Rigoberto Vázquez vive de sus carritos de hojalata
Por Hernán Rodríguez Girón
Publicado en Diario El Mercurio, domingo 30 de julio de 1989, página 9ª, Mundo Artesanal
CUENCA, Ecuador (20/07/89).- ¿Cuántos mecánicos artesanos hay en Cuenca?. Algunos cientos. Rigoberto Vázquez es posiblemente uno más entre tantos. Sin embargo, es distinto a todos los demás. ¿Por qué?. Replica modelos de carros antiguos en hojalata, los suelda, los pinta el mismo y con este oficio se gana la vida.
Pertenece Rigoberto a ese grupo de compatriotas, que, con su ingenio, su creatividad y su esfuerzo manual, hacen diferente a Ecuador, país de miles de emprendedores que viven en el anonimato. Igual que los de su clase, la clase trabajadora, Rigoberto tiene 7 oficios, 10 ocupaciones y 14 necesidades, más no se desanima. También es deportista y de los buenos, le encantan las competencias de fondo, como el largo aliente que se necesita par enfrentar la vida.
Tiene fe en la superación del ser humano, a pesar de las adversidades. “Soy pobre, pero feliz de lo que puedo hacer. El rico no lo sabe. Tiene plata, pero no sabe que vale como persona y peor como rico”. Su filosofía es estoica, pertenece al sector artesanal que ahora hipócritamente se lo califica como “emprendedor”, pero que son más bien como muy bien dice el poeta cubano Roberto Fernández:
Más locos que sus madres,
más borrachos que sus padres,
más delincuentes que sus hijos.
Pero que, al mismo tiempo,
son los constructores
de los mundos y los sueños,
las ilusiones, las sinfonías,
las palabras,
que nos desbaratan y nos construyen.
A miles de hombres y mujeres como Rigoberto, que son parte del pueblo, hay que darles paso y ¡basta!. La mecánica se halla en la Sucre, entre Tomás Ordóñez y Manuel Vega, separada de la calle por una puerta de madera y un letrero que la identifica, “Mecánica, arte precisión y torno de Carlos Vázquez, ofrece trabajos en suelda eléctrica y autógena, trabajos garantizados”. Rigoberto Vázquez es huérfano de padre y fue abandonado por su madre. (En 1989, Rigoberto tenía 35 años, si volvemos al futuro, ahora tendría 71 años):
¿Por qué carritos de hojalata?
Vera, los carritos en mi caso están pasando de ser un hobby a una forma de vida. Cada vez me salen mejor. Una vez hice un curso de soldadura en el Técnico Salesiano y vi que los muchachos, los alumnos, hacían carritos y los tenían botados. Tuve la idea de hacer lo mismo, pero mejor, superándolos. Y eso que ellos tenían guía técnica. Agradezco al señor la habilidad que me dio. Comencé con esta artesanía desde hace unos 4 o 5 años atrás.
¿Sus carritos tienen muchos pedidos?
Sí, con suerte, a cada rato me piden que haga uno y otro y otro. Vinieron unos clientes de Guayaquil y quieren algunos para hacer negocio. Me están tentando. De 6 a 12 carros, a 3.000 sucres cada uno.
¿Qué modelos de carros replica y en que colores?
Generalmente son modelos antiguos, clásicos, como la marca Rolls Royce, modelo de lujo, de fabricación británica. Pero la gente también expresa su gusto, indica, ayuda, me dan nuevas ideas. Yo tengo un mecenas, que se interesa por este tipo de juguetes para coleccionar y pone la plata, cambio de que yo le fabrique un nuevo modelo. El me da una mano, porque no tengo el dinero para la materia prima. Es poco lo que necesito, pero me hace falta. Me compra los carros por que su interés es coleccionarlos. Los colores que uso son distintos, tonos amarillos, blancos, azules… Con poca cantidad de pintura, que me regalan los maestros latoneros de lo que les sobra, es con lo que trabajo.
¿Qué otro tipo de juguetes está pensando hacer?
Tengo una suerte que me la ha dado Dios, soy hábil. Estoy diseñando robots pequeñitos para adornos a los que se pueda adaptar relojes de pila, camiones tráiler al estilo de un juguete grande, pero económicos para que me compren los niños pobres y la juventud. Para que estén felices en los días que lo necesiten.
¿Cree que podría dedicarse solamente a hacer juguetes?
Si resulta rentable porque no. Cambiaría mi actual trabajo para solo dedicarme a los juguetes. Sin abandonar la metal mecánica, pero mi taller se transformaría en una fábrica de juguetes. Mi mujer y mis hijos también están aprendiendo esta artesanía. Si la suerte nos acompaña, abriremos una pequeña fábrica de juguetes y espero conseguir una beca del gremio de maestros mecánicos, al que pertenezco, para aprender más ahora que la vida está tan cara y difícil. No se puede montar una máquina fácilmente, se requiere dinero.
¿Qué otras cosas hace o fabrica?
Para ayudarme hago ventanas, puertas, no con mucha frecuencia. Es gracioso, pero la metal mecánica tradicional se ha convertido en mi hobby. Es una cachuelita, un recurso adicional que uso para solventar los gastos de la familia, porque tengo tres hijos que necesitan comer y vestir. También hago sillas plegables, que las diseñé copiando un modelo y no son caras. Apenas 7.000 sucres cada silla. Vendo uno que otro jueguito de estas sillas. Al joven Rolando Vera le vendí un juego, a un precio muy cómodo, pero aún así me pidió rebaja. A él le pedí un encargo, unos zapatos de correr, ahora que trabaja para la firma Nike. A cambio le voy a pagar con un trabajito, unos carros o algo. Malo es hacer anécdota con esto, porque le admiro al joven Vera, pero hasta ahora no ha vuelto por mi taller, ni él, ni los zapatos…
¿Construye usted sus propias herramientas?
Estoy armando un tupil, que es una máquina para carpintería, que casi está lista. También tengo algunos pedidos para armar tornos para madera. La necesidad también me obligó comprar un compresor, pero no pude porque era muy caro, no tenía la plata. Entonces, me hice uno con retazos de metal, con tres tapas de cilindros de gas, mientras que un amigo me proporcionó el cabezote y el motor. Ahora tengo una herramienta muy necesaria, que funciona sin problemas. Ahora mucha gente quiere que haga más compresores. Tengo también hecha con mis propias manos una dobladora de tool en miniatura, para hacer los carritos. Con suerte construiré una prensa hidráulica y otra dobladora de tool grande.
¿Cuál es su grado de instrucción?
Llegué hasta el segundo año del colegio. Como era huérfano, nadie me motivó nunca. Nadie me dijo toma esta plata y sigue estudiando.
¿Hoy su situación personal está mejor que antes?
Yo he pasado un calvario grande con mi vida, pero siempre he sido honrado y trabajé en una fábrica de plásticas en la que eran muy exigentes y explotadores, querían más y más trabajo a cambio de nada. Siempre estaban bravos, daba miedo. Aquí no tienes que robar nada, porque sino te traemos a los agentes y te colgamos de la vida, amenazaban los dueños. Ahora, como independiente, también se sufre, pero no como antes y tengo un panorama, motivación para salir adelante.
¿Recibe el apoyo de su familia?
Lo poco que se, lo transmito a mis hijos y a mi mujer. Cuando acabamos de atender al público, cerramos el taller y nos quedamos en familia para atenderles. A la ciudadanía quiero pedirle que impulse a los maestros que tienen habilidades escondidas, que salgan adelante. Es necesario seguir descubriendo esas habilidades, que no se encuentran fácilmente, como en un mercado, impulsarlas.
¿Cuénteme un poco sobre su faceta de deportista?
Entreno todos los días, por las mañanas, a la una de la tarde y a las ocho de la noche. Cuando me desocupo de la mecánica. Me dieron ganas de correr cuando acompañé a unos amigos y vi que podía cubrir cualquier distancia. Luego, en una revista, leí la trayectoria del corredor colombiano Víctor Mora, que a sus 38 años no hay quien le gané. También me hice amigo del entrenador Jorge Quille, que con sus conocimientos perfeccionó mi estilo de correr, hasta que empecé a ganar las primeras carreras. Tengo ganadas 30 copas hasta el momento, en el circuito Cruz del Vado por dos años consecutivos llegué en segundo lugar en la categoría máster.
¿Consiguió su torno gracias al deporte?
Sí, gracias al deporte. Yo no soy Rolando Vera, pero sigo su ejemplo. Fui a un banco a pedir un préstamo. Les dije que hacía juguetes, les llevé algunos de obsequio. No me aceptaron el regalo. Dijeron que siga haciendo juguetes, para que reúna la plata y pueda pagar al banco. Me visitaron, les mostré las pocas copas que tengo y me aceptaron el préstamo.
¿Cómo consiguió su garante?
Un conocido medio se animó, pero cuando era de firmar la garantía dio pie atrás. Quedé en nada. Conversé con una tía, le hice ver que tenía ansias de salir adelante, de superarme, “con el sudor de mi frente” y me dio la garantía. Ya tengo el torno un año. Me costo 1 millón 300 mil sucres. Lo estoy pagando poco a poco. Ahora dicen los del banco, que, con la devaluación, que no se qué otros pretextos, ahora cuesta 4 millones de sucres.
¿Qué trabajos hace con él?
Reparo las chapas de los carros, las manivelas, los piñones. Esas partes son caras de comprar, yo las arreglo y salen más baratas, hay mucha demanda. Había otro maestro que las arreglaba, pero como la vida es así, se murió. Aprovechó mal la vida, tomaba. El trabajo que yo hago es pequeño, se necesita de técnica y paciencia. A veces, las piezas se arreglan solo poniéndoles una arandela o veces hay que cambiar el sistema completo.
¿Cuánto cobra por este trabajo?
1.000 o 2.000 sucres, trabajando desde las 6 de la mañana, a veces no voy ni a almorzar, hasta las 11 de la noche. Trato de adelantar el trabajo y de satisfacer a los amigos y clientes, que no digan nada, que se vayan conformes. No tengo un sueldo fijo, a veces gano 1.000 por día, a veces 5.000, otros días no se hace nada y tengo que pedir prestado para adelantar los trabajos.

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