Reflexiones sobre el diplomado en Periodismo Judicial

 

Por Hernán Rodríguez Girón

QUITO, Ecuador (21/05/2002).- “Y escucha, yo no sueño con una utopía. Se muy bien que la justicia absoluta no existe, que no existirá nunca. Pero, se que existen países donde aplica un proceso de justicia. Y lo que yo sueño es un país en el que sí eres agredido, insultado, privado de tus derechos, puedas pedir justicia a un tribunal. ¿Es mucho pretender?. ¡Bah!. A mi me parece que es lo mínimo que puede pedir un hombre. He aquí porqué la emprendo contra los cobardes que no se rebelan cuando sus derechos fundamentales son violados. En la pared de mi celda escribí: odio a los tiranos y me dan nausea los cobardes”.

Alejandro Panagulis, Un Hombre, libro de Oriana Fallaci.

La calidad de mi experiencia con la administración de justicia del Ecuador es pésima. En 3 oportunidades, de 1992 al 2002, he acudido a los tribunales en busca de justicia, porque fui agredido, insultado, privado de mis derechos, la estabilidad emocional y económica de mi familia fue afectada, por un borracho con licencia para matar o “chofer profesional”, por las decisiones de los que abusan del poder.

Dos de los tres jueces a cargo de estos casos pusieron por encima de la justicia sus intereses personales, familiares, de amistad o económicos. En el tercer juicio, una sentencia que me era favorable, se convirtió en la oportunidad de un policía para aceptar una coima de la otra parte y en una tarde humillante ante mis victimarios, a los que me entregó el policía corrupto. Estos hechos reales, próximos, provocaron en mí un desencanto hacia la administración de justicia del Ecuador. De manera personal, no confío en jueces, secretarios, amanuenses o abogados, porque todo lo enredan o lo vuelven complicado, tortuoso, difícil, lento. Porque lo he sufrido.

Y creo que esta última imagen de la administración de justicia (lenta, opaca, tortuosa, corrupta, injusta, es compartida por la mayoría de ecuatorianos, es una percepción pública y notoria. La autoidentificación de los operadores de justicia es totalmente contraria a esta imagen, pero solo ellos se creen rectos, probos, incorruptibles, independientes. Entre la ciudadanía y los operadores de justicia hay de por medio un gigantesco abismo de incomunicación.

El temor y la desconfianza son engendros de la ignorancia. Por eso, para contrarrestar este malestar con la administración de justicia, esta sensación de indefensión, para comprender sus tortuosos caminos, para bajar la intensidad de mi sed de justicia, mi frustración y ejercer mi derecho a estar informado, me matriculé en el Diplomado Superior en Periodismo Judicial. Proliferan los seminarios para capacitar a periodistas contra la corrupción, defensa nacional, periodismo judicial, pero ha nadie se le ocurre todavía que jueces y operadores de justicia se formen en comunicación. Por eso, todavía no me trago la píldora.

Marco Navas me pidió que les hable sobre las experiencias y el conocimiento adquiridos en temas judiciales durante el Diplomado, desde mi perspectiva como periodista, como profesional que tiene que transformar la información en conocimiento, que dentro de un medio de comunicación agenda que es lo que se dice y cómo se lo dice.

Veinte periodistas de Cuenca formamos el grupo de estudios durante un trimestre y volvimos a las aulas universitarias, recibiendo instrucción de profesores de la Universidad Pontificia Católica del Ecuador y de la U. de Cuenca, en materias como: debido proceso, origen del derecho, derecho constitucional, estado social de derecho, administración de justicia, derecho penal, derecho civil, crónica roja, entre otras. El grupo de estudiantes fue dividido en subgrupos y junto a otros 9 estudiantes, participé en la investigación “La relación entre medios de comunicación y operadores de justicia”, cuyo producto final fue nuestra tesis de graduación.

El grupo de estudiantes del Diplomado fue heterogéneo: relacionadores públicos, abogados, egresados de periodismo, administradores de hoteles, dueños de radios y periodistas. No se logró el objetivo de lograr conocimiento, compresión hacia la tarea de cada cual y una aproximación entre operadores de justicia y periodistas, porque la mayoría de los asistentes no eran periodistas profesionales, aunque tenían títulos en algunas ramas de la comunicación.

Luego de entrevista a 77 operadores de justicia, entre los que estaban jueces, fiscales, policías, dirigentes de gremios, abogados, uno de los principales resultados es la imagen que estos tienen sobre el ejercicio profesional del periodismo, a los que prejuician y adjetivan como:

-          Truculentos.

-          Escandalosos.

-          Injustos.

-          Negativos.

-          Tergiversadores.

-          Prejuiciados.

-          Generalizantes.

-          Desinformadores.

-          Ignorantes de la ley.

-          Maliciosos.

-          Apologistas del delito.

-          No educan.

-          No investigan.

-          Mercantilistas.

-          Comprometidos con partidos políticos.

-          Mala información.

-          No difunden la buena noticia.

-          Generan mala imagen de la administración de justicia a la que vinculan con la corrupción.

18 adjetivos descalificativos, con los que no hace falta darse cuenta que en verdad existe un conflicto entre medios de comunicación-periodistas y operadores de justicia, en el Ecuador. La imagen se completa desde las expresiones de la otra parte, cuando fueron consultados empresarios dueños de los medios de comunicación, periodistas y relacionadores públicos, que califican de la siguiente manera a los administradores de justicia:

-          No colaboran.

-          No permiten el acceso a las fuentes.

-          Cicateros en la entrega de la información.

-          No brindan facilidades al trabajo de la prensa.

-          Califican a la información de reservada.

-          Información incompleta.

-          Información poco objetiva.

-          Administradores de justicia condicionados a interese políticos.

-          A intereses económicos.

-          A intereses de partido.

-          Abusan del prevaricato para no dar información.

10 adjetivos. Este conflicto evidente, ganó en notoriedad pública, durante el seminario “Dejemos a la justicia en libertad”. Organizado por el Consejo Nacional de la Judicatura y la Corte Superior de Justicia de Cuenca, que reunió en un mismo salón a jueces, abogados, activistas por los derechos humanos y periodistas; un vocal del CNJ calificó a los medios de comunicación del país como “prensa chichera y amarillista”, marcando la tónica de enfrentamiento de la reunión, entre las recriminaciones de un sector y la identidad que trataban de posicionar los otros: probos, incorruptibles, que no se dejan influenciar por los políticos, pero sin convencer a sus interlocutores. Cuando estos desencuentros se manifiestan, es evidente que hay un problema de comunicación.

¿Qué hacer?, ¿dónde hallar los puntos de encuentro?, somos una sociedad neurotizada, en la que todos rumian sus conflictos y luego los exteriorizan, jalando hacia todas direcciones hasta romper el tejido social y hacer pedazos el país. El diálogo y las reflexiones de estos días, en Quito, no son parte de un proceso nuevo, es un camino que los ecuatorianos vienen transitando desde hace 10 años, en un intento por revitalizar la democracia, la libertad y el bien común. “Periodista ecuatoriano soy y nada de lo que es ecuatoriano me es indiferente”, es por eso que como estudiantes del Diplomado, desde Cuenca, propusimos algunos caminos para bajar la intensidad del “conflicto entre sordos”, que implica a administradores de justicia, medios de comunicación y periodistas:

a)       Derogatoria de las leyes de desacato que atentan contra la Libertad de Expresión y el libre acceso a la información pública, porque además no permiten que las instituciones del Estado sean más transparentes.

b)      Debate en torno a las empresas periodísticas vinculadas a la banca corrupta y que sirven a intereses opacos, desinformando a la opinión pública, para buscar un cambio en el enfoque noticioso. Los medios de comunicación y los periodistas deben recuperar la credibilidad perdida y garantizar una información parcial.

c)       Al miedo se lo derrota con el conocimiento, que genera comprensión. El temor y el recelo no se irán del todo, pero el periodista capacitado en temas judiciales tendrá mejores herramientas para cumplir su misión de contraloría social, cuando se comentan actos de corrupción o se violen los derechos humanos.

d)      Medios, periodistas, jueces y abogados, deben iniciar una gran tarea, coordinada; se están dando los pasos, pero hacen falta más, para acercar el derecho a la gente, para derrotar esa oscura hermenéutica, que hace que el ciudadano común evite el ejercicio pleno de sus libertades y obligaciones.

e)      Pero también, hay que reclamar la obligación que tienen los funcionarios de judiciales de capacitarse, para comprender la tarea del periodista y el esfuerzo que debe hacer las universidades, para formar abogados con una cultura de paz, menos litigantes y capaces en el conocimiento y aplicación de alternativas, para llegar al fin último, la justicia.

f)        Una primera solución técnica, sencilla e inmediata, para los periodistas sería la redacción de un glosario de términos jurídicos, un que pequeño paso práctico para el uso del lenguaje a la hora de redactar noticias del ámbito judicial.

Hay la libertad para rechazar o aceptar y aplicar estas propuestas; América Latina, sumida en la crisis de sus sistemas, necesita de consensos, de acuerdos, para avanzar, porque si seguimos como estamos vamos directo a la barbarie.

 

 

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