El hombre detrás del imperio: Juan Eljuri Chica y su historia.
Diego Mora Castro
CUENCA, Ecuador (07/97).- Confieso que, cuando el director de Apuntes, el Doctor Remigio Cardoso Feicán, me confió la misión de visitar al economista Jorge Eljuri Antón, para recopilar información sobre su padre Juan Eljuri Chica, tenía dos prejuicios. El primero fue con respecto al tiempo, por eso iba a la defensiva, porque pensé anticipadamente que el alto ejecutivo, uno de los hombres más ricos del Ecuador, se limitaría a entregarme unas cuantas fotografías y escritos con fechas, preparados anticipadamente e insertados en una carpeta, para que los revise y elabore una reseña sobre el empresario a quien se debía rendir homenaje en la sección “Imagen y perfil empresarial” de esta edición. Estaba resignado a que Jorge Eljuri me recibiera luego de tolerar una espera infinita, me entregaría la información y me despacharía de inmediato, porque para un hombre como él: “the time is money”.
Para mi sorpresa, más tiempo pasé esperando que la recepcionista concluyera una conversación telefónica y me anunciara, que en ser recibido por el jefe del grupo empresarial más grande de Cuenca. El economista Eljuri es un hombre serio que valora su tiempo y respeta el tiempo de los demás. Me atendió puntualmente a la hora convenida, ni un segundo más, ni un segundo menos. La primera impresión aplastó mi prejuicio y me di cuenta que el pensar que debía prepararme para una larga espera se debía a mi inconsciente, que había acumulado recuerdos de la burocracia de algunas instituciones del sector público, en las que los hombres de altos cargos tienen la creencia y presumen que es más poderoso e importante el que más presume de hacer esperar a los ciudadanos contribuyentes. El segundo prejuicio se transformó en una grata percepción; contrario al hombre prepotente y hosco que había imaginado, tenía al frente a una persona amable, que fue capaz de generar de inmediato un ambiente de confianza espontánea que me hizo sentir bienvenido.
Derrotados mis prejuicios me encontré desarmado y fue en el seno de ese ambiente de confianza, propicio para un diálogo más que para una fría entrevista, que empezó a desarrollarse una conversación muy agradable y fluida; la cordialidad era total. Jorge Eljuri Antón, visiblemente emocionado al evocar a su padre, empezó a entregar datos sobre la vida de Juan Eljuri Chica, recordó su personalidad, sus valores humanos y las normas de vida que les inculcó a él y a todos sus hermanos, siempre con el ejemplo y otros muchos buenos recuerdos, relatos que de cuando en cuando eran interrumpidas por una discreta vuelta de silla, detrás de su escritorio, mientras sutilmente deslizaba un pañuelo por sus mejillas.
Juan Eljuri Chica es hijo de Gabriel Eljuri Hanna y Teolinda Chica Vázquez. Su padre es oriundo del Líbano, del pueblo de Baskinta, a 43 km al noreste de Beirut. Es un sector rural montañoso, lugar de origen de famosos literatos libaneses. Juan nació en Cuenca el 22 de febrero de 1905 y es el menor de 3 hermanos. Antes que él, nacieron José (1900) y Zoila (1903). Su hermano mayor José contrajo matrimonio con Luis María Cordero Toral y su hermana Zoila se casó con Luis Mario Polo.
A Juan Eljuri le gustaba vivir y durante su juventud tuvo una existencia intensa y siempre tomaba las cosas deportivamente; construyó la imagen del típico solterón irresponsable, por eso no se casó hasta que cumplió los 37 años, algo que en las primeras décadas del Siglo XX no era bien visto en la ciudad. Estudió química industrial en la Universidad de Cuenca, en donde se licenció en la especialidad de bioquímica y farmacia. Algún día, durante un experimento, preparó nitroglicerina que explotó a muy poca distancia de donde se encontraba. Esta travesura le ocasionó una afección a la vista.
Durante una reunión social en Guayaquil, Juan conoció a Olga Antón, de apenas 17 años, que casi no hablaba español porque había estudiado en París, en La Sorbona y en otros centros educativos de Europa. Lo poco que pudieron comunicarse en aquella ocasión se debió al incipiente francés que sabía Juan. Era complicidad del destino. Cupido ganó la batalla contra la barrera del idioma y de la diferencia de edad. Se casaron en Guayaquil el 8 de agosto de 1942 y tuvieron 5 hijos: Juan (1943), Jorge (1946), Henry (1947), Olga (1950) y Gladys (1952).
Su primera experiencia como empresario, Juan Eljuri la inició en 1925 cuando en sociedad con su hermano José abrieron un negocio en un local contiguo al Parque Calderón, sociedad mercantil que vendía de todo, desde lápices de labios hasta finos casimires importados de Inglaterra, pasando por los famosos radios de tubos Hallicrafters importados desde los Estados Unidos, que demoraban varios minutos en calentarse y encenderse y “al cabo de unas horas podían usarse como sartén o calefactor casero, ideal para los fríos meses de julio y agosto en Cuenca”, recuerda su hijo Jorge Eljuri.
La sociedad comercial se disolvió hacia 1940 y los hermanos José y Juan Eljuri tomaron rumbos diferentes. Pero en enero de 1946 volvieron a asociar sus capitales para comprar la legendaria hacienda San Pedro, en el Valle de Yunguilla, a los herederos del General Torres. Allí realizaron importantes inversiones en la apertura de canales de riego, de 20 a 30 kilómetros de extensión, obras que duraron 4 años, construidas utilizando herramientas manuales, sin intervención de maquinarias. La sociedad se disolvió nuevamente hacia 1950.
Para el año 1956, Juan Eljuri Chica se convirtió en el primer importador de radio transistores del Ecuador, aparatos que parecían mágicos, por su pequeño tamaño y no necesitaban de conexiones para funcionar. “Mi padre se convirtió de manera increíble en el más grande importador de General Tire, superando hasta 2 o 3 veces a la competencia de Quito y Guayaquil, que distribuían otras marcas. Este hecho fue tomado en cuenta por los inversionistas iniciales de la Llantera, que solicitaron a la empresa productora de estas llantas con sede en Akron, Ohio, USA, que instale una fábrica en Cuenca, que al inicio en 1958 tuvo grandes problemas para comenzar, pero para 1964 empezó a tener resultados positivos, porque las llantas producidas a nivel local eran vendidas en todo el país”, recuerda Jorge Eljuri.
El Gobierno Nacional expropió la hacienda San Pedro en 1969, “para que el pueblo de Santa Isabel y otras comunidades del sector puedan aprovechar el agua de riego que Juan Eljuri llevaba hasta su propiedad. Transcurridos 28 años de esta confiscación oficial y luego de gastar millones de sucres en construir los 22 kilómetros restantes, el sector público recién está haciendo funcionar el canal (1997)”, comenta el economista Eljuri.
Y como no hay mal que por bien no venga, la incautación fue el motivo para que la familia Eljuri Antón se dedicara a la industria. En el año de 1969 instalaron en Cuenca una fábrica de cosméticos, otra de artículos electrónicos y una tercer de motos y bicicletas, en plena época de la sustitución de importaciones en América Latina. “Por esa época también se le invitó a participar en Ecuatoriana de Artefactos que era una fábrica de electrodomésticos ubicada en Quito, en Autos y Maquinarias del Ecuador (AYMESA), Embotelladora Azuaya y muchísimas empresas más, en las que mi padre y nuestra familia han tenido un papel protagónico”.
Afirmando un principio de su linaje empresarial, Jorge Eljuri dice que nadie nace ganando la lotería y peor en los tiempos actuales en los que el maná no cae del cielo, por él y sus hermanos y hermanas desde muy temprana edad aprendieron a trabajar. “Por ejemplo, desde el sábado hasta el martes de carnaval, cuando teníamos entre 5 u 8 años, aprendimos a vender serpentinas, talco y globitos de caucho en el portal de Parque Calderón. Por otra parte, de lunes a sábado atendíamos la tienda y el domingo lo gastábamos en la hacienda y uso esta palabra gastar porque en nuestro medio local la agricultura no ha dado fortuna a nadie”.
El Grupo Eljuri y sus empresas también han atravesado serios problemas, no todo ha sido éxito constante. Y es en este proceso que no todas salieron adelante, pero Jorge Eljuri destaca que los fracasos les han permitido ganar experiencia. Atribuye estos reveses a la irresponsabilidad de las personas en los que la familia depositó su confianza. “Ganamos experiencia. Aprendimos a no confiar en gentes que al saborear unas pocas gotas de la miel del éxito dilapidaban los pequeños triunfos alcanzados. Por eso, la historia de una empresa es como la guerra, no hay que celebrar los triunfos de las batallas, hay que ganar la guerra, después de salir victoriosos en varias batallas, para celebrar el triunfo. La guerra es contra la falta de capital financiero y la falta de capital humano leal que es lo más importante, porque como se dice en el fútbol, es complicado encontrar gente que sude la camiseta”.
Son 150 empresas las que forman parte del Grupo, ubicadas en Ecuador, EEUU y varios países de América Latina, que dan guerra al principal problema que sufren los ecuatorianos, los venezolanos o cualquier latinoamericano, que es la pobreza y la falta de trabajo. Jorge Eljuri afirma “querendones como el que más de la tierra que nos vio nacer, siempre preferimos invertir primero en Cuenca y el Azuay. Y si ello no es posible por la logística comercial, industrial, financiera o de servicios, preferimos invertir en el Ecuador, en esta Patria que tanto necesita para salir del subdesarrollo”.
Juan Eljuri Chica fue un devoto del trabajo, aunque trae más problemas que satisfacciones y, posiblemente, el que más tiene no es el hombre más feliz, puesto que las preocupaciones quitan tiempo que podría ser destinado a otros aspectos más importantes de la vida, como por ejemplo “gozar el presente”. Vivir del “Dios proveerá” como una expresión de fe, es una frase que no aceptaba Juan Eljuri y más bien concebía que solo el trabajo podía asegurar el alimento de hoy, mañana y pasado mañana: trabajar, trabajar y trabajar…
Para el fundador del Grupo su objetivo de vida fue generar empresas, apoyar las causas casi perdidas y restablecerlas y es allí donde encontró enormes satisfacciones, que recompensaban el espíritu. El producto de este esfuerzo diario fue producir riqueza que genera fuentes de trabajo mediante fábricas, el sector de la construcción, servicios, las finanzas y su hijo opina que “la devoción por el trabajo es un ejemplo que todos deberíamos seguir”.
La sencillez y la transparencia fueron dos valores que practicó siempre Juan Eljuri Chica y así lo recuerda su hijo, que da el siguiente testimonio, “jamás ocultaba sentimiento alguno y lo decía con el mayor de los respetos, como él lo sentía y lo vivía. Enseñó a sus hijos que él no tenía nada, factor que sus hijos han hecho una causa común y mantienen la misma filosofía con sus nietos”.
La cooperación en el trabajo con su esposa y sus hijos fue un valor, una actitud y una acción, permanente de Juan Eljuri, que mantuvo a lo largo de su vida. Otro valor que cultivó el empresario fue la unidad familiar, factor primordial del éxito del Grupo Eljuri, al que se agregan el acto de la dedicación y el esfuerzo colectivo del linaje empresarial.
El destacado empresario falleció el 25 de octubre de 1991 y a la presente fecha ya han pasado 6 años de su deceso y, “la unión y la armonía familiar se mantienen. Ninguno de sus hijos ha pedido nada para sí, todos continúan su obra juntos, como nos enseñó nuestro padre, que supo trabajar hasta su último día”.
El economista Eljuri asegura que su familia sigue generando empresas en las más diversas áreas de la actividad industrial, comercial y financiera: productos, servicios, telecomunicaciones, hotelería, bancos, transportes aéreos, siempre con la misma vocación heredada de su padre, ofreciendo a Cuenca y el país las mejores marcas y calidad, a beneficio de los consumidores.
Juan Eljuri Ch. frecuentó el Hotel El Dorado en sus últimos años de vida. Era accionista de esta empresa y su familia también lo es. Se reunía con su jorga de “cafetaleros”, que se llamaron así porque pasaban horas y horas en amena conversación mientras disfrutaban de un café, todas las mañanas y tardes. Con sus amigos compartían temas de actualidad o los chismes del momento. Al final, alguien se encargaba de pagar la cuenta, otras veces cada uno pagaba lo consumido.
El empresario prohibió sus hijos participar en política, porque consideraba que el Ecuador era ingobernable. Se mantuvo al margen de la dirección de las cámaras de Industrias y de Comercio, de las que fue solo uno más de sus miembros, porque no quería dar pie a malas interpretaciones o a que la gente pensara que algo de su dinero lo había conseguido mediante influencias a través de los organismos citados. Le gustaba ser transparente, cuidaba su imagen y la decencia de sus actos. “Fue sensible, indomable, recto, transparente, luchador y con trabajo ganó cada centavo. No permitía que se le saque un solo sucre del bolsillo por la fuerza y sin su consentimiento. Decía, si alguien te pide por las buenas, dale, pero si te quiere obligar, sácalo por la ventana. El mundo de los negocios es de astucia, talento, viveza y oportunidad. La clave es actuar en el momento preciso y tomar las decisiones adecuadas, como comprar propiedades, acciones o establecer empresas. Y si no puedes destruir a tu enemigo, asóciate”.
Esa fue la filosofía del patriarca de los Eljuri Antón, para el que la palabra comprometida tenía más valor que cualquier documento y por eso su lema era, más vale la palabra empeñada que la letra escrita en piedra, que coincidía con la sabiduría popular. Y recalcaba que una escritura pública no era tan importante como la palabra comprometida. “Mi padre estaba seguro que el progreso de la Patria se debía a la empresa privada, al esfuerzo y al trabajo mancomunado. Cuenca se caracteriza por la pujanza de su gente, por no ser una ciudad de burócratas, porque no tiene misterios y sale adelante por el esfuerzo de los cuencanos de toda clase: el plomero, el ebanista, el artesano, el comerciante, el industrial y todos aquellos que disfrutan de sus sueños, haciendo el trabajo que más les gusta”, identificando a su padre en este grupo, que ha aportado el desarrollo de la ciudad y la región porque “hizo el trabajo que más le gustaba”.
Según el testimonio del economista Eljuri, su progenitor estaba convencido de que Dios pone a cada quién en este mundo para hacer algo importante, no para pasar la vida desapercibidos. Decía que la vida era corta como la cabeza de un fósforo o el pabilo de una vela, que una vez encendidos se consumen rápidamente, hasta acabar en la muerte. Todo depende, para dejar huella la luz del fósforo o de la vela deben brillar con intensidad y no perderse en la penumbra. Por es que Juan Eljuri Chica vivió intensamente su niñez, su juventud, su vida adulta y su ancianidad, sin dar nunca su brazo a torcer. Al final, no se arrepintió de las cosas que hizo, sino de las que no pudo hacer.
Recibió decenas de condecoraciones y reconocimientos por su trayectoria empresarial, otorgados por el Gobierno Nacional, la Municipalidad de Cuenca y la Cámara de Producción, entre ellas la Condecoración a la Orden Nacional al Mérito en el Grado de Gran Caballero, que le entregó el Consejo Supremo de Gobierno en el año de 1976. Del mismo modo, su esposa Olga Antón y sus hijos, han sido reconocidos y homenajeados. Juan Eljuri Antón enseña con orgullo la condecoración que le entregó a su madre y al Grupo Eljuri el Gobierno de Sixto Durán Ballén, como un homenaje a la mujer. Junto a Olga Eljuri fueron reconocidas Clara Bruno de Piana e Ingrid Rif de Freund, como las “ejecutivas que más han contribuido al desarrollo del país”.
Juan Eljuri Chica fue sobre todo un ser humano, con sus valores, alegrías, penas y temores, sin duda un empresario excepcional y la Asociación de Ejecutivos de Cuenca hacen manifiesto su homenaje por la profunda huella que dejó a su paso por el difícil mundo de los negocios. En la penumbra de la economía nacional, Juan Eljuri Chica se transformó en una vela encendida en la oscuridad, con un brillo deslumbrante.
Colofón: el 21 de marzo de 1997, el presidente de la Asociación de Ejecutivos de Cuenca, Julio Molleturo Maldonado y el director de la revista “Apuntes”, Remigio Cardoso Feicán, presentaron ante el alcalde Fernando Cordero, una solicitud para que la Municipalidad de Cuenca apoye e impulse la realización de un monumento a Juan Eljuri Chica en una de las avenidas de la ciudad.
Apuntes, imagen y perfil empresarial, págs. 11 a 16, julio 1997, AEC

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