American School ofrece una educación con libertad
Por Hernán Rodríguez Girón
Publicado en Diario El Mercurio, el lunes 5 de mayo de 2008, página 6A, Aviso.
CUENCA, Ecuador (5/05/08).- La Unidad Educativa American School, ubicada en El Carmen de Sidcay, junto al Cuartel Dávalos, atesora un secreto: la educación personalizada. El equipo de docentes de este centro educativo se considera heredero de una filosofía, de un método, que enseñaron en Cuenca las “monjas rojas” de La Asunción, que combina el pensamiento y la acción de María Montessori, Jean Piaget y Paulo Freire.
Se trata de una renovación educativa, que promueve una forma diferente de ver y entender al ser humano: la pedagogía de la liberación. “En el niño está el destino del futuro”, enseña la educadora italiana Montessori y, para asegurar el crecimiento del porvenir, “American School” levantó y posee una moderna y útil infraestructura, con 18 aulas, chancha e fútbol, huerto, departamento de alimentación con menús mensuales, biblioteca, todo esto asentado sobre 2 hectáreas de terreno junto al río Cuenca, entre sauces y acacias que dan refugio a colibríes chillones, gorriones, mirlos chiguancos y chugos.
“En cuanto a los útiles escolares, nosotros ni los promocionamos, ni los vendemos, ni los comercializamos, porque no conocemos el “mío”, porque todo es “nuestro”, una excelente estrategia para la socialización. Entre todos ayudamos a cuidar los útiles”, manifiesta Martha Chiriboga, la directora de “American School”, profesional de la educación con 30 años de experiencia.
Son 13 las maestras y los maestros de planta y 3 profesores bilingües, todos con títulos académicos. En cada aula reciben atención personalizada 25 niñas y niños, desde el pre kínder de 1 a 3 años, hasta el octavo de básica, con un sistema de pensiones diferenciadas y de becas, desde el 40% de ayuda económica para cada estudiante hasta la beca total.
La malla curricular cumple con los lineamientos y las exigencias del Ministerio de Educación, todo hacia un objetivo final, lograr la aprobación para entregar a los egresados el Bachillerato en Ciencias, con nivel preuniversitario. “El educador humanista, revolucionario, debe empapar su acción en una profunda creencia en las mujeres y los hombres, porque tiene un poder creador. Todo exige que el educador en sus relaciones con sus educandos sea un compañero de estos”, enseña el brasileño Paulo Freire en su libro “Pedagogía del Oprimido”.
Para Lupita Jara, rector del “American School”, con 34 de experiencia en la docencia, hay que comunicar la pasión por la educación. Hace suyo el pensamiento de Freire cuando explica que “los tres años de edad son un semillero hermoso para inculcar a los niños nuestro proceso. Nos adelantamos un poco a la educación inicial, porque a los tres años se puede iniciar con destrezas, sociabilidad, independencia, adaptación…”.
¿Qué hace diferente a esta escuela de otras?, la pasión, la actitud positiva y un sistema de promoción de la paz mediante el que es posible escuchar el sonido del trabajo. El maestro asume el papel de mediador, el aprendizaje es interacción, basada en la relación horizontal alumno-maestro, en alineación perfecta con las propuestas educativas de Montessori-Piaget-Freire.
El sistema personalizado de educación cree en el ser humano como individuo único, con su propio ritmo, que además es activo, siempre en búsqueda constante de conocimientos y circunstancia, que trascienden en el grupo y sociabiliza. Este concepto está sostenido por una sólida orientación en valores, por leyes universales de convivencia, como el respeto, la generosidad y por el laicismo, que impulsa la libertad y la autonomía. Esto permite que la tarea educativa se cumpla de una forma natural.
“Para fomentar la individualidad, respetamos el ritmo propio de cada alumno. Elaboramos guías de trabajo en las que cada estudiante elige lo que quiere hacer, en función incluso de sus no aptitudes”, agrega Lupita Jara. “Para cada actividad, en cambio, contamos con guías de trabajo que motivan la investigación. El alumno elabora su propio conocimiento”. Como resultado, los secretos se van revelando, la información va generando conocimiento, el conocimiento genera libertad, la libertad permite una vida ética, a plenitud.
Finalmente, para conseguir la socialización “llevamos el aula a todo momento. El trabajo es en grupo y ponemos en común todo lo hecho durante el día, para aprender compartiendo. Así formamos niños autocríticos”. Como proponía Rosseau en su “Emilio”, el medio ambiente es un factor crítico para alcanzar el “educere”, para sacar lo mejor que uno tiene dentro, para sacar lo mejor de cada pequeño, que posee la clave del futuro. Por eso, los suaces, los eucaliptos, los insectos, el río, la siembra de árboles, de las hortalizas en el huerto, son la demostración de una vivencia insuperable, de una educación que también enseña el respeto por la naturaleza.
“El niño aprende realmente de las vivencias, los contenidos se fijan por las experiencias, esto nos hace diferentes a otros centros educativos y el medio ambiente, la naturaleza, colaboran mucho para alcanzar nuestros objetivos”, apunta con entusiasmo Martha Chiriboga. Las aulas son un complemento, están integradas al paisaje, cuentan con módulos del saber por temas y por áreas. Todo este sistema se complementa con la enseñanza del inglés como segunda lengua, la realización de campamentos, la ejecución de proyectos para socializar el aprendizaje, mingas para fomentar el espíritu de solidaridad y la motivación a la lectura y a la investigación.
La estimulación que propone el suizo Jaen Piaget para el desarrollo de la inteligencia se suministra en la “American School” mediante una metodología activa y participativa, que permite el cumplimiento de las etapas sensorio-motoras, simbólico-intuitivas, operatorio-concretas y formal-abstractas y, así, en la fragua del conocimiento se moldean los ciudadanos del mañana. “Para esto contamos con el apoyo de un buen grupo de padres de familia, colaboradores y entusiastas, sin diferencias de clase o posición social. Ellos son los que nos permiten ejecutar una planificación en el aula y en la casa”, concluyen orgullosas Martha Chiriboga y Lupita Jara.

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