Pasajeros cuencanos sufren una odisea en Flota Imbabura

 

Por Hernán Rodríguez Girón

Publicado en Diario El Mercurio, el 24 de mayo de 2005, Página 6A, Cuenca.

CUENCA, Ecuador (24/05/05).- Desperfectos mecánicos en unidad de transporte de pasajeros de la empresa interprovincial Flota Imbabura, genera abuso en contra de usuarios. Una autentica odisea, un viaje inesperado, sufrieron los pasajeros de la Flota, en la unidad que partió desde la Capital de la República el sábado 21 de mayo de 2005, turno de las 22:30. El transporte se dañó tres veces en la ruta hacia Cuenca y cubrió los 432 kilómetros en 12 horas 30 minutos, algo que no sucedía ni en los incómodos tiempos de las diligencias tiradas por caballos. ¡Llegó a las 11:30 del día siguiente a la capital azuaya!.

La aventura, digna de ser comparada con la historia de Odiseo el rey y héroe griego que soportó diversas pruebas antes de regresar a su amada patria, comenzó a las 23:00 de aquel sábado, cuando los pasajeros de la unidad identificada con el disco 123 fueron informados por los altoparlantes en la terminal de la calle Manuel Larrea, centro norte de Quito, que el autobús estaba dañado y que tendrían que hacer trasbordo en otra unidad, que partía ese rato hacia Manta, hasta la terminal de Cumandá, al sur de la Capital. Allí, según la empresa los estaría esperando otra unidad, que venía desde Ibarra y a que a las 22:30 salía para Cuenca. Unos 20 pasajeros recibían de esta manera la incómoda noticia, a través de un impersonal altoparlante, nadie que se haga responsable en persona.

A los pasajeros del trasbordo improvisado se sumaron en Cumandá los demás pasajeros que ya habían comprado su pasaje y ya se encontraban acomodados al interior del bus, esperando la partida. La unidad quedó repleta y al parecer se habían vendido dos veces algunos asientos. 46 personas apretadas salieron desde Cumandá en el bus que iba al sur con un retraso de 45 minutos.

A los 30 minutos de viaje se produjo el primer daño, en Machachi, según el chofer por “diésel mesclado con agua”, que daño el motor del transporte. Ya era la medianoche y el frío era intenso en el exterior. Cerca de media hora permaneció la matraca parada en la carretera hasta improvisar una solución y seguir el viaje.

“Es la primera vez que me pasad esto en Flota Imbabura, siempre utilizo este servicio. Estoy viajando desde Tulcán y salí a las 18:00 de allá, estoy completamente agotado”, se quejó el cuencano Luis Iglesias, que ya llevaba a esas alturas 5 horas de viaje, encerrado en un incómodo asiento.

La segunda parada forzada, debido a que el motor tenía problemas de potencia, se produjo en el páramo de Riobamba a una altura de 3.800 msnm y al pie del Chimborazo, en un lugar oscuro y desolado, que expuso a todos los pasajeros a un posible asalto. El bus permanece estacionado una hora a un lado de la carretera.

La tercera parada por un problema que tenía desde Quito el bus 123 se dio en Palmira. Ya eran las 06:30 de la mañana del domingo 22 de mayo y el carromato no había podido llegar a Alausí, cuando en un viaje sin contratiempos debía estar ya cerca de Cuenca.

“Me siento indignada, tenía que trabajar y quería llegar temprano”, expresó con rabia Fanny Cárdenas, quien recordó que la noche del viernes 20 de mayo abordó la Flota Imbabura 108 para viajar de Cañar a Quito y que así mismo la unidad pasó botada 40 minutos en la vía, cerca de Ambato, hasta arreglar un daño mecánico. En esa ocasión eran 30 los perjudicados con el retraso, por el mal estado de las unidades. “Esto ya es común. En otro viaje que realicé en Flota, el carro paró para auxiliar a otra Flota que estaba dañada entre Ambato y Latacunga”, agregó Cárdenas.

Finalmente el bus y su preciosa carga humana, entumecida por el frío y cansada, con dolores en espalda y articulaciones debido al enorme esfuerzo de estar sentados doce horas, arribó a Cuenca a las 11:00 del domingo 22 de mayo ¡y todavía tenía que continuar hasta Loja en esas condiciones!, ¡irresponsables!.

El colofón de esta historia increíble, que ocurre bien entrado el Siglo XXI, fueron el stress y la tortura psicológica que debieron soportar los familiares de las personas que viajaban en la unidad dañada, al ver que sus seres queridos no llegaban. Se imaginaban toda una serie de cosas que les podían haber sucedido en el camino.

Durante 4 horas y media ningún ejecutivo, una secretaria o por último un conserje, si sus directivos son tan miedosos, fueron capaces de dar la cara y una versión de lo sucedido, una vez en Cuenca. ¿Qué pasó con la unidad que salió de Quito a las 22:30 del sábado 22 de mayo?. El gerente de la empresa, Economista Abdón Peñafiel Jaramillo, debe a todo el Ecuador una explicación y disculpa pública sobre estos constantes desperfectos, que ponen en entredicho la imagen de la empresa. ¿Qué hace frente a estos casos la Jefatura o el Consejo Nacional de Tránsito?, ¿qué hacen entidades públicas como la Defensoría del Pueblo, para sancionar lo que con meridiana claridad es un abuso en contra del usuario?.

La Ley Orgánica de Defensa del Consumidor ordena en Artículo 75, Servicios Defectuosos:

“Cuando los servicios prestados sean manifiestamente defectuosos, ineficaces, causen daño o no se ajusten expresamente a lo acordado, los consumidores tendrán derecho, además de la correspondiente indemnización por daños y perjuicios, a que le sea restituido el valor cancelado.

Además, el proveedor de tales servicios, será sancionado con una multa de 50 a 500 dólares de los EEUU o su equivalente en moneda de curso legal, sin perjuicio de las demás acciones a que hubiere lugar”.

La empresa de transporte interprovincial está obligada a mejorar las condiciones mecánicas y de funcionamiento de sus unidades, para que sea verdad lo que dice el slogan al reverso de los boletos que vende: “Un viaje de placer conociendo las bellezas del Ecuador”. ¿Viaje de placer?, más parece un viaje de terror.

 

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