Diario El Mercurio: 65 años de independencia y evolución periodística.

 

Hernán Rodríguez Girón

CUENCA, Ecuador (16/07/89).- El Mercurio de Cuenca, con su lema “Diario Independiente de la Mañana”, hizo circular su primera edición el miércoles 22 de octubre de 1924, por iniciativa de los hermanos Carlos, Alfonso, Aurelio y Octavio Sarmiento Abad, como una respuesta a la necesidad de una voz local en una ciudad que ya se perfilaba como un centro cultural e intelectual del país. Ellos compraron la imprenta de Diario El Progreso, que era propiedad del lojano Juventino Vélez Ontaneda, fundador del diarismo azuayo.

Manuel Moreno Mora fue el primer director de El Mercurio, en 1925; José Sarmiento Abad asume como segundo director, pero la muerte lo sorprendió en 1929. Desde esa fecha, Octavio Sarmiento Abad se convirtió en el tercer director.

El traspaso del Diario de los hermanos Sarmiento Abad a la familia Merchán ocurrió en 1934, año en que Nicanor Merchán Bermeo adquirió el periódico, apenas una década después de su fundación y lo administró durante 21 años, transformándolo en un referente regional, combinando su vocación periodística con su formación médica y su compromiso social. En 1938 pasa a ser su cuarto director. A su fallecimiento en 1956, la dirección pasó a Miguel Merchán Ochoa, quien consolidó la influencia del medio de comunicación a nivel local, siendo el quinto director. A la muerte de Miguel Merchán, en 1974, asumió Nicanor Merchán Luco, como sexto director, con el apoyo de sus hermanas Dory y Rita, en los puestos de gerente general y gerente financiera.

¿Porqué escribir un reportaje sobre El Mercurio para que se publique en el mismo medio?, podría parecer un tanto vanidoso, fue la inquietud de los colegas de la sala de redacción y se pueden enumerar muchas razones para hacerlo, pero la principal es informar a la opinión pública sobre una labor muchas veces incomprendida, si no se la vive jornada a jornada, como es el ejercicio de la libertad de expresión y la sacrificada tarea de editar un diario durante los 365 días del año.

El primer tiraje, número de periódicos en circulación, el 22 de octubre de 1924, fue de 200 y en el presente, el promedio diario es 17.000 alcanzando la edición 24.644 este domingo 16 de julio de 1989, transcurridos 65 años. Acorde con los últimos adelantos de la transformación tecnológica y digital para la edición de periódicos y el proceso de la información, El Mercurio llega a todos los hogares cuencanos, azuayos y de gran parte del país, gracias al trabajo de sus directivos, periodistas, personal administrativo, obreros de arte, diseño, fotocomposición, fotomecánica, prensa, distribución y por supuesto los canillitas que vocean muy temprano todas las mañanas. Este equipo se comporta como si fuera una familia. Para todos ellos y ellas va este relato, en el que son protagonistas Nicanor Merchán Luco, director; Roberto Vivar, editor; Jorge Campoverde, arte y Miguel Chacón, levantamiento de textos.

Diario El Mercurio funcionó durante muchas décadas en el centro de la ciudad, en la casa ubicada en la Padre Aguirre 9-57 y Gran Colombia, hasta que en el año de 1976 comenzó un proceso paulatino de traslado a sus nuevas instalaciones al sur de la ciudad en el sector El Arenal, sobre la Avenida de Las Américas, según relata el doctor Nicanor Merchán Luco, “este edificio tuvo dos etapas, comenzando con el funcionamiento de su parte posterior en el año de 1976, como bodega; luego se instaló la prensa y a partir de 1980 todas las oficinas se trasladaron a esta nueva sede, moderna y funcional. Es decir, estamos funcionando en este nuevo local unos 9 años”.

El periódico para producir la información que necesita la comunidad, se divide en dos grandes áreas: administración, que la encabeza Rita Merchán e impresión. El área de impresión está liderada por una gerente general, Doris Merchán; un director, Nicanor Merchán; el jefe de redacción, Edmundo Maldonado; el jefe de información, Roberto Vivar; el jefe de producción y los jefes por departamentos (diseño, fotocomposición, fotomecánica, arte, prensa y distribución); “imprimimos un promedio de 17.000 ejemplares y se gastan en ellos 4 bobinas de papel diarias, cada una pesa entre 310 y 360 kg, con una altura igual a un periódico desplegado, esta materia prima la importamos desde Canadá”.

Explica el director que su diario entró de lleno a la era digital y que para el levantamiento de textos se usan dos modelos de computadoras marca Apple y Samsung, con programas especiales para periódico, que cumplen funciones de diseño, titulación, elaboración de gráficos y bancos de letras; “trabajan en la planta de producción unas 74 personas y en administración 30, con todo el personal tengo la más cordial relación, pero habría que preguntarles como me ven. Yo les respeto mucho y dejo que tomen la mejor decisión profesional sobre cualquier asunto. No existen opiniones hegemónicas, individuales o monárquicas, sobre todo en la sala de redacción, el criterio de la mayoría siempre se respeta”.

El director del medio sentencia de manera inequívoca que “cumplimos las aspiraciones del periódico, así como la demanda de la ciudadanía. Vamos creciendo para mantener informada a Cuenca. La ciudadanía tiene una opción clara del derecho a ser informada”.

Roberto Vivar, por su parte, cumple las funciones de jefe de información y cronista. Tiene a su cargo 5 periodistas, que se encargan de las páginas de economía, política, cultura, ciudad y deportes. Entre todos se llevan como compañeros, colegas de profesión y amigos; “no quiero decir que soy el jefe, porque en periodismo esa palabra es chocante, ya que cada compañero como profesional de la comunicación expresa a su manera lo que quiere informar o decir en sus noticias, ejerce su libertad de expresión”.

En la recepción y procesamiento de noticias internacionales se ha dado una revolución tecnológica. Antes se recibían por teletipo, también conocido como télex o TTY, dispositivo de comunicación que permitía enviar y recibir mensajes mecanografiados a través de líneas telegráficas o telefónicas. Funcionaba como una especie de máquina de escribir conectada a distancia: lo que se tecleaba en un extremo se imprimía automáticamente en papel en el otro. Ampliamente utilizado en redacciones de periódicos y agencias de noticias, su tecnología se basaba en códigos eléctricos, como el Baudot, que traducía las pulsaciones del teclado en señales que podían transmitirse por cable. Eran máquinas voluminosas y pesadas que usaban un teclado con impresora integrada, transmitían mensajes a una velocidad de 60 palabras por minuto, permitía la comunicación punto a punto, sin necesidad de operadores humanos intermedios y era el abuelo del fax y el correo electrónico.

En la actualidad, el cable internacional, nombre adoptado de la época del télex, se realiza a la velocidad de la luz vía satélite, en tiempo real, mediante un computador que almacena texto y fotos y los procesa en una pantalla, con conexión directa a organizaciones internacionales de distribución de noticias como la Agencia Francesa de Prensa (AFP) o EFE de España. “Los directivos tienen esa visión moderna y de superación, por eso a cada momento están transformando el periódico. Trabajo ya 8 años en la redacción y he sido testigo de una revolución, del proceso en caliente con el linotipo al proceso en frío con las computadoras”.

Vivar considera que esta modernización no afecta o pone en riesgo los empleos, por el contrario, el periodismo necesita una mayor tecnificación, porque antes los periodistas de la sala de redacción escribían a máquina y los compañeros del siguiente departamento levantaban textos en una linotipo y los errores tenían que corregirlos ellos mediante un proceso que resultaba engorroso: volver a levantar el texto y a fundirlo nuevamente una barra de plomo; “pero ahora en cambio, nuestras responsabilidades han cambiado y los periodistas nos encargamos de ordenar, redactar y tipiar las noticias, gracias a las computadoras. La obligación es total para el profesional de la información en la creación, corrección, forma y fondo de una noticia, cuando antes era compartida”, debido a aspectos de carácter técnico.

Según Jorge Campoverde, jefe de la unidad de arte, en cada uno de los departamentos del medio de comunicación trabajan un promedio de 20 personas, todas ellas profesionales, son mujeres y hombres muy técnicos, excelentes dibujantes, diseñadores y redactores. Tienen un horario que puede resultar un sacrificio, porque entran todos a la planta a las 15:00 y terminan a las 21:00, que es cuando se completa el armado del periódico, la sección de prensa completa la jornada a la media noche en promedio todos los días, para que el periódico pueda ser repartido a las 6 de la mañana en todos los puestos de los canillitas.

Con la irrupción de la digitalización, los instrumentos de trabajo se han reducido a rapidógrafos, tijeras, una máquina especial para pegar o “máquina de pegoteo”, plantillas pre-impresas, papel bond, en resumen, esa es la materia prima del departamento de arte y en fotomecánica para el montaje, se usan películas, químicos y otros elementos; según Campoverde “todos los departamento están encadenados, ninguno es el corazón del periódico, porque todos tienen su respectiva importancia, unos más que otros”.

Para la producción del diario, se comienza con la redacción de las noticias locales y nacionales y la recopilación de las fotos y la información de cable internacional a través del servicio vía satélite. La sala de redacción cumple su tarea y pasa la información a la unidad de diseño, para que según un orden los cronistas compongan matemáticamente sus notas que son ordenadas en las páginas o “armadas”. Todo este proceso es mediante computadoras. Completado este proceso se pasa a fotomecánica “para el montaje, que consiste en separación de colores, fotografía de películas en negativo e impresión positiva en planchas de metal. Queda todo listo para la unidad de prensa, que recibe las planchas metal muy fino, maleable, que son montadas en los rodillos de la prensa offset. El diario se imprime en papel prensa según una secuencia de colores, el tamaño es standart. El paso final es la circulación, mediante el empaquetado, toda la producción se carga en un camión, que sale a repartir el diario”, explica Jorge Campoverde.

Desapareció una hábil generación de artesanos que aprendieron a levantar textos o a “componerlos” en cajas de tipos de imprenta. Ver trabajar a estos obreros era fantástico, puesto que armaban páginas con letras metálicas, una por una, mediante un proceso al revés, de derecha a izquierda y de abajo hacia arriba, escogiendo las letras de una caja de tipos móviles. Este sistema fue revolucionado por otro, que aceleró los procesos de impresión: la linotipo. Fue una máquina revolucionaria inventada por Ottmar Mergenthaler en 1884 que transformó la industria de la impresión. Su nombre proviene de su capacidad para crear una línea de tipos completa de una sola vez, lo que aceleró enormemente el proceso de composición tipográfica. Antes de su invención, los textos se componían letra por letra a mano. Con la linotipo, el operador escribía en un teclado similar al de una máquina de escribir, y la máquina ensamblaba moldes de letras (llamados matrices), los fundía con una aleación de plomo y creaba una línea sólida de texto lista para imprimir. Esta tecnología permitió que los periódicos pasaran de tener unas pocas páginas a producir ediciones mucho más extensas y frecuentes. Fue tan impactante que Thomas Edison la llamó “la octava maravilla del mundo”.

Por las linotipo, el proceso de producción de un periódico era “caliente”, debido a que usaban un crisol que fundía el plomo a 327 grados Celsius. Era gran problema era la contaminación provocada por el peligroso metal, por eso en la sala de redacción se tenía la creencia de que beber leche o trago de punta protegía contra el envenenamiento por plomo y de ahí la costumbre de emborracharse durante o luego de la edición de cada día.

Recuerda Miguel Chacón que “el mundo de los periódicos es extraordinario, fascinante, a veces incomprendido. Este trabajo no es algo vegetativo, todos los días cambia y uno absorbe ese proceso y también cambia. Me siento como un pez en el agua, desde hace 10 años, cuando entré a trabajar en El Mercurio”.

Dice que las anécdotas vividas en el diario son miles, pero recuerda una en especial, que demuestra que el periódico no ha dejado de circular nunca. Resulta que años atrás se dañó la prensa y no había manera de arreglarla pronto. Entonces, todo el trabajo se mandaba para impresión en Guayaquil, en Diario El Universo, por lo que los compañeros salían rumbo al puerto a las 19:00 y estaban de regreso en Cuenca a las 06:00 con el diario impreso y listo para circulación.

Chacón hace una metáfora y asegura que trabajar en la época del “proceso en caliente”, con las linotipo, era como hacerlo en la época de piedra, a pesar de que esta máquina en su tiempo fue revolucionaria. Sobre todo, porque los turnos comenzaban a las 15:00 y terminaban a las 05:00 del siguiente día; “tuve la fortuna de trabajar dos años con las linotipo de El Mercurio, unas máquinas enormes que podían llegar a la tonelada de peso cada una y también viví la época de transformación tecnológica del Diario hacia lo digital”, de las linotipos a las computadoras.

Fueron tiempos de temor e incertidumbre, pero con la fe y la confianza que infundieron los directivos en personal, se salió adelante. Para el sistema caliente, con las linotipo, Chacón emplea la metáfora de la galera romana, porque “solo faltaba alguien con un látigo, porque todos estábamos engrasados, sucios, llenos de grasa y de plomo, cubiertos con mamelucos y más parecíamos una mecánica que un diario”.

En el presente hay que tener mucho cuidado para no dañar a las computadoras y ¡qué cambio, se pude trabajar de terno!, “quiero destacar una cosa, El Mercurio fue una de las primeras empresas en Cuenca en usar computadoras, las famosas MDT que eran gigantes”. Las Mobile Data Terminals (MDT) o Terminales Móviles de Datos fueron los primeros equipos completos computarizados con una pantalla y un teclado para la entrada de datos, similares a una computadora portátil, capaces de ejecutar software especializado. También se las conocía como MDC o Computadora Móvil Digital y fueron reemplazadas por tablets o laptops, aunque las MDT marcaron un paso importante en la digitalización de los trabajos.

“Las últimas computadoras que estamos usando son prácticamente de bolsillo y por ello me siento orgulloso, porque fui una de las primeras personas en Cuenca que tuvo la oportunidad de manejar computadoras, gracias a varios cursos de capacitación y manejo de estos sistemas, que nos brindó el Diario. Muchas personas en la ciudad siguen creyendo que aún estamos en los tiempos de la linotipo, pero ignoran que hace años que entramos en la era de la computación”, concluye Miguel Chacón.

El Mercurio, Mundo Empresarial, domingo 16 de julio de 1989, 10A.

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