Yapacunchi es el prodigio de la cerámica.
Diego Mora Castro
CUENCA, Ecuador (19/03/89).- Cerámica Yapacunchi es una iniciativa de Eulalia Vintimilla de Crespo, apasionada por la difusión y el fomento del arte popular y las manifestaciones del folklore local y regional y cuya actividad en este campo es reconocida desde hace unos 40 años. Propuso a sus hijos la idea de formar una empresa que fortalezca la producción artesanal y la dinamice a través de su comercialización, como respuesta a los fallidos intentos por conseguir apoyo institucional a sus iniciativas para promocionar y dar impulso a estos valores culturales azuayos.
Es así como, con el apoyo de toda la familia, nace el 20 de abril de 1968 la empresa Yapacunchi, sociedad de hecho, que partir de esa fecha elabora y comercializa una amplia gama de artesanías propias de la región, mediante la contratación de personas expertas en las diferentes ramas del arte popular. Para el año 1974, Yapacunchi decide enfocarse en la producción de cerámica. Contaba para ello con el apoyo de un grupo humano calificado, formado por artesanos cerámicos que trabajaban para la empresa y la experiencia ganada en el mercado, integrando el aporte creativo del arte popular con las exigencias del consumidor, en cuanto funcionalidad y la calidad de los acabados de los productos Yapacunchi.
Con oportunidad de la crisis económica de principios de los 80´s, que provocó una prohibición de importaciones por parte del Estado, la empresa cerámica aceptó el reto de ofertar al mercado nacional productos similares a los extranjeros, que los consumidores locales estaban acostumbrados a comprar, por eso “dimos un viraje a nuestros diseños y productos; de nuestra línea de 180 objetos que producíamos, el 30% mantuvo si diseño con raíz artesanal, que es el origen de Yapacunchi. El resto, por ejemplo, lámparas con sus conjuntos, las hicimos para reemplazar a los productos importados que se volvieron excesivamente costosos. Empezamos a ofrecer un producto nacional de excelente diseño, buena calidad y acabados, con colores de moda”, explica Pablo Crespo Vintimilla, gerente general de esta pequeña industria. La situación inicial de crisis fue aprovechada por la empresa para dar rienda suelta a la creatividad y al desarrollo de todas sus capacidades productivas.
Yapacunchi se especializó en la producción de artículos cerámicos para la decoración del hogar y la oficina, sobre todo conjuntos de lámparas, floreros, ceniceros y portarretratos. En todas estas líneas la fábrica ofrece una gran variedad de productos. Su almacén de exhibición y ventas está ubicado en la planta baja del Edificio Alfa (Gran Colombia 7-39 y Borrero). “Normalmente, los productos los hacemos por conjuntos y no por artículos aislados, para que el cliente los coleccione y siempre tenga la seguridad que, si necesita la reposición de una pieza, puede contar con ella, con las mismas características y colores”, comenta el gerente.
Los artículos hechos con cerámica son quizá los de menor variación anual de precios. Y para el caso de Yapacunchi, el incremento no va más allá del 10% anual, “lo que quiere decir que nosotros estamos absorbiendo todo el aumento de costos en materias primas, mano de obra, gastos financieros y de fabricación, sacrificando nuestro beneficio. ¿Cómo lo estamos afrontando?, con mayor producción, cada vez más eficiente; mirando siempre donde podemos sacar el máximo provecho productivo, dentro de lo que tenemos instalado”.
En el proceso de la comercialización, uno de los principales problemas de Yapachunchi es el tamaño del mercado. Existen en Cuenca, al año 1989, unas 17 empresas de cerámica, entre fábricas y talleres artesanales; todas tienen que buscar un mercado para sus productos, pero la demanda cada día se hace más pequeña, porque los consumidores compran artículos indispensables para la subsistencia, debido a la crítica situación económica del país. Esta es la dura realidad. Por eso es urgente una revisión de los salarios, para recuperar la capacidad adquisitiva de los consumidores. Por eso, la empresa cerámica reorientó sus ventas al mercado internacional, con una línea especial de artículos que tengan un gran componente de diseños ancestrales, pero fabricados en serie, para los consumidores del exterior; “entonces enfrentamos otro reto, que es exportar y resulta muy complejo, porque la competencia internacional es enorme, con dos componentes esenciales: precio y calidad. Si se cumplen estas características, cualquier producto nacional puede ser exportado. Pero, los mercados internacionales son monopolizados por determinados países o grupos económicos. Nosotros exportamos de manera indirecta, mediante volúmenes que no asusten a estos mercados controlados y también buscamos entrar en mercados más próximos, más naturales. Una fábrica como la nuestra, por ejemplo, no puede abastecer el mercado de los EEUU, sería una locura, por lo menos alcanzamos a una ciudad y es suficiente. Nuestros mercados internacionales más lógicos, más naturales, están en nuestros países vecinos”.
Vender esta línea de cerámica al exterior implica no solamente calidad y buen precio, sino también colores de moda y una diversidad de opciones; es esta experiencia lo que ahora le permite a esta industria cuencana exportar a América Latina (Colombia), a Europa (Inglaterra) y, cosa muy curiosa, a su principal competidor Asia (Taiwán), dando como resultado que en el año 1988, el 18% de su producción se comercializó en el extranjero.
Un mérito de las industrias locales de cerámica en general es que la calidad de sus productos está respaldada por el desarrollo y la aplicación de tecnologías nacionales. La fórmula de la pasta, por ejemplo, elemento clave en la producción de artículos cerámicos, es el resultado del aporte del departamento de investigación de minerales no metálicos de la Universidad de Cuenca, que trabaja desde hace más de 50 años en esta área de desarrollo. Esta fórmula es estable, adaptando tecnologías adecuadas a las materias primas que existen en el país y este progreso beneficia a toda la industria cerámica azuaya. El director del departamento es el Doctor Secundino Moncayo, que también es el técnico de producción de Yapacunchi.
El proceso de producción tampoco es extranjero, sino que es el fruto de la larga tradición alfarera de la provincia del Azuay, fortalecida con la investigación de las universidades locales y la visita a fábricas del exterior realizadas por los empresarios locales; “el aporte tecnológico del extranjero es la maquinaria importada. De nuestra parte, jamás hemos adquirido, ni pagado, ni nadie del exterior nos ha enseñado a hacer cerámica. Los que estuvimos al comienzo aportamos con nuestras investigaciones y experiencias de las visitas a otros países; luego, la rotación del personal, permitió que se generalice esta tecnología productiva. Es por eso que, las nuevas empresas, arrancan con todo un sustento tecnológico nacional, resultado de los conocimientos adquiridos por las primeras empresas, en base a mucho esfuerzo”, relata Pablo Crespo.
Utilizando un 94% de materias primas nacionales, Yapacunchi trabaja un tipo de cerámica denominada loza, cuya pasta se compone de arcilla, caolín, feldespato y cuarzo, que por su alta porosidad y la temperatura a la que es sometida, permite una decoración con esmaltes de colores vivos, que transmiten emociones y significados.
Luego de la búsqueda, localización y adquisición de las minas de materias primas, la empresa realiza la selección y procesamiento, moliendo los materiales, para desmenuzarlos y homogenizar la pasta, proceso por vía húmeda, mezcla con gran proporción de agua que se denomina barbotina. Luego se utiliza el sistema de colado para las cerámicas, que consiste en verter la barbotina en moldes de yeso blanco que tienen una gran capacidad de absorción y que permiten que la mezcla se adhiera a las paredes internas, formando algo parecido a un cascarón. Secada esta capa, se la retira del molde y se pule la pieza. Todo este proceso es manual. A continuación, viene la quema. La primera, o biscocho, sirve para dar consistencia a la pasta a través de una reacción química, producida por el calor. El objeto así obtenido pasa al departamento de decoración, en donde cada trabajador imprime en el producto su creatividad personal. Los motivos son generalmente flores, ramas y pájaros, pintados a pincel. Cada cerámica es luego esmaltada y sometida a una segunda quema. Llegado a este estado, el producto está casi terminado, pero hay una tercera quema para fijar una nueva decoración, una fina capa de oro de 18 kilates, también colocada a pincel. Es este conjunto de elementos en el acabado los que marcan la diferencia de Yapacunchi, con respecto a otros competidores en el mercado y otorgan personalidad a todas sus líneas de cerámica.
En cuanto a la política laboral de esta unidad productiva, se sustenta en dos pilares: la comunicación y las remuneraciones. Con respecto al primer pilar, el gerente explica su percepción, “creo que tengo una excelente comunicación con todos los empleados y trabajadores”, por una razón simple, son apenas 48 personas las que están en nómina, divididas en 30 obreros y 18 administrativos. “Todos nos conocemos, por lo que el entendimiento se hace casi personal”. En el segundo pilar, Yapacunchi está siempre apegada a la ley y tiene por conducta anticiparse a la elevación anual de salarios, que por decreto lo hace el Gobierno. “Cada mes de enero revisamos los salarios de todos, sin excepción. No pagamos los mejores salarios, ojalá algún día podamos hacerlo, pero a medida de nuestras posibilidades nuestros salarios son razonables”. Pablo Crespo está convencido de que las relaciones patrono-obrero deben llevarse de la mejor manera, porque el activo principal de su empresa son sus trabajadores y el aporte que ellos brindan debe ser bien retribuido. “Los salarios no pueden ser reducidos de ninguna manera”.
El resultado de esta visión es la estabilidad laboral; la mayor parte de los empleados de Yapacunchi llevan 10 años en la empresa. La relación de la fábrica de cerámica con sus obreros fue puesta a prueba mediante un sondeo de opinión y al preguntarle a uno de ellos qué le parecería ir a trabajar a otra industria con un mejor salario, su respuesta segura fue “no; yo no me he de ir de aquí. A no ser que mi jefe diga, váyase, para irme mismo a otro lado”.
Presentación de Mundo Empresarial
¿Alguna vez se ha detenido a pensar que la silla que ocupa comenzó su historia mucho antes de llegar a sus manos? Todo inicia con la preparación del terreno para sembrar un árbol, un proceso respaldado por la ciencia y la tecnología agrícola. Con el tiempo, ese árbol crece, es talado, aserrado y transportado para su procesamiento. La madera es tratada, cortada y ensamblada hasta convertirse en un mueble que brinda comodidad y utilidad a quienes lo usan.
Este complejo recorrido, desde una simple semilla hasta un producto final, refleja el esfuerzo de numerosas unidades productivas y económicas, pequeñas y grandes, que participan en los procesos industriales. Sin embargo, ¿qué desafíos enfrentan estas empresas en su camino hacia la fabricación de bienes de consumo?
A partir de hoy, Diario El Mercurio inaugura una serie de reportajes dedicados a explorar el mundo empresarial en Azuay. Semana tras semana, compartiremos con nuestros lectores una mirada profunda sobre el funcionamiento de diversas industrias: desde la manufactura hasta el comercio, pasando por las finanzas, los servicios y la artesanía. Analizaremos los problemas que enfrentan, sus éxitos, aspiraciones y el impacto que generan en la sociedad.
A menudo, la labor empresarial pasa desapercibida, pero es, sin duda, el motor del progreso y el desarrollo. Gracias a los recursos humanos, tecnológicos y económicos, junto con la iniciativa, el esfuerzo y la perseverancia, las empresas se convierten en pilares fundamentales para satisfacer las necesidades de la comunidad. A través de esta sección, daremos visibilidad a su trabajo y lo transmitiremos a nuestros lectores.
El Mercurio, 10A, Mundo Empresarial, domingo 19 de marzo de 1989.

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