Construyen índice para entender qué es la sociedad civil
Por Hernán Rodríguez Girón
Publicado en Diario El Mercurio el viernes 11 de noviembre de 2005, Página 6A, Cuenca.
CUENCA, Ecuador (11/11/05).- El Índice de la Sociedad Civil (ISC) está en construcción, con la participación de informantes calificados de todo el país, con el propósito de obtener un marco analítico comparativo para entender qué es ya que por el momento es un concepto impreciso, sin rigurosidad.
La sociedad civil puede entenderse como el conjunto organizado de los ciudadanos de un país, que, sin formar parte de un partido político, una organización con fines de lucro, ni de una instancia gubernamental, actúan en favor del bienestar común, aunque para teóricos como Gramsci no existe una sociedad civil, sino un conjunto de intereses particulares que compiten entre sí por el poder.
El proyecto del ISC cuesta $ 28.000, financiados por la Red de Organizaciones de la Sociedad Civil (CIVICUS), con sede en Sudáfrica y que está realizando a nivel mundial el mismo esfuerzo en 60 países, para tratar de comprender estas dos esquivas palabras. Mediante encuestas a hogares, entrevistas a personajes que reflexionan sobre el concepto y talleres, se pretende responder a la pregunta ¿qué es la sociedad civil ecuatoriana?, para tratar de llegar a un consenso con urgencia, debido a que en el Ecuador solo una situación es certera, la incertidumbre.
En Cuenca, OFIS realizó el primer taller de la sociedad civil en su aula, em el que participaron sociólogos, abogados, periodistas, ingenieros, estudiantes universitarios, delegados de los derechos humanos, representantes de ONG´s, que luego de llenar una encuesta realizaron el ejercicio de intentar ponerse de acuerdo sobre el concepto. El facilitador fue Fernando Bustamante, profesor universitario, sociólogo y planificador de economía.
¿Cuál es el objetivo de este proyecto?
Conocer que mismo es la Sociedad Civil, con sus límites y sus características. Son dos términos de los cuales se habla mucho, se discute mucho y se dicen muchas cosas en nombre de. Pero realmente no se sabe qué es a nivel mundial. No tenemos la radiografía, no tenemos la cartografía de la sociedad civil ecuatoriana. No tenemos un consenso sobre la extensión del cuerpo y queremos contribuir a esta discusión y a descubrir estos aspectos antes mencionados.
¿Qué resultados se esperan obtener, especulando un poco?
Dos aspectos, uno de conocimiento académico y de investigación científica. Dos, retroalimentar a las organizaciones que se autoidentifican como “Sociedad Civil” con una especie de retrato, que en cierta medida lo han hecho ellas mismo, porque participan o se les pide que participen en proporcionar los elementos para ese retrato o espejo. Que se autoreconozcan, miren, que digan esto hemos descubierto, esto es lo que somos, que tomen esa información y la usen en la forma que crean conveniente y también para otros actores que son de la “Sociedad Civil”, para que sepan a que se enfrentan.
¿Podrá este índice dar un poco de luz para saber que mismo es la Sociedad Civil?, por ejemplo el investigador brasileño afirma que es la primera vez en la historia de la humanidad que una organización se define por lo que no es, el referirse a la Organizaciones No Gubernamentales, la famosas ONG´s.
El propósito es tratar de llegar a una descripción, al menos que no sea negativa. Por cierto, las ONG´s son solo una pequeña parte, conceptualmente hablando, de lo que son las organizaciones de la sociedad civil. Es verdad que a veces la gente piensa en la sociedad civil y piensa en las ONG´s y eso es inexacto, las ONG´s son una parte.
¿Cuáles son los datos preliminares sobre las características de la Sociedad Civil ecuatoriana?
Es una sociedad incipiente, con bajos niveles de participación ciudadana. Las personas llevan adelante una existencia comunal, asociativa, consuetudinaria, donde el individuo y sus derechos se han emancipado de la tutela de las realidades colectivistas. O se halla la gente en otras realidades, totalmente atomizadas, fragmentadas, sueltas, o donde los únicos referentes reales que sigue habiendo son los mediatos, la organización social primaria: el vecindario, la familia, los amigos, la jorga. No niego las formas de organización primaria, tradicional, que, en realidad con muy importantes, pero ese otro nivel que es el que permite la participación política ciudadana es todavía incipiente.
¿Considera usted que con ese bajo nivel de participación política de la ciudadanía ir a una Asamblea Constituyente es como un salto al vacío?
No creo que se pueda hacer una cadena de inferencias tan rápida. Yo creo que lo del salto al vacío, o no, dependerá de unas condiciones políticas precisas, en las cuales esa iniciativa o cualquier otra que se implemente, deberá ser bajo unas modalidades, bajo unos mecanismos precisos, mediante unos pactos y arreglos. Talvez el problema radica precisamente en que el actual sistema político da, como uno de los efectos de este proceso hegemónico, el tener a la gente en este estado de desvinculación de la política o de estar inmersa en realidades compulsivas. Lo que sí sabemos es que este sistema político, vigente en las últimas décadas y, talvez en los últimos siglos, uno de sus efectos es que ha producido una ciudadanía muy pequeña, muy inactiva y tremendamente disgregada. Uno podría también pensar de modo inverso, que hay que hacer algo para cambiar esta situación y darles a las personas incentivos y oportunidades para desarrollarse como ciudadanos en lo privado, en lo público, en lo estatal. Hay algo que hacer para romper aquellos bloqueos, nudos, que el actual sistema político impone a la posibilidad que la ciudadanía se active y se desarrolle en una vida asociativa.
¿Cuál es entonces la salida a la actual crisis política?.
Es muy difícil hablar de una salida particular, porque va a depender mucho de los actores, en condiciones muy precisas, que se están definiendo día a día. Yo, lo que puedo señalar, es que se ve muy difícil un acuerdo, porque los políticos se están jugando su destino y no van obviamente a renunciar a ello. Una salida idónea sería aquella que garantice la posibilidad de transformación del sistema de representación política, del sistema electoral y de las instituciones del Estado de Derecho, para crear un marco donde sea posible la aparición y el florecimiento de nuevos actores políticos y sociales, que sean capaces de imponer otra dinámica a la política ecuatoriana, alejándonos de lo que es en este momento el patrimonialismo y el corporativismo. El patrimonialismo es el manejo como cosa privada de la cosa pública y el corporativismo es el apropiamiento de jurisdicciones públicas para intereses particulares, de tipo asociativo o gremial. Ambos vicios han desnaturalizado la política ecuatoriana, han impedido que se produzca el surgimiento de una ciudadanía consciente de sí, de sus derechos y obligaciones. Esto es lo que hay que romper. Lo que me parece muy idóneo, porque es algo que tiene que ir sucediendo en el camino. El problema radica en tozudes racional de la clase política, por no hacerse a un lado o por no compartir espacios. No lo van ha hacer, porque nadie se autodestruye, ni deja que le destruyan sin defenderse y ese es el drama. Lo que está en juego es la supervivencia de un estamento de empresarios de la política, de empresarios del gremialismo corporativista, que difícilmente permitirán que surja la ciudadanía. Además, ellos no quieren que la ciudadanía exista, lo que quieren son clientelas sumisas, supinas, desmovilizadas, sin conciencia de sus derechos. El momento en que hay una ciudadanía como tal, entonces pierden. Ya no van a poder mangonear al país ni a sus partidos, de la manera como lo vienen haciendo, con ese gamonalismo urbano, que reemplazó al viejo gamonalismo hacendario que ya periclitó.
¿Cuál es su análisis sobre el “movimiento” de Los Forajidos?
Yo no creo que existió tal cosa como un movimiento, es una hipóstasis. Hubo un enorme e indebido optimismo. Fue una asonada multitudinaria, que expresó un profundo resentimiento, sobre todo de la población quiteña de clase media para arriba, que se convirtió en portavoz probablemente de un descontento más generalizado, que halló en el coronel Lucio Gutiérrez una especie de pararrayos, de fusible, pero que no resolvió nada. No constituye en sí mismo un movimiento organizado. Fue un tumulto, una muchedumbre enardecida. Pero por justificados o legítimos que sean los motivos de su enardecimiento, no es una organización social o política, no es un movimiento social, no es una propuesta. El gran desafío de quienes creen que debe cambiarse el sistema político y social es, precisamente, transformar eso que no tiene forma, destino o contenido, con una convocatoria que vaya más allá de Quito y de su clase media, en un movimiento social, con propósito, con organización, que se capaz de acoger las necesidades reales de la gente, burlada y crecientemente desatendida por los sistemas políticos actuales.
¿Qué utilidad tendrá el Índice de la Sociedad Civil?
Primero, trabajamos con informantes calificados, que son personajes que por su experiencia en la participación pública tienen un profundo conocimiento y contacto con el sector del caso. Segundo, también estamos formando grupos de asesores regionales y nacionales, de actores prominentes de la sociedad civil. Tercero, tenemos redes de contacto con medios académicos. La idea es difundir esto, para contribuir a todo lo que se haga desde la sociedad civil o hacia la sociedad civil, ocurra desde la realidad, de “lo que es” en efecto. No desde sus sueños, no desde sus fantasías, no desde los sueños o pesadillas que terceros tengan con respecto a esto, sino sobre una base real, que servirá para que los actores que se enfrentan a estas organizaciones sepan con quien se enfrentan y sepan también que pueden, que quieren, a dónde van, un poco más refinadamente, menos desde el prejuicio y sí con datos firmes. Es mejorar las capacidades de acción y de autoreforma de estas organizaciones.

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