Carlos Crespi: evocando su faceta de coleccionista.

 


 

Fotografías 6724-6739, Archivo Histórico Fotográfico, Biblioteca Víctor Manuel Albornoz, Museo Pumapungo. 

CUENCA, Ecuador (2022).- El Dr. Gustavo Reinoso Hermida, investigador y escritor cuencano, con una trayectoria de más de cinco décadas centrada en arqueología, historia y patrimonio cultural. Sus publicaciones abarcan desde estudios sobre el período precerámico del Ecuador hasta investigaciones sobre la cultura cañari.

En arqueología ha realizado excavaciones en sitios como Chobshi y Chontamarca. Sus libros rescatan la memoria cultural del Azuay y del pueblo cañari, publicando textos académicos sobre regiones como Yunguilla.

A principios de la década de los años 80 del Siglo XX estuvo a su cargo el avalúo de la colección del Museo del Padre Carlos Crespi e integró la Comisión de Adquisiciones, para la venta en el año de 1982 de la llamada “Colección Crespi”, mediante la cual ese importante patrimonio cultural pasó de la comunidad salesiana a manos del Banco Central del Ecuador, integrando el acervo inicial de lo que hoy es el Museo Pumapungo.

Como amigo personal de Crespi, durante una entrevista con el personal técnico del Museo en el año 2022, recordó la forma de actuar del sacerdote en torno a su faceta como coleccionista de obras de arte y de bienes culturales y patrimoniales.

Marcos Sempértegui, Director de Museo Nuclear Pumapungo.- ¿Cuál era la reacción de la gente al visitar el Museo del Padre Carlos Crespi?.

Usted sabe, todo era oro para la gente que visitaba el Museo del Padre, que llegaban allí y decían: ¡muy bien!, estás son las “Sandalias del Inca”.

Marcos Sempértegui.- …¿las “Sandalias del Inca”?…

¡Sí!, es algo de lo que nunca me olvido. No sé si se conserven hasta ahora, deben estar por ahí. Pero, realmente era todo de metal, de cobre en láminas y placas, algunas repujadas. En mi papel de perito, trabajé intensamente para avaluar la Colección Crespi, para su traslado al Museo del Banco Central del Ecuador, en ese entonces. Me ayudó en este trabajo, en esta etapa, en esta parte, el padre Luis Flores, que puso a mi disposición un contingente de 10 a 20 personas por día, para poder sacar ¡una cantidad de piedras!, solo por citar uno de los objetos que estaban exhibidos en el Museo del Padre, restos de cerámicas y que no alcanzaron en los patios, terrazas, aulas y corredores de los edificios de los salesianos en María Auxiliadora. Eran miles de piezas y se debía hacer el peritazgo. No doy una proporción, pero entre los cientos de piezas que se sacaban día a día, solo había una que era auténtica. ¡Entre cientos de piezas!. La gran mayoría eran categóricamente falsas. No podemos decir copias o facsímiles, porque no lo eran. Los patios quedaron repletos y todo ese material fue nuevamente revisado por mí, por el doctor Carlos Ramírez Salcedo, por el doctor Manuel Agustín Landívar. Había muy poco de valor que revisar en las terrazas, los corredores, los patios. Aquello que tenía valor quedó en una solo habitación y luego fue entregado al Museo del Banco Central, ahora Museo Pumapungo. Las láminas de metal había en cantidades enormes. Eran quintales de láminas y latones, en su mayor parte en cobre.

Diego Matute, técnico conservador restaurador del Museo Pumapungo.- ¿Cómo explica usted una producción tan grande de latones?.

No le podría decir. Yo conversé personalmente con el Padre Crespi y él elucubraba muchas cosas. Le pregunté de manera directa ¿de dónde son esas latas?. Él me respondió que los faraones de Egipto habían venido a pasar vacaciones aquí, en el aeropuerto de Cuenca.

Marcos Sempértegui.- …¿él le decía así?...

Así decía, así…

Diego Matute.- ¿Considera usted que esa es una producción local?.

Había gente que le visitaba al Padre, le entregaban las piezas, pero él mantenía sigilo, no es que el escogía y le entregaban nomás o él las cogía así porque sí. Yo discretamente le tomaba fotografías. Busqué toda una mañana los rollos fotográficos, no los encuentro. Como mi archivo lo manejan también mis hijos y mis nietos, ahora no los encuentro, quizás los localice. Yo recuerdo algún señor de poncho, que incluso le hice sostener una pieza alguna vez, para fotografiarle, un poco forzado. Había otro señor, un pequeñito, que supuestamente le entregaba piezas auténticas, pero eran objetos tallados por él mismo. Todos los objetos que eran de piedra, yo sugerí en mi informe, que sean conservados, pero lamentablemente los padres salesianos no quisieron. Recomendé a Cornelio Vintimilla que adquiera todo para Uzhupud, pero se demoró en tomar una decisión y esos objetos de piedra conozco que fueron a parar en Machala y buena parte sirvió para fundir la calzada, las aceras, la calle del mismo convento de María Auxiliadora. Deben estar allí, no sé. Yo ví poco a poco como desaparecían toda esa cantidad de esculturas de piedra talladas. En cuanto a la cerámica, no se a donde fue a parar, porque había una gran cantidad de cerámica falsa, llamémosle así. Había imitaciones de todas las culturas, ¡de todas!. Habían venido sobre todo de Manabí. De aquí mismo había piezas muy buenas, bonitas, pero imitaciones. Recordar y evocar tantos años no es fácil.

Marcelo Guiracocha, activista cultural del Museo Pumapungo.- ¿Había objetos que el Padre tenía de artesanos que trabajaban para él?.

Supungo que en gran medida. Yo conocí una colección de revistas que el tenía, en el que había ciertos signos y compaginando con los latones, había cierta similitud con esas imágenes. No conozco quienes eran, pero eran las personas que le entregaban los que hipotéticamente debían hacer los repujados, los grabados.

Diego Matute.- Es decir, no se sabía que personas le entregaban, pero sí que había un flujo de gentes que le entregaban bienes al Padre…

Bueno, eventualmente. Más que todo la gente también se jubilaba, llegaban allá, preguntaban por el padre y debajo del poncho traían las piezas, de lo que yo ví. Entonces me daba cuenta de que algo traían y el Padre, rápido, no sé de dónde sacaba la plata, pero hacía la transacción. Tampoco es que pagaba algo que valía la pena. Era quizás por darles algún gusto.

Marcelo Guaricocha.- Era más el esfuerzo de ir a vender…

Lo que estoy haciendo con esta entrevista, con este informe, es evocar algo del comportamiento del Padre Crespi, que por otra parte era siempre un hombre muy ocupado. El Museo era una sola de las actividades que el tenía, a más de las confesiones, misas, de todo.

Diego Matute.- ¿Era el Padre Crespi un mundo aparte?.

Claro. Nunca ha sido el Padre Crepi mi inspiración, nada, en nada más que en su bondad. Yo leía a autores como Juan Cordero, como Luis García, que han hecho muy buenas obras en arqueología. Ellos son los investigadores que pueden dar algo más de información, sobre lo que han escrito o lo que conocían del Padre Crespi.

Diego Matute.- Por supuesto, lo que estamos es intentando reconstruir la faceta del coleccionista. Del Padre Crespi como coleccionista.

Claro. Le prometo que voy a buscar bien, porque me ha gustado mucho la fotografía, siempre tomé fotos, cantidad de rollos y tenía esas fotos del Padre como coleccionista. Una que otra foto están en parte en mis libros, unita que otra, lo más relevante. Había unas miniaturas, hipotéticamente antológicas, en cantidad. Esas podrían estar en manos de la familia de Agustín Landívar. Tomaban ellos también fotografías. Otro es Carlos Ramírez Salcedo, que eran parte de la Comisión de Adquisiciones y tantas otras instituciones como el Museo de Ingapirca. Ellos eran los fotógrafos oficiales, con buenas cámaras, pero no se donde reposan todos esos archivos. Yo le pedí a Carlos, el debe tener las fotografías, Gustavo Landívar no sé dónde las tendrá. Era el fotógrafo oficial del Banco Central, muy buen fotógrafo. El doctor Carlos Ramírez. Él debe tener algún documental. Él que tomaba las fotografías. Lo mío era muy ocasional.

Diego Matute.- ¿Conoció usted el Museo de Crespi cuando funcionaba?.

Bueno, de muchacho. Cuando la gente extranjera entraba, yo también entraba. Claro, para el Padre todo era oro. Todo eran tesoros.

Marcos Sempértegui.- ¿Crespi manejó siempre esa idea de que todo era oro?.

Sí. El abría la puerta, con mucho cuidado, con mucho sigilo y todo lo que mostraba para él era oro. Justamente a mi casa, en cierta ocasión, llegó un epigrafista, un experto en leer escritos en piedra, creo que era norteamericano y dos fotógrafos, que tenían en su poder una carta, que también la tengo, de Gadafi y que se titulaba “Carta a los Reyes del Mundo”; ¡con una cantidad de copias de esa carta!. Gadafi estaba empeñado en demostrar que Libia era la cuna de la cultura egipcia, en base a unas piedras que existen en Atenas una, en otro lugar alguna otra y la tercera supuestamente se hallaba en Cuenca. Me pidieron que localizara esa piedra en la colección del Padre Crespi. Ellos hicieron una erogación de unos 40.000 sucres en ese entonces, para que localice la piedra. Pero la tarea no era fácil, porque podía localizar la piedra en ese momento o en días de días de trabajo, porque todo estaba amontonado en el Museo, las piedras, los latones, la cerámica, las pinturas, todo encerrado en una buhardilla y los padres salesianos no daban permiso para entrar en esa buhardilla a no ser que fuera yo, Gustavo Reinoso. Si es el doctor Reinoso damos paso a todo, decían, pero ninguna gente más entra. Acepté la tarea, pero perdí mi garganta por el polvo guardado y los metales oxidados. Tuve molestias en mi garganta y mi salud durante dos años luego de tragar tanto polvo en ese sitio. Hasta ahora me acuerdo. Yo les dije que hacía el trabajo, pero por tanto y ellos vivieron en Cuenca por unos 15 días. Ese fue el plazo que me dieron también lo padres y yo no iba a regalarles mi trabajo a los extranjeros. Más aún, que venían auspiciados por Gadafi, un hombre con tanto poder mundial.

Marcos Sempértegui.- ¿Qué piedra era la que buscaban?.

Yo tengo el documento completo. Habría que ver. Es una piedra que nunca pasó por mis manos, según el registro fotográfico. Nunca se encontró. Además, querer evocar una piedra entre la cantidad de piedras que revisamos. Es como querer identificar a una persona entre la cantidad de personas que pasan en una calle. Peor si intento identificar entre unos 100 carros, podré hacerlo con uno, pero si no presto atención, si no interiorizo la imagen, no voy a identificar a uno en particular.

Marcelo Guiracocha.- ¿Qué papel jugó Paulino Vintimilla en la identificación y clasificación de estos objetos?, porque era alguien que ayudaba al Padre Crespi.

Yo a Paulino no le llegué a conocer. Había un hermano Manuel, era mi gran amigo. El compró una casa que quedaba frente con frente a la puerta falsa donde era el Museo. Esa casa vendió a un doctor Luis Vega. No se si hasta este momento continúe en manos de él. Manuel siempre tuvo en su poder piezas auténticas, no cosas muy grandes, de mucho valor. Yo siempre en mi vida he sido siempre muy selectivo y nunca le dije a ver Manuelito véndame esta pieza.

Marcelo Guiracocha.- ¿Pero citan como que Paulino ayudaba al Padre a comprar las piezas?.

Debe ser. Si le citan como que Paulino era el que le ayudaba a comprar cosas a Crespi, eso lo ignoro. Manuel, eso sí, era mi gran amigo, pero nunca me manifestó esto, sí.

Marcelo Guiracocha.- ¿Qué bien personal o documento le regaló a usted el Padre Crespi?.

Su Biblia, con dedicatoria de su puño y letra. Con todo el material que contenía esa Biblia, una cantidad de fotografías, papas, santos, vírgenes, fotos de antropólogos, que le obsequiaban a él y siempre metía estos recuerdos en su Biblia. Esta Biblia es una reliquia para mucha gente. En algún momento dado, más de una autoridad que me ha visitado, ministros. Me han pedido pedacitos del libro para ponerlos en una reliquia de oro, pero yo siempre les he respondido que esa Biblia me la dio el Padre íntegra y así mismo íntegra tiene que mantenerse. No es objeto de comercio una reliquia como la que él me dejó. Es lo mismo que arrancar un pedazo de una pieza de arqueología, una esquinita, un borde de una olla… le acaba a la olla. Yo conservo íntegra esa Biblia.

Diego Matute.- ¿Existe algún registro o catálogo de los bienes que el recibía, algún cuaderno de trabajo?

Desconozco. Porque el Padre era él y su sotana. Lo único que él hacía era un pago recíproco por el trabajo que se había tomado la persona al traerle un objeto, era una manera de satisfacer las necesidades de los artesanos o artífices y pagaba por una pieza de piedra, objetos de cerámica o cualquier ratonería. Pero las latas fueron hechas mucho tiempo antes que yo, muchísimo, porque tenían pátina, no eran tan recientes. Eso quiere decir que, entre las primeras piezas que compró y recibió el Padre Crespi, debió ser la latonería. De la que habla Von Daniken.

Marcelo Guiracocha.- ¿Cree usted que los propios alumnos del Instituto Salesiano fueron los que trabajaron esas láminas de metal?.

Desconozco. Lo que existe fue adquirido, comprado, por el Padre Carlos Crespi. De la colección del Padre yo hice una clasificación por materiales, temas y culturas. Globalmente, porque me pidieron que clasifique las obras históricas, las de literatura, periódicos. Y la opción era sencilla, o falso o auténtico. Aunque nadie puede determinar con certeza la autenticidad de un objeto, de una pieza. Yo conozco y he actuado mucho sobre la autenticación de piezas, que a veces gente muy proba, como era Olaf Holm, por citar a alguien, o René López que conoce como actúo y trabajo, a veces se afirma que una pieza es auténtica, pero ya cuando la adquiere una institución se la somete a prueba y resulta que se desbarató la pieza y es falsa. Y eso implica que se ha hecho una gran inversión en dinero. Yo solo espero que todo lo que pasó por mis manos, esté bien, talvez pasó alguna que no es genuina, pero determinar la autenticidad de algo no es fácil. Ahora mismo está en mis manos un objeto muy importante y está por determinarse su autenticidad. La mayor parte de este objeto se puede decir que es genuino, pero mi criterio es que no. Por eso he pedido a su propietario que mejor retire ya el objeto, con el informe y mi firma indicando que no es genuino, para que se lo lleve. Para ponerle uno de los miles de ejemplos, un violín Stradivarius, uno como técnico, si es que el objeto está a la venta, dice que la mitad de la venta es mía, que no que es demasiado caro, entonces no hay autenticidad, porque uno está firmando como responsable. Si resulta que mañana el Stradivarius no ha sido auténtico… imagínese, porque usted está poniendo una firma y se arriesga a una demanda si no es auténtico, si mañana ese objeto se vende por algunos millones de dólares. Carlos Piana Bruno en Guayaquil llevó adelante algunas demandas, porque fueron pasadas como auténticas cosas que no lo eran y el exigió la devolución de ese dinero o caso contrario usted se va preso. Entonces, los riesgos son enormes. Creo que el peritazgo en arqueología es de los riesgos más enormes. El otro día recibí una pieza, no hace tanto tiempo, hace un mes más o menos y determinar su autenticidad no es fácil. Creo que para mí es muy difícil. Autenticar una pieza no es fácil. Un amigo me trajo una pieza, me dice es lo mejor que hay y me pidió tanto. Yo le respondí que si quería le daba un sucre, que como así me responde, entonces me pongo a explicarle cuál fue la técnica con la que falsificaron el objeto, un genio y vendió un montón de valdivias como auténticas. Hizo mucha plata. Mi amigo se sorprendió y me respondió -Gustavo, ¡te la regalo!-, a me la regalas, pues me la llevo y la puse en el patio de mi casa. Es una cabeza de Valdivia muy grande. A mí siempre me regalan este tipo de objetos, pero para que voy a quedarme con este tipo de piezas, son falsas.

Marcelo Guirocha.- Y a veces estas piezas falsas desvirtúan todo un período…

Sí pues. No solo es una pieza, a veces es toda una colección.

 

 

 

Comentarios

Entradas más populares de este blog

Las sociedades precoloniales no eran estáticas, tenían una gran movilidad: María Guevara

Pumapungo: pasado y presente de la ciudad de Tomebamba

IFEA, impulsa la cooperación científica con el área andina