América, de Canadá a la Argentina, unida por un “escarabajo” VW


 Por Hernán Rodríguez Girón

CUENCA, Ecuador (19/02/90).- Un vehículo “escarabajo” rosado lleva por toda América un mensaje de paz de dos jóvenes y entusiastas reporteros de Canadá; el sueño de muchos, viajar por cuenta propia, es para ellos una realidad. Christine Brunell y Louis Richard con el testimonio de su periplo continental, esperan retratar a la juventud de un continente.

Me reúno con ellos el jueves 14 de febrero de 1990, a las 23:00 en la Casa de Jaime Landívar, la cinta de la grabadora empieza a correr. ¿Son ustedes quebequenses?, les pregunto, “no porque así lo pronuncian los ingleses”, comenta Louis, entre risas cómplices. “Somos quebecquas”

Son oriundos de la Villa Québec, capital de la provincia canadiense del mismo nombre y la joven pareja lleva cinco meses recorriendo todo el continente en un pequeño auto marca Wolkswagen color rosa. Muchas son las imágenes que han captado, los entrañables recuerdos, las buenas personas a las que han conocido, las experiencias ganadas en el camino por este continente diverso, mestizo. Todavía les queda un largo camino hasta Tierra de Fuego, en el Fin del Mundo, Argentina, último punto del viaje.

En Cuenca, así como en la casa de Jaime, están de casualidad. Pensaban quedarse dos días, ya llevan tres semanas disfrutando de la ciudad que simplemente les encantó. “Miramos el mapa y Cuenca con sus 200.000 habitantes nos pareció el lugar perfecto para descansar”. Planificar un viaje por toda América es difícil, sobre todo cuando la idea concebida es perfecta para quien la tiene en su mente, pero no para los demás. Este fue el caso de Christine y Louis, ya que les tomó 6 meses vender el proyecto a posibles financistas y más de 1 año en preparativos. Con las partes y piezas de 3 VW se armó uno solo. El resultado, un auto muy resistente y quienes tenían conocimiento de la aventura no dudaban en exclamar admirados: “¡Un año de viaje en escarabajo hasta Tierra de Fuego!. Simplemente no pueden, en un mes estarán de vuelta a Canadá”. ¡Han pasado 5 meses!.

¿Cuál es el objetivo del viaje?, informar a los jóvenes de Canadá sobre como son los jóvenes del resto de América, “nuestro primer objetivo al regresar a Canadá será dictar conferencias, en los colegios de Québec, a cerca de la juventud latinoamericana, cómo viven acá, hablar de nuestra realidad y de la que aquí existe, porque ahora a nuestra provincia emigran muchos latinos. Nuestra visión sobre este continente puede ayudar mucho a la comprensión, a la paz y a que los jóvenes de Québec comprendan y tengan una visión más amplia del mundo”.

Québec es una de las diez provincias y tres territorios conforman Canadá. Su capital es Québec y su ciudad más poblada Montreal. La lengua oficial es el francés. Está ubicada al este del país, con 7´744.530 habitantes y 1´542.056 km² de superficie. Por ser de lengua francesa, los quebecuas siempre han tenido aspiraciones nacionalistas; fueron una colonia francesa hasta el 13 de septiembre de 1759. El resto de Canadá es de lengua inglesa. “Para la gran mayoría de habitantes de Québec, la provincia está muy bien, por eso no les interesa conocer mucho del resto del mundo”, explica Christina.

Luois recuerda que la anterior generación de quebecquas consiguieron cambiar muchas cosas, mediante una especie de revolución pacífica. Se consiguió el bienestar de toda la población. Pero el ser humano es una especie que nunca está conforme, especialmente los jóvenes que ahora creen que no tienen nada que hacer, no se ubican en el mundo, porque resulta que sus padres hicieron demasiado. Es la sociedad del hastío. Y la mayor parte de esa población tiene entre los 38 y los 48 años.

Por eso, América es un continente de contrastes y contradicciones. Siempre hay causas justas, por las que luchar, molinos de viento a los que vencer y quijotes. Muchos retos encontraron en su viaje Christine y Louis. La primera etapa fue entre Québec, Canadá y Váldez, Alaska, EEUU, con gran motivación y energía. Fueron 7.500 kilómetros de recorrido, para encontrar ecologistas que limpiaban las costas de ese estado del petróleo derramado por el petrolero Exxon Valdéz.

El desastre del Exxon fue un derrame provocado por el petrolero, tras encallar el 24 de marzo de 1989, con una carga de 11 millones de galones de crudo en Prince William Sound, vertiendo 37.000 toneladas del hidrocarburo, que contaminaron 2.000 km de costa. Fue la peor tragedia ecológica de Alaska en toda su historia. “Allí vimos como una joven estadounidense, del estado de Washington, limpiaba en la playa roca por roca, que estaban embarradas de petróleo. Lamentablemente, el pueblo de Valdéz vive de este hidrocarburo. Sus jóvenes son muy conservadores y hablar de la catástrofe estaba prohibido, puesto que corre mucho dinero de por medio”, testimonia Louis y dice que era lamentable, porque esta joven había viajado desde Washington, muy al sur, para ayudar porque “los lugareños no hacían nada. Aparte de ella, había voluntarios de todo el mundo, trabajando para salvar las costas”. Repito, América es definitivamente un continente de contradicciones.

Toda la costa oeste de Canadá y EEUU la pasaron rápidamente, un paisaje tras otro, hasta que llegaron a California. Allí vivieron el remezón del terremoto, en la capital de los artistas y capital cultural de los Estados Unidos. El terremoto de Loma Prieta de 1989, también conocido como el terremoto del '89 o el terremoto de la Serie Mundial, ocurrió en el Área de la Bahía de San Francisco de California el martes 17 de octubre de 1989 a las 17:04 hora local y fue de 6.9 grados, dejando 60 muertos, 4.000 heridos y 12.000 millones de dólares en pérdidas.

“Gran cantidad de jóvenes de California son artistas. Ahora está allí el motor cultural de EEUU. Por eso, nos pareció una locura que, cuando llegamos, al día siguiente del terremoto, había gente en la calle vendiendo a 5 dólares pedazos de concreto de los puentes derrumbados por el sismo”. En esos puentes mucha gente murió aplastada, la población sufría un gran temor por las réplicas. Más, en Estados Unidos, el país de las oportunidades, “the show must go on” y ¿qué mal había en aprovechar un terremoto para generar un negocio?; que oportuna la iniciativa privada, así sea a costa de una tragedia.

“Al pasar la frontera de Estados Unidos a México, nuestra primera tierra hispana, apenas podíamos expresarnos verbalmente en español. Una familia mexicana, muy generosa pero modesta, nos invitó a compartir su pequeña habitación para dormir. En ella habían ¡7 personas más!, pero muy pronto nos hicieron sentir muy queridos y nos adaptamos. Enseguida fuimos parte de ellos, compartiendo el trabajo, la comida, el hogar, las alegrías y las penas. En esa casa nació una relación inolvidable. Conversamos con esa familia en las tardes y las noches, más con miradas y con gestos. El lenguaje del corazón sobrepasó a las palabras”, recuerda con nostalgia y añoranza Christine.

México, Guatemala, Honduras, Costa Rica, Panamá, Ecuador unidos por un “escarabajo” rosado, que lleva un mensaje de amistad, de dos jóvenes reporteros del Canadá, que se han autoimpuesto esta misión para todos los jóvenes de América. Descansan en Cuenca y la mitad del reto está cumplido. Cinco meses han pasado, cuando nos les daban ni uno para que estén de regreso en Canadá. Necesitarán otros 5 meses para llegar a la Argentina, registrando más horas de video y más fotos. “Al principio, nuestros reportajes eran muy líricos, pero poco a poco se hicieron más críticos”, reflexiona Louis.

Llegaron a Guatemala, Christine quedó impresionada por la enorme población indígena que tiene ese país, que son los marginados del poder de siempre, sea allá o en Ecuador, “las cosas son difíciles para ellos, no tienen noción de lo que es un negocio, el comercio se cumple en función social, de encuentro y si fabrican ropa y esa prenda les cuesta 1.000 hacerla, pues se vende a ese precio, ni más ni menos, puesto que no existe la percepción de la ganancia”. Louis reafirma esta observación señalando que “de todos los países que recorrimos, Gatemala y Ecuador son los que más nos impresionaron. Esto por la gran cantidad de indígenas que los pueblan. Ellos aportan con una gran riqueza cultural y humana. Es admirable la capacidad que han tenido para resistir, durante 500 años, la opresión y el desprecio. La dignidad, la fuerza, la paciencia de ellos, son un ejemplo. Sin embargo, no sé si los mestizos, que habitan Guatemala y Ecuador, tienen semejantes cualidades”.

En cambio, en Honduras la gente es sencilla y muy simpática y la presencia de “gringos” siempre despierta el interés de la gente. El país tiene serios problemas con el consumo y el tráfico de drogas, quedando al descubierto “Las Venas Abiertas de América Latina”: “el país es una cultura enorme de bananas y piñas y en Tegucigalpa fue la primera vez que vimos a jóvenes latinoamericanos con problemas de drogas”.

Pero de todos los testimonios de los dos viajeros, lo más impresionante para ellos fue su experiencia en un campo de refugiados de El Salvador en… alguna parte de América Central, con jóvenes y niños “pegados a la pantalla de un televisor, hipnotizados en medio de su tragedia, exiliados por la violencia, la injusticia y el terror” y lo peor era que miraban extasiados el “Super Comando” o “A-Team”, esos 4 gringos que solucionaban cualquier problema usando las habilidades que habían adquirido en la Guerra de Vietnam.

Luego Panamá, invadido últimamente por EEUU, humillado, país ocupado y sin orgullo, producto histórico de los designios norteamericanos, por eso “hay mucha pobreza de ideas, de sentido nacional, de patria; los panameños no se sienten orgullosos de ser panameños, porque hay mucha intervención de los Estados Unidos”.

“Cuando llegamos a la capital de Panamá, en la tarde del 3 de enero de 1990, estábamos cansados después de nuestro largo viajes a través de América Central, pero no pudimos dormir, pues mientras estábamos en nuestra habitación en el hotel, por medio de la TV nos enteramos que Manuel Antonio Noriega, dictador de Panamá, se había rendido. Al poco rato, escuchamos explosiones de cohetes y gritos de la gente en la calle. No sabíamos que pasaba. Teníamos mucho miedo. Pensamos que eran disparos y con mucho cuidado salimos a la calle. ¡Era la gente que festejaba por todos lados!. Nos impresionó el tremendo sentimiento de alegría y la euforia en la población, que se respiraba en el ambiente. Pero no sabíamos que provocaba tanta felicidad, si la salida de Noriega o la necesidad de liberar tensiones por la ocupación norteamericana, porque el país había quedado destruido, o también podía ser la esperanza de que con la salida de Noriega volviera la paz y la tranquilidad”, explica Christine.

Finalmente, la aduana más difícil por la que debieron pasar fue la ecuatoriana, pero milagrosamente pudieron cumplir el papeleo y entrar al país con el pequeño escarabajo rosado, para continuar rumbo al sur, llenos de esperanza, con muchas sorpresas que todavía les depara el recorrido. “América Latina tiene mucho que enseñar a los países industrializados, como Canadá, en términos humanos. Me llamó mucho la atención la solidaridad, el cariño, la ayuda mutua que existe entre la gente; los tremendos problemas sociales, como el suicidio de los jóvenes, la baja tasa de natalidad y las tensiones raciales que se dan en Canadá, justifican la necesidad de abrirnos a pueblos como los de América del Sur. Los numerosos ejemplos de explotación de los países del norte hacia los del sur, ponen de manifiesto la pérdida de los valores humanos, en aras de metas económicas y materialistas”.

“A lo largo del camino, los jóvenes de las américas nos dieron la energía que nos permitió continuar nuestro viaje. Ya sea el joven de California que lucha por la prevención del SIDA o el adolescente ecuatoriano que pinta murales en Turi, para recuperar sus valores y su cultura. O el niño nicaragüense que se dedica, apasionado, a la reconstrucción de su país. O la voluntaria estadounidense que trabaja para salvar a los animales en Alaska, contaminados por el petróleo. Todos fueron nuestra inspiración para seguir en esta odisea, que terminará en Tierra de Fuego”, son las palabras agradecidas de Louis Richard.

 

 

 

 

 

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