Artesa, artistas, artesanos: el arte de la cerámica.
Por Hernán Rodríguez Girón
CUENCA, Ecuador (14/05/89).- Artesa Cía. Ltda., bajo el lema “arte en cerámica”, fue fundada en 1969 como Cerámica Vega, fruto de la visión creativa de Eduardo Vega. En sus inicios, contó con un único colaborador, José Cumbe, quien continúa siendo parte fundamental de esta pequeña industria hasta el día de hoy.
Quienes no conocen a esta empresa, podrán descubrir que está llena de sorpresas; por ejemplo, todos sus productos llevan la firma Vega, del famoso diseñador cuencano de murales, decoraciones y objetos en cerámica. La pequeña industria inició con un pequeño capital de 30.000 sucres y sus impulsores fueron Raimundo Crespo y Eduardo Vega, relata Alvaro Crespo, actual gerente de Artesa, “Eduardo había retornado de Europa, luego de completar sus estudios en dibujo y diseño y Raimundo había adquirido experiencia en alfarería en la industria Cerámica Moderna; aún conservamos muestras, resultado de los primeros pasos, que quizá eran una especie de juego”.
Los socios descubrieron que era posible establecer una pequeña industria dedicada a la producción de artesanías, la cual fue creciendo y evolucionando gradualmente. En sus inicios, operaban en un modesto taller artesanal, pero con el tiempo, el incremento de la producción los llevó a trasladarse a un nuevo espacio y a incorporar procesos de manufactura industrial. Finalmente, hace ocho años, construyeron la nave donde actualmente operan, consolidando su crecimiento.
Con toda esta experiencia, Artesa ha combinado procesos artesanales tradicionales con operaciones industriales modernas, como por ejemplo la producción en serie de diseños de cerámica originales, convirtiéndola en una fábrica muy dinámica. Desde sus modestos inicios, con un obrero, un pequeño taller y trescientos mil sucres de capital, ahora da trabajo a 100 personas, tiene una planta edificada de 4.500 m2 y el capital es de 75 millones de sucres.
Alvaro Crespo, el gerente, reconoce que su organización se ha beneficiado de todas las alternativas que ofrece de la ley de fomento de la pequeña industria y la artesanía, “eso nos ha permitido reinvertir el capital a favor del crecimiento, hasta llegar a ser una pequeña fábrica, sin llegar a ser una gran industria; ahora contamos con 400 modelos diferentes de productos, 60 tipos de decoración, en los que podemos observar la creatividad en el diseño y el trabajo a mano, de nuestros artesanos”.
Esta mezcla original diseño, artesanía y procesos industriales, ha hecho posibles que el mercado exterior la marca Artesa, con la firma de Vega, de estos productos cerámicos, tenga gran acogida; sin embargo, no todo es fácil, porque “las últimas medidas han encarecido y dificultado nuestras operaciones y, por decirlo algo, existen los créditos para el fomento de las exportaciones que pasaron del 23 al 32% en intereses; solo eso es ya un límite automático para exportar. A eso se añade que nos cobran impuestos para enviar nuestros productos al exterior, en vez de favorecer las exenciones. Y en los mercados externos también existen límites, como es el caso de Colombia, donde existen excelentes posibilidades de expandir nuestro mercado, pero los esfuerzos por participar en ferias y exhibiciones, en buscar distribuidores, quedan en nada porque los países del Pacto Andino no llegan a un acuerdo en las negociaciones para pequeños cupos de exportación; en Colombia es de 50.000 dólares, una cuota muy pequeña”.
Para el empresario Alvaro Crespo, la ciudad de Cuenca y su región de influencia, tienen que ser conocidas a nivel nacional e internacional como “La Capital de las Artesanías” del Ecuador, porque la gente tiene una gran capacidad manual e intelectual y “desarrolla un tipo de arte, como la cerámica, en parte porque la pobreza agrícola obliga al campesino, al trabajador, al habitante del Azuay, a buscar otras formas de vivir a base de las manos, que no es solo el arado. Optan por las artesanías, como el sombrero de paja toquilla. Por todo esto Cuenca debe ser considerada como la Capital de las Artesanías del Ecuador, esto debe ya convertirse en un lema, porque la región atrae a turistas nacionales y extranjeros, que vienen a ver el trabajo de nuestros joyeros y ceramistas. El trabajo de nuestros artesanos”.
Esta próspera industria cuenta con una red de 30 distribuidores en diversas ciudades de Ecuador, incluyendo Esmeraldas, Manta, Bahía de Caráquez, Guayaquil, Machala, Loja, Riobamba, Ambato y Quito. Además, ha logrado posicionarse en mercados internacionales altamente competitivos, exportando sus productos a China, Taiwán y Japón, países con una arraigada tradición en la alfarería y cerámica. Su presencia en Asia resalta el mérito de su calidad y diseño, compitiendo con productores históricos del sector. Asimismo, ha logrado expandirse hacia Estados Unidos, Francia y Alemania, consolidando su reconocimiento a nivel mundial.
En Cuenca, sus almacenes de distribución y venta, se hallan en la Presidente Córdova y Borrero, Parque de las Monjas, en la Gran Colombia y Luis Cordero y una pequeña boutique en la fábrica, Avenida Isabel La Católica 1-102. Las materias primas con las que produce sus cerámicas son 98% de procedencia nacional, desde materiales como arcillas y feldespatos, hasta los diseños para las decoraciones. El alto desarrollo tecnológico alcanzado por Artesa lo consiguió con la colaboración de otras empresas cuencanas dedicadas a la misma actividad. Solo importa esmaltes, yeso y repuestos para los hornos, como niquelinas y material refractario. Cada horno tiene una capacidad para 400 piezas por cada cocción a una temperatura de 1.070 grados Celsius.
En la planta de producción laboran 80 personas, explica Alvaro Crespo, la mayoría con contratos estables, debido a que “hay personal que trabaja muchísimos años, por eso cuidamos la estabilidad de nuestros operarios, que son personas que poseen un interesante nivel artístico. Tenemos el orgullo de decir que por nuestra planta han pasado artistas pintores como Jorge Chalco y Manuel Tarqui, los dos trabajaron con nosotros y en el presente son maestros con prestigio internacional”.
El proceso productivo de Artesa inicia con el acopio de las materias primas, que luego pasan a una etapa de selección y se preparan las mezclas para obtener la pasta de cerámica, que a continuación pasan a los moldes de yeso, donde se produce el vaciado de la pasta y se obtienen piezas en bruto, que se las pule y recortan las imperfecciones. Se da el primer proceso de cocción en los hornos que tienen patente americana, pero fueron construidos en Cuenca, por técnicos de la empresa. Así se consigue el “biscocho”, un producto de color blanco, pero con una gran capacidad de absorción del esmalte de color, que es aplicado a mano, artesanalmente.
Hay un segundo baño de esmalte o vidrio para cada objeto y nuevamente al horno, para una segunda cocción. El resultado final es clasificado, ingresado a bodega, donde queda listo para el despacho hacia el mercado nacional o internacional, “nuestra homogénea pasta de cerámica nos permite usar tornos del tipo alfarero tradicional, por dar forma a piezas cerámicas únicas, irrepetibles, también con motivos únicos. Contamos con tornos industriales eléctricos”. En el campo de la responsabilidad social empresarial, hay que destacar que apoya a la Fundación Paúl Rivet.
Entrevista a Eduardo Vega.
El maestro Eduardo Vega es un destacado artista y ceramista ecuatoriano nacido el 13 de junio de 1938 en Cuenca. Se formó en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando en Madrid y en la Brixton School of Building en Londres. Su pasión por la cerámica lo llevó a especializarse en Francia, donde estudió en la École de Beaux-Arts de Bourges. A lo largo de su carrera, ha creado murales icónicos como El País de El Dorado y Callejón Interandino y quizás su obra pública más destacada sea el monumento “Los Totems” ubicado en el redondel de la Avenida Remigio Crespo y Unidad Nacional en su ciudad natal. Es un referente en el arte cerámico ecuatoriano. Como fundador de Artesa, responde algunas preguntas sobre su proceso creativo:
¿Son sus creaciones el resultado de la planificación y el trabajo intenso o el fruto de la inspiración de las musas?
¡Ja!, ¡ja!, ¡ja!, no existen las musas, o quien sabe, hay un pequeño porcentaje de inspiración de ellas. Mis diseños son el resultado de estudios, de la racionalización, de la sistematización, sobre todo de los asuntos plásticos y de las formas. Son el producto de la investigación y el trabajo, de la búsqueda. Con el paso del tiempo, todos mis diseños han tenido origen en las cosas de la naturaleza, en la que me inspiro mucho para hacerlos.
¿Espera conseguir algún resultado con la evolución de sus formas?
Una propuesta artística y de diseño, que ya tiene acogida a nivel internacional. Mis diseños están siendo conocidos en muchas partes del mundo. Esto los hace interesantes, originales, con personalidad. Entonces, son una propuesta plástica, artística.
¿Qué vivencias tuvo Artesa y en particular Eduardo Vega con los artistas de la I Bienal de Pintura de Cuenca?
Hace dos años invitamos a los pintores que habían acudido a la Primera Bienal para tener una experiencia interesante y estuvieron con nosotros 1 día, brindándoles todo tipo de ayuda y materiales, para que cada uno de ellos experimente con sus ideas una serie de diseños, para ejecutarlos en cerámica. Fue una reunión alegre, amistosa, festiva, que dio como fruto una serie de esculturas, de platones y otras piezas. Algunas de ellas están exhibidas aquí en nuestra sala de exposiciones.
¿Recuerda usted de la creación de Cerámica Vega, ahora Cerámica Artesa?
Yo me inicié en el campo de la cerámica hace ya algunos años. Luego de una beca de estudios en Francia, comencé a ver la posibilidad de instalar un taller, porque tenía de la idea de hacer sobre todo murales, una de mis especialidades. El primer mural que ejecuté se halla en el vestíbulo del Hotel El Dorado y se llama "El País de El Dorado", año 1969. Luego de eso me contrataron para hacer otros en algunos lugares del país y de allí nació Cerámica Vega, que con el paso de los años creció y creamos Artesa. Hoy son más de 1.000 los diseños creados, entre murales, formas decorativas, piezas únicas en cerámica o producidas en serie. Y no pienso detenerme, quiero seguir creando hasta donde las fuerzas aguanten, como se dice comúnmente.
El Mercurio, 8A, Mundo Empresarial, domingo 14 de mayo de 1989.
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