Encuentro “Monseñor Luna y la comunicación”.
Hernán Rodríguez G.
Discurso pronunciado en la Sala Catalina Sojos de la Casa de la Cultura Núcleo del Azuay, con motivo de la conmemoración de los 100 años del natalicio de Luis Luna T.
CUENCA, Ecuador (28/07/23).- Comienzo agradeciendo al padre Fernando Vega por su invitación a este encuentro testimonial “Monseñor Luna y la comunicación” y, al mismo tiempo, me sincero porque no fui parte del grupo de “amiguis” de Luna, aunque cuando tenía años más mozos me encontré con él en algunas ocasiones, en paseos de familiares o de amigos, cuando asistí a algunas de sus misas u homilías o cuando años más tarde, Luna iba con regularidad a Diario El Mercurio a dejar sus artículos de opinión, pero entraba a la Redacción a saludar con Nicanor Merchán, con Edmundo Maldonado y nadie más. Ser articulista de opinión es una tarea de mucha constancia y disciplina y Luna la mantuvo durante dos décadas, estimo, no solo en uno sino en dos periódicos. A más de su presencia constante en radio y televisión. Desplegaba entonces una intensa labor de comunicación. Como que le urgía.
Conocí por primera vez en persona a Luis Alberto Luna Tobar allá por el año de 1984, en la segunda planta de la Casa Arzobispal, en la calle Bolívar, había acudido por invitación de un amigo que resultaba ser el sobrino del Arzobispo, un muchacho de Quito que residía en la casa y que estaba estudiando el colegio en Cuenca, en el Borja, era mi compañero. Fue un encuentro fugaz y chocante, nadie nos presentó, es más él ni siquiera se interesó en conocerme, simplemente salió de su despacho para amonestar a su sobrino. Me pareció una personalidad agria.
Con el transcurso de los años no cambiaría mi apreciación sobre él, era difícil acercársele porque siempre estaba rodeado de su grupo de “amiguis”, que filtraban quien podía o no podía hablar con él. Recuerdo que en algún paseo un omoto, que creo que llegó hasta a ser alcalde de Paute, hacía las delicias de los asistentes porque podía imitar a la perfección la voz chillona del sacerdote cuando este se exaltaba en sus homilías. Era en plan de burla. Otros payasos en Cuenca usaron esta característica de Monseñor para hacer sus parodias. En vez de disminuirle creo que estas imitaciones lo que lograron es aumentar la fama de Alberto Luna, porque ¿quién en Cuenca no conocía al “Obispo Rojo”?, para bien o para mal. Estas fueron mis tristes aproximaciones al personaje.
Tuve otras aproximaciones más gozosas, pero de manera indirecta, por ejemplo, cuando en el mes de junio de 2008 en el Salón de la Ciudad, el teólogo brasileño Leonardo Boff, dijo ante las autoridades y público en general que la semilla de la Teología de la Liberación estaba en Monseñor Leónidas Proaño, Monseñor Alberto Luna Tobar, de Ecuador y el padre Gustavo Gutiérrez del Perú. Yo admiraba a Leonardo Boff y simpatizaba con la Teología de la Liberación y fue para mí una revelación saber que uno de sus fundadores era Luna.
“Tanto MONSEÑOR LUNA TOBAR como LEONIDAS PROAÑO fueron personas seminales, de referencia, porque ellos vivieron en la práctica lo que nosotros pensamos teóricamente y esa fructificación mutua entre práctica y pensamiento es la que -a mi juicio- ha dado sustentabilidad a lo que es la Teología de la Liberación, una teología mundial, presente en nuestro continente, en África, en Asia, en todas partes donde las personas y los cristianos tomaron en serio los retos que vienen del Cristo de La Tierra, del Cristo de Los Pobres, de los que sufren injusticias. Todos ellos plantean esta cuestión, cómo bajarlos de la Cruz y hacer que vivan con dignidad y derechos”, dijo textualmente Boff..
Otro encuentro indirecto con Luna se dio cuando un ex Alfaro Vive me contó que la acción de él y del Director de Diario El Mercurio, Nicanor Merchán, fueron fundamentales para salvarle la vida cuando el Gobierno de León Febres Cordero desbarató en Cuenca a la cúpula dirigente del movimiento guerrillero. Que, si no hubiera sido por las gestiones de los dos, el habría muerto junto a otras personas que ya habían sido ajusticiadas sin fórmula de juicio por las fuerzas del Estado, como la ejecución de Ricardo Merino, según narra en El Testigo, Hugo España.
Un encuentro más, también indirecto, se dio cuando venciendo mi relación de amor-odio con la Iglesia Católica me convertí sin proponérmelo en catequista de la Parroquia El Vergel más o menos entre 2015 y 2019, junto a mi esposa y mis hijos. Pasamos allí 5 alegres años, hicimos buenas amistades y formamos a cientos de chicos en el cristianismo. Aprendimos de la mano del padre Román Malgiaritta, amigo de Luna, lo que era de verdad el Espíritu y sentimos su presencia.
Mi relación ambigua con la Iglesia comenzó cuando a los 12 años descubrí que todos nos íbamos a morir algún día; entonces en un arrebato de espiritualidad fui a la parroquia de San Sebastián a querer hablar con el Padre Stanley Henríquez y el me dio con la puerta en las narices; sí me cerró la puerta de la Iglesia, la grande, la que da a la Gran Colombia, diciéndome que allí no había nada para mí, que no había nada qué hacer. Recuerdo bien que Stanley en esa época era del grupo de “amiguis” de Luna.
Me convertí con todas las ganas de mi corazón en comunista, un coctel de pensamientos y acciones bolcheviques, mencheviques, leninistas, marxistas, stalinistas y troskistas y en masón. Como buen descendiente de come curas, mi abuelo por ejemplo fue excomulgado por pegarle a un cura que se quiso propasar con mi abuela. Mis tíos y mi papá estuvieron entre los primeros en colaborar para los protestantes entre 1950 y 1960; aprendieron inglés, pingpong y a llevar cine a las comunidades. Uno de mis tíos, Alfredo, fue el fundador del Centro Ecuatoriano Norteamericano Abraham Lincoln.
No quería saber nada de la Iglesia ni intentar hacer amistad con el arzobispo. Pero “Hay golpes en la vida, tan fuertes… ¡Yo no sé!. Golpes como del odio de Dios; como si ante ellos, la resaca de todo lo sufrido se empozara en el alma… ¡Yo no sé!”. Cuando murió nuestro pequeño niño algo cambió y decidí acercarme a la Iglesia. Mi idilio con la parroquia El Vergel terminó cuando otro sacerdote asumió la parroquia y nuevamente sus “amiguis” y él mismo empezaron a decidir quién podía acercársele y quién no. Más de lo mismo. Intentamos con mi familia continuar la labor en Sayausí, pero también nos dieron con la puerta en las narices, cuando alguna funcionaria nos dijo, en tono racista: “Esta Iglesia no es para ustedes”. Cierto guía espiritual me hizo reflexionar alguna vez que no debía preocuparme por esos gestos, sino considerar que Cuenca vive una Iglesia farisea.
Monseñor Luis Alberto Luna Tobar asumió el arzobispado de Cuenca el 7 de marzo de 1981 y desde un principio desarrolló su actividad periodística en esta ciudad de forma disciplinada, puesto que comienza a escribir artículos de opinión para Diario El Mercurio tan temprano como julio de 1981. Para los interesados, allí hay una tarea de arqueología de la palabra, puesto que solo con los artículos escritos por Luna Tobar para El Mercurio y para Diario Hoy habría material para algunos libros. Ese artículo se llamó “Hijos sin padres y padres sin hijos” del jueves 9 de julio de 1981 una reflexión sobre la adopción y una denuncia sobre la compra-venta de niños ecuatorianos por parejas extranjeras. Otros artículos suyos son:
- “Rentabilidad y una desconocida bienaventuranza”, lunes 7 de septiembre de 1981.
- “Sois de los nuestros”, domingo 8 de noviembre de 1981.
- “La paz un don de Dios confiado a los pobres”, domingo 3 de enero de 1981.
- “Meditación sobre la información calificada”, martes 6 de enero de 1982.
- “Dios busca gerente para sucursal de Oña”, domingo 10 de enero de 1982.
Es especialmente interesante, sobre todo para periodistas y comunicadores, la “Meditación sobre la información calificada”. Sus compañeros en la página editorial de El Mercurio eran los seudónimos: Mauricio Babilonia -La danza de las horas-, José Ignacio Sáenz de la Barra (El periodista Edmundo Maldonado), Gaspar Sangurima que firmaba como “palabra de runa”, Kino Pravda (El padre Alonso Martínez de la Torre) o nombres más objetivos como Luis Cordero Crespo, Rigoberto Cordero y León, Luis Moscoso Vega y María Cristina Cárdenas. En una modesta columnita del periódico se informaba sobre las actividades de la Iglesia Católica, entre ellas las misas celebradas por Alberto Luna.
Estamos frente al trabajo literario de un Académico de la Lengua, porque para 1981 Luna había sido admitido en tan prestigioso grupo. Cuando el Padre Luna llega a Cuenca a ejercer su arzobispado suceden dos hechos trágicos, intentan asesinar al Papa Juan Pablo II el 14 de mayo de 1981 y mueren el presidente Jaime Roldós y su esposa el 24 del mismo mes y año. Y como si se tratara de la serie de Netflix “La Casa de Papel”, asaltan el Banco de España en Barcelona con la toma de 120 rehenes el mismo 24. Mientras en el Perú se da una ola de terror a causa de las acciones terroristas de Sendero Luminoso.
Alberto Luna no solo fue un periodista, sino un escritor completo y un gran propagandista. Como responsable administrativo de la Biblioteca Víctor Manuel Albornoz del Museo Pumapungo del Ministerio de Cultura y Patrimonio informo a ustedes que entre nuestros bienes bibliográficos contamos con un ejemplar de:
- - La primera carta pastoral de Luis Alberto Luna Tobar OCD, Arzobispo de Cuenca, que contiene disposiciones generales sobre la administración de la iglesia de Cuenca. Código BMCC 29632
- - La Tierra, Iglesia y Campo, de 1984, publicación de CECCA. Código BMCC 29400.
- - Comunidades Eclesiales de Base (CEB´s), de 1985. Código BMCC 29378.
- - Cristóforo, manual bíblico, del año 1984. Código BMCC 29487.
Están a sí mismo a disposición de los interesados para su consulta en la sala de lectura de la BVMA.
Hoy que Ecuador vive la más terrible época de violación a los derechos humanos, se hace necesaria la presencia de personas valientes y humanas como Luis Alberto Luna Tobar, con todas sus luces y sus sombras.

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