La Fundación de Cuenca tuvo un gesto diferente

 

Por Hernán Rodríguez Girón

Publicado en Diario El Mercurio, suplemento especial 450 años, página 1 I, Cuenca.

CUENCA, Ecuador (12/04/07).- Al conmemorar los 450 años de la fundación española, la ciudad revaloriza el sentido de su principal fecha histórica, el 12 de abril de 1557. El patrimonialismo estatal español, representado por los reyes católicos, Isabel I y Fernando II, elaboró una complicada ideología, para justificar la apropiación ilegal de los territorios descubiertos por Cristóbal Colón.

Para desgracia de los conquistadores y luego de los colonizadores europeos y blancos, esas tierras no eran “res nullius” o de nadie, sino que estaban pobladas y pertenecían a los pueblos aborígenes de lo que posteriormente se llamaría América, palabra que tendría origen en una lengua indígena y no en la tristemente célebre leyenda de Américo Vespucio.

Isabel y Fernando se preocuparon desde un principio, 1492, en dar características de legalidad a la expoliación y el principal fundamento jurídico fue La Reconquista, es decir, el triunfo del poder cristiano sobre la Tierra. El primer descubrimiento de las Indias Occidentales, la Bula Papal y el Tratado de Tordesillas de 1494 entre España y Portugal, son los títulos jurídicos originales que fundamentaron el coloniaje.

Por reglamentación de Carlos V, la fundación de ciudades se convirtió en una ceremonia político-religiosa muy elaborada y solemne, para consolidar a nivel local y regional la apropiación de aquello que había causado la curiosidad de los europeos.

Hasta finales del Siglo XVI (1500-1600), España llegó a fundar 200 centros urbanos por toda América, para el reparto de tierras, la apertura de caminos, el comercio y la industria. Estas fundaciones tenían su origen en la idea señorial de la Edad Media, que aún prevalecía en el espíritu del español renacentista, por eso estaban revestidas de “solemnes y pomposas formalidades”.

El trazo típico para la construcción de ciudades españolas en América fue el “esquema ajedrezado”, que el Consejo de Indias consideró era el más ordenado “sin ningún trabajo ni costa”. Se planificaba el nuevo asentamiento según un modelo de calles rectilíneas, que se cruzaban en ángulo recto. Para su protección, todos los españoles debían asentarse en esas ciudades y les estaba prohibido dispersarse por el campo, para prevenir los ataques de los indios. Entonces, el trazo respondía también a necesidades de orden defensivo y militar.

Ahora bien, la primera ciudad fundada en América fue Santo Domingo en 1501, por el gobernador Obando. A cada español en una ciudad se le adjudicaban “mercedes de tierras” o solares para construir sus casas, en las afueras se les concedían chacras para el cultivo de huertas y más lejos del centro poblado estaban los ejidos, para la crianza del ganado o se concedían haciendas, estancias o hatos. La medida básica para el reparto de tierras por orden del rey era la peonía o 6,46 hectáreas, en referencia a los soldados infantes o peones, que solicitaban un espacio para asentarse en las tierras recién conquistadas.

Con respecto a la Fundación de Cuenca, está cumplió todas las formalidades, como bautizar a la nueva ciudad con la toponimia urbana hispano-católica, que repite de una manera monótona los nombres del santoral o de lugares de la geografía en la Península.

Durante la primera misa de acción de gracias se encomendaba la nueva ciudad fundada a un santo, para que luego el capitán fundador le ponga el nombre a la localidad, que para el caso de Cuenca fue Santa Ana de los Cuatro Ríos. Luego, el capitán con su séquito “cabalgaba por los límites asignados a la ciudad. Después, bajando del caballo, arrancaba un pedazo de pasto, como acto simbólico con el cual toma posesión de la comarca a nombre del soberano. Monta de nuevo y desenvainando la espada desafía a quien quiera oponerse a la fundación y al mismo tiempo ordena al escribano pregonar la fundación de la nueva ciudad. Acto seguido, alza en sus manos el rollo o picota, insignia de la jurisdicción, que se enterraba en mitad de la plaza…”.

Las ciudades así fundadas, se suponía, quedaban seguras, porque atacarlas significaba “atacar a la Corona”, pero el caso de Cuenca tiene una notable diferencia, puesto que Gil Ramírez Dávalos, el Lunes Santo 12 de Abril de 1557, en lugar de desenvainar su espada, preguntó a los caciques cañaris Hernando Leopulla, Juan Duma, Diego y Luis, encomendados a Rodrigo Núñez de Bonilla “si temían que de fundarse la ciudad de Paucarbamba les podía venir algún daño, perjuicio, vejación o molestia”. Los caciques respondieron que no.

Este aparente acto de condescendencia de Don Gil podría interpretarse como la buena voluntad que los cañaris se habían ganado de parte de los españoles, porque les ayudaron en la caída y conquista del Imperio de los Incas. Hoy celebramos los 450 años de Fundación española de Cuenca, vale la pena preguntar ¿qué estamos celebrando?.

Bibliografía:

Historia universal del Siglo XX. Volumen 22. América Latina II. La época colonial. Richard Konetzke. España. 1971.

San José: su desarrollo, su título de ciudad, su rango de capital de Costa Rica. Licenciada Niní de Mora. Universidad de Costa Rica. 1973.

Páginas de Octavio Cordero Palacios. Homenaje de “Anales” de la Universidad de Cuenca, en el centenario de su nacimiento 1870-1970. Cuenca 1970.

Sociedad, cultura y violencia. Muniz Sodré. Editorial Norma. Bogotá 2001.

 

 



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