Una sorprendente fauna antediluviana habitó la Tierra
Por Hernán Rodríguez Girón
Publicado en Diario El Mercurio, el domingo 29 de octubre de 2006, página 2B, Ciencia.
CUENCA, Ecuador (29/10/06).- El paleontólogo argentino, Sebastián Apesteguía, visitó Cuenca para dictar conferencias sobre los lagartos gigantes o dinosuarios en las aulas de la Universidad del Azuay (UDA). El científico representa a la Fundación de Historia Natural “Felxi Azara”, institución no gubernamental y sin fines de lucro, al servicio de la sociedad, con la misión de contribuir al estudio y la conservación del patrimonio natural y cultural de Argentina. También realiza investigación científica, conservación de la naturaleza, educación ambiental y divulgación de la ciencia. Apesteguía fue invitado por la Escuela de Biología de la UDA, entidad que está bajo la dirección del científico cuencano Juan Pablo Martínez.
La paleontología es el gancho más importante, después de la astronomía, para atraer a los jóvenes hacia la ciencia. Las investigaciones sobre los dinosaurios, que es en parte de lo que se encarga la paleontología, que es el estudio de lo antiguo o de los restos fósiles, se venían realizando con mayor intensidad en el hemisferio norte, por su aislamiento con respecto al otro supercontinente que existía hace millones de años atrás, Euroasia. El sur del planeta era parte de Gondwana. Como se investigaba poco en el sur, excepto los últimos 20 años, todo bicho que era descubierto en este hemisferio era desconocido. Hasta que en los años 80´s del Siglo XX se descubrió el “Carnotaurus Astreii”, un carnívoro con cuernos en la cabeza, como un toro y brazos y manos que casi no existen, de lo pequeñas que son y, a principios de los 90, Bonaparte encontró el “Amargasaurus”, en la formación La Amarga, Patagonia Argentina, un saurópodo que tiene todo el cuello lleno de espigas muy largas y se destapó el interés por los dinosaurios en Sudamérica.
La paleontología es una ciencia que enseña que los seres humanos son unos “recién llegados” a la Tierra. El planeta tiene una antigüedad estimada en unos 5.000 millones de años. Los dinosaurios no fueron los primeros habitantes del planeta, por solo mencionar un grupo de vida. Antes que ellos están los peces, luego los anfibios, pero estos lagartos gigantes reinaron sobre la superficie entre 235 y 65 millones de años atrás. Es decir, dominaron la vida durante unos 150 millones de años, siendo las criaturas más importantes en la tierra y el aire. Los pájaros son un grupo de dinosaurios que sobrevivieron a la extinción del meteorito. Aparentemente no hubo sobrevivientes en los ambientes marinos, pero allí había otro tipo de reptiles. En cambio, el hombre tiene apenas 5 millones de años, esa es toda nuestra evolución desde que hubo la separación del chimpancé, del que no desciende el ser humano, sino que es un hermano con un ancestro común. Y el hombre moderno apenas tiene 1 millón de años de presencia sobre el planeta. En cambio, los dinosaurios “reinaron” 150 millones de años.
¿Cómo se identifican las capas de la Tierra?
Eso lo hacen los geólogos. Tenemos que conseguir un mapa geológico e ir a la localidad que en el mapa figure la época que estamos interesados en buscar. Si estoy trabajando en materiales cretácicos, como es mi caso, entonces no voy a cualquier lado, voy a un lugar en donde el mapa geológico me diga que el terreno es cretácico.
¿Usted me quiere decir que la paleontología está relacionada con la geología?
Directamente, la paleontología hoy en día es más biológica que geológica. Hubo una época en que nos importaba más en que capa estaba, en vez cómo era el animal. Hoy en día nos importa más como son sus huesos, compararlos con los de otros animales, si podía correr rápido o no, qué comía, todas las cosas que hacen a la biología del animal y a la “sistemática” o sea, con quien está emparentado.
¿Qué otras disciplinas apoyan a la paleontología?
Las que tengan que ver con la biología, por eso hay paleobotánicos, palinólogos (estudian polen), micropaleontólogos (estudian cosas chiquitas), de vertebrados, especializados en mamíferos, en peces, en reptiles, en anfibios.
¿Usted se dedica a la difusión de este conocimiento?
Tuve la ocasión de dar en el Planetario de Buenos Aires lo que llamamos “Chocolatadas científicas”. Invitamos a una enorme cantidad de chicos, una empresa de lácteos les regala un vaso de leche chocolatada y se quedan a ver una presentación de dinosaurios.
¿Porqué tanta pasión por la paleontología?
Creo que tanto la astronomía como la paleontología son los dos enlaces más importantes, los dos ganchos, que hacen que los chicos se acerquen a las ciencias. Hay que usarlas, estas ciencias, desde el gobierno y la educación, para atraer a los chicos a la ciencia. Por la inmensidad, por el misterio. Los dinosaurios llaman la atención por el tamaño y por estar extintos.
¿Cuál fue su descubrimiento?
Esfenodontes, un tipo de lagarto casi extinto hoy en día, queda una especie en Brasil y una en unos islotes alrededor de Nueva Zelanda pero, igual, son esfenodontes modernos. En nuestros estudios, son una versión mucho más antigua. Pero lo interesante de La Buitrera, es que se encuentran mejor preservados, las cosas medianas y pequeñas.
¿Qué animal se descubrió en Argentina, creo que es el dinosaurio más grande?
Puertasaurus. Imagina que muere un dinosaurio de esos, que tiene más de 40 metros de largo y solo el tórax es más grande que una habitación y eso no lo vas a poder medir. Ese animal muerto talvez va a ser carroñado por los carnívoros. Supon que se murió porque se atragantó por algo, que no fue atacado. Va a empezar a ser carroñado por carnívoros, va a venir un gigantosaurus, se va a llevar una parte, pero, básicamente, ese animal para quedar enterrado va a pasar algunos años, durante mucho tiempo van a pasar allí los huesos expuestos, rompiéndose, sufriendo por la lluvia, el viento, la arena. Entonces es muy difícil que un animal de estos se conserve completamente.
¿Qué nidos, de qué especies, se han descubierto?
Hay un lugar en Neuquén, el volcán Aucamahuida, que en la época de los dinosaurios no existía. Era un valle, por donde corría un río y los dinosaurios de cuello largo, los titanosaurios, lo usaban como zona de anidamiento. Venían cada año, depositaban sus huevos, hacían nidos excavados. El río que corría por ese valle se desbordaba y cubría los nidos, algunos de los huevos no habían eclosionado, quedaban cubiertos con los embriones adentro. Eso ocurría muy seguido. Lo que tenemos son capas y capas de anidamiento en el mismo lugar y algunos de ellos en una extensión que, te puedo asegurar, tiene una extensión de 50 km, todo cubierto por sedimentos. Después, surgen el volcán Aucamahuida, rompe esos sedimentos por la mitad y quedan envueltos a los dos lados del volcán, dejándolos expuestos. En algunas de esas capas, se han llegado ha encontrar los embriones, ¡dentro de los huevos!, huesitos apenas formados de los cráneos. Nos muestran como los dinosaurios iban cambiando al crecer y eso es lo que nos interesa, su ontogenia, ver como ocurrían los cambios mientras crecían, en un animal fósil. Descubrimos que estos dinosaurios de cuello largo, cuando eran embriones, tenían el cuello corto. El cuello largo se desarrollaba con el tiempo.




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