El Museo Pumapungo ofrece un reencuentro con nuestra identidad
Por Hernán Rodríguez Girón
Publicado en Diario El Mercurio, el domingo 1 de agosto de 2004, página 1B, Cuenca Patrimonio Cultural de la Humadidad.
CUENCA, Ecuador (1/08/04).- Sus fondos arqueológico, etanográfico, píctorico y documental, son patrimonio de todos los cuencanos, por eso el Museo Pumapungo y su Parque Arqueológico del Banco Central del Ecuador, Sucursal Cuenca, se han convertido en importantes atracciones culturales y artísticas de la ciudad Patrimonio de la Humanidad y de su región.
El Museo custodia un importante acervo de bienes culturales y patrimoniales, herencia de todos los cuencanos, con 10.000 piezas arqueológicas, 30.000 bienes etnográficos que representan a las culturas ancestrales vivas de todo el Ecuador, 2.000 bienes artísticos entre pinturas y esculturas y 50.000 bienes bibliográficos y documentales. Parte de ese patrimonio está en exhibición en las salas Tomebamba Imperial, Sala Nacional de Etnografía, la Sala de Arte Religioso de los siglos XVII y XVIII, la Sala Numismática y el Parque Arqueológico y Etnobotánico “Jardines del Inca”.
Andrés Abad es el director regional Cuenca, del Área Cultural del Banco Central; considera que el gran reto del presente para los museos es responder a la pregunta ¿cómo llegar a la gente?. Tener nuevas ideas para salir de las 4 paredes de una sala de exposición, para hacer que la historia cobre vida e interés, despertando la imaginación del público.
Por eso, el Museo Pumapungo, en los últimos años ha enfocado sus actividades culturales fundamentalmente en el rescate las tradiciones y cultura ancestrales, por eso se publican ediciones de la revista Yachac. También hace promoción y difusión de toda la herencia y el legado en los ámbitos artístico, etnográfico y arqueológico de todo el Ecuador.
La palabra Pumapungo que da nombre al Museo, recupera la toponimia del predio en el que está asentado el complejo, que se usa desde hace cientos de años. Fue el centro administrativo y religioso de la Tomebamba inca, que se erigió encima del sitio Guapondelig cañari. Entonces, el punto central es un sitio arqueológico con miles de años de historia, que da valor por sí mismo a todo el Museo, que está levantado en un lugar trascendental para la historia, porque es el origen de la identidad de los cuencanos. Hay evidencias de ocupación humana temprana, del paleoindio americano, mucho antes de que el hombre americano experimente con la arcilla y la domesticación de los cultivos.
Se puede hablar de un lugar seminal, muy importante, para la historia de la ciudad. El Museo tiene una sala de sitio, la sala Tomebamba Imperial, para exhibir aquellos elementos y artefactos que se encontraron durante la campaña de excavaciones de los años 80 del Siglo XX, que dirigió el arqueólogo Jaime Idrovo.
El Museo y el Parque se visitan mediante tres recorridos, uno para las personas que no disponen de mucho tiempo, otro para los necesitan más detalle y un tercero para los especialistas. En un recorrido normal se emplean 3 horas, si alguien quiera algo rápido 1 hora y media es suficiente. No estoy hablando solo del Museo, que toma 45 minutos a 1 hora recorrerlo. Una visita rápida de todo el complejo unas 2 horas y una visita a profundidad, para especialistas, unas 4 horas, con explicación inclusive de las especies de plantas.
Todos los ecuatoriano que quieren reconectarse con su país, tienen que venir acá, al encuentro con el turismo cultural etnográfico y natural. Los efectos se van a ver en los niños, porque les impacta y las imágenes que captan se les quedan en inconsciente.
Un turista apurado, sin moverse mucho, puede hallar en Pumapungo una visión de conjunto del Ecuador, porque aquí está el microcosmos andino y eso solo hablando de la parte arqueológica o natural. En sus salas, Pumapungo, muestra toda la diversidad etnográfica del centro del mundo, con nacionalidades y culturas vivas, el País tiene 20 pueblos vivos y aquí está un recorrido con arte, numismática que es la historia de la moneda que paralelamente enseña la historia socio-económica nacional. La sala de arte aborda un período interesante, asignado a este Museo, que lo tienen los otros museos del Banco Central. Es el arte del Siglo XIX, lapso del apogeo de la pintura y la escultura republicanas de Cuenca, cuando vivieron y desarrollaron su trayectoria Miguel Vélez, Gaspar Sangurima, Alvarado, en una especie de continuación de la Escuela Quiteña de la colonia. Es en esta etapa que se produce la transformación, desde el arte religioso, definido por la Escuela Quiteña, hacia el arte más profano, es decir “de lo divino a lo profano”.
El Departamento de Cultura del Banco Central es el custodio y el depositario de bienes culturales y patrimoniales que no se pueden entregar a otras instituciones, porque se debe tener la solvencia técnica y la capacidad para cuidar del tesoro nacional. Son en total más de 1 millón de bienes que necesitan de cuidados especiales en la red de museos del BC y lo que está en exhibición no llega ni al 5%, el resto se encuentra en reservas, tales como archivos históricos, bellas muestras del paleoindio, puntas de flecha, cerámicas, aríbalos, atuendos, máscaras, monedas, obras de arte, cristos. Es decir, el Banco Central del Ecuador es el depositario de ese gran tesoro. Las labores de sus museos son custodiar, conservar, preservar. En el caso de Cuenca, las reservas de Pumapungo están en el subsuelo, no se ven, allí entran los especialistas y los científicos a investigar. Solo el 5% se exhibe por falta de salas y cada uno de los ecuatorianos es dueño en parte de todas las cosas que están en Pumapungo.
La razón por la que muchos cuencanos todavía no han visitado el Museo y Parque Arqueológico Pumapungo es porque espacios como estos no pueden competir con las nuevas tecnologías, como medios audiovisuales, la oferta del cine, la televisión, los shows publicitarios y ese es el gran reto, cómo hacer que la gente vuelva a los museos. Sin embargo, hay que decir a favor que en Cuenca, comparado con otras ciudades, es la ciudad del Ecuador donde más asisten los públicos a los actos culturales, por ese imaginario presente de que es una ciudad cultural. Es el museo el que debe ir a la gente, si la gente no viene al museo. Pero no es una tarea fácil.
Datos para la historia de Pumapungo
En los años 20, del Siglo XX, todavía se dudaba sobre donde había estado asentada la antigua ciudad inca de Tomebamba, la que fue descrita por los cronistas y en donde nació el más grande de todos los incas, Huayna Cápac, capital del imperio con casas de muros blancos y cimientos de piedra caliza, con decoraciones de oro y plata, adornadas con bellos textiles. Hacia 1920 persistían las dudas entre investigadores e intelectuales, a cerca de Tomebamba.
Esas dudas fueron derrotadas con la llegada de Max Uhle, científico alemán especialista en arqueología inca, que también investigó en el Perú, contratado por Jacinto Jijón y Caamaño para que hiciera prospecciones en el Ecuador, sobre todo en Tomebamba de Cuenca. Con su informe de 1923 “Las ruinas de Tomebamba” acabó con toda duda, publicando los primeros planos de lo que quedaba de Tomebamba. Con su informe se demostró la grandeza de los vestigios que se encontraban en el sitio de Pumapungo. Lo curioso es que a partir de 1923, luego del discurso de Uhle y la correspondiente publicación, que corroboraban la tesis de que la gran ciudad andina, rival de Cuzco, se hallaba en Tomebamba, Pumapungo cayó nuevamente en el olvido y para 1924 el sitio seguía siendo usado como cantera pública, para usar sus piedras como cimientos de la nueva ciudad.
Pumapungo siempre fue un sitio de vestigios arqueológicos, pero es más fácil destruir toda evidencia y usar sus restos como materia prima para viviendas. Esa fue también la razón por la que no se difundía el tema arqueológico, hasta las nuevas excavaciones de los años 80 del Siglo XX.
Mientras tanto, durante 50 años, el sitio de Pumapungo sufrió más agresiones, con la construcción del Colegio Borja en la década de los 50, sobre evidencia inca de lo que fue Tomebamba y paradoja de paradojas, el mismo Banco Central, empeñado en rescatar y revalorizar el barrio de Pumapungo, construyó sus nuevos edificios sobre terrenos arqueológicos de gran valor. Por último, la Av. Huayna Cápac se diseño y construyó sobre el gran “Camino Inca” o Qapac Ñan.
Finalmente, es el mismo Banco Central el que a finales de los 70´s compra el predio de Pumapungo a la comunidad de padres jesuitas y logra proteger una parte de Pumapungo, que es la que se ha salvado hasta ahora y gracias a esto se van descubriendo nuevos elementos. Las excavaciones lideradas por Jaime Idrovo redescubren Tomebamba y hacia 1990 termina esta campaña, con la publicación de los informes finales y para 1999 se publica el libro “Tomebamba, arqueología e historia de una ciudad imperial”. En el 2003 se inauguran los “Jardines del Inca” y el Parque Arqueológico y Etnobotánico, posiblemente el primer jardín botánico de Cuenca. Poniendo en valor a todo el sitio de Pumapungo, para la comunidad, con un sentido didáctico y de comunicación, después de 500 años.
Sobre todo, en el Parque Etnobotánico se hizo un gran esfuerzo de recreación del medio ambiente andino, un poco alejado de la zona arqueológica, con miles de plantas y especies nativas y un santuario de aves. Por eso cuando vienen los visitantes, sobre todo los niños, asisten a un gran ejercicio de recreación de la historia y de la arqueología, un encuentro con el Patrimonio Cultural y la identidad nacional. También se aprende ecología, patrimonio natural y respeto por el medio ambiente. En medio año 10.000 estudiantes ya han visitado el Parque.

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