Santiago Aguilar entrega su testimonio sobre Carondelet

Por Hernán Rodríguez Girón

Publicado en Diario El Mercurio, el jueves 29 de agosto de 1996, página 7A, entrevista.

CUENCA, Ecuador (29/08/96).- Santiago Aguilar fue Secretario de Prensa y Secretario de la Presidencia de la República del Ecuador, durante los 4 años del Gobierno de Sixto Durán Ballén, entre 1992 y 1996. Entrega su testimonio, de algunos episodios ocurridos tras bastidores en el Palacio de Carondelet durante este lapso en que estuvo cerca del poder.

Sus experiencias son muy cercanas y particulares, sobre todo su relación familiar con “El Presidente”, como el llama a Sixto. Como testigo de primera línea, sus palabras no muestran a un jefe de estado, al estadista, sino a un hombre, a un ser humano y Aguilar se presenta así mismo como un incondicional amigo y servidor del ex presidente.

¿Cuándo nace su relación con Sixto Durán Ballén?

El Presidente Durán Ballén conducía un programa de música clásica en Radio Bolívar, en Quito y como se conoce el medio era propiedad de mi padre. Allí fue nuestro primer vínculo, hace muchos años atrás, cuando yo todavía estudiaba el colegio. Pero luego, por las circunstancias de la carrera política de El Presidente y por mi profesión de comunicador, un día de julio de 1992 recibo una llamada en la que se me proponía ocupar la Secretaría de Prensa de la Presidencia de la República.

Trabajé directo con El Presidente, como su Secretario de Prensa, desde pocos días antes de su posesión, en agosto de 1992, cuando estaba estructurando su equipo de gobierno y me mantuve los 4 años cerca de él, luego como Secretario de la Presidencia, le acompañé hasta el fin de su mandato.

¿Qué significan 4 años junto a una personalidad como Sixto?

Lo he dicho en repetidas ocaciones, pienso que significa por sobre todas las cosas, un privilegio. Permite, de alguna manera, coparticipar en lo que es la gestión de gobierno y se llega a conocer la lógica que prima en las decisiones más importantes sobre el estado. Además, he podido aportar con mis modestos conocimientos, desde la perspectiva de la prensa primero  y en la Secretaría de la Presidencia, después. Es una experiencia absolutamente enriquecedora. Talvez mucho más en mi caso particular como comunicador, me permitía eso asumir una posición más constructiva, más madura, más ponderada y beneficiosa para el país.

¿Qué anécdotas recuerda con más facilidad, estos 4 años?

Las anécdotas y sus circunstancias han sido muchas. La relación con El Presidente fue muy armoniosa. Él es, por sobre todas las cosas, un caballero respetuoso de quienes laboran con él. Alrededor de lo que fueron esos 4 años se dieron muchísimas circunstancias -con momentos buenos y otros difíciles-, que son de dominio público. Jornadas de profunda preocupación por lo que sucedía en el país o en torno al problema puntual del conflicto militar con el Perú.

La primera anécdota se sitúa precisamente en el tiempo del conflicto, sucedían unos días terribles, uno tras otro, de terrible tensión y jornadas de trabajo agotadoras. El Presidente hizo todo su esfuerzo, con toda su madurez política y diplomática, para conducir el período de guerra de una forma que nadie lo discute, ¡qué bien lo hizo!. Buscó apoyo en las personas más cercanas a él. En los últimos días de enero de 1995, serían el 30 o 31, cuando se iniciaron las negociaciones para firmar la Declaración de Itamaraty y se desarrollaba lo más cruento de los combates en la frontera, llego de mañana al Palacio y El Presidente me dice:

-          “Ten la gentileza de viajar a Río de Janeiro con Marcelo Fernández, Secretario de Relaciones Exteriores y el Doctor Alfredo Luna” (que era una autoridad en temas limítrofes).

Se calculaba que de este viaje debíamos volver al día siguiente o a más tardar dos días después, íbamos a Río de Janeiro, a esta gran cruzada que hizo el país entero, para apoyar el gobierno y a las Fuerzas Armadas. Se consiguió un avión de una empresa privada para que nos transporte a Río. Llegamos a la Base Aérea Simón Bolívar, para un viaje forzado y precipitado. Todos llevábamos solo lo indispensable. En el avión éramos el piloto y los tres delegados por El Presidente. El viaje iba a ser muy largo, era todavía temprano en la mañana y en tres horas nos estaríamos muriendo de hambre, ¿qué hacemos?. A Marcelo Fernández y a Alfredo Luna se les ocurrió que en la Avenida La Prensa, fuera de la Base, había pollerías. No se nos ocurrió mejor idea que mandar a comprar un pollo para llevar y comer luego en el avión. Pero el doctor Alfredo Luna, muy aficionado a los postres, solicitó: “pero yo no puedo almorzar y luego no comer postre, ¡por favor, compren tres manichos!”.

Inició el vuelo y efectivamente a las 3 o 4 horas de estar en el aire ya teníamos hambre. Comimos el pollo de una manera tan simple, tan sencilla, tan improvisada. Pero, al mismo tiempo, el Subsecretario Marcelo Fernández llevaba instrucciones expresas del canciller, Galo Leoro y tenía la enorme responsabilidad de negociar la paz con el Perú, mediante este viaje improvisado, forzado, simple, sin el gran aparato que significa el desplazamiento de una delegación diplomática, para una tarea de esta magnitud.

Llegamos a Río y las conversaciones hacia el Acta de Itamaraty fueron dilatándose. Vivíamos jornadas de total angustia. Marcelo Fernández mantenía un permanente contacto con Galo Leoro, quien a su vez hablaba todo el tiempo con El Presidente. De pronto, lo que era un viaje de 2 días, se transformó en 6, en 8 días y ya teníamos dificultades en la ropa que íbamos a usar al siguiente día. Lo más importante para que el Ecuador firmara un Acta adecuada a sus intereses nacionales, fue el papel que en el campo de batalla y en esos mismos días, cumplieron las Fuerzas Armadas, un esfuerzo extraordinario e histórico.

Recibimos una llamada, debíamos trasladarnos de inmediato a Brasilia, nueva sede de las conversaciones. Allí nos alcanzaría El Presidente, luego de la gira relámpago, de unas pocas horas, que estaba realizando por todos los países garantes del Protocolo, excepto Estados Unidos. No sabíamos donde estaba el piloto de nuestro avión. Estábamos alojados en el mismo hotel y con la urgencia de llegar esa misma noche a Brasilia. Tratamos de localizar al piloto. Todos de traje y corbata caminando por la playa de Copacabana. Lo logramos encontrar y nos dice que necesita plata para el combustible del avión. Saqué mi tarjeta de crédito y dije:

-          “Pongamos con esto, que yo después arreglo”, y el piloto me contesta, “para la venta de combustible en los aeropuertos no se aceptan tarjetas de crédito, hay que pagar en efectivo”, le pregunto “¿cuánto cuesta?” y me informa “alrededor de 1.600 a 1.800 dólares si queremos llegar a Brasilia”.

Nos sentamos los tres, Fernández, Luna y yo, al pie de Copacabana y nos miramos a las caras:

-          “Yo tengo USD 300, Marcelo ¿tú cuanto tienes?”, responde “yo tengo USD 400, Alfredo ¿y tú?” y el dice “yo tengo USD 250”.

Así, haciendo “vaca” como se dice en Ecuador en una palabra tan popular, cubrimos el costo del combustible, en medio de una misión diplomática tan dramática para el país y su futuro. Por suerte, logramos reunir USD 1.200 entre los tres, para repostar el avión y alcanzar a llegar a Brasilia a encontrarnos con El Presidente. Claro está que días más tarde se firmó la Declaración de Itamaraty, entre Sixto y Fujimori.

Es una situación simpática, ver que por la fuerza de los acontecimientos, los enviados especiales para negociar la paz, primero en Río y después en Brasilia, hayan tenido que vivir estas circunstancias. Mi viaje fue para que el país, mediante información oficial y pública, pueda conocer todos los detalles de lo que estaba aconteciendo en Brasil. Tenía que informar sobre todo la firma de la Declaración, el 17 de febrero de 1995, mediante la cual se acordaba el retiro de las tropas ecuatorianas y peruanas de la zona de conflicto en la frontera.

¿Recuerda algo simpático que le haya pasado al ex presidente y que grafica su carácter?

No participé como testigo directamente, pero le pasó en el Palacio de Carondelet. Los martes, el Palacio se transforma en un museo, transformando la categoría de Casa de Gobierno. Se constituyó una colección de obras de arte, de distintas partes del país, para colocarlas en el Palacio. Los turistas pueden apreciar la historia del arte ecuatoriano. Un martes, a propósito de la visita al museo de Carondelet, se abrieron las puertas al publico y un grupo de visitantes extranjeros lo visitaban justo cuando El Presidente caminaba hasta su despacho. Coincidió que una joven guía e inexperta explicaba al grupo el significado de un mural de Guayasamín, que está a la entrada de Palacio, que representa el descubrimiento del Río Amazonas. Parece que El Presidente escuchó algún error en la explicación de la guía, se detuvo, se acercó al grupo y dijo:

-          “Lo que está explicando la señorita tiene un pequeño error, una distorsión. En realidad esto sucedió así…”

Y se puso a guiar al grupo de turistas por todo el Palacio, dejándoles asombrados. No sabían quién era, pero escuchaban a un personaje que hacía unas referencias ricas de la historia y el pasado nacionales. Les invitó luego a pasar al Salón de los Presidentes, mientras continuaba con su explicación. Cuando El Presidente interrumpiéndose les dice:ç

-          “Perdón, me tengo que retirar a mis actividades”.

Una de las turistas americanas, sorprendida por esto, le pregunta en inglés a El Presidente:

-          “¿Cuál es su posición en este edificio?, ¿cuál es su cargo?” (What is your position in this building, what is your position?, y él responde, “Yo soy El Presidente” (I am The President).

Esta pobre turista norteamericana casi se desmaya y le grita a su esposo:

-          “¡John, este hombre es El Presidente!” (John, this man is The President!).

Ellos estaban gratamente sorprendidos y emocionados que haya sido el mismísimo Presidente de la República del Ecuador el que le haya hecho la explicación de la historia nacional del País. Pero esta anécdota solo refleja como era la personalidad de El Presidente Sixto, tan llana, tan humana y como ya dije era sobre todo un caballero.

¿Puede contar la anécdota del cheque?

Entre los compromisos de El Presidente estaba asistir a las sesiones solemnes de los organismos seccionales, consejos provinciales y municipalidades, con ocasión de las fechas conmemorativas. Alguna ocasión, El Presidente fue invitado por el Concejo Cantonal de Rumiñahui, Pichincha. Hizo algunas gestiones para llevar un aporte económico, para que se atiendan obras en Sangolquí. Llegada la fecha y la hora, en el Palacio de Gobierno me dice:

-          “Vamos, salgamos en caravana, para ir a Sangolquí por la autopista de Los Chillos”.

Conversábamos en el auto presidencial sobre los detalles de su intervención, cuando prácticamente ya llegando al sector de San Rafael preguntó:

-          “A propósito, ¿trajiste el cheque?” y le respondí, “Presidente, ¿qué cheque?. Yo no tengo ningún cheque.

Me parece que eran casi 200 millones sucres, para la Municipalidad de Rumiñahui. En ese momento le ordena al chofer del auto presidencial:

-          “¡Deténgase un minuto, para el auto un minuto por favor!.

Nos bajamos, yo, El Presidente y toda su seguridad y nos apoyamos en el auto, a un lado de la autopista. Me traen un celular, llamo a la Presidencia, a Juan Aguirre a quién ese momento le estaban haciendo entrega del cheque, procedente del Ministerio de Finanzas. Uno de los policías motociclistas que custodiaban la caravana se regreso a Carondelet, para recoger el cheque. Mientras esto sucedía, nosotros podíamos haber avanzado hasta Sangolquí y entregar el cheque luego. Pero El Presidente prefirió esperar.

Parados como estábamos a un lado de autopista llamábamos mucho la atención de los autos que pasaban, porque El Presidente como ex alcalde de Quito y su figura característica era fácilmente reconocible. Los conductores se preguntaban ¿qué pasará?, ¿qué sucederá?. Pensaban creo que algo sucedía en los alrededores o que se había dañado el auto del Presidente. En pocos minutos llegó el motociclista con el cheque y pudimos avanzar a Sangolquí para hacer la entrega, luego de esta situación fuera de lo común.

¿Sixto Durán?

Reformador.

¿Albero Dahik?

Economía.

¿Secretaría de prensa?

Reto.

¿Secretaría de la Presidencia?

Confirmación de ese reto.

¿Fidel Castro y los habanos?

Puros luego de almorzar. El Presidente Castro le enviaba al Presidente Durán Ballén permanentemente varias cajas de puros Cohíba, que son muy buenos, muy cotizados y El Presidente los regalaba generosamente, tras sus almuerzos de trabajo, a sus colaboradores. Era un rito en el Palacio fumar los puros regalados por Fidel.

¿Reto personal a futuro?

Aprovechar esta experiencia en benficio del país.

¿Itamaraty?

Drama, tensión, orgullo.

¿Plebiscito?

El primero de ellos un éxito. Un triunfo para el país. El segundo de ellos un fracaso por lo inoportuno y por errores en la forma como fue presentado.

¿Alguna nostalgia?

El hecho de que se terminó el lapso que estuve cerca de un estadista. Es la mayor nostalgia. Y que atestigüe el avance del país en muchísimas áreas.

¿Enemigos?

Gracias a Dios ninguno.

¿Algún odio?

Ninguno. Talvez -más que odio- preocupación por la forma en como se conduce la política en el Ecuador.

¿Alicia?

Compañera, colaboradora.


 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Las sociedades precoloniales no eran estáticas, tenían una gran movilidad: María Guevara

Pumapungo: pasado y presente de la ciudad de Tomebamba

IFEA, impulsa la cooperación científica con el área andina