vida honradamente, por unos pocos días. “Nuestros trabajadores son temporales, hasta un máximo de 250. Regularmente contratamos unas 150 personas, a media capacidad, por un tiempo de un mes. A veces los contratos pueden ser permanentes. El personal de planta viaja con el Parque y con ellos tengo muy buenas relaciones, con personas realizadas, satisfechas, agradecidas con el trabajo que tienen, ya que no continuamente pueden darse el gusto de viajar a diversos países con todos los gastos pagados, con hotel y boleto de avión incluidos y residencia cerca de donde funcionamos”.
El personal del PLP tiene la oportunidad de conocer otros sitios y ganar sueldos que están por encima del promedio de sus países de origen. Según las leyes salariales del país en el que se encuentran se pagan los sueldos del personal y a veces un poco más. Mucho de nuestro personal aprovecha estos viajes y compran ropa y hasta electrodomésticos que no consiguen en sus países o cosas que por los precios no las podrían adquirir en sus naciones de origen.
Roberto Frech es nicaragüense, radicado en el Ecuador desde hace muchos años. Tiene 70 años y sus compromisos con el Parque hacen que esté lejos de su familia que vive en Guayaquil y siempre siente como una especie de nostalgia, cada que vez que inicia una nueva gira. “Mi familia vive en Guayaquil, mi familia vive allí, mis hijos hicieron sus estudios en esa ciudad. Ustedes tienen en Ecuador un paraíso, mis hijos son ecuatorianos y somos como familia más ecuatorianos que muchos”.
Desde que el Play Land Park llegó el pasado 3 de noviembre, los juegos que han divertido a los cuencanos durante tres semanas fueron el Trabant, el Huracán, el Sky Diver, el Zipper, los carritos chocones, el Pulpo, el Dragón, la Montaña Rusa Acuática, el Tagada, el Yo Yo y cinco infantiles para los más peques. Cientos de cuencanos han asistido a la explanada de El Arenal. La diversión del Pulpo, aunque la gente lo bautizó con este nombre por su forma, en realidad se llama “Araña”, tiene una capacidad para 24 personas.
Todos los juegos vienen transportados en trailers, solo para el Pulpo necesitamos uno enorme, ya que es un juego con 7 brazos mecánicos y cada brazo mecánico viene sobre dos coches. Es un juego muy famoso. “Nuestros juegos no representan ningún peligro para la vida humana o para la seguridad de la gente. Por ejemplo, los carritos chocones asustan cuando saltan chispas de la malla eléctrica con corriente continua, cuando la pértiga de los carritos hace falso contacto, pero más allá de eso no pasa nada. El piso del juego es el polo negativo y la malla el polo positivo, por eso es normal que salten chispas”.


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