René Cardoso es un apasionado por el patrimonio cultural
Por Hernán Rodríguez Girón
Publicado en Diario El Mercurio, el domingo 15 de abril de 2007, página 2B, Perfiles.
CUENCA, Ecuador (15/04/079.- Activo organizador de museos y defensor de la Bienal de Pintura, cazador de sueños e impulsor de nuevos proyectos, es René Cardoso, de palabra franca, reservado y modesto al referirse a su vida personal, atesora sus recuerdos. Cuando se refiere a su faceta como hombre público, hace estallar su pasión por la gestión cultural y por lo que constituye su principal actividad durante los últimos 20 años, la Bienal, a veces sin quererlo y otras queriéndolo, porque no es amigo de los cargos a perpetuidad; más bien, le gustan los retos, por eso también fue Director Ejecutivo de la Orquesta Sinfónica de Cuenca durante 1 año.
El patrimonio cultural no solo es el pasado, también es la edificación del futuro. René Cardoso Segarra, presidente de la IX Bienal de Cuenca tiene sueños y proyectos. Su propuesta para la ciudad, en la actual edición, es crear un gran pabellón, un museo contemporáneo, en el que se unan la música con los soportes que hoy existen para el arte, la infraestructura del Siglo XXI, con la que todavía no se cuenta en la ciudad Patrimonio de la Humanidad. El proyecto espera sacarlo más adelante, luego de concluir con éxito la enorme responsabilidad que tiene ahora, la IX Bienal.
“No soy político. Mi mejor partido es la propia vida, son las convicciones que uno tiene”., dice al contar como fue nombrado presidente de la IX Bienal, al aceptar una cordial invitación del alcalde Marcelo Cabrera, que deseaba organizar el mejor equipo de colaboradores para administrar la ciudad. Con Hernán Crespo Toral participó en el rescate del mural de la lira, Anacreonte, que hoy se exhibe en el vestíbulo del Museo Pumapungo del Ministerio de Cultura y Patrimonio y que es una exaltación del mundo grecolatino, obra de arte que hubiera desaparecido con la casa patrimonial, derruida para levantar el actual edificio del Banco del Austro, sino fuera porque una mañana por la esquina de la Sucre y Borrero, se fijó en los escombros de la casa y una pared todavía quedaba en pie, con la pintura intacta. René Cardoso llamó de inmediato a Crespo y le pidió al Museo Pumapungo y al Banco Central que entonces lo administraba, que hicieran todo lo posible para rescatar el mural. Y así fue.
Melómano incansable, sus ratos libres los dedica a escuchar música clásica. Trabajó organizando los museos de Arte Moderno, de Las Conceptas, de la Medicina y por más de una década fue director del Museo del Banco Central Sucursal Cuenca.
¿Recuerda alguna anécdota de su época como estudiante de colegio?
Tengo una pésima memoria para acordarme de las anécdotas-. Soy muy malo para eso. Así como soy muy malo para contar cachos. Tantas cosas que suceden en la vida.
¿En qué instituciones educativas realizó sus estudios?
Yo estudié la escuela en la unidad educativa Borja. El colegio en el legendario Americano, que fue uno de los primeros colegios mixtos que hubo en Cuenca y que tuvo que cerrarse en el cuarto curso. Es así como fui al Benigno Malo y completé allí mi formación de bachiller, soy de la promoción de 1969. Luego la universidad en la Facultad de Filosofía de la de Cuenca, siempre tuve un apego especial por lo que es la historia, fue mi licenciatura. Uno de mis profesores fue el arqueólogo norteamericano Frank Klein. Cuando completé mi licenciatura, Klein me dijo que quería invitarme para que le ayude en un proyecto, pues había visto mi inclinación hacia el asunto artístico-histórico y quería que le ayude en la organización de un museo. Así comenzaron mis estudios relacionados con la museología. Salí del país ha hacer un postgrado en México, en museografía, diseño de exposiciones y diseño de museos.
Apenas regresé al país, años 77 o78, recibí una llamada de Hernán Crespo, desde que Quito, que se había enterado que yo regresaba haciendo estudios de especialización en museología y tuvo la generosidad de decirme “Quiero que organices el Museo del Banco Central en Cuenca, ahora tenemos en bodega en una casa que arrendamos (esa casa pertenecía a Diario El Mercurio, lo que ahora es el Centro Comercial La Prensa en la Padre Aguirre), allí están las primeras colecciones que hemos adquirido para implementar el Museo. Te pido que te encargues de iniciar todo el proceso de organización. Fue así como inició mi relación con el Museo Pumapungo, entonces del Banco Central. Cuando llegué al centro La Prensa el local tenía una gran habitación con miles de objetos arqueológicos y etnográficos y lo primero que se me ocurrió es organizar una exposición itinerante.
Esta primera exposición se llamó “Viejos Platos del Carchi”, sobre estos hermosísimos platos que tienen una decoración única, miles de platos, un verdadero museo del dibujo y del diseño, eso llamó poderosamente mi atención, estos primeros diseñadores, dibujantes de hace 2.000 años que contaban sus historias en los platos. Esa fue la primera exposición del Museo en Cuenca, sin local propio, pero ya salíamos a la ciudad con una exposición, que se hizo su montaje en el Salón del Pueblo y luego esa exposición viajó por muchas ciudades del país, sobre todo por pueblitos pequeñitos. Nunca se daño o perdió un plato. Así comenzó la historia de muchas exposiciones más. Las primeras muestras de arte contemporáneo del país las organizamos aquí en Cuenca, con la presencia de grandes artistas latinoamericanos. Ese es mi inicio en el patrimonio cultural y las exposiciones.
¿Casado con…?
Mi esposa falleció hace cerca de 2 años, cuando yo recién asumía este enorme reto de la presidencia de la Bienal. Se le detectó un cáncer y ella me dijo que debía asumir con valentía esta posición en la que estaba, tenía que seguir adelante y que me deseaba que me vaya muy bien. Esto me conmovió y creo que me dio fuerzas, porque caso contrario no hubiese culminado, pensé seriamente en el retiro. Además, tuve el apoyo fundamental del personal, que me dijo que no, usted tiene un reto aquí y hay que sacar adelante la Bienal. Son esa serie de fuerzas que a uno le hacen salir adelante, seguir, sobre todo sentir una enorme fuerza colectiva, que es un equipo que está trabajando aquí. Yo he estado en algunas bienales, muy metido con ese equipo y siempre suelo decir a mis amigos que estuve en los espacios donde está la sala de máquinas de ese gran buque que se llama Bienal, donde uno se mancha las manos con grasa.
¿Cómo se dio su vinculación con la Bienal?
Desde la segunda Bienal. Es nombrado Patricio Muñoz como me presidente y me llama para que le ayude. Yo tenía en ese entonces una actividad muy generosa de apoyar los proyectos culturales de muchas instituciones. Me ofreció la vicepresidencia. En la III Bienal, Patricio me ofrece la coordinación general, un trabajo más técnico y más amplio y complicado. En la IV Bienal cambian al presidente y nombran a Eudoxia Estrella. Ella me encuentra en la calle. Yo ya estaba desvinculado de estas labores y me pide que le ayude. Me invitó a que sea miembro del directorio. Luego fui nombrado coordinador general. La V Bienal es nombrado Eliécer Cárdenas como presidente, pero con un cambio, el presidente ya no nombra al coordinador general, esta vez lo hacía el Concejo Cantonal. Me llama una mañana Eliécer y me dice, mira no has de saber tú, el Concejo Cantonal ha decidido, hermano estamos nombrados para la V Bienal. Así es que vente, vente, ¿dónde estás?. . Yo le dije que estaba en un campeonato de billar, me gustaba mucho este deporte. ¿Y cuando terminas?, yo le respondí que mañana… No, deja eso, vente, vente. ¿Dónde están los nombramientos?. No hombre, el alcalde te está buscando (risas). Y me dice, lo primero que vamos ha hacer René es sacar nuestros viejos corotos que están en el Museo de Arte Moderno y nos vamos a la casa vieja y no importa, que esté como esté. Lo primero que te ruego que me ayudes, vamos a movilizarnos de allí y nos vamos a nuestra propia casa. Vamos a estar allí en paz. Eso hicimos, nos trasladamos hasta la vieja casa y allí estamos desde la V Bienal, hasta la VIII, ocho años. Cuando llego como presidente a la vieja casa uno de mis sueños era restaurar eso. Le mandé al alcalde un estudio de factibilidad de restauración que fue inmediatamente apoyado. A los pocos meses salimos de esa casa para empezar la restauración. Ahora, estamos temporalmente en esta casa hermosa, la Casa del Coco, arrendada. Arriendo que lo paga la Municipalidad de Cuenca, caso contrario no podríamos, porque nuestros recursos son escasos.
¿Cómo es René Cardoso en su casa?
Querendón de mis hijas. Tengo dos hijas y un hijo. Pero él ya es independiente. Tengo dos hijas en la universidad en estudios internacionales. Una de ellas está muy interesada en el campo diplomático, la otra está interesada en el comercio exterior. ¿Qué cómo soy en casa?, tremendamente querendón. Luego de la ausencia de mi esposa me he vuelto mucho más casero. Trato de darles a mis hijos el máximo de mi tiempo, trato de que la casa se sienta habitada, que no esté sol y un papá que siempre les espera. Esto hace que me pierda muchas cosas que son culturales. Prefiero la calidez de mi casa, con mis hijas, Tengo una vida de mucha responsabilidad y muy intensa, tengo que hacer de papá y mamá. Tengo una vida apacible, sencilla.
¿Cuál es su pasatiempo en sus ratos de ocio?
Mi pasión es la música clásica. Creo que tengo una interesante colección. Mi padre fue uno de los primeros importadores en Cuenca de música clásica, creo que fue el primero en traer los discos de la famosa Deutsche Gammophon Gesellschaft. Era niño y esperábamos, con una hermosa ilusión, con mi padre que lleguen los paquetes de discos vía barco, desde Alemania, que se demoraban 3 meses. Era un momento de mucha felicidad cuando teníamos que abrir las cajas de cartón que llegaban desde Hamburgo, con esas hermosas etiquetas amarillas de los discos Deutsche y escucharlos en el viejo toca discos de papá. Uno de los primeros equipos de alta fidelidad que importó de los Estados Unidos, lo armó en Cuenca Eudoro Vintimilla. Es una historia muy particular, pero señaló tan bien mi afición por la música clásica, conservo una muy interesante colección de discos de vinilo, los que mi padre importaba de Alemania. El tiempo que me queda, me dedico a la música, últimamente a la fotografía, las maquinitas digitales han facilitado muchas cosas y acercamiento a este arte. Hacen todo. También me dedico a la lectura y a otros temas.
¿Cómo eran los presidentes de las bienales?
Pues cada uno con su carácter, cada uno hizo un importantísimo aporte a la Bienal, caso contrario no estaríamos en el proceso de inaugurar la IX edición. También fue importante el aporte de los directorios que acompañaban a los presidentes. Las primeras bienales eran más duras de manejarse. Hay una enorme base que fue construida, una enorme cimentación, que fue construida por sus presidentes, que lucharon con tesón y con un enorme amor a lo que es esta ciudad.
¿Qué rescata como lo más importante de haber organizado estas bienales?
Salieron nuevas figuras del arte cuencano. Jóvenes que en la primera Bienal recién estaban iniciándose, en la segunda también y ahora son importantes representantes, incluso internacionales, del arte contemporáneo de Cuenca. Y por supuesto algunos ecuatorianos. Ellos tuvieron un importante incentivo de las bienales. Ese es uno de los más importantes logros. Aspiro que siga siendo el más importante logro, que incentive a los jóvenes artistas ecuatorianos. Pero hay otro también, la mejor relación internacional de Cuenca, que es entre otras cosas conocida por la Bienal y en el campo diplomático se la conoce mucho por la Bienal. Las embajadas nos han facilitado mucho el contacto con otros artistas y otros museos. Nos han ayudado con el transporte de las obras. Hay una tradicional amistad con las embajadas. Eso tratamos de conservarlo e intensificarlo. La imagen internacional de Cuenca es muy importante, por su patrimonio cultural contemporáneo, por lo que hace la Bienal. Es una institución respetable, respeto alcanzado en los últimos 20 años. El 24 de abril de 1987 se inauguró la primera Bienal. Este 24 de abril estamos cumpliendo 20 años. Cada uno de los presidentes lo que ha sabido preservar es la absoluta verticalidad de los procedimientos. Esto hace que yo tenga un sentido de mayor responsabilidad. Las críticas siempre existirán y es bueno, yo siempre manifiesto que la cultura sin crítica no es cultura.

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